ANASTASIA
Al girarme me encuentro con un hombre alto, fuerte, de cabello n***o, ojos negros y el cual va vestido con un traje azul oscuro.
- Así que los rumores son ciertos – le dice en un tono arrogante y de superioridad mientras me mira de la misma forma que lo hacía Bastian.
Santino inmediatamente me coloca detrás de él con su brazo derecho.
- Más te vale que dejes de mirarla o no sales vivo de aquí – le dice en un tono frío que provoca que se me erice la piel mientras el hombre se echa a reír a carcajadas.
- ¿Qué pasa? – pregunta Alina.
- Ya veremos quién es el muerto – le dice antes de mirarme y guiñarme un ojo.
- Ni se te ocurra – le dice Alina a Santino poniéndose delante de él para evitar que se vaya detrás de ese hombre – Tranquilízate. ¿No te das cuenta de que lo único que quiere es provocarte?
- Pues ya lo logro – le dice con la mandíbula apretada.
- Buenas noches – dice esa voz masculina con seguridad y firmeza.
- Buenas noches, señora – le dice Santino a la mujer haciendo esa pequeña inclinación de cabeza – Buenas noches, Padrino – le dice a este antes de besar su mano derecha justo encima del anillo de oro en forma de calavera que tiene en su dedo medio.
- Supongo que la dama es tu esposa – le dice el Padrino en tono de pregunta.
- Así es. Les presento a Anastasia – les dice.
- Mucho gusto – les digo con una sonrisa amable, la cual me devuelven.
- El gusto es nuestro – me dice la mujer con una voz dulce y cálida antes de darme un abrazo que me hace sentir como si sus brazos fueran mi casa, pero sobre todo me hace sentir un amor inmenso.
- Con permiso voy al tocador – les digo.
- Yo te acompaño – dice Alina.
¿Qué me pasa? ¿Por qué sentí eso? ¿Por qué tengo ganas de llorar?
SANTINO
Veo como Anastasia y Alina se van hacia el tocador.
- ¿Estás bien amor mío? – le pregunta mi padre.
- ¡La abrace! Después de tantos años la puede volver a sentir, a oler – dice con alegría.
- Yo también me muero de ganas de abrazarla, pero tenemos que controlarnos nadie se puede dar cuenta – le dice mi padre observando a todo el mundo.
- Ya lo sé… Mi amor, ¿estás bien? – me pregunta mi madre.
- No. Acabo de tener un enfrentamiento con Marchetti… Lo quiero matar y me da igual que no tengamos las pruebas que lo incriminan en el robo – le digo con la mandíbula apretada y mis manos echas puños dentro de los bolsillos de mi pantalón.
- ¡A ver! Cálmate por favor – me pide mi padre – ¿Qué fue lo que paso?
- Es que nada más de acordarme me hierbe la sangre. Mejor cambiemos de tema.
- Hace rato Luigi me informo que mi madre ya está en el Leona – me dice mi padre.
Le pedí a mi abuela que preparar todas sus cosas porque Luigi iba a ir a buscarla para llevarla al yate, ya que después de la fiesta Anastasia va a saber toda la verdad y se va a ir para Dubái con nuestros padres mientras yo me voy a ir a Nueva York a acabar con Marcus.
- También me dijo que Igor ya está aquí. ¿Qué piensas hacer con él? – me pregunta con curiosidad y algo preocupado.
- Nos va a ayudar si esto se sale de control – le digo con una sonrisa macabra.
- ¡¿Qué?! ¡¿Te volviste loco?! – me pregunta mi madre en tono de regaño – ¿Quieres provocar una tragedia?
- Tu madre tiene razón. Si sueltas a Igor esto se va a convertir en una masacre.
- Lo sé, pero no lo voy a soltar, aunque les puedo hacer creer a todos que lo haré – les digo y veo como se calman al escucharlo.
- ¡Santino!
- ¡¿Qué haces aquí?! ¡¿Por qué dejaste sola a Anastasia?! – le pregunto a Alina.
- La Bambola me acaba de decir que el tipo que tiene la cicatriz en el cuello en forma de gusano está aquí. ¿Y a que no adivinas para quién trabaja? – me pregunta.
- Marchetti – digo y esta asiente en respuesta.
Mi padre agarra su teléfono y hace una llamada mientras yo trato de localizar a Marchetti en el salón.
- ¡Francesco! Neutralicen a todos los escoltas y no dejen que nadie salga de la casa – le ordena antes de colgar – ¿En dónde está?
- No lo veo por ningún lado – digo preocupado.
- Yo tampoco – dice Alina.
- ¡Mierda! – digo antes de salir corriendo hacia el tocador.
No debí de amenazarlo con matarlo si no dejaba de verla. ¡Soy un idiota! Mi reacción le confirmo que la quiero y Marchetti es capaz de hacer cualquier cosa con tal de lastimarme.
¡Como se atreva a tocarla lo despedazo vivo!
- ¡AYÚDENME! – escucho gritar a Anastasia lo que provoca que yo corra más rápido hacia el tocador.
Cuando llego tumbo la puerta de una patada y veo a Marchetti que tiene acorralada contra la pared a Anastasia.
- ¡Santino! – dice sorprendido al verme, pero antes de que diga algo más le estampo mi puño derecho en su rostro, lo que provoca que caiga al suelo.
Me pongo de rodillas junto a él y sigo golpeándolo, una y otra vez.
- ¡Santino! ¡Para! ¡Lo vas a matar! – me dice Alina, pero no me detengo – ¡Ustedes hagan algo! ¡No se queden ahí parados!
De repente siento como varias personas me agarran para separarme de Marchetti.
- ¡SUÉLTENME! – grito furioso mientras trato de zafarme de ellos para poder seguir golpeándolo.
- ¡YA! – dice Alina poniéndose enfrente de mí antes de agarrarme el rostro – ¡Cálmate, por favor! ¡Hazlo por Anastasia! – me pide provocando que la mire.
La pobre está en un rincón del tocador echa una bola mientras se ahoga en llanto y todo por mi culpa.
- Suéltenme – les digo con calma a los cuatro escoltas que me tenían agarrado.
Estos miran a Alina la cual asiente en respuesta.
- Llévense a este cerdo al salón y no dejen que nadie salga – les ordena Alina mientras yo me acerco a Anastasia muy lentamente y a medida que lo hago me quito la americana de mi traje.
Me pongo de cuclillas junto a ella antes de cubrirla con mi americana, ya que tiene el vestido roto.
- ¡NO! ¡NO ME TOQUES! – grita en medio del llanto, pero yo no le hago caso y la atraigo hacía a mí, lo que provoca que su llanto sea más profundo.
Veo como Alina se va y nos deja solos.
- Lo siento – le digo en un susurro mientras le acaricio la espalda y el cabello para tratar de calmarla – Lo siento mucho – le digo y siento como se aferra fuerte a mí.
Les aseguro que yo aguanto las torturas más dolorosas que se les puedan ocurrí menos ver a la persona que más quiero llorar de esta manera.
- Te juro que esto no va a volver a pasar – le digo levantándola del suelo sin dejar de abrazarla antes de que entre nuestra madre al tocador.
- ¿Estás bien? ¿Qué te hizo el animal ese? – le pregunta preocupada acercándose a nosotros y antes de abrazarnos, pero Anastasia no le contesta.
- Tranquila. Afortunadamente, puede llegar a tiempo.
- Menos mal – dice con alivio.
- Tenemos un problema – dice Alina entrando al tocador – El Padrino está furioso y dio la orden de que trajeran a Igor al salón.
- ¡¿Qué?!
- Sí y lo peor es que dijo que Anastasia era su hi… – empieza a decir, pero se detiene antes de terminar la frase – Tienes que ir al salón, eres el único que puede convencerlo de que se calme.
- No. No me dejes sola, por favor – me pide aferrándose más fuerte a mí.
- Tranquila, no te va a pasar nada. Además, Alina y mi madre se van a quedar contigo – le digo provocando que deje de abrazarme para mirarme sorprendida.
- ¡¿Qué?! ¡¿Tu madre?! – pregunta sorprendida mirándonos a ambos.
- Sí. Santino es mi hijo y… tú también – le confiesa antes de enseñarle la foto que tiene en el collar en forma de corazón que le regale por su cumpleaños el día del ataque.
- ¡No puede ser! – dice sorprendida negando con su cabeza luego de ver la foto – ¡Esto no es verdad!
- ¡Mi amor! Yo sé que debes de estar muy confundida, pero te juro que te estoy diciendo la verdad – le dice nuestra madre tocándole el rostro con sus manos – Y te prometo que luego te cuento todo con calma, pero ahora tenemos que ir al salón antes de que Igor y tu padre maten a todos los que están allí.
Anastasia asiente en respuesta antes de que nuestra madre deje un beso en su frente.
Salimos del tocador y al llegar al salón vemos a todos los invitados arrinconados contra la pared mirando con terror a Igor que está muy nervioso rugiendo suelto en medio del salón mientras mi padre está junto a Marchetti, el cual tiene atado de pies y manos a una mesa.
- ¡NO DEBISTE DE TOCAR A MI HIJA CON TUS ASQUEROSAS MANOS! – le dice mi padre furioso con un hacha de cocina en su mano – ¡NADIE TOCA A MIS HIJOS O A MI ESPOSA Y EL QUE SE ATREVE A HACERLO SE MUERE!
- ¡NO! ¡NO, POR FAVOR! – grita Marchetti desesperado – ¡YO NO SABÍA QUE ERA SU HIJA!
- ¡PUES AHORA YA LO SABES! – le dice antes de cortarle la mano derecha.
- ¡AHHHH! – suelta un grito de dolor.
- Quedaros aquí – les digo y estas asienten en respuesta.
Mi padre tira la mano de Marchetti al suelo y veo como Igor se acerca a ella para después olerla.
- ¡Igor! ¡No! – le digo cuando veo que se la va a comer – Ven aquí – lo llamo e inmediatamente se acerca a mí – Muy bien – le digo acariciándolo mientras lo llevo hacia la jaula – Entra.
Una vez Igor está en su jaula me acerco a mi padre.
- ¡Padrino, por favor cálmese! – le pido.
Les juro que jamás había visto a mi padre tan furioso como ahora y no es para menos. Yo también quiero despedazarlo vivo, pero no puedo permitir que Anastasia lo vea así.
- Deme el hacha. Yo me encargo.
Prefiero que Anastasia me vea a mí matar a este cerdo que a nuestro padre y si tienen que temerle a alguien que sea a mí y no a él.
- No. Este es un asunto mío – me dice serio.
- Se equivoca. Anastasia es mi esposa y según nuestras leyes, yo soy el que se tiene que encargar – le digo provocando que me agarre el brazo derecho para alejarnos un poco de Marchetti.
- ¿Qué estás haciendo? – me pregunta molesto en un susurro.
- Estoy tratando de evitar que Anastasia te tenga miedo – le digo en un susurro.
- Te lo agradezco hijo, pero yo tampoco voy a permitir que ella te tenga miedo a ti.
- Entonces que Francesco la lleve al Leona junto con madre y tú y yo nos encargamos de Marchetti… Juntos – le propongo y este asiente en respuesta.
Me entrega el hacha antes de acercarse a ellas y abrazar a Anastasia, la cual sigue en shock, pero le devuelve el abrazo.
- ¡Francesco! – lo llama y deja un beso en la frente de Anastasia.
- Dígame, Padrino.
- Sácalas de aquí… Ya sabes a donde llevarlas – le ordena mientras las mira – También llévense a Igor.
- No sé preocupe Padrino, yo me encargo – le dice y luego llama a seis de los escoltas para que se lleven a Igor mientras padre le vuelve a dar un beso a Anastasia en la frente antes de darle un beso a madre en los labios.
¡Ay, Marchetti! ¡No sabes la que te espera!