DEVUELTA AL JUEGO PELIGROSO

1722 Palabras
Cecy: El sonido de la cafetera en la cocina rompió el silencio que había envuelto el departamento desde aquella noche. Alex intentaba actuar como si todo estuviera bien, pero la tensión era palpable. Yo, por otro lado, había tomado una decisión: no iba a ser la víctima pasiva en esta historia. Las palabras de Natacha resonaban en mi mente como un eco constante. "Mereces saber la verdad." Si eso era cierto, también merecía algo más: justicia, o al menos, la sensación de que tenía el control de mi vida otra vez. Lucas era una oportunidad que no podía ignorar. Cuando llegué a la oficina esa mañana, él ya estaba allí. Su sonrisa amplia y segura de sí misma era tan tentadora como siempre. Desde que había empezado a trabajar con nosotros, Lucas había sido el centro de atención de muchas de mis compañeras, pero su interés en mí había sido evidente desde el principio. Por primera vez, no me sentía culpable al notar cómo su mirada me seguía por la habitación. Alex: Las noches eran cada vez más largas. Desde que Cecy había comenzado a comportarse de manera distante, mi mente no dejaba de imaginar lo peor. Lucas y su actitud desenfadada, la forma en que la miraba, como si ella fuera el único ser en el mundo, me estaban volviendo loco. No podía soportarlo. Necesitaba hacer algo para recuperar su atención, su amor. ¿Pero cómo competir con alguien como él? Decidí que, si Cecy estaba siendo tentada por las novedades y la atención de Lucas, yo tendría que recordarle todo lo que podía ofrecerle, todo lo que habíamos construido juntos, aunque eso significara manipular sus emociones. Sabía que las palabras no serían suficientes. Necesitaba algo tangible, algo grandioso. El lunes siguiente, comencé mi plan. Antes de que Cecy llegara a la oficina, contraté a un servicio de decoración para llenar su escritorio de flores. Rosas rojas, las más caras que pude encontrar, junto con una nota que decía: "Para la mujer más importante de mi vida. Perdóname por todo. Te amo." Alex. Me aseguré que todos en la oficina lo vieran. Quise que todos supieran que ella era mi prioridad, que seguía siendo mía. Cuando Cecy llegó, su expresión fue indescifrable. Observó las flores, leyó la nota, pero no dijo nada. Ni una sonrisa, ni un reproche. Simplemente se sentó en su silla y comenzó a trabajar. Fue como si mi esfuerzo no hubiera existido. Cecy: La escena en mi escritorio me dejó atónita, pero también furiosa. Las flores, el mensaje, todo era un espectáculo que Alex había montado para mantener su control sobre mí. Sabía cómo funcionaba su mente. Esto no era amor; era desesperación. Intentaba comprar mi perdón con gestos superficiales, sin abordar el verdadero problema. Lo peor de todo era que lo hacía público, como si eso bastara para borrar todo el dolor que había causado. A lo largo del día, los compañeros de trabajo pasaron por mi escritorio, haciendo comentarios. "Alex realmente te quiere," decían algunos. Otros simplemente sonreían cómplices. Pero yo no podía ignorar el peso de la nota, las flores y lo que realmente significaban. Él quería que olvidara lo que había hecho, como si nunca hubiera existido. Fue Lucas quien finalmente rompió el silencio. —¿Todo bien? —preguntó en voz baja mientras se acercaba a mi escritorio. Lo miré, buscando algo de consuelo en su mirada. —Sí, todo bien —mentí. Lucas no pareció convencido, pero no presionó. En cambio, dejó un chocolate en mi escritorio, una pequeña broma interna entre nosotros. Era un gesto sencillo, pero me hizo sentir algo que las rosas de Alex no lograron: que alguien realmente me estaba viendo. Alex: Esa noche, al llegar a casa, me aseguré de que el ambiente fuera perfecto. Había contratado un chef privado para preparar su cena favorita. Encendí velas aromáticas y serví el mejor vino de nuestra colección. Quise recrear los momentos felices de nuestro pasado, esperando que eso la hiciera recordar lo que una vez compartimos. Cuando Cecy entró, su rostro mostró una mezcla de sorpresa y cansancio. —¿Qué es todo esto, Alex? —Quiero que hablemos. Quiero arreglar las cosas entre nosotros. Ella suspiró y se sentó a la mesa, más por inercia que por deseo. Durante la cena, intenté todo: le hablé de nuestros planes futuros, de los viajes que podríamos hacer, de las cosas que compraríamos. Le prometí que todo cambiaría, que sería el hombre que ella merecía. —No es tan sencillo, Alex —dijo finalmente. —No puedes comprar mi perdón con flores ni cenas lujosas. —No estoy intentando comprarte —mentí. —Solo quiero demostrarte que te amo. Ella dejó su copa en la mesa con un ademán firme. —Si de verdad me amaras, no estarías intentando borrar el pasado con regalos. Estarías trabajando en ser mejor, en escucharme, en entenderme. Sus palabras me dejaron sin argumentos. Nunca antes había tenido que luchar por alguien de esta manera, y no sabía si estaba perdiendo la batalla o si ya la había perdido. Cecy: Las promesas vacías de Alex eran como un eco de todas las veces que había intentado convencerme de que las cosas estarían bien. Pero ya no era suficiente. Había cruzado un límite del que no podía regresar. Esa noche, mientras él dormía, me quedé despierta pensando en mi próximo paso. Lucas era una posibilidad, pero también un riesgo. Sin embargo, no podía ignorar lo bien que me hacía sentir su compañía, lo diferente que era de Alex. Al día siguiente, Alex continuó con sus esfuerzos. Envío un collar de diamantes a la oficina, junto con una tarjeta que decía: "Quiero que esto simbolice un nuevo comienzo." Era hermoso, pero también vacío. Mientras mis compañeras admiraban el regalo, yo solo podía pensar en cuánto deseaba algo más que cosas materiales. Fue Lucas quien me sacó de mi ensimismamiento. Me invitó a almorzar, y esta vez acepté sin dudarlo. Durante el almuerzo, hablamos de todo menos de Alex. Me hizo reír con sus historias, me escuchó cuando hablaba de mis sueños y aspiraciones. Fue un respiro, una forma de recordar que había vida más allá de mi relación fallida. Alex: Cuando vi a Cecy salir con Lucas durante el almuerzo, algo dentro de mí se rompió. Era evidente que había algo entre ellos, algo que yo no podía detener. La desesperación se apoderó de mí. Decidí dar un paso más. Esa tarde, le envié un mensaje diciendo que tenía una sorpresa para ella. Al llegar a casa, la esperó un coche nuevo, uno que había estado deseando desde hace tiempo. Quise demostrarle que podía darle todo lo que quisiera, que no necesitaba buscar en otro lado. Cuando vio el coche, su reacción fue fría. —Alex, esto es demasiado. No necesito un coche. Necesito que me escuches, que entiendas por qué estoy así. —Pero te escucho —respondí, tratando de mantener la calma. —¿Qué más puedo hacer? Ella me miró con tristeza, como si ya no quedara nada por salvar. —No se trata de lo que puedas hacer, Alex. Se trata de lo que ya no puedes deshacer. Cecy: Esa noche, mientras manejaba el coche que él había comprado, sentí una mezcla de culpa y alivio. Sabía que no podía seguir así. Alex intentaba desesperadamente retenerme, pero yo ya no era la misma. Y aunque aún no sabía qué haría, una cosa era segura: no podía seguir viviendo una mentira. Ese día, me aseguré de buscar cualquier excusa para interactuar con él. Durante una reunión, nuestras manos se rozaron al alcanzar el mismo documento, y aunque Alex estaba presente, no aparté la mano de inmediato. Era un gesto insignificante, pero el mensaje era claro: estaba dispuesta a jugar este juego. Alex: El comportamiento de Cecy había cambiado, y no podía ignorarlo. Su frialdad había dado paso a algo más perturbador: una especie de indiferencia calculada. No podía soportar verla riendo con Lucas, ni cómo su mano se quedaba en la de él un segundo más de lo necesario. Intenté recuperar el terreno perdido. La invité a cenar a uno de sus restaurantes favoritos, pero su respuesta fue fría y cortante. —Lo siento, Alex, ya tengo planes. —¿Con quién? —pregunté, incapaz de ocultar mis celos. —No creo que eso sea asunto tuyo —replicó, clavándome la mirada. Esa noche la esperé despierto, pero no llegó hasta pasada la medianoche. No hizo ruido al entrar y se fue directo al baño. Quise preguntarle dónde había estado, pero algo en su actitud me detuvo. Era como si ya no estuviera conmigo, como si una parte de ella hubiera decidido irse sin aviso. Cecy: Salir con Lucas fue liberador. Fuimos a un bar pequeño, lejos de la oficina. Su conversación era ligera, pero también intensa. Me hizo reír, algo que no había hecho en semanas. Cuando me acompañó hasta mi auto al final de la noche, se inclinó ligeramente, dejando claro que esperaba un beso. Por un segundo, dudé. Pero entonces recordé el rostro de Natacha mientras me confesaba su aventura con Alex. Recordé las mentiras, las noches sola, los susurros a sus espaldas. Cerré la distancia y lo besé; no con ternura, sino con la pasión de alguien que busca olvidar. Alex: Al día siguiente, la vi llegar a la oficina con una sonrisa. Hacía semanas que no la veía así. Algo en su actitud había cambiado, y no podía quitarme de la cabeza la idea de que Lucas estaba detrás de ello. Durante el almuerzo, decidí confrontarlo. —¿Qué está pasando entre tú y Cecy? —le pregunté sin rodeos. Lucas levantó la mirada de su plato y sonrió. —Eso deberías preguntárselo a ella, ¿no crees? Su respuesta me enfureció, pero también me hizo darme cuenta de algo: había perdido el control. Cecy ya no era la mujer que podía manipular con regalos y promesas vacías. Había recuperado su poder, y yo no sabía cómo manejarlo. Cecy: El juego con Lucas era peligroso, pero también emocionante. No estaba segura de hasta dónde llegaría, pero una cosa era clara: no volvería a ser la misma. Alex había roto algo dentro de mí, y ahora yo estaba dispuesta a reconstruirme, aunque eso significara destruir todo a mi paso.
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