CAPÍTULO 16

2456 Palabras
ANASTASIA Ya hace una semana que Santino está en la casa y tengo que reconocer que no es tan malo como todos creen, o bueno, conmigo no lo ha sido. Se ha portado amable y atento, pero lo que más me sorprende es que respeta mis decisiones. Hace unos días le dije que quería hacer mi especialización en cirugía ortopédica y traumatología y me dijo que podía hacer lo que yo quisiera luego de que resolviera el problema del robo. - ¡Hola! ¿Cómo estás? – me pregunta Alina con alegría nada más abrirle la puerta. Durante esta semana he podido conocer más a Alina y tengo que decirles que se ha convertido en mi confidente junto con Eva. - Bien, ¿y tú? – le pregunto antes de saludarla con dos besos en la mejilla. - Bien, aunque no tanto como tú – me dice con una sonrisa picarona mientras la invito a pasar. - ¿A qué te refieres? – le pregunto confundida. - Ya te comiste a Santino, ¿verdad? – me pregunta con la misma sonrisa provocando que me ponga roja como un tomate – ¿Qué tal? ¿Sabroso? - No ha pasado nada y baja la voz – le pido nerviosa. - ¿Y por qué hueles a él? – me vuelve a preguntar. - Hace rato me salvo de que me cayera de un taburete en el cual estaba subida – le cuento y no puedo evitar recordar que tuve su boca a unos centímetros de la mía y desee que me besara. - Ya. - Buenos días, Alina – le dice Eva cuando entramos a la cocina. - Buenos días, Eva – le dice dándole dos besos. - ¿Desayunas con nosotros? – le pregunta Eva. - Si me invitan no puedo negarme, pero necesito hablar con Santino primero. ¿Dónde está? - En su habitación con el doctor Franco que vino a revisarlo – le digo. - Voy a verlo – nos dice antes de salir de la cocina. - Buenos días – escuchamos a Alina decirles. - Buenos días – le dicen ambos al mismo tiempo. - ¿Qué pasa? ¿Por qué tienen esas caras? – les pregunta con curiosidad. - Que te cuente Santino yo me tengo que ir… Cualquier cosa que necesiten ya saben – les dice el doctor – Hasta luego – nos dice a Eva y a Anastasia. - Adiós doctor – le decimos ambas con una sonrisa amable. - Acompáñame al despacho tenemos que hablar – le dice Santino a Alina. - ¡Uy! Ese tonito no me gusta, algo grave está pasando – dice Eva pensativa. - Seguramente habrá descubierto al ladrón – le digo. - No lo creo. Santino y Alina estuvieron encerrados en el despacho durante toda la mañana haciendo llamadas según pude ver gracias a que el despacho tiene las paredes de cristal. Ahora mismo estamos todos comiendo el postre y de repente suena el timbre. - ¡Yo voy! – dice Santino luego de limpiarse la boca con su servilleta. - ¡LASCIARSI ANDARE! ¡DOVVI ESSERE TU! ¡SEI UN SELVAGGIO! (¡SUELTAME! ¡TENÍAS QUE SER TÚ! ¡ERES UN SALVAJE!) – escuchamos como un hombre grita en italiano y Alina se echa a reír. - ¡Shhh! Deja de gritar – le dice Santino – ¿Ya se te olvido lo que te dije el día que viniste pidiendo ayuda? Te advertí que si aceptabas el trato tenías que estar disponible las veinticuatro horas del día a cualquier llamada mía. Ahora te aguantas… Gracias Gabriele ya te puedes retirar. - Con su permiso, señor. - Pasa – le dice antes de cerrar la puerta. - Non parlarmi così duramente, sono io che dovrei arrabbiarmi. E giusto perché tu lo sappia, non sono potuta venire perché era con il mio ragazzo (No me hables tan duro que el que debería de estar enojado soy yo. Y para que lo sepas no podía venir porque estaba con mi novio). - Ya deja de hablar en italiano que tienes un acento pésimo – le dice Santino. - Envidioso – le dice mientras entran al comedor – ¡Ah! Y el gorila ese lastimo a mi novio y a mí me rompió dos uñas – le dice a Santino provocando que este ponga los ojos en blanco – ¡Doña Eva! – dice con alegría al verla – Usted tan guapa como siempre. - Gracias, adulador – le dice con una sonrisa luego de darle dos besos. - ¡Oiga! Dígame una cosa… ¿Su hijo es igual de salvaje y patán que su nieto? – le pregunta y veo como Santino lo mira serio con los brazos cruzados. - Yo en tu lugar Gianni dejaba de hablar que no tiene un buen día – le aconseja Alina. - ¡ALINA! – grita eufórico – Tan divina como siempre – le dice antes de darle dos besos en las mejillas – Me imagino que es a ti a la que tengo que arreglar. - Sí, y también a Anastasia, la esposa de Santino – le dice provocando que me mire sorprendido y que yo entre en shock. - ¡A ver! Déjame verte – me dice tomándome de la mano para que me levante y haciéndome dar una vuelta – Eres preciosa. Ojalá y logres domesticar al salvaje este. - ¡¿Qué?! ¡¿Arreglarme para qué?! – pregunto sorprendida saliendo del estado de shock. Santino se acerca a mí y se inclina justo al lado de mi oreja izquierda. - Se trata de una fiesta anual con todos los jefes de la mafia italiana y se hace para que aquellos que se han casado en el último año presenten a sus esposas formalmente, además se aprovecha la fiesta para que las mujeres socialicen entre ellas – me cuenta en un susurro – Ya sé lo que me vas a decir, pero si me acompañas a la fiesta yo te prometo que todas las preguntas que me has hecho tendrán respuesta. - ¿Me lo juras? – le pregunto y este asiente en respuesta – Está bien, iré contigo. La verdad es que no me hace gracia ir a una fiesta que va a estar llena de mafiosos, pero necesito respuestas y si el precio a pagar es asistir a ella lo haré. - Bien. - Para arreglar a este par de reinas necesito mis cosas así que dile al gorila que me trajo a la fuerza que vaya por ellas – le dice Gianni – ¿Me escuchaste? – le pregunta a Santino cuando ve que se va y baja las escaleras – ¡Uy! Tan grosero. La verdad no sé qué le viste para casarte con él, o bueno, si lo sé… Lo guapo que es el condenado – me dice con diversión provocando que Alina, Eva y yo nos riamos junto con él. Inmediatamente, dejamos de reírnos cuando vemos regresar a Santino. - Me gustaría que usaras esto – me dice Santino abriendo una caja negra de terciopelo. - ¡Dios mío! ¡¿Qué es está belleza?! – dice Gianni en un tono que parece que le va a dar un infarto de la impresión. Es un conjunto de pendientes y un collar completamente echo de diamantes, pero lo que más llama la atención del collar es un diamante más grande en forma de lágrima. - Si me regalas uno así a mí te perdono todo – le dice Gianni. - Yo en tu lugar seguiría soñando – le dice Santino antes de entregarme la caja – Con permiso – dice y se dirige a la puerta del departamento, la cual abre – ¡Gabriele! Ve al salón de Gianni y trae su maletín de trabajo por favor. - Sí señor. Mientras esperamos a que Gabriele trajera el maletín de Gianni le mostré los vestidos que tenía en el armario y entre Alina, Eva y él me convencieron para que me pusiera el vestido chifón blanco de corte sirena y manga larga con encaje n***o en los hombros, brazos y cola. Gianni primero arreglo a Alina luego de que le dijera que iba a usar un vestido largo de color rojo y nada más saber eso decidió ondularle el cabello para hacerle un semirrecogido despeinado y le aplico un maquillaje natural. Por otro lado, a mí me hizo un recogido bajo con trenzas y me aplico también un maquillaje natural que combina con el color del vestido y resalta el azul de mis ojos. - Aquí está la reina de la noche – dice Gianni con alegría. Salgo de la habitación y me encuentro con Santino, el cual tiene puesto un traje de tres piezas en color n***o. Al parecer el n***o es su color favorito porque siempre se viste de ese color. - Te ves… preciosa – me dice Santino mirándome a los ojos provocando que me sonroje. - Gracias, pero me siento disfrazada – le confieso y veo como se le escapa una pequeña sonrisa. - No digas eso que Gianni a penas y te maquillo – me dice Eva – Toma – me dice entregándome el bolso de mano en color n***o y de estilo sobre. - ¿Y Alina? – pregunto al no verla. - Se fue a su casa a terminar de arreglarse. Nos va a alcanzar en la fiesta – me dice Santino – ¿Nos vamos? - Sí – le digo. - Un momento – dice Eva acercándose a nosotros – En el nombre del padre, del hijo y del espíritu santo. Yo los bendigo para que el señor los proteja de todo mal que intente acercarse a ustedes y para que regresen con bien – nos bendice Eva antes de darnos un beso y un abrazo a cada uno – Qué les vaya muy bien. - ¡Abuela! Por favor haz lo que te pedí, ¿sí? – le dice Santino. - Tranquilo, lo voy a hacer. - Diviértanse – nos dice Gianni con alegría antes de que nos vayamos. Después de media hora de coche llegamos a una mega mansión de piedra aislada en medio de las montañas y la cual está completamente llena de escoltas armados. Gabriel detiene el coche en frente de la puerta de entrada a la casa y veo como dos escoltas están revisando a un hombre al cual le descubren una pistola en su tobillo izquierdo. Una vez se la quitaron lo dejaron pasar y se acercan hacia nosotros para abrir la puerta del lado de Santino. Este se baja y se acomoda el traje mientras rodea el coche para después abrirme la puerta y ayudarme a bajar del coche. - Gracias – le digo. Nos acercamos a la puerta seguidos de los escoltas y tal como hicieron con el hombre que entro antes empiezan a registrar a Santino y veo que tiene una pistola en su costado izquierdo. - Pueden pasar. Bienvenidos – nos dice abriéndonos la puerta sin decir nada más. - ¿Qué fue eso? – le pregunto tomándolo del brazo para entrar a la casa. - ¿El qué? - No te hagas el tonto. ¿Por qué no te sacaron la pistola como hicieron con el hombre que entro primero que nosotros? – le pregunto con curiosidad. - Porque ellos saben que yo no represento ningún peligro para el Padrino y su esposa – me dice mientras entramos a un salón gigantesco, el cual tienen unas escaleras imperiales al costado derecho. Todo el mundo nos mira y eso provoca que me ponga nerviosa porque es la primera vez que asisto a una fiesta llena de mafiosos. - Tranquila. Relájate – me susurra Santino al oído, lo que provoca susurros. - Qué fácil es decirlo – le digo mirando como Alina se acerca a nosotros. - ¡Hola, par de bombones! – dice con alegría antes de darnos un abrazo a cada uno – Que bueno que te pusiste ese vestido porque déjame decirte que estás de infarto. - Gracias. Tú también te ves preciosa – le digo con una sonrisa. - Buenas noches – escucho como alguien dice detrás de nosotros. Al girarme me encuentro con la persona que menos me esperaba. - Buenas noches – le dice Santino al doctor Franco, el cual viene acompañado de una mujer delgada, estatura media, cabello n***o y ojos marrones. Mientras Santino le estrecha la mano al doctor, Alina saluda a la mujer con dos besos antes de que Santino la salude con una pequeña inclinación de cabeza, tal como el doctor hace conmigo. - Señora Franco le presento a mi esposa Anastasia – le dice Santino con sumo respeto. - Hola. Encantada de conocerte. Me llamo Agatha – me dice con una sonrisa muy dulce y amable. - Hola. El gusto es mío – le digo devolviéndole la sonrisa. - Pero daros dos besos, ¿no? – propone Alina. Nos damos los dos besos y empezamos a hablar de diferentes temas, entre ellos como Agatha conoció a Amadeo y obviamente me pregunto cómo conocí yo a Santino, pero cuando estaba a punto de responderle uno de los hombres que estaban registrando a los invitados en la puerta pidió nuestra atención. - Buenas noches – dice una voz masculina con seguridad y firmeza, la cual provoca que todos hagan silencio, ni siquiera se escucha una mosca. Inmediatamente, aparece una pareja en lo alto de las escaleras imperiales. La mujer es curvy, estatura media y tiene puesto un vestido n***o largo mientras que el hombre es alto, fuerte y tiene puesto un esmoquin blanco. Lo que más llama la atención en ellos es que ambos usan una máscara que les cubre el rostro. - ¿Quiénes son? – le pregunta a Santino en un susurro. - Es el Padrino y su esposa – me dice. - Es un gusto que estén aquí… Esperamos que esta noche como cada año sea inolvidable. Sean bienvenidos – dice el Padrino. - ¿Por qué usan esas máscaras? – le pregunta a Santino con mucha curiosidad mientras veo como ambos bajan las escaleras y varios invitados entre ellos Alina, el doctor Franco y su esposa se acercan a ellos para saludarlos. - Hay diferentes teorías al respeto. Como que el Padrino tiene el rostro desfigurado y que su esposa es tan bella que oculta su belleza para evitar que los demás hombres nos enamoremos de ella – me cuenta. - Tú los has visto sin máscara, ¿verdad? – le pregunto y veo como se le escapa una pequeña sonrisa que me responde la pregunta. - ¡Santino! – lo llama alguien que hace que su sonrisa desaparezca.
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