ANASTASIA
Ya hace una semana que Santino está en la casa y tengo que reconocer que no es tan malo como todos creen, o bueno, conmigo no lo ha sido. Se ha portado amable y atento, pero lo que más me sorprende es que respeta mis decisiones. Hace unos días le dije que quería hacer mi especialización en cirugía ortopédica y traumatología y me dijo que podía hacer lo que yo quisiera luego de que resolviera el problema del robo.
- ¡Hola! ¿Cómo estás? – me pregunta Alina con alegría nada más abrirle la puerta.
Durante esta semana he podido conocer más a Alina y tengo que decirles que se ha convertido en mi confidente junto con Eva.
- Bien, ¿y tú? – le pregunto antes de saludarla con dos besos en la mejilla.
- Bien, aunque no tanto como tú – me dice con una sonrisa picarona mientras la invito a pasar.
- ¿A qué te refieres? – le pregunto confundida.
- Ya te comiste a Santino, ¿verdad? – me pregunta con la misma sonrisa provocando que me ponga roja como un tomate – ¿Qué tal? ¿Sabroso?
- No ha pasado nada y baja la voz – le pido nerviosa.
- ¿Y por qué hueles a él? – me vuelve a preguntar.
- Hace rato me salvo de que me cayera de un taburete en el cual estaba subida – le cuento y no puedo evitar recordar que tuve su boca a unos centímetros de la mía y desee que me besara.
- Ya.
- Buenos días, Alina – le dice Eva cuando entramos a la cocina.
- Buenos días, Eva – le dice dándole dos besos.
- ¿Desayunas con nosotros? – le pregunta Eva.
- Si me invitan no puedo negarme, pero necesito hablar con Santino primero. ¿Dónde está?
- En su habitación con el doctor Franco que vino a revisarlo – le digo.
- Voy a verlo – nos dice antes de salir de la cocina.
- Buenos días – escuchamos a Alina decirles.
- Buenos días – le dicen ambos al mismo tiempo.
- ¿Qué pasa? ¿Por qué tienen esas caras? – les pregunta con curiosidad.
- Que te cuente Santino yo me tengo que ir… Cualquier cosa que necesiten ya saben – les dice el doctor – Hasta luego – nos dice a Eva y a Anastasia.
- Adiós doctor – le decimos ambas con una sonrisa amable.
- Acompáñame al despacho tenemos que hablar – le dice Santino a Alina.
- ¡Uy! Ese tonito no me gusta, algo grave está pasando – dice Eva pensativa.
- Seguramente habrá descubierto al ladrón – le digo.
- No lo creo.
Santino y Alina estuvieron encerrados en el despacho durante toda la mañana haciendo llamadas según pude ver gracias a que el despacho tiene las paredes de cristal.
Ahora mismo estamos todos comiendo el postre y de repente suena el timbre.
- ¡Yo voy! – dice Santino luego de limpiarse la boca con su servilleta.
- ¡LASCIARSI ANDARE! ¡DOVVI ESSERE TU! ¡SEI UN SELVAGGIO! (¡SUELTAME! ¡TENÍAS QUE SER TÚ! ¡ERES UN SALVAJE!) – escuchamos como un hombre grita en italiano y Alina se echa a reír.
- ¡Shhh! Deja de gritar – le dice Santino – ¿Ya se te olvido lo que te dije el día que viniste pidiendo ayuda? Te advertí que si aceptabas el trato tenías que estar disponible las veinticuatro horas del día a cualquier llamada mía. Ahora te aguantas… Gracias Gabriele ya te puedes retirar.
- Con su permiso, señor.
- Pasa – le dice antes de cerrar la puerta.
- Non parlarmi così duramente, sono io che dovrei arrabbiarmi. E giusto perché tu lo sappia, non sono potuta venire perché era con il mio ragazzo (No me hables tan duro que el que debería de estar enojado soy yo. Y para que lo sepas no podía venir porque estaba con mi novio).
- Ya deja de hablar en italiano que tienes un acento pésimo – le dice Santino.
- Envidioso – le dice mientras entran al comedor – ¡Ah! Y el gorila ese lastimo a mi novio y a mí me rompió dos uñas – le dice a Santino provocando que este ponga los ojos en blanco – ¡Doña Eva! – dice con alegría al verla – Usted tan guapa como siempre.
- Gracias, adulador – le dice con una sonrisa luego de darle dos besos.
- ¡Oiga! Dígame una cosa… ¿Su hijo es igual de salvaje y patán que su nieto? – le pregunta y veo como Santino lo mira serio con los brazos cruzados.
- Yo en tu lugar Gianni dejaba de hablar que no tiene un buen día – le aconseja Alina.
- ¡ALINA! – grita eufórico – Tan divina como siempre – le dice antes de darle dos besos en las mejillas – Me imagino que es a ti a la que tengo que arreglar.
- Sí, y también a Anastasia, la esposa de Santino – le dice provocando que me mire sorprendido y que yo entre en shock.
- ¡A ver! Déjame verte – me dice tomándome de la mano para que me levante y haciéndome dar una vuelta – Eres preciosa. Ojalá y logres domesticar al salvaje este.
- ¡¿Qué?! ¡¿Arreglarme para qué?! – pregunto sorprendida saliendo del estado de shock.
Santino se acerca a mí y se inclina justo al lado de mi oreja izquierda.
- Se trata de una fiesta anual con todos los jefes de la mafia italiana y se hace para que aquellos que se han casado en el último año presenten a sus esposas formalmente, además se aprovecha la fiesta para que las mujeres socialicen entre ellas – me cuenta en un susurro – Ya sé lo que me vas a decir, pero si me acompañas a la fiesta yo te prometo que todas las preguntas que me has hecho tendrán respuesta.
- ¿Me lo juras? – le pregunto y este asiente en respuesta – Está bien, iré contigo.
La verdad es que no me hace gracia ir a una fiesta que va a estar llena de mafiosos, pero necesito respuestas y si el precio a pagar es asistir a ella lo haré.
- Bien.
- Para arreglar a este par de reinas necesito mis cosas así que dile al gorila que me trajo a la fuerza que vaya por ellas – le dice Gianni – ¿Me escuchaste? – le pregunta a Santino cuando ve que se va y baja las escaleras – ¡Uy! Tan grosero. La verdad no sé qué le viste para casarte con él, o bueno, si lo sé… Lo guapo que es el condenado – me dice con diversión provocando que Alina, Eva y yo nos riamos junto con él.
Inmediatamente, dejamos de reírnos cuando vemos regresar a Santino.
- Me gustaría que usaras esto – me dice Santino abriendo una caja negra de terciopelo.
- ¡Dios mío! ¡¿Qué es está belleza?! – dice Gianni en un tono que parece que le va a dar un infarto de la impresión.
Es un conjunto de pendientes y un collar completamente echo de diamantes, pero lo que más llama la atención del collar es un diamante más grande en forma de lágrima.
- Si me regalas uno así a mí te perdono todo – le dice Gianni.
- Yo en tu lugar seguiría soñando – le dice Santino antes de entregarme la caja – Con permiso – dice y se dirige a la puerta del departamento, la cual abre – ¡Gabriele! Ve al salón de Gianni y trae su maletín de trabajo por favor.
- Sí señor.
Mientras esperamos a que Gabriele trajera el maletín de Gianni le mostré los vestidos que tenía en el armario y entre Alina, Eva y él me convencieron para que me pusiera el vestido chifón blanco de corte sirena y manga larga con encaje n***o en los hombros, brazos y cola.
Gianni primero arreglo a Alina luego de que le dijera que iba a usar un vestido largo de color rojo y nada más saber eso decidió ondularle el cabello para hacerle un semirrecogido despeinado y le aplico un maquillaje natural. Por otro lado, a mí me hizo un recogido bajo con trenzas y me aplico también un maquillaje natural que combina con el color del vestido y resalta el azul de mis ojos.
- Aquí está la reina de la noche – dice Gianni con alegría.
Salgo de la habitación y me encuentro con Santino, el cual tiene puesto un traje de tres piezas en color n***o.
Al parecer el n***o es su color favorito porque siempre se viste de ese color.
- Te ves… preciosa – me dice Santino mirándome a los ojos provocando que me sonroje.
- Gracias, pero me siento disfrazada – le confieso y veo como se le escapa una pequeña sonrisa.
- No digas eso que Gianni a penas y te maquillo – me dice Eva – Toma – me dice entregándome el bolso de mano en color n***o y de estilo sobre.
- ¿Y Alina? – pregunto al no verla.
- Se fue a su casa a terminar de arreglarse. Nos va a alcanzar en la fiesta – me dice Santino – ¿Nos vamos?
- Sí – le digo.
- Un momento – dice Eva acercándose a nosotros – En el nombre del padre, del hijo y del espíritu santo. Yo los bendigo para que el señor los proteja de todo mal que intente acercarse a ustedes y para que regresen con bien – nos bendice Eva antes de darnos un beso y un abrazo a cada uno – Qué les vaya muy bien.
- ¡Abuela! Por favor haz lo que te pedí, ¿sí? – le dice Santino.
- Tranquilo, lo voy a hacer.
- Diviértanse – nos dice Gianni con alegría antes de que nos vayamos.
Después de media hora de coche llegamos a una mega mansión de piedra aislada en medio de las montañas y la cual está completamente llena de escoltas armados.
Gabriel detiene el coche en frente de la puerta de entrada a la casa y veo como dos escoltas están revisando a un hombre al cual le descubren una pistola en su tobillo izquierdo. Una vez se la quitaron lo dejaron pasar y se acercan hacia nosotros para abrir la puerta del lado de Santino. Este se baja y se acomoda el traje mientras rodea el coche para después abrirme la puerta y ayudarme a bajar del coche.
- Gracias – le digo.
Nos acercamos a la puerta seguidos de los escoltas y tal como hicieron con el hombre que entro antes empiezan a registrar a Santino y veo que tiene una pistola en su costado izquierdo.
- Pueden pasar. Bienvenidos – nos dice abriéndonos la puerta sin decir nada más.
- ¿Qué fue eso? – le pregunto tomándolo del brazo para entrar a la casa.
- ¿El qué?
- No te hagas el tonto. ¿Por qué no te sacaron la pistola como hicieron con el hombre que entro primero que nosotros? – le pregunto con curiosidad.
- Porque ellos saben que yo no represento ningún peligro para el Padrino y su esposa – me dice mientras entramos a un salón gigantesco, el cual tienen unas escaleras imperiales al costado derecho.
Todo el mundo nos mira y eso provoca que me ponga nerviosa porque es la primera vez que asisto a una fiesta llena de mafiosos.
- Tranquila. Relájate – me susurra Santino al oído, lo que provoca susurros.
- Qué fácil es decirlo – le digo mirando como Alina se acerca a nosotros.
- ¡Hola, par de bombones! – dice con alegría antes de darnos un abrazo a cada uno – Que bueno que te pusiste ese vestido porque déjame decirte que estás de infarto.
- Gracias. Tú también te ves preciosa – le digo con una sonrisa.
- Buenas noches – escucho como alguien dice detrás de nosotros.
Al girarme me encuentro con la persona que menos me esperaba.
- Buenas noches – le dice Santino al doctor Franco, el cual viene acompañado de una mujer delgada, estatura media, cabello n***o y ojos marrones.
Mientras Santino le estrecha la mano al doctor, Alina saluda a la mujer con dos besos antes de que Santino la salude con una pequeña inclinación de cabeza, tal como el doctor hace conmigo.
- Señora Franco le presento a mi esposa Anastasia – le dice Santino con sumo respeto.
- Hola. Encantada de conocerte. Me llamo Agatha – me dice con una sonrisa muy dulce y amable.
- Hola. El gusto es mío – le digo devolviéndole la sonrisa.
- Pero daros dos besos, ¿no? – propone Alina.
Nos damos los dos besos y empezamos a hablar de diferentes temas, entre ellos como Agatha conoció a Amadeo y obviamente me pregunto cómo conocí yo a Santino, pero cuando estaba a punto de responderle uno de los hombres que estaban registrando a los invitados en la puerta pidió nuestra atención.
- Buenas noches – dice una voz masculina con seguridad y firmeza, la cual provoca que todos hagan silencio, ni siquiera se escucha una mosca.
Inmediatamente, aparece una pareja en lo alto de las escaleras imperiales. La mujer es curvy, estatura media y tiene puesto un vestido n***o largo mientras que el hombre es alto, fuerte y tiene puesto un esmoquin blanco.
Lo que más llama la atención en ellos es que ambos usan una máscara que les cubre el rostro.
- ¿Quiénes son? – le pregunta a Santino en un susurro.
- Es el Padrino y su esposa – me dice.
- Es un gusto que estén aquí… Esperamos que esta noche como cada año sea inolvidable. Sean bienvenidos – dice el Padrino.
- ¿Por qué usan esas máscaras? – le pregunta a Santino con mucha curiosidad mientras veo como ambos bajan las escaleras y varios invitados entre ellos Alina, el doctor Franco y su esposa se acercan a ellos para saludarlos.
- Hay diferentes teorías al respeto. Como que el Padrino tiene el rostro desfigurado y que su esposa es tan bella que oculta su belleza para evitar que los demás hombres nos enamoremos de ella – me cuenta.
- Tú los has visto sin máscara, ¿verdad? – le pregunto y veo como se le escapa una pequeña sonrisa que me responde la pregunta.
- ¡Santino! – lo llama alguien que hace que su sonrisa desaparezca.