MARCUS
Desde que me encontré con Santino en aquel restaurante su forma de mirarme y sus gestos me recordaron a alguien, pero jamás sé me paso por la cabeza que fuera el hijo mayor de la estúpida de Danna y del hijo de puta de Michele, y como imaginármelo si llevo veinte años pensando que lo había matado, tal parece que es inmortal el hijo de puta.
Hay varias cosas de todo esto que no entiendo, por ejemplo, ¿cómo es posible que siendo hijo de esos dos se haya convertido en uno de los mafiosos más temidos del mundo? Y, sobre todo, ¿cómo es que se lo permitieron?
Me puse a investigarlo más a fondo en estos días y he descubierto que en el bajo mundo todos lo respetan porque es un hombre con palabra de honor, además es conocido como el Tigre porque cuando se enoja es cruel y sanguinario, pero eso no es todo, al parecer es la mano derecha del Padrino junto con Alina Petrova, la hija del difunto Danil con la que tiene una relación amorosa según las malas lenguas.
La verdad es que tengo que reconocer que es muy inteligente el hijo de puta, no solamente me quito parte del territorio en Nueva York, sino que tenía a Martín y a Ginebra infiltrados dentro de mi casa, pero que ni crea que me voy a quedar quieto, ya tengo a varios de mis hombres buscando a esos dos y cuando los encuentre los voy a matar lentamente.
- ¿Ya se te paso el cabreo? – me pregunta Bastian con curiosidad nada más sentarse a desayunar.
- ¿Y a ti ya se te paso lo idiota? – le pregunto con sarcasmo – Da gracias de que llevas mi sangre, que si no ya te habría metido un tiro en esa cabeza hueca que tienes.
- ¿Cuántas veces más te tengo que decir que no va a volver a pasar?
- Eso mismo me dijiste cuando mataste a una de las mujeres que tenía trabajando en uno de mis burdeles, pero volviste a meter la pata otra vez, así que el día que dejes de pensar con los huevos y pienses con el cerebro hablamos – le digo levantándome de la mesa.
¿Por qué me toco a mí tener un hijo tan idiota e inútil?
Le he dicho millones de veces que no se fie de nadie y mucho menos de las putas que se venden al mejor postor, pero ni caso y por eso el hijo de puta de Santino lo secuestro para evitar que lo matara en cuanto se casara con la gorda estúpida de Anastasia.
Desde ese día lo saque del negocio y le cancele las tarjetas de crédito a ver si así aprende.
- ¡Señor! – me llama James.
- ¿Qué pasa? – le pregunto.
- Tiene que ver esto – me dice serio.
Salgo de la casa y veo una caja de madera con un moño n***o.
- La dejaron en el portón de la entrada. Ya la revisamos en el scanner y no son explosivos – me dice James como si me leyera la mente.
- Ábranla – les ordeno a mis hombres que inmediatamente la abren y sacan de esta una nevera portátil.
- No. Yo lo hago – le digo a James impidiendo que la abra.
Me acerco para abrirla y cuando lo hago me encuentro con la cabeza de Yen rodeada de cubitos de hielo y junto a esto un sobre n***o.
Agarro el sobre y leo la nota que hay dentro de este.
- ¡HIJO DE PUTA! – grito furioso luego de leer la nota – ¡QUIERO LA CABEZA DE SANTINO Y LA QUIERO YA, ASÍ QUE MUÉVANSE!
- ¿Qué vamos a hacer señor? – me pregunta James preocupado.
- Cambiarnos de casa, está ya no es segura – le digo pensando en que voy a hacer.
¿Cómo le voy a hacer para pagarles 50 millones de dólares a la Triada que no tengo?
SANTINO
Luego de ordenar desaparecer los cadáveres y limpiar el lugar para no dejar huellas tomamos un avión a Palermo en dónde deje a Alina que tenía que resolver unos problemas en el restaurante antes de seguir el viaje a Dubái para ir a visitar al Padrino.
- Bienvenido – me dice Francesco nada más bajarme del coche – El Padrino te está esperando.
- ¿Cómo está de humor? – le pregunto arreglando mi americana negra.
- No sabría decirte – me dice encogiéndose de hombros.
(Inspiración en una Mega Mansión de Los Ángeles de 177.000.000 dólares en el canal de YouTube Enes Yilmazer para que vean la decoración)
Al mirar hacia la puerta de entrada de la casa me encuentro con su mirada color avellana casi verde mientras le da una calada a su puro lo que me indica que está molesto por algo.
Respiro hondo y comienzo a caminar en su dirección junto con Francesco.
- Déjanos solos Francesco – le ordena en cuanto llegamos junto a él y este asiente en respuesta antes de irse.
- ¿Qué pasa? – le pregunto con curiosidad.
- ¿Ya se te han olvidado los modales? – me pregunta serio.
- No, perdón. Buenos días – le digo antes de darle un abrazo y dos besos en sus mejillas.
- ¿Por qué lo hiciste? – me pregunta mirándome a los ojos.
- ¿De qué hablas? – le pregunto confundido.
- De las muestras que mandaste al laboratorio. ¿Pensaste que no me iba a enterar?
- ¿Quién te lo dijo? – le pregunto mientras caminamos.
- ¿Tú quién crees? – me pregunta con cierta ironía – Y también me dijo que le pediste que no me contara nada. ¿En qué idioma te tengo que decir las cosas para que me entiendas? – me pregunta enojado dejando de caminar.
- Lo siento – le digo agachando la mirada y unos segundos después escucho como suelta un suspiro pesado.
- ¿Por qué lo hiciste? – me vuelve a preguntar, pero no soy capaz de responderle – ¡Santino! Mírame a los ojos y contéstame.
Al no mirarlo me agarra el mentón con su mano izquierda y me obliga a mirarlo.
- ¿Qué pasa, hijo? – me pregunta.
Pues sí, el Padrino de la mafia italiana es mi padre y la persona que le dijo lo de las muestras fue mi tía Taciana.
- La duda de no saber me está matando y lo que empeora la situación es que tengo que convivir bajo el mismo techo con ella y con la abuela, que yo sé qué madre la mando para que la hiciera de celestina – le confieso.
- ¡A ver! ¿Es mi impresión o tienes miedo de no controlarte? – me pregunta dándole una calada a su puro.
- No es miedo, sino pánico, además me siento como un puñetero cerdo por verla como mujer y no como mi hermana – le confieso con culpa.
- Tú bien sabes que no tienen la misma sangre...
- Eso no podemos asegurarlo, por eso mandé hacer las pruebas para salir de dudas – le digo interrumpiéndolo.
- O sea que, si las pruebas salen negativas, ¿te animarías a conquistarla? – me pregunta con una sonrisa.
- No.
- ¿Por qué no?
- ¿Tú quieres un mafioso y un asesino para tu hija? – le pregunto.
- Quiero lo mejor para ella, al igual que para Carlo y para ti – me dice tocándome el hombro derecho – Y yo, al igual que tu madre, sabemos que tienes un buen corazón y que Danna no podría estar en mejores manos que en las tuyas.
- Cuando se entere de todo me va a odiar y me va a querer tener lo más lejos posible de ella.
- Yo no creo que pase eso sino todo lo contrario y más ahora que sabemos que le gustas – me dice con una sonrisa.
- ¡¿Qué?!
- Tu tía nos contó que Danna amenazo con cortarle la lengua a una de las empleadas de Marcus por decir que eras un bombón – me dice con diversión.
- ¡Santi! – me llama Carlo provocando que me gire y lo veo como viene corriendo hacia mí con una cartulina enorme en la mano y con una sonrisa, así que abro los brazos para recibirlo.
- Hola Cachorro – le digo con alegría abrazándolo – ¿Cómo has estado?
- Bien. Te extrañe.
- Yo te extrañé más – le digo antes de darle un beso en la mejilla.
- No – dice negando con su cabeza – Yo más. Esto es para ti.
- ¿Y esto qué es? – le pregunto nada más entregarme la cartulina, aunque ya me imagino de que se trata.
- Un dibujo.
- ¡Ual-la! – digo sorprendido al ver perfectamente dibujados un elefante, dos cebras, un ave y un guepardo.
Carlo tiene muchísimo talento para hacer dibujos realistas, tanto que es el diseñador de todos mis tatuajes y mi tatuador personal.
- ¿Te gusta? – me pregunta con curiosidad.
- Muchísimo – le digo provocando que sonría – ¡Oye! ¿Me lo quieres tatuar?
- Sí, en la pierna.
- ¿En la pierna qué? – pregunta madre con curiosidad acercándose a nosotros.
- Hola, madre. Buenos días – le digo dándole un abrazo y dos besos en sus mejillas.
- Hola, mi amor.
- Qué voy a tatuar a Santi – le dice con emoción.
- ¡¿Qué?! Carlo, tienes a tu hermano todo tatuado, solamente te falta tatuarle la cara y el culo.
Carlo deja de sonreír porque sabe que a madre no le gustan los tatuajes.
Todavía recuerdo cómo se enojó cuando me vio el primer tatuaje, pero se le pasó al ver la cara de alegría de Carlo porque me había tatuado su dibujo del escorpión en la mano derecha.
- Amor mío, mejor no le des ideas – le dice padre dándole la última calada a su puro.
- Tranquila madre, que esas son zonas prohibidas, además ya sabes que me encantan los tatuajes – le digo pasando mi brazo derecho por sus hombros mientras le guiño el ojo izquierdo a Carlo provocando que vuelva a sonreír.
- ¡A ver! ¿Y esta vez que le vas a tatuar? – le pregunta con una sonrisa.
- Esto – le dice mostrándole el dibujo.
- Está muy bonito, pero luego se lo tatúas porque ya es hora de comer, así que vamos.