CAPÍTULO 13

1795 Palabras
SANTINO El día de ayer se pasó muy rápido, tanto que no tuve tiempo de ver a Igor, por eso me levanté a las cinco de la mañana para jugar con él durante un buen rato, cosa que solo hacemos Carlo y yo porque los demás le tienen miedo. Luego me metí a bañar antes de ponerme a hacer el desayuno para todos, ya que jugar con Igor provoca que acabé con la camiseta hecha añicos y todo asqueroso. - ¡Mi amor! Ven, siéntate a desayunar – escucho como mi madre le dice a Carlo. - ¡No, quiero! Santi, se fue y no se despidió de mí. Él me prometió que no se iba a ir hasta después de comer. - Y no me he ido – digo entrando al comedor con la bandeja de fruta recién picada. - ¡Santi! – dice con alegría abrazándome nada más verme – ¿Dónde estabas? - En la cocina haciéndote tu desayuno favorito, así que más te vale que te sientes y lo comas todo porque si no, no vuelvo a cocinar para ti – le digo dejando sobre la mesa la bandeja de fruta – Buenos días – digo mientras Carlo se sienta. - Buenos días – me dicen todos al mismo tiempo. - Tú siéntate aquí a mi lado – me dice Carlo como siempre. - Está bien, pero primero tengo que traer todo lo que hice. - ¿Te ayudo? – me pregunto mi tía. - No hace falta tía, ahora vuelvo – le digo antes de salir del comedor. Ya en la cocina agarro el carrito donde coloque los pancakes de ricotta, los huevos con las salchichas italianas al horno, el café, el zumo, la leche, los cruasanes, la miel, la mermelada y el chocolate para llevarlos al comedor. - Aquí están sus pancakes de ricotta, señor – le digo a Carlo comportándome como un camarero provocando que se ría – ¿Con qué desea tomarlos? ¿Con miel, mermelada o chocolate? – le pregunto, aunque ya me sé la respuesta. - Chocolate – me dice. Le echo un poco de chocolate a sus pancakes. - Gracias – me dice antes de empezar a comer. - No hay de que señor – le digo mientras me siento a desayunar con todos. Cuando ya casi terminamos de desayunar suena mi teléfono y al ver el identificador de llamadas veo que es Black. - Perdón, pero tengo que contestar esta llamada – digo antes de levantarme de la mesa y alejarme un poco – ¿Qué pasa? – le pregunto a Black. - Buenos días, señor. Disculpe que lo moleste, pero acaban de llegar los resultados de las pruebas que mando al laboratorio – me dice provocando que el corazón me empiece a latir muy rápido. - ¿Cuáles son los resultados? – le pregunto con mucha curiosidad. - Ambos salieron negativos, señor – me dice provocando que se me escape una media sonrisa. - Guarda muy bien esos papeles y ni una palabra de esto a nadie o te corto la lengua, ¿entendido? - Sí, señor – me dice antes de colgar. Me regreso de inmediato al comedor. - ¿Está todo bien hijo? – me pregunta mi padre con curiosidad. - Sí, era Black para informarme de los resultados de las muestras. - ¿Qué muestras? – pregunta mi madre con curiosidad. - Pues el cabezota de nuestro hijo con la ayuda de nuestra cuñada aquí presente le hizo una prueba de ADN a Danna. - ¡¿Qué?! – dice sorprendida mirándonos a ambos – ¡¿Cómo?! - Martín y yo nos las ingeniamos para hacerle llegar a Santino unas muestras de Marcus y Danna para que hiciera las pruebas, pero ya dinos niño, ¿Danna es una Bianco? – me pregunta mi tía con mucha curiosidad provocando que todos me miren expectantes menos mi padre. - ¡Enhorabuena! Danna es tu hija – le digo con una sonrisa a mi padre. - Siempre lo ha sido – dice mi padre con tranquilidad mientras todos los demás saltan de alegría. Mi padre en varias ocasiones le dijo a mi madre que no quería hacerse la prueba de ADN, que Danna era su hija llevara su sangre o no. - ¿Nuestra hermana está viva? – me pregunta Carlo y yo asiento en respuesta – ¿Y dónde está? ¿Por qué no está aquí con nosotros? - Esta en mi departamento con la abuela y por el momento no la puedo traer aquí porque ella aún no sabe que nosotros somos su familia. - ¿Por qué no lo sabe? ¡Ay hermano! Lo que pasa es que nuestros padres están empeñados en que yo conquiste a nuestra hermana, pero voy a tener que hablar con ellos para que no insistan con eso. Miro a mis padres pidiéndoles que me ayuden a contestarle a Carlo, pero de repente… - ¡Carlo! ¿Me puedes ayudar a despertar a Thiago? – le pregunta Laia tratando de cambiarle el tema. - Sí – le dice con una sonrisa mientras se va con Laia – Si no se despierta lo metemos en la bañera con agua fría. - No. Mejor le hacemos cosquillas – le dice Laia. - ¿Y cuál fue el resultado de la otra prueba? – me pregunta Martín con curiosidad provocando que todos me vuelvan a mirar. - Lo que escuchaste por casualidad resulto cierto. - Lo sabía – dice con una sonrisa – ¿Cuándo vamos a hacer estallar esa bomba? - En el momento indicado – le digo. - ¡A ver! Un momento… ¿Cuál de los dos nos va a explicar de que están hablando? – nos pregunta mi padre. Actualidad De repente suena el timbre provocando que salga de mis recuerdos. - Yo abro – dice Anastasia. - Aquí están las vendas que pidió y esto que se olvidó el señor en el coche. ¿Dónde lo dejo? – le pregunta Gabriele. - Dámelo yo sé l… - No. Tráelo tú que pesa – le digo a Gabriele. Veo a Gabriele entrar con el cuadro seguido de Anastasia, la cual trae la bolsa con las vendas. - Déjalo ahí – le digo señalándole el espacio que hay entre la pared que separa la cocina del salón – Muchas gracias, Gabriele. Gabriele asiente y se va. - ¿Es el cuadro que compraste en la subasta hace cuatro meses? – me pregunta Alina con curiosidad. - No. Es un regalo para Anastasia de parte de Carlo. - ¡¿Cómo que un regalo para mí?! ¡¿Por qué?! – me pregunta sorprendida. - ¿Por qué haces tantas preguntas siempre? – le pregunto. - ¿Y a ti porque te molestan tanto? – me pregunta. Porque no puedo contestártelas, al menos no por ahora. - Mejor abre el regalo y ya – le digo. - Carlo no le regala uno de sus cuadros a cualquiera, así que considérate una privilegiada – le dice Alina. - Ábrelo que me estoy muriendo de curiosidad de saber qué fue lo que te dibujo – le dice nuestra abuela. Anastasia deja la bolsa de las vendas sobre el sofá y se acerca al cuadro para romper el papel que lo envuelve. - ¡Es precioso! – dice sorprendida mientras lo mira impresionada. Carlo le hizo un retrato realista de la cara de un león. - ¡Qué coincidencia! – dice pensativa. - ¿El qué? – le pregunta nuestra abuela con curiosidad. - Que haya dibujado un león, mi signo zodiacal es leo – dice con una sonrisa. - ¿Dónde lo vas a poner? – le pregunta Alina antes de que haga otra pregunta. - No sé. - Ponlo en tu habitación – le sugiere nuestra abuela. Anastasia me mira buscando mi autorización. - Lo puedes poner donde tú quieras, es tu casa, no necesitas mi autorización – le digo. - Bien, entonces lo voy a poner en mi habitación – dice con una sonrisa – Pero primero quítate los pantalones – me dice Anastasia en un tono autoritario mientras saca un rollo de venda elástica de la bolsa que dejo en el sofá. - ¡¿Qué?! – digo confundido. - Que te quites los pantalones – me vuelve a decir. - ¿Para qué? – le vuelvo a preguntar. - Te voy a hacer una terapia de comprensión para que se te quita la hinchazón en el muñón. - ¿Le vas a masajear la pierna? – le pregunta Alina gesticulando con sus manos y Anastasia asiente en respuesta. - Yo creo que tú y yo mejor nos vamos porque esto se va a poner muy hot – le dice nuestra abuela con picardía a Alina provocando que Anastasia se ponga roja como un tomate. - Sí, vámonos – le dice Alina riéndose con malicia. - Yo no le veo la gracia – les digo mientras se van y me dejan solo con Anastasia. - ¿Te vas a quitar los pantalones o no? – me pregunta esquivándome la mirada. Respiro hondo y con resignación me desabrocho el cinturón y el botón del pantalón para luego quitármelo. - Ya me los quité. - Bien, túmbate en el sofá – me dice y en cuanto lo hago se sienta a mi lado – Primero te voy a hacer unos ejercicios para que te relajes – me dice. Empieza a acariciarme y friccionarme reiteradamente el muñón con sus manos de una manera suave y continua. ¡Maldita sea! Sentir sus manos suaves y delicadas sobre mi piel hace que mis instintos más básicos salgan a flote y en lo único en lo que puedo pensar es en… Bésala y hazla tuya. No puedo hacer eso, es mi hermana. No tienen la misma sangre, además es tu esposa. ¡Cállate maldita conciencia! - Ahora te voy a vendar el muñón – me dice agarrando la venda elástica – Levanta la pierna – me pide y así lo hago. Coloca la venda en la cara anterior de mi muslo justo por encima de la rodilla. Una vez ahí, desenvuelve la venda haciéndola pasar por el lado externo del muñón. Luego desliza la venda por detrás de la parte posterior de mi rodilla hasta el lado interno del muñón, haciéndola pasar por debajo de la rodilla y hacia arriba hasta que toca el vendaje en el punto donde inicio. Ahora hace bajar la venda de forma diagonal hasta la parte posterior del muñón y da una vuelta en el extremo de este. - Esto ya está. La tienes que traer puesta el resto del día y sería bueno que durmieras con ella – me dice. - Está bien.
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