ANASTASIA
- ¡BOMBÓN! – escucho gritar a una mujer con alegría detrás de mí que provoca que salga de mis pensamientos.
Al girarme para ver de quién se trata veo a una mujer delgada, de cabello castaño y ojos grises, la cual tiene puesto un vestido de color rosa que se ajusta a cada parte de su cuerpo.
Santino se levanta de la silla.
- Cuando me dijeron que estabas aquí no podía creerlo – le dice la mujer con una sonrisa antes de darle un beso en la comisura de los labios.
Menos mal que no tenía novia, ni amantes, ¿qué si no?
- ¡Alina!
- ¡¿Qué?! – le pregunta mientras Santino la mira serio – ¡Ay! ¡Ya! No me mires así que la culpa es tuya por ser un bombón – le dice provocando que yo ponga mis ojos en blanco – ¿Por qué te regresaste tan pronto?
- Las cosas no salieron como estaban planeadas, por cierto, te presento a Anastasia, mi esposa – le dice Santino provocando que esta me mire sorprendida.
- ¡¿Qué?! ¡¿Tu esposa?! Es broma, ¿no? – le pregunta.
- ¿Alguna vez me has escuchado bromear con algo así? – le pregunta Santino serio y esta niega con su cabeza antes de empezarse a reír.
- Ahora entiendo por qué nunca caíste conmigo – le dice a Santino mientras me mira de arriba abajo con una sonrisa – Es preciosa – le dice provocando que yo me comience a poner roja como un tomate – Mucho gusto, soy Alina Petrova – me dice tendiéndome su mano.
- Mucho gusto, Anastasia Davis – le digo estrechándole la mano.
- ¡¿Dijiste Davis?! – me pregunta confundida y yo asiento en respuesta – ¿Tienes algo que ver con Bastian Davis?
- Sí, es mi hermano ¿Por qué? ¿Lo conoces? – le pregunto con curiosidad.
Alina mira a Santino de una forma muy rara antes de volver a mirarme.
- No, yo…
- Alina fue la que secuestro a Bastian – me cuenta Santino provocando que esta le dé un codazo.
- ¡Ah! ¿O sea que trabajas para Santino?
- Digamos que sí y no – me dice con una sonrisa – Santino y yo somos primos además de socios en negocios legales e ilegales.
- ¿Me estás tratando de decir que…?
- Sí. Soy una de las pocas mujeres al frente de un clan – me dice provocando que la mire sorprendida – Por la cara que pusiste me imagino que no te esperabas algo así.
- La verdad no.
- Esa es una de las muchas ventajas de ser mujer, que nadie desconfía de nosotras porque creen que somos frágiles, delicadas y dulces, aunque en realidad podemos ser más peligrosas y sanguinarias que los hombres para el crimen organizado – me cuenta con una sonrisa antes de que vuelva a sonar el teléfono de Santino.
Este lo vuelve a sacar de su bolsillo.
- Perdón, pero tengo que atender esta llamada – nos dice.
- Atiende tranquilo que yo te cuido a tu mujer – le dice Alina.
Santino se aleja un poco de nosotras para contestar la llamada.
- ¡Oye! Me vas a tener que contar como le hiciste – me dice.
- ¡¿Para qué?! – le pregunto confundida.
- Para atrapar a Santino. Yo traté de todas las formas posibles, incluso llegué a desnudármele para ver si así lograba meterlo en mi cama y nada, ni se inmutó.
¡¿Qué?! ¡Pero… ¿Cómo se atreve a decirme eso de mi marido?!
¿De qué te sorprendes? Santino es guapísimo y tú también lo sabes.
¡Ya cállate maldita conciencia!
- Es broma – me dice riéndose – A Santino lo veo como lo que es, mi primo, prácticamente mi hermano y la verdad es que me encanta ver cómo se incomoda ante mis coqueteos. Te pido una disculpa si te molesta y espero que podamos ser amigas – me dice y no sé por qué, pero noto sinceridad en sus palabras.
- Por mí no hay problema, ¿amigas? – le pregunto tendiéndole mi mano.
- Amigas – me dice con una sonrisa estrechándome la mano antes de darme un abrazo.
- Sigan vigilándolos y no hagan nada hasta que yo llegue – dice Santino acercándose nuevamente antes de colgar la llamada – Van a tener que dejar la reunión de mujeres para otro momento, nos tenemos que ir – nos dice Santino más serio de lo normal.
- ¿Qué pasa? – le pregunta Alina.
- Tenemos trabajo.
- ¿De los que me gustan? – le pregunta Alina con una sonrisa y Santino asiente en respuesta – ¡Emma! Avísale a La Bambola que lo quiero ver en diez minutos en mi oficina – le ordena y esta sale corriendo.
- Voy a llevar a Anastasia al departamento, nos vemos en el aeropuerto – le dice Santino.
- Allá te veo y a ti me encanto conocerte – me dice Alina dándome un abrazo.
- A mí también.
Salimos del restaurante y en menos de cinco minutos llegamos a un edificio de veinte pisos en donde nos estaban esperando varios hombres trajeados en la puerta.
Entramos al lugar y nos vamos directamente a los ascensores en donde Santino marca el botón de la última planta.
(Inspiración en el Penthouse de $23,000,000 en Dubái con vistas al mar Arábigo en el canal de YouTube Enes Yilmazer para que vean la decoración)
- Adelante – me dice Santino al abrir la puerta, la cual se abre con código de seguridad y huella dactilar – ¿No piensas entrar? – me pregunta al ver que no me muevo.
Entro con algo de miedo, el departamento es precioso y tiene unas vistas preciosas.
- ¿En dónde dejo las bolsas señor? – le pregunta Gabriele.
- Déjalas encima de la mesa, por favor – le dice y este así lo hace – ¡Ah! ¡Gabriele! Necesito que tripliques la seguridad tanto dentro como fuera, no quiero que entre ni siquiera una mosca – les dice Santino.
- No se preocupe señor yo me encargo – le dice antes de irse y dejarnos solos.
- Si algo no te gusta lo puedes cambiar – me dice.
- ¡Santino! ¡¿Eres tú?! – escucho como una mujer pregunta cuando estoy a punto de responderle.
- Sí – dice sorprendido.
- Que bueno que ya llegaron.
- ¿Qué haces aquí? – le pregunta Santino con curiosidad.
- Discutí con tu padre y me fui de la casa – le dice una señora mayor mientras se acerca a nosotros cargando una cesta llena de sábanas.
- Pero… ¿Qué haces? – le pregunta Santino sacándole la cesta de las manos antes de dejarla sobre la mesa.
Ahora que la veo mejor y más cerca se parece muchísimo a la actriz Betty White, pero esta tiene el cabello n***o y los ojos marrones.
- Primero dame un beso – le dice y Santino así lo hace – Y sobre qué hago es obvio, ¿no? Acabo de cambiarte las sábanas.
- ¡A ver! ¿Qué fue lo que te dijo el médico? – le pregunta serio.
- Que no podía hacer esfuerzos – le dice.
- Bueno, ¿entonces?
- Ya no seas exagerado, qué si no me mato el infarto entre tu padre y tú me vais a matar, pero de aburrimiento – le dice.
- ¡Dios mío! Yo que voy a hacer contigo – dice Santino.
- ¡Mira! Sí no quieres que trabaje consígueme un novio – le dice.
- ¡¿Qué?!
- Sí y que sea más joven que yo, no me vayas a traer uno de noventa años por qué no vamos a tener tiempo ni de ir al médico juntos – le dice provocando que yo estalle de la risa.
No sé quién es esta mujer, pero es muy simpática y ocurrente.
- Me alegra saber que hay alguien que no ha perdido el sentido del humor como otros – dice la mujer acercándose a mí – Tú debes de ser Anastasia, ¿verdad? – me pregunta y yo asiento en respuesta – Mucho gusto, yo soy Eva, la abuela de Míster Simpatía – me dice provocando que me sorprenda.
- El gusto es mío, señora – le digo.
- No me digas señora que me haces sentir vieja, dime Eva – me dice dándome un abrazo, al cual le respondí con mucho gusto.
- Entonces, ¿lo del novio era broma? – le pregunta Santino cuando dejamos de abrazarnos.
- Cuando tu abuelo murió jure que nunca más le iba a lavar los calzoncillos a otro hombre, así que ¿tú que crees? Obvio que era broma.
- Pues, que sepas que no tiene gracia – le dice Santino.
- Qué raro que no te haga gracia si tú te ríes por todo – le dice con sarcasmo.
Estoy segura de que me voy a llevar muy bien con Eva, además creo que no me voy a aburrir.
- Me imagino que deben de estar agotados por el viaje, ¿por qué no sé van a descansar un rato? – nos dice en tono de pregunta.
- Yo no puedo, tengo que salir de viaje – dice Santino.
- ¿Podemos saber a dónde vas y que vas a hacer? – le pregunta Eva.
- Mejor que no lo sepan.
- ¡Uy! Ese tonito no me gusta, ¿qué? ¿Una orden del señor?
- Se puede decir que sí y también de la señora.
- ¿Te vas solo? – me pregunta con curiosidad.
- No, Alina va conmigo.
- Se me cuidan mucho – le dice dándole la bendición, antes de darle un beso, el cual Santino le devuelve – Pórtate bien.
- Eso debería de decírtelo yo abuela, porque conociéndote vas a hacer alguna de las tuyas.
- ¿De las mías? No sé de qué me hablas si yo me porto siempre muy bien.
- ¿Necesitas que te recuerde por qué te dio el infarto? – le pregunta Santino con algo de sarcasmo.
- Solo fue una fiesta.
- Sí, donde te bebiste hasta el agua de los floreros – le dice Santino provocando que esta le ponga los ojos en blanco – Por favor, cuídala. No dejes que cometa locuras – me pide Santino.
- No te preocupes, yo la cuido – le digo antes de que se acerque a mí y me dé un beso en la mejilla.
- No le hagas caso, es un exagerado igual que su padre – me dice una vez Santino se fue.
- Un infarto no es algo para tomarse a la ligera, además, debería de verle el lado bueno, si Santino la cuida tanto es porque la quieren.
- No me hables de usted y sí, yo sé que me quiere mucho, pero a veces me cuida de más.
- Ojalá a todos nos cuidaran demás – digo con pesar pensando en lo fríos y distantes que siempre fueron conmigo.
- ¿Por qué dices eso? – me pregunta con curiosidad.
- Porque a mí mi padre nunca me dio amor – le confieso rompiendo a llorar.
Esta me abraza y me acaricia la espalda con sus manos para que me calme.
- ¡Mírame! – me pide y yo así lo hago – Si me permites te puedo dar el mismo amor de abuela que les doy a Santino y a Carlo – me dice limpiándome las lágrimas.
- ¡¿Carlo?! Es la segunda vez que oigo ese nombre, pero no sé quién es.
- ¿Santino no te ha hablado de él? – me pregunta con curiosidad y yo niego en respuesta – Carlo es su hermano pequeño y es el único al que Santino no le puede decir que no a nada de lo que le pida.
¿Cómo será Carlo? ¿Se parecerá a Santino?
- Te voy a llevar a la habitación para que descanses un rato, luego ya te daré un tour por el departamento.