MI ESTÚPIDO HERMANASTRO. Capítulo 18. Sentí que las piernas me temblaban porque sabía cual sería su reacción al verme. Caminé hacia él, al verme levantó la mirada, me miró tan fríamente que sentí que me congelaba. —¿Qué demonios haces aquí? —gritó. —Solo quiero saber cómo estás —susurré. —¡Que te importa! —exclamó. —¡Eres un grosero! — Respiré, eso me pasaba por preocuparme por ese engreído —,has lo que quieras. —Paola, no te vayas —susurró con la voz entrecortada. Cuando di la vuelta sentí que me tomó de la mano. Lo mire y una lágrima rodó por su mejilla, apretó mi mano, el corazón se me arrugaba. Nunca antes lo había visto así, él siempre era tan fuerte, prepotente, altivo, nunca lo había visto llorar ni siquiera cuando era niño. Ahora tenía una tristeza tan grande. Me giré

