El director vaciló, y por último dijo: 'Lo prometo'. Y se apresuró a ir a mi padre, y contarle que ya no había oposición alguna para nuestro encuentro, y que yo estaba encantado con la decisión que se me había anunciado de que mi hermano abrazase la vida monástica. Así es como se concertó nuestro primer encuentro. Cuando, por orden de mi padre, se entrelazaron nuestros brazos, te juro, hermano mío, que los sentí estremecerse de afecto. Pero el instinto de la naturaleza fue reemplazado en seguida por la fuerza del hábito; retrocedí, e hice acopio de todas las fuerzas de la naturaleza y la pasión para el terrible ademán que debía adoptar ante nuestros padres, mientras el director sonreía detrás de ellos, animándome con gestos. Pensé que había desempeñado mi papel con éxito, al menos

