Sus ojos se abrieron de golpe y con demasiada fuerza, ya que de inmediato pudo sentir como la luz se filtraba por su retina dándole un dolor insoportable a su cerebro. Su respiración era pesada y su corazón latía muy rápido, a tal punto de que su pecho dolía dándole una sensación de asfixia. Mientras sus sienes palpitaban y su cabeza sentía vértigo al acumularse los recuerdos en su mente precitadamente, como una presa muy grade que se acababa romper y acaba con todo a su paso ¿Había muerto?
Abrió los ojos, que ya los había cerrado por el impacto anterior, poco a poco, hasta que se acostumbró a la luz de la habitación.
Era una persona muerta – pensó antes de fruncir el ceño.
Pero para estar muera se sentía bastante viva. Sabía que había muerto, por los vividos recuerdos del aquel accidente. Aun podía sentir su cuerpo se quemado y lanzado en aquella explosión, su cuerpo desgarrado, su piel ardiendo hasta deshacerse y perder todo grado de consciencia, si ella había muerto.
Se miró as manos y los brazos, antes de tocar su cuello y su rostro en busca de quemaduras y lesiones, pues como había dicho antes no se sentía muerta. Había una mínima posibilidad de que se hubiese salvado, que hubiese sobrevivido a la explosión de aquel trágico accidente. Pero no había nada, ni siquiera un pequeño rasguño, lo que no era posible, si siquiera si hubiese pasado años en coma. Entonces ¿Esta era la llamada muerte? ¿Así se sentía estarlo? Si era así no veía de que se preocupaban todos, no había ninguna diferencia.
¿No debía haber algo que le dijera que estaba muerta? Alguna diferencia quizás. Recordando algunas teorías, se propuso experimentarlas: se pellizcó, pero sintió dolor, lo cual ya le era obvio cuando se levantó, pero nada le quitaba probar. Buscó una cola fantasmal, pero allí solo estaban sus pies, trato de flotar o traspasar algo, pero no pudo. Para empezar, ya estaba en una cama y acaba de despertar, pero ¿El alma podía dormir o descansar? ¿Se cansaba el alma? Todo le decía que no.
Claro todo lo que había hecho para demostrarlo, estaba basado en hipótesis de personas que no habían muerto, por lo tanto, no podían probar que de verdad esto pasaba al morir.
¡Esto es muy frustrante! – se quejó mal humorada.
Pero, acababa de despertar ¿Eso quería decir que lo anterior era un sueño? Quizás jamás se había subido a aquel avión. Eso hizo que un alivio recorriera su cuerpo, si eso era cierto, aun podía ir corriendo a casa de Adrián y verlo otra vez ¡Podía verlo! – pensó con dicha.
Sin embargo, su instinto le dijo que estaba pasando algo por alto, haciendo que su mente se centrara de nuevo. Si eso había sido un sueño, había sido un sueño demasiado vivido y realista, pues aun no desaparecía de su piel el ardor, el dolor que le había causado aquella explosión, aun cuando veía y sabía que no tenía nada. La impotencia de no poder hacer nada, la desesperación, el dolor sofocante que te consume. – su cuerpo tembló con un sudor frío – sí, era demasiado real.
Entonces, su vista se elevó y recorrió la habitación en la que estaba, la misma a la que no le había prestado atención antes. Solo entonces se dio cuenta de lo que había pasado por alto, esta no era su habitación. Lo peor es que tampoco reconocía que habitación era, por lo que no la conocía, jamás había estado en ella, estaba segura. Además, tampoco parecía ser un hospital. Esto no tenía ningún sentido para ella: si era un sueño debía despertar en su habitación y si no y era real ¿No debería estar llena de heridas y en el hospital o muerta y no sentir dolor?
Trato de buscar algo conocido en algún lado, su teléfono o algo que le dijese que rayos estaba pasando. Lo que encontró fue un retrato de una chica castaña, que claramente no conocía y que sonreía a la cámara con un diploma en la mano, era una graduación. Y al parecer, ella estaba muy feliz. Tomó la foto entre sus manos y se levantó de la cama, todavía un poco mareada. Yendo un estante de cristal que halló en la habitación, encontró un teléfono rosa, como todo en la habitación. Parecía una habitación de una niña o una fan de Barbie y lo rosa.
Recapitulando en su mente, ahora sabía que no era su teléfono y que esta no era su casa, que no estaba muerta, pero que había muerto, al menos era un avance. Necesitaba saber ¿Dónde rayos estaba? y ¿Cómo era que seguía con vida? Porque, aunque amaba estarlo, no tenía lógica que lo estuviera. Sin embargo, al encender la pantalla del teléfono todo su mundo se detuvo en ese mismo momento 05/10/2023, sus ojos se abrieron son fuerza sin poder creerlo realmente, ese teléfono debía estar averiado ¿Había pasado 5 años? Todo su mundo se sacudió ante la noticia y no pudo entender muy bien lo que estaba pesando, pero tampoco se le dio mucho tiempo para procesarlo, cuando un hombre alto, bien formado y de pelo n***o entro en la habitación.
Enseguida la vio en su rostro se formó una sonrisa que para nada se veía como felicidad.
—La abuela tan preocupada – se burló – ya se lo había dicho hierva mala jamás mue… - trato de decir, pero al ver su rostro desconcertado se detuvo. - ¿No te iras a desmallar ahora cierto? – dijo tratando de bromear, mientras se acercaba, pero enseguida ella se alejó - ¿Fenicia?
—¿Qué? – pregunto algo asustada.
Ella era la única en la habitación o al menos eso creía, además por el tono de su voz y su mirada parecía estar hablando con ella, pero ¿La había llamado Fenicia? Además ¿Quién era este hombre y donde estaba?
Al ver que la chica en serio estaba asustada y que parecía no reconocerlo, el chico se comenzó a asustar. Si algo le pasaba, su hermano y su abuela lo culparían a él, a buena hora fue a ayudarla a escaparse de la casa para divertirse. Cerró la puerta y entro a la habitación, a lo que Hanica retrocedió, no sabiendo sus intenciones.
—Fenicia… - trato de decir, más ella lo interrumpió, tan rápido como comenzó a habar.
—¿Quién rayos es Fenicia? ¿Con quién hablas? – preguntó aturdida.
Claro que la lógica le decía que hablaba con ella, pero ella no se llamaba Fenicia. Aunque… de pronto, una idea descabellada que no había pensado antes se le metió en la cabeza y al mirar al hombre frente a ella y como le hablaba como si se conocieran, como la llamaba y la veía cobró sentido. Mientras más lo pensaba más lógico le resultaba, hasta que empezó pensar que era cierto.
Corrió al espejo del otro lado de la habitación y al observarse el teléfono que llevaba en las manos se calló sobre el piso, la impresión la dejó paralizada al instante. Ese no era su rostro, al menos no el de Hanica Elizabeth Robert ¿Qué rayos? ¿Había ella rencarnado Se sintió tan mareada que tuvo que apoyarse del tocador para no caer al suelo, esto era demasiado para digerir en poco tiempo, no era su tiempo, tampoco era su cuerpo, no era su casa y no era su vida. Su mente iba a millón, mientras trataba de digerir una noticia tras otra. Sin embargo, ni siquiera lo había terminado de asimilar cuando escucho una voz, que, aunque algo cambiada y más madura reconoció al instante. enseguida su piernas flaquerón, por lo que se sostuvo con más fuerza.
—¿Por qué estas tardando tanto en despertarla? Si algo le pasó, es mejor… - se detuvo al ver a la joven de espaldas a él. – Fenicia.
Todo su cuerpo tembló, era él, la persona que creyó jamás volvería a ver, y ahora estaba ahora detrás de ella. Sus piernas temblaron y perdió al instante todo el valor para voltearse. Pero sea como sea lo quería ver, quería verlo de nuevo. Ya habían pasado cinco años ¿Habría cambiado su apariencia? ¿Cómo se vería ahora? dio la vuelta lentamente hasta quedar de frente a él. Llevaba un traje gris y una camisa azul, al igual que su corbata, estaba más alto y sus músculos más desarrollados, hombros rectos y cabello perfectamente peinado hacia atrás, estaba mucho más guapo, pero sobre todo más serio. Sus ojos penetrantes la recorrían buscando algo mal, mientras su ceño estaba fruncido.
Avanzó hacia ella, sin embargo, antes que pudiera acercarse lo suficiente, ella vio cómo su figura se desvanecía frente a sus ojos, hasta quedar en oscuridad y su cuerpo perdía toda movilidad cayendo al piso.