Cecy:
El sonido del teléfono me despertó abruptamente, interrumpiendo la paz tensa que había envuelto mi mente en las últimas horas. Estaba en la cama con Alex, su cuerpo pegado al mío como una constante recordándome que ya no había espacio para escapar. A veces, los recuerdos de mi vida anterior parecían tan lejanos que dudaba de si alguna vez fueron reales.
Me incorporé lentamente, buscando el teléfono en la mesilla de noche, notando que Alex dormía profundamente a mi lado, ajeno a todo lo que pasaba en mi cabeza. Esta relación, con todo su lujo y su control, me había absorbido de una manera tan sutil que ya no podía distinguir entre lo que quería y lo que él quería.
La pantalla mostraba el nombre de Sasha.
Un escalofrío recorrió mi espalda. Sasha nunca me llamaba tan temprano, ni de esa manera tan urgente. Sabía que algo no estaba bien, que tal vez estaba a punto de escuchar lo que no quería oír.
Contesté rápidamente, casi sin pensar.
—¿Sasha? —pregunté, intentando disimular la ansiedad en mi voz.
—Cecy... —su voz tembló al otro lado de la línea. Sabía que no era una llamada normal. Había algo en su tono, una mezcla de miedo y desesperación que me hizo sentir el nudo en el estómago.
—¿Qué pasa? ¿Estás bien?
Sasha suspiró, luego empezó a hablar rápidamente, como si las palabras tuvieran que salir antes de que se le escapara todo.
—No sé cómo empezar... pero... estoy atrapada, Cecy. Estoy en las Islas Maldivas con Jhon y Steven, y... no sé qué hacer. Hay algo en ellos, algo que no entiendo por qué me atraen tanto, y acabo de ver a Jhon abrazado con otra mujer, no quiero estar aquí. Estoy atrapada en un triángulo que ni siquiera pedí. Y no puedo estar con Jhon, no puedo estar con Steven, y no puedo quedarme aquí ni un minuto más.
Mis manos temblaron al escucharla, y un sudor frío recorrió mi frente. Sasha nunca había sido de hablar enigmáticamente. Siempre era directa, fuerte. Pero esta vez, sentí el caos en su voz.
—Sasha, cálmate. ¿Qué está pasando con Jhon y Steven? ¿Por qué dices que estás atrapada?
Un largo silencio me respondió, como si Sasha estuviera luchando por encontrar la manera de articular lo que sentía sin comprometerse completamente. Finalmente, habló.
—Es difícil de explicar. Jhon y Steven... tienen algo entre ellos y yo con ellos dos. Algo que no sé cómo decírtelo somos un trio algo complicado, Cecy. Y no puedo dejar de pensar en lo que está pasando y ver a uno de ellos con otra mujer, no quiero volver a vivir lo de mi ex. No sé si debo quedarme con Jhon, porque él parece atrapado en todo esto, o si debo irme y desaparecer. Pero no quiero quedarme aquí. No me siento segura.
Las palabras de Sasha resonaban en mi cabeza, como un eco constante. Un triángulo s****l. Un juego de poder y deseo. Algo que la había dejado atrapada en un remolino de inseguridad y confusión. A veces, las relaciones no eran solo sobre amor, sino sobre poder. Y Sasha sabía lo que era perder el control, sentirte atrapada en un lugar donde no había salida.
—Cecy... por favor. Ayúdame. No puedo quedarme más tiempo aquí. Necesito salir, y no sé cómo hacerlo. —El tono de Sasha era tan desesperado que sentí una punzada de compasión y una necesidad urgente de hacer algo por ella.
Mis pensamientos se entrelazaron rápidamente, y la única opción que surgió en mi mente fue la de pedirle a Alex que me ayudara. Sabía que, si se lo pedía, me lo concedería. De alguna manera, me sentía culpable por hacerle ese favor, por usarlo, pero no podía dejar a Sasha en ese lugar. No podía ignorar el grito silencioso de su angustia.
Coloqué el teléfono en el sillón, incapaz de decir una palabra más, y me levanté de la cama. Me miré al espejo pensando en Alex ajeno a mi tormenta interna. Había sido tan fácil dejarme envolver por él, tan sencillo rendirme a su control. Pero algo dentro de mí, algo que había estado en silencio durante todo este tiempo, se agitaba. No podía dejar que Sasha se hundiera mientras yo jugaba a ser la mujer perfecta para él.
Me vestí rápidamente y salí del dormitorio. Mi corazón latía con fuerza, sabiendo lo que estaba a punto de hacer. Ya no se trataba solo de Sasha, también se trataba de mí. Sentía la presión del control de Alex sobre mí, pero tenía que hacer algo. Tenía que mantener mi independencia, aunque fuera solo por un momento.
Bajé las escaleras, mi mente trabajando a mil por hora. Mi teléfono vibró otra vez, y al mirar la pantalla, vi el mensaje de Sasha. “Por favor, no tardes. Ya no puedo más.”
Respiré hondo y decidí que iba a hacerlo. Iba a pedirle a Alex que me ayudara a sacar a Sasha de las Maldivas. Si lo hacía, sería por ella, pero también sería por mí, por recuperar una parte de mí misma que sentía que estaba desapareciendo.
Subí al despacho de Alex. A esa hora, siempre estaba trabajando en los papeles, analizando informes, tomando decisiones. Entré sin tocar la puerta, algo que ya sabía que no debía hacer, pero me importaba poco. Lo necesitaba.
Lo encontré sentado en su escritorio, con los ojos fijos en la pantalla, aparentemente absorto en su trabajo. No me miró cuando entré, pero la tensión de su espalda me dijo que sabía que estaba ahí.
—Alex... —dije, nerviosa. Mi voz sonó más temblorosa de lo que había planeado.
Él levantó la vista lentamente, sus ojos azules fijos en los míos. Una leve sonrisa apareció en su rostro.
—¿Qué pasa, Cecy? —preguntó con esa calma peligrosa que siempre llevaba en su tono.
Tragué saliva, luchando contra la urgencia que sentía.
—Necesito tu ayuda —dije finalmente. Las palabras salieron como una súplica.
Alex levantó una ceja.
—¿Qué tipo de ayuda?
Me acerqué al escritorio, respirando profundamente antes de seguir.
—Sasha está en las Islas Maldivas, y... —hice una pausa, buscando la mejor forma de explicarlo. —Está atrapada. No puede salir por sus propios medios. Está en medio de un lío con su novio y el mejor amigo de él. Y no sé qué más, pero está en peligro, Alex. Necesito que me ayudes a sacarla de allí. ¿Puedes... prestarme tu avión privado?
Alex no dijo nada durante unos segundos, pero su mirada no dejaba de evaluar cada palabra que había dicho. Podía sentir cómo sus ojos analizaban mi rostro, midiendo mis emociones.
Finalmente, habló con esa calma que siempre me desarmaba.
—¿Y por qué debería ayudarte con esto? —preguntó, sus ojos fijándose en mí con una intensidad que no me dejaba escapar.
Lo miré fijamente, consciente de lo que me estaba pidiendo. Sabía que esto no sería sencillo. No era solo una cuestión de pedirle un favor. Era una cuestión de control, de manipulación, de lo que él quería.
—Porque te lo pido —respondí, sin poder ocultar la urgencia en mi voz. —Te prometo que no me pediré nada más. Solo quiero ayudarla.
Alex se reclinó en su silla, mirando en silencio por un momento. Su expresión era difícil de leer, pero sabía que estaba tomando su decisión.
—Está bien. —Finalmente, dijo, su tono tan frío y calculador como siempre. —El avión estará listo en una hora. Pero recuerda, Cecy, que cuando me pides algo, no lo olvido.
Mis entrañas se retorcieron, pero asentí.
—Gracias, Alex. —Dije, mi voz casi inaudible, mientras salía del despacho con una mezcla de alivio y miedo.
Sasha no sabía que estaba por recibir la ayuda que tanto necesitaba. Pero, de alguna manera, yo también necesitaba algo en este momento. Necesitaba sentir que todavía podía controlar mi vida, aunque solo fuera un poco.