Cecy:
Las horas en Nueva York pasaban más lentas para Sasha. Desde que nos enteramos de su embarazo, la vi sumergirse en un torbellino de pensamientos y emociones que apenas podía manejar. Intentaba mantener la calma, pero yo la conocía demasiado bien. Su mayor miedo no era solo el embarazo en sí, sino la reacción de su padre, un hombre con principios estrictos y una reputación intachable. No podía soportar la idea de decepcionarlo.
Esa tarde, mientras estábamos en la suite del hotel, Sasha miraba por la ventana con una taza de té entre las manos. Yo la observaba desde el sofá, dándole su espacio, hasta que mi teléfono vibró sobre la mesa.
—Es un número desconocido —dije, arqueando una ceja. Al contestar, una voz grave y firme se filtró por la línea.
—Cecy, soy Jhon. Necesito hablar con Sasha. Estoy en el aeropuerto de Nueva York.
Mi corazón dio un vuelco. Miré a Sasha, que seguía con la vista perdida, y supe que esto la tomaría por sorpresa.
—Dame un segundo —respondí, tapando el micrófono del teléfono. Me acerqué a ella con cautela—. Sasha… es Jhon. Está aquí, en Nueva York.
Los ojos de Sasha se abrieron con sorpresa y luego con miedo.
—¿Aquí? —preguntó con un hilo de voz.
Asentí.
—Quiere verte.
Ella tragó saliva y tomó el teléfono con manos temblorosas.
—Jhon…
Hubo un largo silencio mientras ella escuchaba lo que él tenía que decir. Yo la veía con el ceño fruncido, tratando de descifrar su expresión. Entonces, de repente, sus ojos se llenaron de lágrimas.
—¿Qué? —susurró, llevándose una mano a la boca—. ¿Tu hermana?
Jhon debía estar explicándole lo que realmente había pasado en las Maldivas, porque la expresión de Sasha cambió por completo. Pasó de la angustia al desconcierto, y luego a la culpa.
—No puedo creerlo… —murmuró. Sus lágrimas ahora eran de alivio.
Cuando colgó, se quedó inmóvil por unos segundos antes de mirarme.
—Cecy… la mujer con la que lo vi abrazado… era su hermana menor. Había ido a visitarlo por sorpresa y yo… yo asumí lo peor. Hice un escándalo por nada y salí huyendo.
Yo me quedé boquiabierta. De todas las posibilidades, nunca había considerado esa.
—Sasha…
Pero ella negó con la cabeza.
—No importa, Jhon está en camino. Quiere verme.
Jhon llegó una hora después. Cuando entró a la suite, Sasha se puso de pie de inmediato, nerviosa. Él se veía igual de tenso, pero había algo en su mirada: comprensión, ternura… y determinación.
—Sasha —dijo con voz calmada.
Ella tragó saliva y se lanzó a sus brazos, sollozando.
—Lo siento tanto, Jhon. Me equivoqué. No debí huir… No debí pensar lo peor.
Él la sostuvo con fuerza, acariciándole el cabello.
—No me importa lo que pasó, Sasha. Lo único que quiero es que estés bien.
Yo me aparté un poco para darles privacidad, pero no pude evitar escuchar lo que siguió.
—Hay algo más… —susurró Sasha, separándose un poco de él y mordiéndose el labio—. Estoy embarazada.
Jhon la miró fijamente por unos segundos. Luego, para sorpresa de ambas, sonrió.
—¿Eso te preocupa? —preguntó con ternura—. Sasha, no me importa si el bebé es mío o de Steven. Eso no cambia nada. Tú y yo… y él… siempre hemos sido una familia.
Ella parpadeó, incrédula.
—¿No estás molesto? —preguntó con un hilo de voz.
—¿Por qué lo estaría? Esto es algo hermoso, Sasha. No me interesa saber quién es el padre biológico. Lo único que me importa es que este bebé va a crecer rodeado de amor, con nosotros tres apoyándolo. —Tomó su mano con firmeza—. No quiero que tengas miedo. No quiero que te preocupes por nada. Y por eso…
Jhon respiró hondo, como si estuviera a punto de hacer algo importante. Luego, sacó una pequeña caja de su bolsillo y se arrodilló frente a Sasha.
Mi corazón casi se detuvo.
—Sasha, ¿te casarías conmigo? —preguntó con una sonrisa sincera—. Quiero que formes parte de mi vida para siempre.
Los ojos de Sasha se llenaron de lágrimas otra vez. Temblorosa, llevó las manos a su boca, completamente abrumada.
—Jhon… yo…
—No tienes que responder ahora —dijo él con paciencia—. Solo quiero que sepas que esto es lo que quiero. No me importa lo que piense tu padre, no me importa lo que diga el mundo. Lo único que importa es que seas feliz.
Yo observaba la escena con la boca abierta. No podía creerlo. Esto estaba tomando un giro completamente inesperado.
Sasha se quedó en silencio por un momento, y luego, con una sonrisa temblorosa, asintió.
—Sí —susurró—. Sí, quiero casarme contigo.
Jhon sonrió y la abrazó con fuerza, mientras yo me tapaba la boca para no soltar un grito de emoción.
No sabía cómo iba a reaccionar el padre de Sasha. No sabía cómo iba a manejar todo lo que venía, pero lo que sí sabía es que, en ese momento, mi amiga finalmente estaba a salvo. No estaba sola. Y por primera vez en días, la vi sonreír con verdadera felicidad.