Cecy: Chris y yo salimos de la oficina con una sensación de victoria. Por primera vez en mucho tiempo, me sentí libre. Libre de la sombra de Alex. Libre de esa sensación de estar atrapada en una jaula dorada. —Esto hay que celebrarlo —dijo Chris mientras llamaba a su chofer—. Te invito a un par de tragos. No puse resistencia. Lo necesitaba. Nos dirigimos a uno de los bares más exclusivos de la ciudad, uno de esos lugares elegantes con iluminación tenue, música de jazz en vivo y una barra surtida con los mejores licores. Nos acomodamos en una mesa privada en la esquina, lejos del bullicio, donde pudimos relajarnos sin interrupciones. Chris pidió un whisky para él y un cóctel frutal para mí. —Por los nuevos comienzos —brindó él, levantando su vaso. —Por los nuevos comienzos —repetí

