Alex:
Tener a Cecy nuevamente entre mis brazos era un triunfo que saboreaba con cada fibra de mi ser. Después de días de incertidumbre, después de verla alejarse poco a poco de mí, su regreso solo confirmaba lo que siempre había sabido: ella me pertenecía.
La observé dormir a mi lado, su respiración tranquila, su cuerpo envuelto en las sábanas como si estuviera buscando refugio en mi calor. Había algo exquisito en verla así, vulnerable, completamente mía otra vez. No importaba lo que hubiera pasado con Lucas; lo único que importaba era que ahora estaba aquí. Y si algo había aprendido de toda esta experiencia, era que no podía darme el lujo de volver a perderla.
Me levanté con cuidado, sin despertarla, y fui a la cocina a servirme una copa de vino. Me senté en el sofá, disfrutando de la sensación de control que volvía a mí. Cecy era como un ave que había intentado volar lejos de su jaula, pero al final, siempre regresaba. Y esta vez, me aseguraría de que nunca más sintiera la necesidad de escapar.
Pero había un problema. Lucas.
Ese idiota había logrado acercarse demasiado a Cecy. Había sido una distracción, un error que ella misma ya había reconocido. Pero mientras siguiera en su vida, seguiría siendo una amenaza. Yo no compartía lo que era mío. Y si quería asegurarme de que Cecy me perteneciera completamente, debía alejar a Lucas de ella de una vez por todas.
Cecy:
Desperté con la sensación de unos labios cálidos sobre mi cuello. Alex me abrazaba por detrás, su cuerpo pegado al mío como si temiera que pudiera desaparecer de nuevo.
—Buenos días, preciosa —murmuró en mi oído, con esa voz grave y seductora que siempre tenía el poder de hacerme olvidar todo lo malo.
Cerré los ojos, permitiéndome disfrutar de la sensación de su piel contra la mía. Había pasado tanto tiempo deseando esta conexión con él que, por un momento, olvidé mis dudas, olvidé el peso de lo que había hecho con Lucas, olvidé todo.
—Buenos días —respondí, girando para mirarlo.
Alex sonrió y acarició mi mejilla con ternura.
—Es increíble despertarme contigo otra vez. No tienes idea de lo mucho que te extrañé.
Sentí un nudo en la garganta. Sabía que no era fácil para él aceptar que yo había estado con otro hombre, y aunque nunca lo había dicho en voz alta, podía sentirlo en la forma en que me abrazaba, en la intensidad de sus besos, como si necesitara marcar su territorio.
—Yo también te extrañé, Alex —confesé. Y era verdad.
Pero algo en su mirada me puso en alerta. Había un brillo calculador en sus ojos, una sombra de posesión que conocía demasiado bien.
Se incorporó en la cama y se apoyó en un codo, observándome con una sonrisa que no terminaba de ser del todo dulce.
—Cecy, hay algo que quiero pedirte —dijo, deslizando sus dedos por mi brazo de manera distraída.
—¿Qué cosa?
—Quiero que dejes de ver a Lucas.
Mi cuerpo se tensó de inmediato.
—Alex, Lucas es mi compañero de trabajo. No puedo simplemente dejar de verlo.
Él suspiró, como si hubiera esperado esa respuesta.
—No me refiero solo a lo personal, Cecy. Quiero que lo despidas.
Mi boca se abrió ligeramente, sin poder creer lo que estaba escuchando.
—¿Despedirlo? ¿Por qué haría eso?
Alex se sentó, mirándome fijamente con esa expresión seria y dominante que siempre usaba cuando quería salirse con la suya.
—Porque él no debería estar cerca de ti. No después de lo que pasó entre ustedes. No puedo soportar la idea de que sigas viéndolo todos los días en la oficina, trabajando juntos como si nada hubiera pasado.
Me pasé las manos por la cara, sintiendo cómo la incomodidad se instalaba en mi pecho.
—Alex, no puedo hacer eso. No es profesional. Además, Lucas no ha hecho nada malo.
Su mandíbula se tensó. Se levantó de la cama y empezó a caminar por la habitación, como si intentara contener su frustración.
—¿De verdad esperas que acepte que el hombre con el que estuviste hace apenas unas noches siga trabajando a tu lado? ¿Qué tipo de hombre crees que soy?
—Un hombre que confía en mí —respondí con firmeza.
Él se giró de golpe y me miró con dureza.
—Cecy, no se trata de confianza. Se trata de respeto.
Las palabras me golpearon con fuerza.
—¿Respeto? ¿Cómo te atreves a hablarme de respeto cuando tú…?
Me detuve antes de terminar la frase. Porque si lo decía, si sacaba a la luz todas las veces que él me había lastimado, todas sus mentiras y manipulaciones, sabía que esto se convertiría en una pelea sin final.
Alex se acercó a la cama y se inclinó sobre mí, sosteniéndome la barbilla con delicadeza, pero con la suficiente firmeza para que no apartara la mirada de él.
—Solo dime una cosa, Cecy. ¿A quién eliges? ¿A mí o a él?
—Sabes que te elijo a ti, Alex.
—Entonces haz lo que te pido.
Su voz era suave, casi dulce, pero en ella había un filo de amenaza que me heló la sangre.
Me alejé un poco de él, sintiendo el peso de la decisión que intentaba obligarme a tomar.
—Necesito pensarlo.
Alex suspiró, pero en lugar de insistir, sonrió y me acarició el cabello.
—Tómate tu tiempo, amor. Pero recuerda que todo lo que hago es porque te amo.
Me quedé en silencio mientras él se levantaba de la cama y salía de la habitación.
Sabía que Alex estaba manipulándome. Sabía que estaba usando mi amor por él para conseguir lo que quería. Pero la verdad más dolorosa era que, a pesar de todo, yo seguía queriéndolo.
Alex:
Observar a Cecy tambalearse entre la culpa y la devoción por mí era una delicia. No necesitaba gritar, suplicar ni amenazar abiertamente. Solo hacía falta una sutil combinación de palabras, miradas y silencios estratégicos para inclinar la balanza a mi favor. Y lo mejor de todo era que ella creía que estaba tomando sus propias decisiones.
Desde que puse sobre la mesa la idea de que Lucas debía desaparecer de su vida, noté cómo la duda se apoderaba de su rostro. Una parte de ella todavía se aferraba a la absurda idea de que podía mantener a ese tipo en su vida sin que esto afectara lo nuestro.
Pero el amor que sentía por mí —porque, sin importar lo que hubiera hecho con Lucas, Cecy me amaba a mí— era mi mejor arma.
Me mantuve sereno, cariñoso. No presioné más de lo necesario. Sabía que la culpa haría el resto del trabajo por mí. Ella ya se sentía sucia por haber estado con otro hombre. Solo necesitaba reforzar en su mente que alejar a Lucas no era algo que yo exigía… sino algo que ella misma debía hacer si realmente quería enmendar su error.
Cada día, la vi debatirse internamente. Era casi entretenido. Cuando volvíamos a casa después del trabajo, la sentía distante, pero no lo suficiente como para que eso significara una amenaza para mí. Estaba perdida en sus pensamientos, seguramente preguntándose si despedir a Lucas era lo correcto.
Y la respuesta, por supuesto, era un sí absoluto.
Cuando finalmente me lo dijo, una noche mientras estábamos en la cama, casi me reí en su cara.
—Mañana hablaré con Lucas… lo despediré —susurró, su voz apenas un murmullo.
Me aseguré de mantener mi expresión medida. No podía parecer demasiado complacido.
Pobre Cecy. Quería creer que todavía tenía algún tipo de control sobre la situación.
La besé con ternura, dejándole claro que estaba orgulloso de ella. Mi presa había caído nuevamente en mi red, y esta vez, me aseguraría de que nunca más intentara escapar.
Cecy:
Decirle a Lucas que estaba despedido fue una de las cosas más difíciles que había hecho en mi vida.
El día comenzó con el estómago revuelto, el corazón latiéndome con fuerza en el pecho. Me sentía enferma. Sabía que lo que estaba a punto de hacer no era justo, pero ¿qué opción tenía? Alex tenía razón. Lucas seguía siendo una sombra entre nosotros, una herida abierta en nuestra relación.
Si quería sanar lo que había roto, tenía que cerrarla.
Lucas entró a mi oficina con su sonrisa de siempre, esa que hacía que todo pareciera más ligero, más fácil. Pero esta vez no sentí alivio al verlo. Sentí culpa.
—¿Me necesitabas? —preguntó, acomodándose en la silla frente a mí.
—Lucas… —Tragué saliva y bajé la mirada por un momento antes de reunir el valor para continuar—. Tengo que hablar contigo sobre algo importante.
Su expresión cambió al instante. Se enderezó en su asiento y me miró con el ceño fruncido, como si ya supiera que lo que venía no era bueno.
—¿Qué pasa, Cecy?
Respiré hondo.
—Voy a tener que dejarte ir.
Lucas se quedó en silencio por un momento. Parpadeó, procesando mis palabras.
—¿Dejarme ir? —repitió, como si no pudiera creer lo que acababa de escuchar.
Me forcé a mantener la compostura, aunque por dentro me rompía en mil pedazos.
—No es nada personal, Lucas… solo que… las cosas se han complicado demasiado —dije, eligiendo mis palabras con cuidado.
Él soltó una risa amarga.
—Déjame adivinar. Esto tiene que ver con Alex, ¿verdad?
No respondí.
Lucas negó con la cabeza y pasó una mano por su cabello con frustración.
—Sabía que esto iba a pasar. Desde el momento en que volviste con él, supe que iba a encontrar la forma de deshacerse de mí.
—No es así —mentí.
—¿No? —se inclinó hacia adelante, apoyando los codos sobre su rodilla—. Mírame a los ojos y dime que esto es realmente lo que tú quieres, que no lo estás haciendo por él.
Abrí la boca para decirlo, pero las palabras se quedaron atrapadas en mi garganta.
Lucas asintió con tristeza.
—No puedes decirlo porque sabes que es verdad.
Me sentí al borde del llanto, pero me negué a derrumbarme. No podía permitirlo.
—Lucas, por favor, entiende que esto es lo mejor.
—¿Para quién? —Su voz se endureció—. Porque no parece ser lo mejor para ti.
Aparté la mirada.
—Esto no es un debate, Lucas. Ya está decidido.
Él me miró durante varios segundos, buscando en mi rostro alguna señal de que había esperanza, de que podía hacerme cambiar de opinión. Pero yo ya estaba demasiado hundida en esto.
Finalmente, se puso de pie.
—No sé en qué momento te convertiste en la sombra de Alex, Cecy. Pero cuando estés lista para ser tú misma otra vez, sabes dónde encontrarme.
Sus palabras me atravesaron como una daga.
Lucas salió de mi oficina sin mirar atrás, dejándome sola con el peso de mi decisión.
Me hundí en mi silla, sintiéndome más vacía de lo que jamás me había sentido.
Había hecho lo correcto, ¿verdad?
Alex tenía razón. Lucas era una distracción. Un error. Un recordatorio de mi traición.
Pero si era así… ¿por qué sentía que acababa de perder una parte de mí misma?
Alex:
Esa noche, cuando Cecy llegó a casa, supe de inmediato que había hecho lo que le pedí. Su rostro estaba tenso, sus ojos cansados.
Me acerqué a ella con una copa de vino en la mano y una sonrisa de satisfacción.
—¿Cómo estuvo tu día? —pregunté, aunque ya conocía la respuesta.
Ella suspiró y se dejó caer en el sofá.
—Lo hice. Despedí a Lucas.
No pude evitar sentir una ola de triunfo recorriéndome.
Me senté a su lado y tomé su mano entre las mías.
—Sé que fue difícil para ti, amor —dije, acariciando sus dedos con delicadeza—, pero hiciste lo correcto. Ahora podemos enfocarnos en nosotros, sin nadie entrometiéndose entre nosotros.
Ella no dijo nada. Solo asintió, con la mirada perdida.
La abracé y besé su frente, susurrándole palabras de consuelo.
Había recuperado mi control sobre ella.
Lucas ya no era una amenaza.
Y Cecy… bueno, Cecy nunca había dejado de ser mía.