DE VUELTA A MI REALIDAD

1087 Palabras
Cecy: El aeropuerto estaba lleno de murmullos y despedidas. Sasha y Jhon se abrazaban con fuerza antes de abordar el jet privado que los llevaría de regreso a su nueva vida juntos. Yo me mantenía un poco alejada, observándolos con una mezcla de nostalgia y envidia. Sasha estaba asustada, sí, pero también estaba ilusionada. Había encontrado en Jhon algo que yo había dejado de sentir con Alex hace mucho tiempo: apoyo incondicional, amor sin condiciones, sin juegos de poder ni manipulación. Cuando se acercó para despedirse, me envolvió en un fuerte abrazo. —Gracias por todo, Cecy. No sé qué habría hecho sin ti. —Su voz sonaba entrecortada, llena de emoción y alivio. —Solo cuídate y asegúrate de ser feliz, Sasha. Eso es lo único que importa. Ella asintió, con los ojos brillantes, y luego se giró para tomar la mano de Jhon. Juntos subieron al avión, y en cuestión de minutos, despegaron, dejando tras de sí una sensación de vacío en mi pecho. Me quedé viendo el cielo hasta que la aeronave desapareció en el horizonte. Y entonces, llegó el mensaje de Alex. "Te espero en casa. No tardes." El peso de esas palabras cayó sobre mí como una losa. Mi breve respiro había terminado. Sasha se había ido, y ahora me tocaba volver a mi realidad. A la jaula dorada de Alex. Cuando llegué al penthouse, la puerta estaba entreabierta, como si él me estuviera esperando. Sentí un escalofrío recorrer mi espalda. No era miedo exactamente… era más bien esa tensión constante de saber que cada palabra, cada gesto mío podía ser usado en mi contra. Entré con cautela, cerrando la puerta detrás de mí. Alex estaba sentado en el sofá, con un vaso de whisky en la mano, balanceando el líquido con movimientos lentos y calculados. Su expresión era inescrutable, pero sus ojos me estudiaban con la intensidad de un depredador. —Así que… tu amiga ya se fue —dijo finalmente, con un tono que no supe descifrar del todo. —Sí. Ya está en camino a su nueva vida. —Intenté sonar natural, pero la verdad era que estaba demasiado agotada emocionalmente como para fingir. Alex bebió un sorbo de whisky y dejó el vaso sobre la mesa con un golpe sutil. —Hiciste mucho por ella. Mucho más de lo que pensé que harías. —Se inclinó hacia adelante, apoyando los codos en sus rodillas—. Pero dime, Cecy… ¿hubieras hecho todo eso si no fuera con mi dinero? Su pregunta era un puñal disfrazado de curiosidad. Sentí cómo mi estómago se encogía. —Alex, yo… —No. No te preocupes —me interrumpió, levantando una mano—. No estoy reclamándote por el dinero. Solo quiero entender. Tú, que siempre dices que quieres independencia, que no quieres sentirte controlada… usaste mi avión, mi piloto, mi dinero, mis contactos… todo lo mío para ayudar a tu amiga. El filo de su tono era inconfundible. Esto no era una conversación. Era una lección de poder. Me estaba recordando, una vez más, que todo lo que tenía en mi vida estaba bajo su control. —Lo hice porque era importante para mí, Alex. Sasha necesitaba ayuda, y no iba a darle la espalda. —Oh, claro que no. Porque eres tan buena, tan desinteresada… —Su sonrisa sarcástica me erizó la piel—. Pero dime, Cecy, ¿tú crees que yo hago las cosas gratis? Ahí estaba. La verdad oculta en sus palabras. Alex nunca daba nada sin esperar algo a cambio. —¿Qué es lo que quieres decir? —pregunté con cautela. Se levantó y caminó hacia mí con lentitud, con esa elegancia intimidante que siempre usaba para recordarme que tenía el control. Se detuvo a solo unos centímetros de mí, inclinándose lo suficiente para que su aliento rozara mi piel. —Que todo lo que das, lo das con mis recursos. Y eso me hace preguntarme… ¿cuándo vas a empezar a darme algo a mí a cambio? Mis manos se cerraron en puños. Sabía perfectamente a dónde quería llegar con esto. Para Alex, la generosidad no existía sin una deuda implícita. Su amor, su apoyo, su ayuda… todo era una transacción. —Alex, no quiero discutir. —¿Discutir? —Se rió suavemente—. No, preciosa, no estamos discutiendo. Solo estamos dejando claras las cosas. Porque, ¿sabes qué es lo que más me molesta de todo esto? No es el dinero. No es el avión. Es que mientras estabas ayudando a tu amiga, me pregunto… ¿en qué más estabas pensando? Mi corazón se detuvo por un instante. Su mirada oscura y analítica me decía que sabía la respuesta. Lucas. La culpa me invadió, aunque sabía que no tenía por qué sentirme así. Pero Alex era un maestro en esto. En hacerme sentir que cualquier pensamiento fuera de su control era una traición. —No sé de qué hablas —mentí, dándome la vuelta para alejarme, pero él me sujetó por la muñeca con firmeza, obligándome a mirarlo. —No me mientas, Cecy —susurró, con una falsa ternura en su voz—. Sé cuándo piensas en él. Lo veo en la forma en que te distraes, en cómo evitas mirarme cuando te toco. ¿Cuánto tiempo más vas a seguir con este jueguito? Mi respiración se entrecortó. Quería gritarle que me dejara en paz, que no tenía derecho a decirme nada cuando él mismo había jugado con su secretaria como si yo no existiera. Pero sabía que, si lo hacía, solo alimentaría su rabia. —Estoy aquí contigo, Alex —dije finalmente, con voz baja—. No sé qué más quieres de mí. Él me soltó lentamente, su expresión cambiando de enojo a una sonrisa fría. —Eso es todo lo que necesito escuchar. —Se giró, regresando al sofá y tomando de nuevo su whisky—. Porque, Cecy… en este mundo, nadie hace nada gratis. Y tú, tarde o temprano, tendrás que pagarme lo que me debes. Su amenaza quedó flotando en el aire como un veneno invisible. Sabía que este no era el final de la conversación, sino solo el comienzo de otro juego en el que él siempre terminaba ganando. Me fui a la habitación, sintiendo cómo la jaula se cerraba un poco más a mi alrededor. Podía haber ayudado a Sasha a escapar… pero yo seguía atrapada en mi propia prisión. Y lo peor era que ni siquiera sabía si quería salir de ella.
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