Sé que está mal, pero simplemente no puedo evitarlo.
¡Es que leer en Dreame es tan adictivo!
Puedo estar leyendo cinco horas seguidas y no voy a percatarme de ello. Eso sí: me doy cuenta de mi "rutina extendida" cuando al otro día estoy en el instituto con los ojos pesados, como si me los hubiera pegado con adhesivo vinílico.
¡Y además, leer en lineal es algo tan discreto!
Perjudicial para la vista, pero discreto.
Y es que si te pones a pensar, no necesitas estar con la luz encendida, tu dispositivo no genera ruidos... Es perfecto para los que padecemos la falta de sueño.
Por esa misma razón, en las últimas semanas estuve desarrollando una profunda afición por mantenerme pegado a la pantalla de mi celular. Era imposible que mi madre -que dormía en la habitación continua a la mía- me descubrieran, así que no me preocupaba desarrollar este hábito en horarios nocturnos.
-Solo uno más -me advertí por enésima vez.
Ya me sentía como un presidente, diciendo cosas que en el fondo sé que son imposibles de cumplir.
Cuatrocientas dieciséis veces me había marcado mis limites en la última hora, pero siempre la tentación causada por el drama terminaba ganándome, y ahí estaba: dos y veinte de la madrugada, con el modo ahorro de batería activado para que el doce por ciento de batería me rindiera lo más posible.
-Ohh -balbuceé, cuando al llegar al final del capítulo, las ganas de seguir se hicieron aún mas grandes en mí.
Pero promesas eran promesas -incluso si son contigo mismo y te fallaste varias veces antes-, así que por fin hice lo que era mejor para mi integridad física, visual y mental al salir de Dreame. Por las dudas, también la eliminé de la lista de apps usadas recientemente.
¿Por qué? No lo sé...
(Aquí es donde se dan cuenta de las tonterías que puedo llegar a hacer después de un buen rato de lectura)
What's poppin de Jack Harlow todavía sonaba en mis auriculares a toda intensidad. Gran tema... Pero recién empezaba, y a decir verdad, no sé que nivel de somnolencia pueda tener en mi, así que no era una buena opción para irse a dormir.
Entonces decidí cambiar la música por algo mas... ¿Cómo decirlo? Pacifico, suave. ¿Y qué mejor que Olivia Rodrigo para cumplir con esos requisitos?
Me metí a Spotify, y rápidamente busqué Sour entre mis álbumes favoritos. Le di play.
La conexión de mi casa últimamente estaba funcionando sumamente mal desde el cambio de empresa, así que tardó un buen tiempo en cargar.
En esos segundos de silencio, creí haber escuchado algo en la planta baja. Parecía ser un ruido metálico, como una cadena, o una llave.
Agudicé mi oído, pero justo entonces Brutal comenzó a reproducirse y se interpuso entre mi concentración y eso que logro inquietarme en tan poco tiempo.
No pasaron ni tres segundos que, por culpa de mi maldito wi-fi, la canción se detuvo y volvió a quedar en cargando.
Fue entonces cuando fui testigo de ese ruido. Si me percataba dos veces de lo mismo, no podía ser mi imaginación.
Saqué los auriculares de mis oídos de un tirón, y el ruido fue aún más claro.
Sin dudas se trataba de unas llaves. Para ser mas especifico, alguien abriendo la puerta de la entrada.
Recordé la hora, y volví a ser consciente del horario de llegada de papá. Él era distribuidor para una empresa reconocida de refrescos, y su turno era desde las cinco de la tarde hasta la una y media de la madrugada. En lo que tomaba el autobús, y todo, llegaba justo ahora.
¡Vaya! Ni cronometrado.
Me acordé también de que me habían invitado a una fiesta en lo de Brenda para el día siguiente, y tenía que pedirle permiso para ir. Entraba a la escuela muy temprano y salía muy tarde como para volver a verlo, así que tenía que preguntarle ahora o nunca.
Me destapé y salí de la cama, dejando mi celular en el bolsillo de mi pantalón corto.
Al mismo tiempo escuché que la puerta de abajo era abierta. Para cuando volvió a cerrarla, yo ya había llegado al picaporte de la de mi cuarto.
Tiré hacia dentro y una oleada de aire frío me invadió. Sin dudas mi remera manga corta y mi short de fútbol no estaban hechos para hacerle frente al invierno.
Puse un pie afuera, y no puedo ocultar que en ese momento me entro algo de duda. ¿Y si papá se enojaba conmigo? Tiene sentido: faltaban solo cuatro horas para que yo tuviera que tomar el autobús al instituto y todavía estaba despierto. Pero papá no era como mamá. Él si era un padre buena onda, y estoy seguro de que luego de su jornada laboral, no querría usar la ínfima energía que le quedaba en regañarme.
Escuche unos pasos secos sobre el piso de cerámicos de la primera planta.
-Vamos, sin miedo, Marcos -me alenté mientras tomaba la confianza suficiente para seguir-. Lo peor que puede pasar es que pregunte por qué sigues despierto.
Atravesé el pasillo completamente a oscuras, preguntándome por que Dios discriminó a los humanos cuando le dio visión nocturna a los gatos, y finalmente llegué a las escaleras.
Me detuve un segundo, considerando la posibilidad de retractarme y dar media vuelta hasta mi cama. No era un miedoso, y menos cuando se trataba de hablar con papá, así que ignoré ese pensamiento cobarde y sin sentido.
Puse un pie en el primer escalón y sin mas titubeo, bajé rápida pero silenciosamente. Lo único que me faltaba era hacer ruido y despertar a mamá. Ella no era para nada piedosa, y no pensaría dos veces en recurrir al poder sobrenatural que sus cuerdas vocales le brindaban al gritar.
Cuando llegué al final, vi una sombra que desaparecía en el giro que llevaba al pasillo. Los pasos también provenían de ahí.
No me pareció para nada extraño que estuviera por ahí. Tal vez estaba dirigiéndose a la cocina, en busca de algunas sobras para recalentar en el microondas.
Apuré mi paso y lo seguí. Continué por el pasillo hasta el fondo, donde estaba la cocina, y me sorprendí al escuchar que los pasos cesaban. Para enrarecer aun mas las cosas, la luz de la cocina estaba apagada. Papá era sigiloso al llegar, pero siempre encendía las luces. Incluso se iba a acostar y solía olvidar apagarlas.
Me detuve en el marco de la puerta, y forcé mi vista para tratar de encontrarlo en la oscuridad.
Microondas, mesa, sillas, isla, encimeras... Pero ni rastro de él.
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Di un salto del susto cuando escuche el vibrador de mi celular.
-Sólo... Sólo es el maldito celular -me tranquilicé, mientras que, con una mano en el pecho, trataba de estabilizar mis latidos.
Respiré profundamente y metí mi mano en el bolsillo de mi short. Saqué el móvil, encendí la pantalla, y como si fuera una especie de coincidencia divina, me di con que era un mensaje de papá. Cuatro, en realidad.
Perri
Ya sé que debes estar durmiendo
Por las dudas igual te aviso que hoy salgo a las tres
Horas extras $$ ya sabes ;)
-¿Qué carajo?
Sentí un escalofrío de pies a cabeza, y mi cuerpo se paralizó por completo.
Cero respiración.
Cero latidos.
Cero pensamientos.
Sólo el mal presentimiento producto de saber que mamá estaba durmiendo y papá haciendo horas extras, pero que aun así, y a pesar de que nadie mas vivía con nosotros, alguien había entrado.
Levanté la vista, y supe que acababa de quedarme sin posibilidades cuando vi una sombra acercándose a mi fugazmente.