CAPÍTULO 19

1520 Palabras
SANTINO - ¡NO! – grito sentándome de un salto mientras siento como mi corazón se me quiere salir del pecho. - ¿Estás bien? – me pregunta Anastasia preocupada provocando que me sobresalte porque ni cuenta me di cuando se acercó a mí ni tampoco cuando prendió la luz. - Sí – le digo con la respiración agitada. - Tranquilo. Solo fue una pesadilla – me dice para tratar de calmarme. - Fue más que eso – le digo mientras veo como se acerca al escritorio donde hay una bandeja con una jarra de agua y un vaso – Son mis malditos recuerdos que no me dejan en paz – digo jalando mi cabello hacia atrás con frustración. - Toma un poco de agua – me dice sentándose a mi lado en el sofá. ¿Qué pensaron? ¿Qué estábamos durmiendo los dos en la cama? Pues no, aunque esa era la intención de Alina cuando nos encerró y lo peor de todo es que padre la apoyo. - Alina nos acaba de encerrar a Anastasia y a mí en la habitación, ¿puedes venir a abrirnos la puerta? – le pregunto. - ¡Qué! – dice sorprendido riéndose – ¿Alina los encerró? - Sí y no tiene gracia, padre – le digo y escucho como se ríe mi madre junto con él. - Sí la tiene, aunque tengo que confesar que me molesta que no se nos haya ocurrido a tu madre y a mí, pero en vez de estar enojado con Alina deberías de aprovechar la oportunidad que te está dando para que dejes de lado esas estúpidas ideas de mantenerte alejado de Danna… Ahora mismo voy a dar la orden para que nadie les abra. - ¡¿Qué?! - Así como lo oyes – me dice antes de colgarme. Por más que busque en todos los cajones una copia de la llave no encontré ninguna. No es muy gracioso tener que estar encerrado con Anastasia en una habitación, la tentación es demasiado grande y más teniendo en cuenta que trae puesto uno de esos pijamas diminutos que usan ustedes las mujeres, así que me toca hacer un esfuerzo enorme para controlarme y no tener una erección. - Gracias – le digo luego de beber un poco de agua – Perdón por haberte despertado. - No te preocupes, no pasa nada – me dice con una sonrisa muy dulce – Estás todo empapado en sudor. ¿Por qué no te das una ducha? Estoy segura de que te va a ayudar a sentirte mejor. Me levanto del sofá y entro al baño para darme una ducha, en cuanto el agua cae por mi cuerpo no puedo evitar recordar lo que paso aquel maldito día de mi cumpleaños número cuatro. - ¡A ver! Mi pequeño hombrecito. Sonríe – me pide y yo así lo hago. Mi madre todos los días me saca dos fotos, aunque no sé para qué si luego se las lleva al padre, pero hoy lleva como media hora sacándome fotos, supongo que es porque estoy de cumpleaños. - Qué guapo saliste – me dice con alegría – ¿Te gusto tu pastel? - Sí – le digo antes de comerme el último bocado. De repente suena el timbre. - ¡ABRE MALDITA PERRA! – grita muy fuerte un hombre mientras golpea la puerta. Madre me carga en brazos y me lleva a su habitación. - Escúchame muy bien hijo. Necesito que te quedes aquí quieto y por ningún motivo hagas ruido o vayas a salir – me dice abriendo la puerta del armario – ¿Entendido? – me pregunta y yo asiento en respuesta – Te amo. Me da un beso en la mejilla antes de darme la cámara de fotos y de cerrar la puerta del armario. - ¿QUÉ CREÍSTE? ¿QUÉ NUNCA IBA A ENCONTRARTE? – escucho como le pregunta enojado. - Suéltame – escucho como le pide mi madre. No puedo evitar acercarme a la cerradura del armario para mirar que está pasando. - ¿Dónde está? – le pregunta un hombre alto, fuerte y de cabello n***o mientras la tiene agarrada por el cuello. - Lo aborté. ¿Eso no era lo que querías? – le pregunta antes de que ese hombre le pegue. Mi madre cae al suelo y veo como sale sangre de su boca. - ¡NO ME MIENTAS! ¡SE PERFECTAMENTE BIEN QUE LO TUVISTE! – le dice jalando su cabello hacia atrás. - No es tuyo – le dice mi madre levantándose del suelo – Es mío y primero muerta antes que permitir que te lo lleves y lo conviertas en alguien como tú. - ¡Vaya! – dice con una sonrisa malvada – Veo que te han crecido mucho las agallas en estos años que no has estado conmigo – le dice sacando una pistola de su espalda – Si quieres que las cosas sean así, así serán – le dice apuntándole a la cabeza con su pistola – Te juro que lo voy a convertir en alguien más cruel y sanguinario que yo. Inmediatamente, escucho un chuff y veo como se le hace un orificio en el centro de la frente a mi madre, del cual le comienza a salir sangre mientras cae al suelo. - ¡Señor! Ya revisamos toda la casa y no hay nadie más – le dice otro hombre entrando a la habitación. - ¿Encontraron alguna foto que nos pueda ayudar a dar con él? – le pregunta con curiosidad. - Ninguna. ¿Qué hacemos? - Llama a los demás y diles que lo busquen, el que lo encuentre le doy dos millones de dólares – dice saliendo de la habitación. - ¡Ya déjenme en paz, por favor! – pido en un susurro saliendo de mis recuerdos. Salgo de la ducha y una vez estoy seco me amarro una toalla seca a la cintura, ya que no tengo ropa para ponerme, y antes de salir del baño me coloco la prótesis. - ¿Estás más tranquilo? – me pregunta con curiosidad sentada en la cama. - Sí. Vuelve a dormir otro rato, aún faltan varias horas para que amanezca – le digo y me doy cuenta de que me está mirando con curiosidad de saber qué fue lo que soñé – Todas las noches recuerdo como mataron a mi madre biológica. - ¡¿Todas?! – me pregunta sorprendida y yo asiento en respuesta – ¿Recuerdas quien la…? Fue el desgraciado que me engendro. - No – le digo. - ¿No has pensado en ir con un especialista para hablar de ello? A lo mejor puede ayudarte a que las pesadillas terminen. - ¿QUÉ CREES QUE NO LO HICE? FUI A MÁS DE VEINTE PSICÓLOGOS Y NO SIRVIÓ DE NADA – le digo furiosos provocando que se levante asustada – Discúlpame – le pido inmediatamente agarrándola del brazo para evitar que entre al baño – No quise gritarte y mucho menos asustarte. - Pues lo hiciste – me dice aguantándose las ganas de llorar – Me recordaste a Marcus. Cada vez que se ponía furioso, así como tú, me agarraba a golpes. Escucharla decirme eso fue como si me clavara un cuchillo en el corazón. ANASTASIA - No me compares con él – me pide soltándome el brazo – Yo jamás te haría daño, aunque quisiera no podría. No sé si fue su tono de voz suave, dulce o su mirada triste llena de culpa por haberme gritado que hizo que me acercara a él y uniera mis labios a los suyos. Al principio fue un beso dulce, tierno, pero poco a poco se convirtió en un beso apasionado y caliente, tanto que cuando Santino me apretó las nalgas y me pego más a su cuerpo no puede evitar soltar un gemido de placer que provoco que detuviera el beso de golpe y me alejara de su cuerpo. - Esto no está bien – dice con la voz ronca y la respiración agitada – Soy tu hermano. - ¡¿Qué?! - Además no soy quien crees y cuando lo sepas vas a querer tenerme lo más lejos posible de ti. - No te entiendo. ¿De qué hablas? – le pregunto confundida acercándome a él. - Yo… Por… – empieza a decirme nervioso. - ¡A ver! Tranquilo – le digo tocándole el rostro con mis manos – Te aseguro que me digas lo que me digas no va a hacer que quiera tenerte lejos de mí. - Eso dices ahora, pero luego… - Luego nada – le digo interrumpiéndolo – Contéstame algo. ¿Me quieres? - Te lo dije en el avión después de que me curaste los rozones de bala – me dice respondiendo a mi pregunta. - Yo también te quiero y no como a un hermano – le confieso provocando que me mire sorprendido – Ahora dime sin miedo. Respira hondo y suelta un suspiro pesado con los ojos cerrados antes de volver a mirarme. - Por mis venas… corre la sangre podrida de Marcus.
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