CAPÍTULO 9

2048 Palabras
ANASTASIA - ¡BOMBÓN! – escucho gritar a una mujer con alegría detrás de mí que provoca que salga de mis pensamientos. Al girarme para ver de quién se trata veo a una mujer delgada, de cabello castaño y ojos grises, la cual tiene puesto un vestido de color rosa que se ajusta a cada parte de su cuerpo. Santino se levanta de la silla. - Cuando me dijeron que estabas aquí no podía creerlo – le dice la mujer con una sonrisa antes de darle un beso en la comisura de los labios. Menos mal que no tenía novia, ni amantes, ¿qué si no? - ¡Alina! - ¡¿Qué?! – le pregunta mientras Santino la mira serio – ¡Ay! ¡Ya! No me mires así que la culpa es tuya por ser un bombón – le dice provocando que yo ponga mis ojos en blanco – ¿Por qué te regresaste tan pronto? - Las cosas no salieron como estaban planeadas, por cierto, te presento a Anastasia, mi esposa – le dice Santino provocando que esta me mire sorprendida. - ¡¿Qué?! ¡¿Tu esposa?! Es broma, ¿no? – le pregunta. - ¿Alguna vez me has escuchado bromear con algo así? – le pregunta Santino serio y esta niega con su cabeza antes de empezarse a reír. - Ahora entiendo por qué nunca caíste conmigo – le dice a Santino mientras me mira de arriba abajo con una sonrisa – Es preciosa – le dice provocando que yo me comience a poner roja como un tomate – Mucho gusto, soy Alina Petrova – me dice tendiéndome su mano. - Mucho gusto, Anastasia Davis – le digo estrechándole la mano. - ¡¿Dijiste Davis?! – me pregunta confundida y yo asiento en respuesta – ¿Tienes algo que ver con Bastian Davis? - Sí, es mi hermano ¿Por qué? ¿Lo conoces? – le pregunto con curiosidad. Alina mira a Santino de una forma muy rara antes de volver a mirarme. - No, yo… - Alina fue la que secuestro a Bastian – me cuenta Santino provocando que esta le dé un codazo. - ¡Ah! ¿O sea que trabajas para Santino? - Digamos que sí y no – me dice con una sonrisa – Santino y yo somos primos además de socios en negocios legales e ilegales. - ¿Me estás tratando de decir que…? - Sí. Soy una de las pocas mujeres al frente de un clan – me dice provocando que la mire sorprendida – Por la cara que pusiste me imagino que no te esperabas algo así. - La verdad no. - Esa es una de las muchas ventajas de ser mujer, que nadie desconfía de nosotras porque creen que somos frágiles, delicadas y dulces, aunque en realidad podemos ser más peligrosas y sanguinarias que los hombres para el crimen organizado – me cuenta con una sonrisa antes de que vuelva a sonar el teléfono de Santino. Este lo vuelve a sacar de su bolsillo. - Perdón, pero tengo que atender esta llamada – nos dice. - Atiende tranquilo que yo te cuido a tu mujer – le dice Alina. Santino se aleja un poco de nosotras para contestar la llamada. - ¡Oye! Me vas a tener que contar como le hiciste – me dice. - ¡¿Para qué?! – le pregunto confundida. - Para atrapar a Santino. Yo traté de todas las formas posibles, incluso llegué a desnudármele para ver si así lograba meterlo en mi cama y nada, ni se inmutó. ¡¿Qué?! ¡Pero… ¿Cómo se atreve a decirme eso de mi marido?! ¿De qué te sorprendes? Santino es guapísimo y tú también lo sabes. ¡Ya cállate maldita conciencia! - Es broma – me dice riéndose – A Santino lo veo como lo que es, mi primo, prácticamente mi hermano y la verdad es que me encanta ver cómo se incomoda ante mis coqueteos. Te pido una disculpa si te molesta y espero que podamos ser amigas – me dice y no sé por qué, pero noto sinceridad en sus palabras. - Por mí no hay problema, ¿amigas? – le pregunto tendiéndole mi mano. - Amigas – me dice con una sonrisa estrechándome la mano antes de darme un abrazo. - Sigan vigilándolos y no hagan nada hasta que yo llegue – dice Santino acercándose nuevamente antes de colgar la llamada – Van a tener que dejar la reunión de mujeres para otro momento, nos tenemos que ir – nos dice Santino más serio de lo normal. - ¿Qué pasa? – le pregunta Alina. - Tenemos trabajo. - ¿De los que me gustan? – le pregunta Alina con una sonrisa y Santino asiente en respuesta – ¡Emma! Avísale a La Bambola que lo quiero ver en diez minutos en mi oficina – le ordena y esta sale corriendo. - Voy a llevar a Anastasia al departamento, nos vemos en el aeropuerto – le dice Santino. - Allá te veo y a ti me encanto conocerte – me dice Alina dándome un abrazo. - A mí también. Salimos del restaurante y en menos de cinco minutos llegamos a un edificio de veinte pisos en donde nos estaban esperando varios hombres trajeados en la puerta. Entramos al lugar y nos vamos directamente a los ascensores en donde Santino marca el botón de la última planta. (Inspiración en el Penthouse de $23,000,000 en Dubái con vistas al mar Arábigo en el canal de YouTube Enes Yilmazer para que vean la decoración) - Adelante – me dice Santino al abrir la puerta, la cual se abre con código de seguridad y huella dactilar – ¿No piensas entrar? – me pregunta al ver que no me muevo. Entro con algo de miedo, el departamento es precioso y tiene unas vistas preciosas. - ¿En dónde dejo las bolsas señor? – le pregunta Gabriele. - Déjalas encima de la mesa, por favor – le dice y este así lo hace – ¡Ah! ¡Gabriele! Necesito que tripliques la seguridad tanto dentro como fuera, no quiero que entre ni siquiera una mosca – les dice Santino. - No se preocupe señor yo me encargo – le dice antes de irse y dejarnos solos. - Si algo no te gusta lo puedes cambiar – me dice. - ¡Santino! ¡¿Eres tú?! – escucho como una mujer pregunta cuando estoy a punto de responderle. - Sí – dice sorprendido. - Que bueno que ya llegaron. - ¿Qué haces aquí? – le pregunta Santino con curiosidad. - Discutí con tu padre y me fui de la casa – le dice una señora mayor mientras se acerca a nosotros cargando una cesta llena de sábanas. - Pero… ¿Qué haces? – le pregunta Santino sacándole la cesta de las manos antes de dejarla sobre la mesa. Ahora que la veo mejor y más cerca se parece muchísimo a la actriz Betty White, pero esta tiene el cabello n***o y los ojos marrones. - Primero dame un beso – le dice y Santino así lo hace – Y sobre qué hago es obvio, ¿no? Acabo de cambiarte las sábanas. - ¡A ver! ¿Qué fue lo que te dijo el médico? – le pregunta serio. - Que no podía hacer esfuerzos – le dice. - Bueno, ¿entonces? - Ya no seas exagerado, qué si no me mato el infarto entre tu padre y tú me vais a matar, pero de aburrimiento – le dice. - ¡Dios mío! Yo que voy a hacer contigo – dice Santino. - ¡Mira! Sí no quieres que trabaje consígueme un novio – le dice. - ¡¿Qué?! - Sí y que sea más joven que yo, no me vayas a traer uno de noventa años por qué no vamos a tener tiempo ni de ir al médico juntos – le dice provocando que yo estalle de la risa. No sé quién es esta mujer, pero es muy simpática y ocurrente. - Me alegra saber que hay alguien que no ha perdido el sentido del humor como otros – dice la mujer acercándose a mí – Tú debes de ser Anastasia, ¿verdad? – me pregunta y yo asiento en respuesta – Mucho gusto, yo soy Eva, la abuela de Míster Simpatía – me dice provocando que me sorprenda. - El gusto es mío, señora – le digo. - No me digas señora que me haces sentir vieja, dime Eva – me dice dándome un abrazo, al cual le respondí con mucho gusto. - Entonces, ¿lo del novio era broma? – le pregunta Santino cuando dejamos de abrazarnos. - Cuando tu abuelo murió jure que nunca más le iba a lavar los calzoncillos a otro hombre, así que ¿tú que crees? Obvio que era broma. - Pues, que sepas que no tiene gracia – le dice Santino. - Qué raro que no te haga gracia si tú te ríes por todo – le dice con sarcasmo. Estoy segura de que me voy a llevar muy bien con Eva, además creo que no me voy a aburrir. - Me imagino que deben de estar agotados por el viaje, ¿por qué no sé van a descansar un rato? – nos dice en tono de pregunta. - Yo no puedo, tengo que salir de viaje – dice Santino. - ¿Podemos saber a dónde vas y que vas a hacer? – le pregunta Eva. - Mejor que no lo sepan. - ¡Uy! Ese tonito no me gusta, ¿qué? ¿Una orden del señor? - Se puede decir que sí y también de la señora. - ¿Te vas solo? – me pregunta con curiosidad. - No, Alina va conmigo. - Se me cuidan mucho – le dice dándole la bendición, antes de darle un beso, el cual Santino le devuelve – Pórtate bien. - Eso debería de decírtelo yo abuela, porque conociéndote vas a hacer alguna de las tuyas. - ¿De las mías? No sé de qué me hablas si yo me porto siempre muy bien. - ¿Necesitas que te recuerde por qué te dio el infarto? – le pregunta Santino con algo de sarcasmo. - Solo fue una fiesta. - Sí, donde te bebiste hasta el agua de los floreros – le dice Santino provocando que esta le ponga los ojos en blanco – Por favor, cuídala. No dejes que cometa locuras – me pide Santino. - No te preocupes, yo la cuido – le digo antes de que se acerque a mí y me dé un beso en la mejilla. - No le hagas caso, es un exagerado igual que su padre – me dice una vez Santino se fue. - Un infarto no es algo para tomarse a la ligera, además, debería de verle el lado bueno, si Santino la cuida tanto es porque la quieren. - No me hables de usted y sí, yo sé que me quiere mucho, pero a veces me cuida de más. - Ojalá a todos nos cuidaran demás – digo con pesar pensando en lo fríos y distantes que siempre fueron conmigo. - ¿Por qué dices eso? – me pregunta con curiosidad. - Porque a mí mi padre nunca me dio amor – le confieso rompiendo a llorar. Esta me abraza y me acaricia la espalda con sus manos para que me calme. - ¡Mírame! – me pide y yo así lo hago – Si me permites te puedo dar el mismo amor de abuela que les doy a Santino y a Carlo – me dice limpiándome las lágrimas. - ¡¿Carlo?! Es la segunda vez que oigo ese nombre, pero no sé quién es. - ¿Santino no te ha hablado de él? – me pregunta con curiosidad y yo niego en respuesta – Carlo es su hermano pequeño y es el único al que Santino no le puede decir que no a nada de lo que le pida. ¿Cómo será Carlo? ¿Se parecerá a Santino? - Te voy a llevar a la habitación para que descanses un rato, luego ya te daré un tour por el departamento.
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