GABRIELA Abrí los ojos temprano. Miré la habitación como todos los días al levantarme. Miré la cama que tenía al otro lado del cuarto y suspiré cuando vi a Valeria dormida. Me senté en el cartón donde había dormido estos días y me crucé de brazos. Y nuevamente volví a sentir pequeñas lágrimas cayendo por mi mejilla. Dejé de contar los días después de la visita de Angie, dejé de pedir ayuda, dejé de comer, dejé de dirigirle la palabra a Valeria. Y, sobre todo, dejé, con todas mis fuerzas de pensar en mi familia. Era complicado, demasiado, pero corría hacía la pequeña ventana a mirar a las personas que iban y venían de aquí por allá. A observar las pinturas que había en algunas paredes. Estábamos en un edifico super alto, de esos que siempre se ven en las pelis, con diseños antiguos. Es

