Precio a pagar
—Hermano, ¿estás seguro de que sirvió lo que hice? Mírala, está inmóvil, respira apenas. Si ella muere, yo moriré junto a ella... ¿Por qué tenía que recibir la daga de Lilith?
—Tranquilo, Azzael, hicimos todo lo que debíamos. Puedo ver que su alma aún está en su cuerpo. Solo hay que esperar. No sabemos qué poderes tiene la daga de Lilith, y si ella estaba tan segura de que podría asesinarte, es porque es poderosa.
—¿Dónde la tienes?
—La llevé al Edén, donde ninguno de sus engendros pueda tocarla. Gabriel la está estudiando para ver cómo destruirla y qué poderes tiene.
Escucho a mi Azzael junto a Miguel. No puedo moverme, pero los oigo. Siento su mano aferrada a la mía y percibo su desesperación en cada palabra.
—Hermano, ¿alguna novedad? ¿Cómo está Aggy?
—Azzael, dime que despertará mi amiga, por favor.
Siento la llegada de Muriel y Anna. Mi pobre amiga llora desconsoladamente. Tranquila, amiga, estoy aquí, aunque no pueda moverme. Intento con todas mis fuerzas levantar la mano, pero mi cuerpo pesa una tonelada.
—Tranquila, Anna —dice Azzel — Ella aún está con nosotros, pero no sabemos por qué no despierta. Miguel asegura que hicimos todo correctamente. Solo nos queda esperar.
Entonces llega otro ser a la habitación.
—Hermanos, hemos averiguado algo sobre la daga de Lilith.
—Gabriel, ¿qué pudieron descubrir?
—La daga fue forjada en el infierno, en el odio más puro generado por Lilith. Está hecha a partir del grimorio de Neceas, una magia muy antigua. Al estar creada del odio más puro de Lilith, el sacrificio de Agatha por ti, Azzael, logró contrarrestar su magia, evitando que la matara al instante. No hay prueba de amor más grande que el sacrificio. Sin embargo, la daga envenenó su cuerpo y desconectó su alma de su cuerpo. Agatha sigue con nosotros; su cuerpo está sanando gracias a las aguas del Edén, pero su alma está herida. Debes hacer que ella sienta, por primera vez, que la amaste con todo tu ser. No hablo de sexo, sino de amor puro.
«Azzael, amor, estoy aquí. Escúchame, siénteme, por favor. Estoy aquí, pero me siento tan inútil sin poder moverme.»
—Gabriel, ¿alguna idea de cómo puedo hacerlo?
—Según lo que descubrimos, debes unir el mal y el bien y demostrarle tu amor a través de esa unión. No logramos entender completamente a qué se refiere, pero es la única pista que tenemos. Ahora debo volver al paraíso para seguir investigando cómo destruir la daga. Les informaré cualquier novedad.
—Gracias, hermano.
—Azzael, creo que sé cómo despertarla. Vengo enseguida —dice Miguel, saliendo apresurado.
—¿En qué estás pensando? —pregunta Azzael.
—Si me resulta, vendré con compañía.
Siento la mano de Anna apretando la mía.
—Amiga, por favor, despierta. Vuelve a nosotros. Te necesito. Debemos comprar tu vestido de novia, planear tu matrimonio. Por favor, regresa.
Anna, estoy aquí. Te escucho.
—Buenas tardes... —escucho una voz profunda entrando en la habitación.
—Hermano, ¿qué haces aquí?
—Miguel me pidió ayuda. ¿Cómo sigue Agatha?
—Anna —pregunta Muriel en voz baja—, ¿quién es?
—Hermano, quiero presentarte a mi amada. Anna, él es nuestro hermano... Lucifer.
—M-mucho gusto, Anna —dice Lucifer, su voz grave pero amable.
(Qué impactante debe ser tener al mismísimo Lucifer en la habitación... ¿Qué hace aquí?)
—Hermano, no entiendo para qué Miguel te quiere aquí.
—Él tiene una idea. Y como, de cierta manera, esto es mi culpa, vine a ayudar.
Miguel regresa.
—Creo que esto puede funcionar —dice, tomando su espada y extendiendo la mano hacia Lucifer—. Hermano, necesito tu espada un momento.
—¿Qué estás planeando? —pregunta Lucifer, receloso. Miguel no responde y se dirige a Azzael:
—Hermano, ¿recuerdas algún momento en que le demostraras a Agatha tu amor, dejando tus necesidades de lado?
—No sé... ¿cuando le llevaba comida?
—No, eso hasta yo lo he hecho.
Azzael reflexiona y entonces recuerda:
—Lo tengo. Una vez, llegamos muy cansados y le prometí hacerle el amor, pero al verla agotada la metí en la tina, le di un masaje y la ayudé a descansar.
—¡Eso es! —exclama Miguel—. Llenaremos la tina con agua tibia. Dejaré mi espada y la de Lucifer en ella. El mal y el bien unidos: la esencia del primer caído y del ángel de las huestes de Dios. También verteré unas gotas del agua del Edén. ¿Lucifer, estás de acuerdo?
—Intentémoslo —responde él, decidido.
Azzael corre al baño y empieza a llenar el jacuzzi, mientras Miguel y Lucifer colocan sus espadas dentro. Miguel añade dos gotas del agua sagrada. Anna, Muriel, Miguel y Lucifer salen de la habitación, dejándonos a solas.
Siento el roce de un beso en mis labios y la súplica de Azzael:
—Por favor, amor, vuelve a mí. Despierta.
Me toma en brazos y se sumerge conmigo en el agua tibia. Siento el agua envolviéndonos. Él pasa una esponja por mi rostro, mis brazos, mientras me suplica una y otra vez. Me sumerge por unos segundos... ¡Y entonces lo siento! Mi cuerpo reacciona, mi alma vibra, puedo moverme, puedo sentirlo. Correspondí a su beso desesperado, abriendo los ojos para encontrarme con los suyos, esos hermosos ojos azules.
—¡Agatha! ¡Mi amor, estás de vuelta!
Puedo ver cómo las lágrimas corren por sus mejillas.
—Hola, amor. Siempre he estado aquí —le susurro, acariciando su rostro.
Me besa de nuevo, con desesperación, y me abraza contra su cuerpo con tanta fuerza que apenas puedo respirar. Llora, solloza entre susurros:
—Pensé que te había perdido. Morí un poco cada día que no estabas conmigo, amor. Sentí que me arrancaban el alma a pedazos. Por favor, nunca más hagas algo así...
—Ya estoy aquí, amor.
Azzael me carga en sus brazos y me lleva de regreso al dormitorio, donde todos nos esperan. Me siento especial: tengo al arcángel Miguel y al mismísimo príncipe de la oscuridad en mi casa.
Azzael me ayuda a secarme y a ponerme una bata. Caminando con dificultad, abrazada a él, salgo hacia la sala.
—¡¡¡Agathaaaa!!! —grita Anna, llorando—. ¡Amigaaa, pensé que te perdíamos!
Anna me abraza fuerte. Luego Muriel, sonriendo, comenta:
—Mandona, nos diste el susto de nuestras vidas. ¿Quién nos iba a ordenar ahora? Estoy tan feliz de tenerte de vuelta.
—Gracias a todos —digo conmovida.
Veo a Miguel junto a Lucifer, luz y oscuridad juntos. Miguel, impecable en su traje blanco, y Lucifer, majestuoso en su atuendo oscuro. Ahora que puedo observarlo bien, noto su imponente belleza: cuerpo fornido, ojos color miel, cabello negr0 azabache que cae hasta sus hombros, rodeado de un aura oscura que contrasta con la luz pura de Miguel.
—Muchas gracias, Lucifer. Es un honor que hayas subido solo para ayudarme —digo con sinceridad.
—Tranquila, pequeña. Siempre estoy dispuesto a ayudar... solo que nunca me piden ayuda. El fan club de mi padre ha hecho que tenga muy mala fama entre ustedes.
Sonrío.
—Me imagino que sí. De todas maneras, gracias.
—Miguel, gracias también. Sé que fue tu idea.
—Era lo menos que podía hacer. Tu joya está a salvo —dice, mirando a Azzael.
Lucifer y Miguel van al baño a recuperar sus espadas.
—Debo volver al infierno. Espero que te recuperes pronto, Agatha —dice Lucifer—. Azzael, te concedo un tiempo para quedarte con ella, pero no demasiado largo. Debes volver a cumplir tus obligaciones.
—Gracias, hermano. Volveremos pronto.
—Y averigua qué quiere nuestro padre a cambio de devolverte las alas —añade Lucifer antes de partir—. Él nunca hace nada gratis.
—Lo averiguaré —dice Azzael, mirándome con amor—. Pero no me importa el precio. Mi princesa está conmigo.
Lucifer y Miguel abren un portal y desaparecen.
—Bueno —dice Anna—, es hora de descansar. Muriel, vamos a casa. Dejemos a los chicos solos.
Anna me abraza fuerte:
—Amiga, estoy tan feliz de tenerte de vuelta. Te adoro.
—Mandona, descansa —dice Muriel con cariño.
—Gracias chicos.
Me quedo a solas con Azzael. Me carga en brazos y me lleva a la cama.
—Amor, debes descansar. Iré a buscarte una sopa. Hace una semana que no comes nada.
—¿Una semana? ¿Tanto pasó?
—Así es. Cada día sentía que moría un poco más sin ti. Pero ya estás conmigo —me susurra, besándome suavemente.
Me quedo recostada, mientras mi ángel baja a buscar algo para alimentarme.