Capítulo 3: Quizás en la próxima vida

1816 Palabras
Salió del autobús y se adentró en los pasillos de la escuela, yendo directo a la oficina del director. Era una escuela grade, con demasiados pasillos y aulas, por lo que fácilmente podías perderte si era tu primer día, justo como le paso a ella. Pasó varias clases corriendo y sudada, en las que le dieron nuevas direcciones y otras más, una tras otra de un lado a otro, hasta que se sintió harta y comenzó a caminar resinada de que de todas formas llagaría tarde. Hasta que a tropezones dio con aquella aula, y para su alegría o su pesar, la maestra no había venido en ese día y toda su carrera había sido en vano, o eso pensó hasta que lo vio. Pensó que ese sería el peor día de su vida hasta que lo vio al final del aula y sus ojos chocaron, no cambiaría por nada en el mundo esos 30 segundos. Todo su cuerpo se hundió en un vértigo increíble, y como si de una droga potente se tratase sus pupilas se dilataron, su corazón se aceleró, su sistema de gravedad se quebró y su mundo se detuvo. Aun recordaba aquella sensación. En un mundo ideal, ese día él hubiese quedado flechado de ella también, ella sería valiente y se acercaría y él se le confesaría, luego empezarían a salir. Durante cuatro años hubiesen tenido una relación armoniosa y estable, siendo la envidia de todos, donde los problemas más importantes fueran ser aceptados por la misma universidad. Se graduarían, se casarían y luego ella trabajaría en relaciones publicas y él pondría su propia empresa y sacaría a su madre adelante. Con suerte tendrían cuatro hijos, dos niñas y dos niños, cada uno tendría un animal, un perro, un gato, un ave y un hámster. ¡Jum! Se río al pensar cómo serían y como se llamarían: Helena, Adriana, Aiden y Harmony. Todos con un rasgo de cada uno. Correrían por la casa y en poco tiempo irían a la escuela, tendían sus propios hogares y profesiones, solo quedarían los dos de nuevo y se acompañarían por lo que le quedará de vida, hasta la llegada de los nietos. Claro esto era solo una fantasía que estaba en su mente, el mundo no era perfecto, no para ella al menos y como un gran jarrón se había hecho añicos al verlo con alguien más. Ese día tampoco lo olvidaría nunca. Su rostro se deformó, regresando a la triste realidad, por lo que para pasar el trago amargo y distraer su alborotada mente, entró de una vez por todas a la oficina del director. … Una vez obtuvo sus papeles, su diploma y unas felicitaciones por parte del director, el cual no había parado de decir lo orgulloso que estaba de ella, por haber conseguido aquella beca. Todos estaban felices, sus profesores, su director, sus padres, pero el problema fundamental era que ella no lo estaba. Fue directo a su casa solo para verlo parado frente a la puerta de su casa. Enseguida lo vio su ceño se frunció ¿Qué diantres hacía él allí? Habían quedado de verse en la graduación y prometió él le daría un tiempo para pensar. Él siempre cumplía sus promesas entonces… No quería que la viera, no quería verlo, por lo que se ocultó. Hacia solo dos días que le había confesado sus sentimientos. Y hacía solo dos días que la había rechazado. Por lo que aún no se sentía lista para enfrentarlo y no sabía cuándo lo estaría, justo por eso quería irse cuanto antes. Tocó la puerta un par de veces, pero como nadie estaba en casa, nadie podía salir a su encuentro. Sin embargo, todavía viendo esto se sentó, esperando que alguien llegara, por alguna razón se veía desesperado, su cabellos estaba alborotado y su ropa desalineada, como si hubiese salido corriendo, lo que hizo que a la pelinegra le doliera el corazón. Lo único que deseaba en ese momento era correr hacia él y abrazarlo, lo extrañaba demasiado y él a ella también al parecer. Pero ella no solo, no podía verlo, tenerlo cerca la estaba matando, por lo que había decidido mantearlo lejos. Aunque también entendía que lo hacía de forma incorrecta, lo alejo sin ninguna explicación y también se iría sin decirle nada. Pero no podía ser de otra forma, porque si él se lo pedía, si volvía a escuchar su voz y ser trapazada por esos ojos que tanto amaba, jamás podía dejarlo ir. Era mejor así – se convenció acongojada. Entonces escucho su teléfono sonar en su bolsillo, por lo que rápidamente lo saco y colgó la llamada, sabiendo de quien era. Sin embargo, inmediatamente, como si ya supiera que ella lo haría, volvió a llamar, una y otra vez, hasta que por fin lo vio darse por vencido e irse. Espero unos minutos antes de salir y entrar a su casa para llamar un taxi. En cuanto termino la llamada se dio cuenta de que había estado llorando, pero lejos de retenerlas las dejó fluir con más fuerza mientras lloraba y gritaba. ¿Por qué el destino había sido tan malo con ella? Claramente ellos deberían ser una pareja ideal ahora. ¿Cómo acabo todo esto con ellos separándose sin siquiera decirse adiós? Lo amaba, pero lo debía dejar ir. Parecer que el que había inventado esa frase jamás se había enamorado de verdad, al menos no como ella “si amas déjalo libre” ¿Sabía esa persona cuanto dolía hacer eso? Lloró y se quejó por un largo tiempo, hasta que sintió que ya no tenía lagrimas para soltar y estaba ronca, además el taxi estaba llamando en la puerta. Era hora de irse, quizás, para siempre. … Su pie no dejaba de moverse, se sentía demasiado inquieta. Jamás había volado en su vida, esta era su primera vez y eso la asustaba. Él había prometido acompañar la primera vez que se subiera en un avión, pues sabía que ella tenía miedo de subirse en aquel aparato, pero las cosas resultaron de esa forma al final. Ella estaba sola y aterrada, además la persona a su lado no ayudaba. Era una mujer de unos 80 años y no paraba de decir cuántas probabilidades había de que el avión tuviera una falla y callera al mar, que su esposo había marido en un viaje de avión y su hijo igual, por lo que ella era quien quedaba. Para colmo el piloto tuvo un accidente y tuvieron que cambiar a última hora. ¿Cómo lo supo? Las azafatas no dejaban de cuchichear sobre el remplazo y lo guapo que era, por lo que al ir al baño para escapar de esa señora las había escuchado. Respiro hondo, empezaba a sudar frío. Sabía que todo eso era paranoilla que le había inducido aquella anciana y su miedo por volar por primera vez, pero aún así deseó bajarse del avión. Justo en ese momento entro un mensaje a su celular, haciéndole notar que no lo había apagado, por lo que lo saco para hacerlo. Pero al hacerlo noto que era él. Entro al mensaje para responderle por última vez, decidida a que no podía terminar así años de amistad. «¿Es cierto que te vas?» Ese mensaje le sorprendió ¿Cómo lo supo? ¿Entonces por eso estaba frente a su casa? «Es cierto, estoy en el avión» Respondió intentando estar tranquila con el resultado, pero sabía que no lo estaba. Vio que decía escribiendo y sus nervios aumentaron, pero no quería leer lo siguiente, quería que él también la dejase ir, no quería arrepentirse, por lo que tecleo rápidamente. «Por favor déjame ir» «Yo no puedo hacer esto, no puedo seguir siendo tu amiga como si no sintiera nada por ti» «Verte con ella me matará Adrián» «Solo no vuelvas a contactarme, déjame ir por esta vez» «Nuestro destino es separarnos, espero que lo entiendas y no me guardes rencor por esto. Tú siempre serás la única persona a la que ame con todo mi corazón, mi único mejor amigo y al único que pueda confiarle todo»  «Quizás en la próxima vida, pero en esta no podemos ser nada, porque no quiero ser tu amiga y es todo lo que puedo ser en esta vida» Escribió antes de apagar el teléfono y dar por finalizada la conversación. Momentos después el avión había despegado y dejado atrás el país y con el se quedaba su corazón. … —Te dije que no quiero comer más ¿Por qué la juventud de hoy no sabe escuchar? – de quejaba la anciana que estaba a su lado, mientras su nieta le trataba de dar de comer. —Solo comiste un par de cucharadas de la papilla – se quejó la joven. —¡Y con eso fue suficiente! – añadió la señora – semejante cosa insípida – cuchicheo. La niña dio la vuelta, no dispuesta a seguir luchando con ella y fue a su madre. —La abuela ha perdido el apetito. – fue su respuesta para que su madre la dejará tranquila. Mientras ella trataba de distraerse en una revista para clamar sus nervios. Cuando de pronto empezó a sonar una alarma y el avión empezó a moverse violentamente haciéndola temblar. Entonces las sobrecargos se acercaron para decirles que se colocaran el cinturón y se mantuvieran en sus asientos que todo estaría bien y que era simple turbulencia, pero sus caras reflejaban algo distinto y ella lo notó, por lo que su corazón empezó a retumbar hasta hacer un sonido sordo en su oídos. Su miedo se había intensificado. Todo lo demás paso en cámara lenta para ella, se escuchó una fuerte explosión en una de las turbinas del avión y este empezó a perder altura, mientras todas las personas gritaban como locas y algunas oraban, rezaban o clamaban la figura de su religión. Las azafatas ya no podían ocultar la verdad, nada estaba bien. Entonces se escuchó otra explosión indicando su sentencia de muerte. El ala izquierda había estallado y en avión se destrozaba por pedazos creando una gran abertura que como si de una succión se tratase o un agujero n***o, trataba de llevarse todo a su paso y con ello, los pasajeros del lado derecho a los que no había matado la explosión. Sin embargo, en todo lo que ella podía pensar, mientras las lágrimas salían de sus ojos, era que en verdad sería la última vez que lo vería. Nunca pensó realmente que esa sería su despedida, lo había dicho tanto, pero solo en ese momento, cuando supo que ya no tendía la posibilidad, supo lo que de verdad significaba. Y había sido por mensaje de texto, hubiese querido abrazarlo, bésalo, luchar por su amor, pero ya era muy tarde. Era una estúpida, solo entonces se dio cuenta de que jamás había luchado verdaderamente por él.
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