CAPÍTULO 14

1954 Palabras
ANASTASIA La noche llego muy rápido y mis nervios están por las nubes porque no sé qué va a pasar ahora que Santino está en el departamento. ¿Qué voy a hacer si quiere tocarme? Pues no ser tonta y dejarte tocar por ese bombón, además tú a mí no me engañas, ambas sabemos que te mueres de ganas de que te vuelva a besar como el día de la boda, ¿o no? Sí, pero… Pero nada. - ¿Qué te pasa? ¿Por qué estás tan nerviosa? – me pregunta Eva con curiosidad luego de que se me cayera el tenedor al suelo cuando lo iba a dejar en el fregadero. - No me pasa nada – le digo recogiendo el tenedor mientras siento la mirada de Santino sobre mí. - Mientes muy mal – dice Santino provocando que lo mire a los ojos, esos ojos grises que me ponen nerviosa porque siento que todo el tiempo me están analizando – Te repito lo mismo que te dije el día de la boda. No te voy a poner una sola mano encima, así que tranquilízate. - Mejor ponle las dos que yo quiero tener bisnietos – le sugiere Eva provocando que yo me ponga roja como un tomate. ¡Eso! Eva tiene razón. Deja que te ponga las dos manos encima. - ¡Abuela! Estás viendo lo nerviosa que está y tú echándole más leña al fuego con tus comentarios – la regaña Santino antes de mirarme – ¿Me puedes devolver mi prótesis? - Sí, voy por ella – le digo. Salgo de la cocina y entro a la habitación por la prótesis. ¿Por qué se casó Santino conmigo? Esa pregunta no para de darme vueltas en la cabeza. Yo sé que no le importaba parar la guerra que tenía con mi padre. Entonces, ¿por qué se casó conmigo? Por más que pienso no se me ocurre nada, pero todo esto está muy raro, otro en su lugar descargaría conmigo todo el odio que siente por mi padre y también me haría suya, aunque fuera a la fuerza. ¿Tal vez no le gusto como mujer? ¿Por qué no le vas a gustar? Porque no tengo cintura de avispa como Alina ni soy tan guapa como ella. Si a Santino le gustaran las mujeres como Alina ya se habría casado con alguna desde hace mucho tiempo, así que deja de pensar tonterías. - Toma – le digo entregándole la prótesis. - Gracias – me dice antes de ponérsela – Buenas noches. - ¿Ya te vas a dormir? – le pregunta Eva. - Sí. Estoy agotado han sido unos días muy movidos. - Descansa – le dice Eva. - Ustedes también – nos dice y mientras baja las escaleras veo como se quita la camiseta negra que tenía puesta dejando al descubierto su musculoso torso lleno de tatuajes. ¿Cómo se sentirá su piel desnuda pegada a la mía? - ¡Tierra llamando a Anastasia! – dice Eva tocándome la frente. - Perdón. ¿Qué me decías? – le pregunto sacudiendo mi cabeza para alejar mis pensamientos. Eva se echa a reír a carcajadas. - Tú estás enamorada de Santino. - ¡¿Qué?! ... ¡No! – le digo negándolo con mi cabeza – Yo no estoy enamorada de él – le digo nerviosa. - El amor como el dinero son cosas difíciles de ocultar. ¡Mira! Tú puedes decir que no estás enamorada de él, pero tus ojos te delatan y más cuando lo miras – me dice. - ¿Y cómo lo miro? – le pregunto con curiosidad. - De la misma forma en la que él te mira – me dice provocando que la mire confundida – Sí, él también está enamorado de ti. - ¿Él te lo dijo? - No, pero lo conozco, es como un libro abierto para mí y te puedo decir que no te mira como mira a Alina – me dice mientras seca los vasos para guardarlos en su lugar. ¿Será cierto? ¿Estará enamorado de mí? ¡A ver tontita! Sé puso delante de ti para cubrirte con su cuerpo de las balas que tu padre te disparo y él mismo te dijo que te quería más de lo que pudieras pensar. ¿Qué más necesitas para creer lo que Eva te acaba de decir? ¡Exacto! Tú misma lo acabas de decir, me dijo que me quería no que me amara. O sea, ¿qué tú necesitas escucharlo con todas sus letras? Sí y aunque me lo diga no me lo voy a creer nunca. - Mucha gente piensa que Santino es un monstruo, pero los que lo conocemos bien sabemos que tiene un corazón muy noble – me dice Eva sacándome de mis pensamientos – Él al igual que su padre no entro a la mafia por dinero o poder sino por algo mucho más importante. - ¿Qué puede ser más importante que eso? – le pregunto con curiosidad provocando que se le escape una sonrisa melancólica. - La venganza, además Santino lo hizo para castigarse. - ¡¿Castigarse?! ¡¿Por qué?! – pregunto confundida. - Porque no pudo evitar la muerte de Danna – me dice. - ¿Quién era Danna? – le vuelvo a preguntar con curiosidad. - Danna era su mayor debilidad, su razón de vivir y la única que conseguía hacerlo sonreír aparte de Carlo, tanto que cuando supo que la habían matado estuvo a punto de quitarse la vida. Gracias a Dios mi hijo llego a tiempo para impedírselo y menos mal porque estoy segura de que ni mi nuera ni él soportarían perder a otro hijo – me cuenta con dolor. Por un momento pensé que Danna era su novia o su esposa. - Todavía recuerdo como si hubiera sido ayer el día que Santino conoció a Danna. EVA - ¡Hola, hija! ¿Cómo estás? – le pregunto con curiosidad mientras le doy un abrazo. - Bien. ¿Cómo se ha portado Santino? – me pregunta con curiosidad. - Muy bien, ya lo conoces, pero no para de preguntarme por ti y por su padre – le digo. - ¡Madre! ¡Madre! ¡Madre! – grita Santino corriendo hacia ella con alegría. - ¡Hola, mi amor! – le dice abrazándolo. - ¿Ya llegó la bebé? – le pregunta con curiosidad. - ¿Qué? - ¿La bebé? - ¿Por qué? ¿Estás emocionado? – le pregunta mientras caminan hacia el salón. - Sí. - ¿Tienes ganas de verla? - Sí. - ¿Crees que ya llegó? - Si, probablemente – dice apoyando su espalda en el sofá. - ¿Tengo barriguita? - Sí – le dice con toda sinceridad provocando que las dos nos riamos. Ojalá cuando crezca siga siendo igual de sincero. - ¿La tengo todavía en mi barriguita? Toca – le dice e inmediatamente pone su manito en esta - ¿Está todavía aquí o no? - ¡No! – le dice luego de unos segundos saltando de la emoción. - ¿No está aquí? – le pregunta y este niega con su cabecita – ¡Mira quien viene por ahí! – le dice señalándole hacia la puerta por donde entra mi hijo con la bebé en brazos. Santino los mira como entran al salón y se acerca a ellos. - Padre, ¿es Danna? – pregunta mientras mi hijo se pone de cuclillas frente a él para que pueda verla. - Sí – le dice mi hijo – Te presento a Danna Anastasia Bianco Rossi. Santino le acaricia la manito. - Es tu hermanita – le dice mi nuera. - Sí – dice con una sonrisa. - ¿Qué opinas? – le pregunta mi hijo. - Es muy bonita – dice antes de darle un beso en la mejilla provocando que todos nos sorprendamos y nos muramos de amor por ese gesto tan espontáneo. - ¿Te quieres sentar en el sofá y la cargas en brazos? – le pregunta mi hijo. - Sí – dice y va corriendo inmediatamente hacia el sofá para sentarse. - ¡La amo! – dice emocionado abriendo los brazos para cargarla. - Toma – le dice mi hijo y Santino no para de sonreír. - ¿La amas? – le pregunta mi nuera. - ¡Sí! – vuelve a decir emocionado. - ¿Estás feliz de que por fin esté aquí? – le pregunto y este asiente en respuesta mientras la sigue observando con mucho amor – ¿La vas a proteger? - Sí. Siempre – dice y Danna empieza a llorar – ¡No llores! – le pide antes de darle un beso en la mejilla – ¿Qué tiene? ¿Por qué llora? - Tiene hambre. ¿Le quieres dar de comer? – le pregunta su madre y este asiente en respuesta. Una vez el biberón de leche estaba preparado se lo entregaron a Santino para que se lo diera y mientras se lo daba no dejaba de darle besos. ANASTASIA - ¡Santino! – dice provocando que yo también me sorprenda al verlo entrar a la cocina – ¿Tú no te ibas a dormir? - Sí, pero se me olvido mi teléfono – dice Santino señalando la encimera donde está su teléfono – ¿Por qué estás llorando? – me pregunta con curiosidad luego de mirarnos a ambas. Ni cuenta me había dado de que estaba llorando, al igual que tampoco me di cuenta cuando lo abracé, pero noté como todo su cuerpo se puso tenso, aunque no tardo ni dos segundos en rodearme con sus brazos provocándome una sensación extraña y familiar. - ¿Qué te pasa? – me pregunta con preocupación mientras me sigue abrazando. - Yo… - La culpa es mía porque le estaba contando mi historia con tu abuelo – le dice Eva interrumpiéndome provocando que deje de abrazarlo para mirarla. - Ya entiendo – dice antes de que suene su teléfono – Dime Alina… ¡¿Qué?! – dice sorprendido alejándose un poco de nosotras. - No le digas nada de lo que te conté – me dice en un susurro. - ¿Por qué? – le pregunto con curiosidad, pero cuando está a punto de responderme… - ¿Tú estás bien?... Tranquila, no te preocupes por eso, lo importante es que estás bien. Manda a los heridos al hospital y tú vente para acá… Está bien como quieras. Descansa, mañana hablamos de lo que vamos a hacer, ¿de acuerdo?... Buenas noches – le dice Santino a Alina antes de colgar. Cuando se da la media vuelta veo como su mirada tranquila desapareció y ahora está llena de furia. - ¿Qué paso? – le pregunta Eva con curiosidad. - Tenemos una rata dentro de la familia – dice con la mandíbula apretada y las manos echas puños mientras Eva y yo lo miramos confundidas porque no entendemos de que está hablando – Acaban de robarle a Alina el dinero que le correspondía al Padrino del último envío. - ¡¿Qué?! ¿Saben quién pudo ser? – le vuelve a preguntar Eva con curiosidad. - No, pero tengo mis sospechas – dice antes de marcar un número de teléfono – Tengo un problema… Al que no se le va a volver a levantar va a ser a ti porque te la voy a cortar como no dejes de decir tantas estupideces – dice en un tono frío, pero sin alzar la voz – Acaban de robar en la empresa Constantin Garoflid veinte millones de euros y necesito que revises todas las cuentas de los integrantes de la familia.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR