SANTINO
Salgo del departamento y veo como Gabriele les ordena a los demás escoltas que tripliquen la seguridad tal como se lo pedí.
- ¡Gabriele! – lo llamo y este inmediatamente se acerca a mí – Tengo que salir de viaje por unos días, te quedas a cargo de todo hasta que yo vuelva. Si mi esposa o mi abuela quieren salir llévalas a donde te digan, pero ya sabes cómo.
- Como ordene, señor – me dice.
- ¡Ah! Otra cosa. Necesito que llames a la empresa Constantin Garoflid y que les digas que seguramente mañana se va a presentar una mujer diciendo que va de mi parte, diles que le den un trabajo con flexibilidad horaria para que pueda cuidar a su hijo cuando este no esté en el colegio – le digo.
- Eso no va a ser necesario, señor – me dice provocando que lo mire desconcertado – La señora Alina mando a construir una guardería dentro de la empresa para las madres que no tienen con quien dejar a sus hijos mientras trabajan – me cuenta.
- No tenía ni idea que Alina ya había realizado ese proyecto, pero me alegra que lo haya hecho. Encárgate de eso, por favor.
- Por supuesto, señor. ¿Lo llevo al aeropuerto?
- Sí – le digo.
Cuando llegue al aeropuerto Alina y sus escoltas ya estaban allí, así que inmediatamente pusimos rumbo a Nueva York.
- ¿Qué te preocupa? – me pregunta Alina.
- Nada – le digo mientras hago girar mi pluma alrededor de mi pulgar.
- ¿Crees que me puedes engañar? Te conozco como la palma de mi mano y cada vez que te pones a jugar con tu pluma es porque algo te preocupa – me dice provocando que deje de hacerlo – ¿Qué es?
- Deje a Anastasia con mi abuela – le digo y esta se echa a reír.
- Con razón estás preocupado – me dice mientras se sigue riendo – Pero tranquilo, yo no creo que a Eva se le ocurra hacer otra fiesta con strippers como la última vez y menos si Anastasia está con ella, además a mí me prometió que a la próxima me invitaba y no me ha dicho nada.
- No es eso lo que me tiene preocupado.
- ¿Entonces?
- Me preocupa que le diga a Anastasia algo que no debe – le digo y Alina me mira como preguntándome de qué hablo - Anastasia es Danna.
- ¡¿Qué?! ¿Cómo se te ocurrió hacerlo? – me pregunta algo enojada en un susurro.
- Tú sabes que yo no quería, pero conseguir a alguien que se casara con Anastasia y que no se aprovechara de la situación era algo imposible, además eso nos facilitaba destruir a Marcus desde adentro – le digo también en un susurro.
- No puedo creer que hayas aceptado hacerlo – me dice y de repente me mira de una manera muy rara.
- ¿Por qué me miras así?
- No puedo creer lo que estoy viendo en tus ojos… Anastasia te gus… – me dice, pero suena mi teléfono y la interrumpe.
- ¿Qué pasa? – pregunto contestando la llamada en manos libres.
- ¡Señor! Acaban de robar un avión militar y ahora mismo están cargando la mercancía en este, ¿qué hacemos? ¿Los atacamos? – me pregunta uno de los hombres que deje vigilando.
¡Maldita sea!
¿Por qué cambiaron el plan? ¿Será que descubrieron que tenemos otro infiltrado en su organización?
¡Piensa Santino!
¿Qué hago? ¿Qué hago?
¡Eso es!
- No hagan nada, dejen que carguen toda la mercancía y que despeguen.
- Está bien señor – me dice antes de colgar.
- ¿Te volviste loco? Si ese avión despega no vamos a poder robarla – me dice Alina.
- Te equivocas porque así va a ser mucho más fácil – le digo mientras le marco a Mario.
- ¿A qué debo el honor de tu llamada? ¡Ah! ¡Ya sé! Me extrañas – me dice con diversión contestando la llamada.
- Déjate de payasadas que necesito que te cueles en Edwards Air Force Base – le pido.
- ¿Puedo saber para qué? – me pregunta con curiosidad.
- Los hombres de Marcus acaban de robar un avión militar y necesito que averigües todo sobre la persona que va a pilotar el avión.
- Entiendo. Cuando lo tenga te envío toda la información a tu teléfono – me dice antes de colgar.
- ¡Luigi!
- Dígame, señor.
- Pregúntale al capitán en dónde estamos – le digo y este asiente en respuesta.
- ¿Qué estás tramando? – me pregunta Alina con curiosidad.
- Ya verás.
- ¡Señor! Dice el capitán que estamos llegando a Palma de Mallorca – me dice Luigi.
- Dile que le pida permiso a la torre de control para aterrizar de emergencia – le digo.
Suena mi teléfono y veo que es un mensaje de Mario con la información del piloto. Comienzo a leerla en voz alta para que Alina me dé su opinión sobre este.
Erik Connor nació en Londres hace 35 años, pero fue criado en Nueva York. Erik es hijo de la leyenda de la aviación Jack Connor. Con tan solo 17 años se convirtió en el piloto más joven del mundo y cuando cumplió la mayoría de edad ingreso a las Fuerzas Aéreas de los Estados Unidos.
Hace 5 años se casó con Abigail Anderson, con la cual tiene 2 hijos, Jack y Mía. Viven en el vecindario de Fresh Meadows (Nueva York, 67-51 179th Street) …
- ¿Estás pensando lo mismo que yo? – me pregunta Alina interrumpiéndome.
- Sí – le digo mientras le marco a Black, uno de los hombres que tengo en Nueva York.
- Dígame, señor – me dice nada más contestar la llamada.
- Necesito que vayas con varios hombres al vecindario de Fresh Meadows a la casa 67-51. Es probable que dentro haya dos niños y una mujer que están secuestrados por los hombres de Marcus. Ya sabes qué hacer.
- Como ordene, señor – me dice.
En cuanto cuelgo la llamada me entra otra de Mario.
- Dime – digo contestando la llamada.
- ¿Leíste la información? – me pregunta con curiosidad.
- Más o menos. ¿Por qué lo preguntas?
- Porque he visto como amenazaban a Erik con una pistola en la cabeza gracias a las cámaras de seguridad antes de enseñarle algo en un teléfono y creo que se trata de su familia.
- Alina y yo pensamos lo mismo. Ya mandé a Black a averiguar eso.
- Bien. Hay algo que tenéis que saber sobre la mercancía – nos dice en un tono serio.
- ¿Qué pasa con la mercancía? – le pregunta Alina.
- No es solo polvo blanco… También hay niñas.
- ¡Hijos de puta! – dice Alina enojada – ¿Y el Padrino ya lo sabe?
- Sí, y tenéis autorización para hacer lo que queráis con todos los hombres de Marcus que vayan en ese avión – nos dice Mario.
- Perfecto. ¿Podrías hackear el transceptor del avión para poder hablar con Erik una vez despegue? – le pregunto con curiosidad.
- Claro que sí.
- Ve mirando eso luego hablamos – le digo antes de colgar.
- ¿Qué vamos a hacer con los hijos de puta esos? – me pregunta Alina.
- Lo que se hace con esa clase de cerdos. Matarlos.
- No – me dice provocando que la mire sorprendido.
- ¡¿Les quieres perdonar la vida?! – le pregunto confundido.
- Ni loca, esos hijos de puta se mueren, pero… ¿No crees que se merecen probar un poco de su propia medicina? – me pregunta.
- Ya me estabas empezando a preocupar – le digo con una media sonrisa.
ANASTASIA
Hace cuatro días que estoy aquí y por primera vez en mi vida me siento libre de decir y hacer lo que quiero sin miedo de que me agarren a golpes. Además, Santino le ordeno a Gabriele que me llevara a donde yo quisiera, pero eso sí, siempre y cuando vaya con varios escoltas, aunque a penas me doy cuenta de que me están siguiendo, ya que mantienen una buena distancia.
Por otro lado, también hace cuatro días que Santino se fue y en este tiempo no ha llamado ni una sola vez, Eva dice que si no lo ha hecho quiere decir que está bien y que no tenemos de que preocuparnos, pero yo no sé por qué me siento inquieta al no saber de él.
- Salgamos de compras – me dice Eva.
- Otra vez. Tengo ropa como para diez años – le digo.
Durante estos días lo único que hemos hecho es eso, comprar ropa, zapatos, maquillajes, perfumes y la verdad es que hay cosas que creo que no me voy a poner nunca, como el vestido chifón blanco de corte sirena y manga larga con encaje n***o en los hombros, brazos y cola.
- ¿Qué tal si hacemos una fiesta con strippers? – me pregunta con diversión.
- No creo que a Santino le haga mucha gracia – le digo con una sonrisa – ¿Qué tal si vemos una película?
- Me encanta la idea. Mientras tú escoges la película yo voy haciendo las palomitas – me dice levantándose del sofá.
Enciendo la televisión para ir a la aplicación de Netflix y buscar una película, pero de repente una noticia llama mi atención.
- Ayer veinte niñas latinas de entre doce y diecisiete años que habían sido secuestradas en Estados Unidos para luego venderlas en diversos burdeles de Europa fueron rescatadas por un grupo de individuos que se hicieron pasar por miembros de la Unidad de Operaciones Especiales de la Armada y la Infantería de Marina Española.
- ¿Cómo estáis? – le pregunta la periodista con curiosidad a las niñas.
- Un poco asustadas, pero bien gracias a los ángeles que nos salvaron – le dice una de las niñas.
- ¿Cómo eran esos ángeles como les dices que os rescataron?
- Eran muy amables. Nos consiguieron comida y agua.
- ¿Les visteis las caras? – le pregunta con curiosidad.
- No. Llevaban pasamontañas – le responde la niña.
- La policía española está investigando lo sucedido, pero por el momento no tienen más información.
- ¿Que película escogiste? – me pregunta Eva dejando las palomitas encima de la mesa de café – ¿Por qué tienes esa cara? ¿Qué pasa?
- Acaban de dar una noticia un poco rara.
- ¿Cómo rara? – me pregunta sentándose en el sofá.
- Pues según dijeron rescataron unas niñas que habían sido secuestradas y vendidas para burdeles europeos – le cuento.
- Por fin la policía hace algo bueno, ya era hora, pero… ¿qué tiene de raro?
- Que parece ser que no fue la policía quién las rescato – le digo y veo como se le escapa una pequeña sonrisa – Tú sabes quién lo hizo, ¿verdad?
- Yo que voy a saber – me dice seria.
- ¿Y por qué sonreíste? – le pregunto.
- Porque me alegra que las hayan rescatado fuera quien fuera, ¿a ti no?
- Sí… ¿De qué quieres ver la película? – le pregunto cambiando de tema.
- De sexo – me dice provocando que estalle de la risa.
- ¡EVA! ¡ANASTASIA! – escuchamos como alguien grita nuestros nombres provocando que yo deje de reírme y segundos después vemos entrar a Alina corriendo.
Nos levantamos del sofá de un salto.
- ¿Qué pasa? – le pregunta Eva al verla tan agitada y nerviosa.
- ¡Santino!
- ¿Qué pasa con Santino? – le preguntamos las dos alteradas al mismo tiempo.
- No sé qué le pasa. Nada más bajarse del coche se empezó a doblar del dolor – nos cuenta muy rápido.
- ¡AH! – escucho un grito y veo como cuatro de los escoltas traen a Santino cargado mientras se retuerce del dolor.
- Tumbadlo aquí – les digo señalándoles el sofá.
En cuanto dejan a Santino en el sofá empiezo a examinarlo, pero no veo que este herido.
- ¡Santino! ¿Qué te duele? – le pregunto.
- La pierna – me dice con los dientes apretados mientras sigue retorciéndose.
- ¿La derecha? – le vuelvo a preguntar y este asiente en respuesta – Necesito unas tijeras.
- Es como si me estuvieran dando descargas eléctricas en ella – me cuenta.
- Toma – me dice Alina entregándome las tijeras que pedí.
Inmediatamente, le corto la pierna del pantalón hasta la altura del cuádriceps femoral.
- Te voy a sacar la prótesis – le digo antes de sacársela.
Veo que tiene el muñón muy hinchado.
- Has estado mucho tiempo con la prótesis puesta, ¿verdad? – le pregunto y este asiente – ¿Esto no te había pasado antes?
- No.
- ¿Qué tiene? – me pregunta Eva angustiada.
- Es el síndrome del m*****o fantasma – le digo mientras le empiezo a masajear el muñón para calmarle el dolor – Seguramente se deba al rozón de bala que recibiste hace unos días.
- ¿Es grave? – me vuelve a preguntar.
- Tranquila, no es nada grave se le va a pasar en unos minutos, pero para eso tiene que relajarse. ¿Te gusta la música? – le pregunto a Santino para distraerlo del dolor.
- Sí.
- Alina, ¿puedes buscar la canción Weightless del grupo británico Marconi Union? – le pregunto mientras sigo masajeándole el muñón a Santino.
- Por supuesto – me dice y en cuanto la localiza la pone.
Inmediatamente, noto como Santino se empieza a relajar a medida que la canción suena.
- Está funcionando. ¿Cómo sabías qué hacer? – me pregunta Alina con curiosidad.
- Estudie medicina e iba a especializarme en cirugía ortopédica y traumatología – le cuento.
- ¡Vaya! Al parecer el gusto por la medicina es de familia.
- ¡¿Perdón?! ¡¿Qué dijiste?! – le pregunto confundida al no entender lo que dijo, ya que lo dijo muy bajito antes de que suene su teléfono.
- Ni se te ocurra contestarle – le dice Santino como si supiera quién la está llamando.
- Si no lo hago me mata – le dice Alina.
- Cobarde – le dice Santino mientras Alina se aleja de nosotros para contestar la llamada.
- ¿Estás mejor? – le pregunto y este asiente en respuesta provocando que deje de masajearle el muñón.
- Ya se pueden retirar muchachos, muchas gracias – le dice Santino a los escoltas que lo trajeron cargado.
- ¡Esperen! Vayan a la farmacia y tráiganme vendas elásticas – les ordeno a los escoltas los cuales miran a Santino pidiéndole su autorización.
- Hagan lo que les ordeno – les dice Santino, estos asienten y se van a buscar lo que les pedí mientras Eva se sienta a su lado.
- ¿Seguro que estás mejor? – le pregunta Eva.
- Sí, tranquila abuela.
- Ahora mismo te lo paso – dice Alina acercándose nuevamente a nosotros – Quiere hablar contigo – le dice a Santino pasándole el teléfono.
- Dime madre… No creo que sea necesario ya estoy bien… Tú ganas como siempre, pero mañana no puedo tengo una reunión… Y yo a ti – dice antes de colgar y devolverle el teléfono a Alina.
- ¿Qué hacemos con la reunión que tenemos? ¿La pospongo? – le pregunta Alina con curiosidad.
- No. Dame cinco minutos y nos vamos – le dice Santino a Alina agarrando la prótesis.
- Tú no te vas a ningún lado – le digo quitándole la prótesis de las manos.
- La que se va a armar – dice Eva.
- Devuélvemela ya – me dice en un tono autoritario que jamás había usado conmigo mientras me mira furioso.
- No te la voy a dar, aunque me estés mirando con ganas de matarme.
- ¡Anastasia! – dice mi nombre con los dientes apretados.
- Que no. Tienes que estar en reposo el resto del día. ¡Alina! Pospón la reunión hasta nuevo aviso – le digo antes de llevarme la prótesis a mi habitación para esconderla y que no la pueda usar.