- Oye Antuant ¿Qué demonios significa esto? – Cuestionó un hombre de aproximadamente unos cuarenta años.
Tenía barba, usaba ropas andrajosas por debajo de lo que parecía una armadura hecha de cuero y metal y tenía el cabello largo hasta los hombros. Las arrugas en su frente demostraban el estrés y el cansancio que había acumulado durante toda su vida como guerrero. Todos esos días cubiertos de obscuridad sin poder dormir, haciendo vigilancia para proteger a su especie en peligro de extinción por culpa de las criaturas de la noche que constantemente buscaban comida y los humanos eran su mayor fuente de alimentación.
Sobre su espalda descansaba una enorme espada larga que fácilmente debía pesar unos diez kilos. Lo suficientemente pesada como para tener que blandirla con ambas manos y con una firmeza bastante necesaria para no fallar. Sus ojos mostraban un claro desprecio hacia Virgeel, a quién ya había visto en acción después de aquella incursión a la madriguera, en la que el aparentemente joven hombre lobo, acabó por su cuenta con casi todos los enemigos que se encontraron.
- Gabriel… escucha… sé lo que parece, pero…
- Esto es una locura Antuant, ese tipo es peligroso – despotricó el hombre que respondía al nombre de Gabriel.
Mientras tanto, Virgeel simplemente esbozó una sonrisa burlesca y observó en silencio aquella disputa provocada por su presencia, que, si bien estaban mostrando un claro desprecio, aquello no iba a ser motivo para retractarse de su decisión de ayudarlos. Después de todo, había aceptado ser aliado de Antuant, pero nunca dijo nada sobre ser aliado de la resistencia humana como tal.
- Lo necesitamos Gabriel…
- No podemos necesitar a algo tan peligroso como ese sujeto – replicó el hombre – ¿Acaso estás loco? ¿Quieres matarnos a todos? Te damos nuestra confianza y ponemos nuestras esperanzas, el futuro de nuestra especie, de nuestras familias, en tus manos ¿Y así es como nos pagas?
- Esto es inaceptable – dijo otro hombre un poco mas joven que Gabriel. Este era rubio igual que Antuant, tenía los ojos azulados, la tez muy blanca y su mejilla derecha tenía una enorme cicatriz con la forma de unas garras. La cicatriz se extendía desde la punta de su sien, rozando ligeramente la punta del parpado, has cortar la punta del labio superior y atravesar un tercio de su labio inferior, acabando en la punta de su mentón, al mismo tiempo que pasaba por la mitad de su oreja, dejando claro que aquella herida pudo ser mortal – Gabriel tiene razón Antuant. No lo entiendo ¿Cómo se te ocurre traer a ese tipo aquí? ¿Acaso olvidaste lo que pasó en la madriguera? ¿No viste lo que hizo? ¿No sabes lo que es capaz de hacer?
- Por supuesto que sé lo que es capaz de hacer, Jakob. Jamás podría olvidar lo que vimos en esa madriguera… es precisamente por esa razón que lo he traído.
- Como miembros lideres del consejo de guerra de la resistencia humana, no podemos aceptar esto, Antuant – le dijo otro hombre de un aspecto barbárico. Tenía toda la pinta de un vikingo, y a diferencia de los demás, de este no se podría calcular su edad, ya que su rostro estaba lleno de cicatrices que apenas hacían visibles sus facciones.
- Yo soy el líder de esta resistencia, Ludo – replicó Antuant.
- Eres el líder porque nosotros lo decidimos así – replicó otro hombre, esta vez era un pelirrojo que parecía mucho más joven que los demás, pero Virgeel notó que era mucho más fuerte que la mayoría de los presentes. Tal vez incluso era más fuerte que Antuant.
Tenía los ojos azules, pecas alrededor de su rostro y ninguna parte de su cuerpo parecía haber recibido heridas, pero se notaba en el tiempo que llevaba combatiendo, ya que usaba una camiseta sin mangas, ceñida a su torso, dejando ver los músculos marcados y prominentes que tenía pese a poseer un cuerpo esbelto. Era alto. De aproximadamente un metro ochenta, y sus brazos estaban lejos de ser exuberantes en cuanto a musculatura, pero también estaban lejos de ser delgados. En su lugar, tenían la cantidad justa y necesaria de masa muscular que haría que un cuerpo tan esbelto como ese, tuviera una apariencia musculosa y experimentada.
Se notaba en sus brazos, la fuerza que estos tenían y la experiencia en el manejo de armas. Virgeel podía ver su aura claramente y darse cuenta que este tipo nunca había sido herido en una pelea. Y había dos opciones para explicar esto. La primera proponía que tal vez era demasiado fuerte como para que alguien pudiera herirlo, y la segundo era un poco más lógica para Virgeel. Lo más probable era que había tenido la suerte de no encontrarse con un oponente mucho más fuerte que él, porque, si incluso Virgeel, tenía problemas para enfrentarse a un señor de la guerra, entonces un mestizo en teoría debería tenerla incluso más difícil. Virgeel sabía que ese tipo no era más fuerte que él, pero también sabía que no debía ser subestimado.
- Lucien tiene razón… eres un idiota engreído si osas usar la autoridad que te dimos como líder de nuestra resistencia, para oponerte al consejo que te dio tal autoridad.
En este caso, el hombre que hablaba, más o menos de la edad de Antuant, pero se veía mucho más demacrado. Tenía una cicatriz que atravesaba totalmente su ojo izquierdo, lo cual significaba que era prácticamente tuerto. Además, su pierna derecha tenía una prótesis de la rodilla hacía abajo. Su cabello era n***o opaco y sus ojos eran color café.
- Me dieron autoridad para tomar decisiones, Kraven. Me dieron autoridad para dirigir al ejercito de la resistencia humana… ¿De qué sirvió darme esa autoridad si iban a desconfiar de mi en un momento como este?
- Es cierto que te dimos autoridad y te convertimos en nuestro líder porque confiábamos en ti y en que nos llevarías a incontables victorias – dijo el sexto hombre. Este tenía un aspecto más diplomático. Cabello castaño, rostro ligeramente cuadrado, ojos grandes de color miel, con rasgos muy gentiles, como si nunca hubiera sido parte de la guerra, pero sus brazos, los cuales llevaba descubiertos, al usar una camiseta sin mangas, dejaban ver una incontable cantidad de cicatrices de garras – perdimos a uno de los consejeros en la última batalla, y todos llegamos a la conclusión que fue por culpa de ese sujeto… es cierto que te convertimos en nuestro líder y que confiamos en ti, pero no debes olvidar que el consejo de guerra existe para cambiar las tornas si los miembros del consejo consideran que la decisión del líder es la equivocado.
- Jonathan tiene razón – dijo otro hombre. Este al igual que el pelirrojo, se veía terriblemente fuerte. Aunque a diferencia del otro, él si tenía una que otra cicatriz en su cuerpo – el consejo fue creado para no darle autoridad absoluta al líder de la resistencia. Fundamos este consejo para evitar que el líder cometiera un error.
- Si en algún momento el líder de la resistencia tomara una decisión que nos pondrá en peligro a todos, nuestro deber como miembros lideres del consejo de guerra, es hacer una votación y cambiar a quién esté dando las ordenes por la persona más sensata en la sala.
- Albert… Rupert… ¿Acaso hay alguien en este consejo de guerra, que sea más sensato que yo?
- Si no lo hay, entonces encontraremos a alguien que lo sea – dijo el último hombre. Este era de piel morena, mucho más grande que todos los demás. Se notaba que tenía una fuerza descomunal.
Debía medir al menos un metro noventa. Sus ojos eran color café. Sus brazos estaban llenos de músculos tan enormes que ni siquiera se podía distinguir entre lo que era musculo y lo que eran cicatrices de las heridas recibidas en la guerra. Llevaba su torso desnudo, dejando ver la increíble capa de gruesa musculatura que tenía, digna de un gran fisicoculturista, y pese a lo grande que era, se notaba que no le faltaba agilidad para moverse y pelear.
Este último hombre era, quizá, junto con Antuant y el pelirrojo, uno de los miembros más fuertes y experimentados en combate de este grupo de lideres del consejo de guerra.
- ¡Brown! ¿Tú también?
- Lo siento muchacho, pero ya oíste a todos los demás… culpamos a ese sujeto de la muerte de Thorfin… él era sin lugar a dudas uno de las más fuertes entre todos nosotros… sería inconcebible que muriera peleando en una madriguera como esa, pero todo fue porque ese sujeto se adelantó e hizo las cosas por su cuenta… la razón por la que hemos logrado golpes tan exitosos, sin perder a ninguno de nuestros miembros, en más de quince años, ha sido gracias a nuestro trabajo en equipo. Ese tipo es un solitario. No sabe lo que significa el trabajo en equipo. No sabe lo que significa la camaradería ni entiende que hay más vidas en riesgo que solo la suya. A él solo le importa su propia vida y sus deseos de venganza… ¿No te diste cuenta acaso? Estaba peleando con ese señor de la guerra y lo único que despotricaba era un deseo de venganza hacia un señor de la guerra que se cree que es una leyenda.
- Yo…
- Muy bien Antuant… tranquilo… ya dijiste todo lo que tenías que decir – dijo Virgeel, finalmente rompiendo su silencio y uniéndose a la conversación con una sonrisa muy tranquila – ya va siendo hora de que yo hable… ¡¿Saben?! Suelo ser terriblemente impulsivo cuando se trata de pelear. Me gusta masacrar a mis enemigos… hacer que sientan el terror que mi familia y yo sentimos cuando nuestra ciudad fue destruida por los vampiros. Hacer que sientan el terror que mis hombres, y yo sentimos cuando fuimos traicionados por Ludovolk… en esa clase de situaciones en las que tengo la oportunidad de darles una cucharada de su propia medicina a esas despreciables criaturas, me resulta casi imposible contenerme y ser paciente porque a fin de cuentas, no veo otra cosa mejor que hacer, que enseñarles y hacerles pagar por el terrible error que cometieron al arrebatarme todo lo que tenía, convertirme en un monstruo, y dejarme con vida… siento que el destino permitió que yo viviese para convertirme en la peor pesadilla de las pesadillas que azotan nuestro mundo… pero… cuando se trata de ustedes, humanos insignificantes… me es muy difícil perder la paciencia y la cordura y ser impulsivo… no hay manera posible en que ustedes me provoquen con sus palabras. No importa lo que digan, no me importa cuanto digan que es mi culpa que uno de los suyos haya muerto, e incluso no me importa cuanto me demuestren el desprecio que sienten hacia mi por ser lo que soy. Han pasado más de cien años desde que Ludovolk me mordió… si, cualquiera pensaría que tengo solo veintitantos años, pero la verdad es que he vivido por mucho más tiempo que cualquiera de ustedes. He aprendido a lidiar con el desprecio de la humanidad. Literalmente era una leyenda para ustedes hasta que me les aparecí con deseos de formar parte de su incursión a esa madriguera, y no quise formar parte de ello para ayudarlos… si creyeron eso, entonces fueron unos ingenuos. Lo hice porque efectivamente, deseo vengarme de Ludovolk. Deseo hacerle pagar y sufrir por convertirme en un monstruo y dejarme con vida. Él tiene que pagar el precio por su error – la sonrisa en su rostro se volvió siniestra de repente y todos sintieron un aura asesina envolviendo aquella sala del consejo de guerra – le dije a Antuant que no quería ser su aliado… pero efectivamente tampoco somos enemigos, lo que nos deja con una sola cosa. Ustedes tienen algo que yo necesito. Tienen información sobre las madrigueras y los aquelarres. Información que yo necesito para encontrar a Ludovolk y a Voltar, y yo tengo algo que ustedes necesitan. Tengo el poder para derrotar a cualquier señor de la guerra que se pare en frente de mí. Pero hay un solo problema. Nuestra alianza jamás será posible si ustedes no dejan de lado su estúpido orgullo y bajan la cabeza en humillación para aceptar que necesitan mi poder para vencer. Pero están tan ensimismados viéndome como una amenaza, que justo ahora eso es imposible para ustedes… y es una pena, porque incluso su querida segunda al mando, ya se humilló y agachó la cabeza para aceptar que me necesitan… ella lo entiende, entiende lo que se tiene que hacer y cuando se debe hacer, pero… ¿Lo entienden ustedes? Me parece que no… antes le estaban diciendo a Antuant que creían que su decisión era peligrosa para todos ustedes y que, por esa razón, siendo el consejo que tiene la autoridad para quitarle el liderazgo que ustedes mismos le dieron, tomarán la difícil decisión de darle su lugar a otra persona que sea lo suficientemente sensata, y cuando les preguntó si había alguien así entre ustedes, lo único que pudieron responder, fue que encontrarían a alguien. Lo que significa que saben perfectamente que, entre ustedes, no hay nadie más sensato que este hombre de aquí… eso solo me deja con una conclusión. Esto es un tema de orgullo y hombría. Lo que en realidad es bastante estúpido. Es cierto que soy peligroso. Soy incontrolable, soy indomable y no me gusta trabajar en equipo porque soy un lobo solitario. Llevo más de cien años por mi cuenta, esperando el momento para salir de las sombras y hacerles la guerra a esas despreciables criaturas. Cien años observando a la humanidad, a los Lycans y a los vampiros por igual. Aprendiendo de sus guerras, de sus formas de pelear, aprendiendo de sus estrategias y adquiriendo experiencias para ponerlas en practica cuando sea mi turno de pelear… en esta sala, en este momento, solo hay un hombre más sensato que Antuant, para hacerle la guerra a los Lycans y a los vampiros, y aunque les duela admitirlo, ese hombre soy yo… por mi cuenta, si quisiera, podría acabar con un aquelarre entero, sin necesitar la ayuda de ninguno de ustedes… solo tendrían que darme la información que necesito, y se acabaría. No tendrían que pelear, no tendrían que arriesgar sus vidas y no tendrían que morir como lo hizo su compañero en la anterior batalla… déjenme decirles una cosa… si su compañero murió en esa batalla, no fue por mi culpa. Mi incursión individual no tiene nada que ver con los resultados negativos de su incursión en equipo… si no me equivoco, acabé con la mayor parte de las fuerzas de esa madriguera por mi cuenta. Lo único que ustedes necesitaban hacer, era limpiar los restos de mi desastre, y si les fue mal llevando a cabo una tarea tan sencilla, entonces quiere decir que el problema radica realmente en ustedes. Quiere decir que ustedes son los débiles y lamentándolo mucho, los débiles siempre mueren.
- ¡Imbécil! ¿Te atreves a decir que…?
- Quieto, quieto, querido Brown – canturreo Virgeel con una sonrisa de burla de nuevo – eres un tipo muy rudo, eso se nota. Eres fácilmente el más fuerte de todos los que están aquí, incluido Antuant, pero… ¿Eres más fuerte que yo? Tal vez si, tal vez no. No lo sé. Sería muy interesante y divertido descubrirlo. En todo caso, si decidiéramos hacerlo, uno de los dos acabaría muerto inevitablemente… eso no sería sensato, porque en el peor de los casos para ustedes, y estoy casi seguro que así es como será, tu serías quien acabe muriendo. Yo soy la representación de la guerra misma y estoy aquí para traer muerte a todo aquel que considere como mi enemigo… entonces, por ahora, solo considero a los Lycans y vampiros como mis enemigos, pero… ¿Les gustaría a ustedes poder unirse a este grupo tan selecto y especial? ¿En verdad tienen las agallas? Tal vez si lo intentan entre tu, Antuant, el pelirrojo y el otro tipo, físicamente parecido a él, y solo tal vez así, tendrían una oportunidad de ganar, pero les aseguro que perderían fuerzas muy importantes para su resistencia. Uno o dos de ustedes morirán, aun en el supuesto caso que pudieran matarme… entonces… dicho eso, solo me queda esperar a saber la respuesta que tienen para darme. No me molestaría ser su enemigo. A fin de cuentas, no es como si hubiera una gran diferencia. No es como si cambiara lo que tengo y lo que voy a hacer… como dije antes, para los humanos soy excesivamente paciente ¿Saben por qué? ¡Exacto! Porque ustedes no son mis enemigos… solo pierdo la paciencia y los estribos ante mis enemigos, así que, si gustan serlo, entonces con todo gusto perderé toda paciencia y me dejaré provocar por sus despectivas palabras y actitudes para traerles la muerte a todos ustedes, así que, ¿Qué dicen?
- No hay ninguna necesidad de llegar a esos extremos – dijo Antuant – miren… ya me arriesgué una vez confiando en él y obtuvimos un resultado que jamás hubiera imaginado. Es cierto que Thorfin murió, y eso resulta trágico para nosotros, pero él tiene razón. Si Thorfin murió, fue porque somos débiles. Su muerte es nuestra culpa. Fue nuestro trabajo en equipo lo que falló y no por culpa de Virgeel. Él tiene razón. Si no pudimos hacer algo tan simple como limpiar los restos de su desastre, sin perder a ninguno de los nuestros, entonces ¿Cómo se supone que pretendemos sobrevivir por nuestra cuenta a las próximas incursiones? Considerando que, si él no va con nosotros, entonces tendremos enfrentarnos a una fuerza que muy probablemente nos supere la mayor parte del tiempo en que estemos peleando por la paz y la libertad. Es ingenuo de nuestra parte pensar que podemos seguir como hasta ahora y lograr lo mismo que logramos en la última incursión. Si realmente queremos lograr un cambio, entonces tenemos que aceptar que necesitamos una mayor fuerza de nuestro lado… ¿Alguno de ustedes tiene una fuerza así? Porque si la tienen, entonces podemos prescindir de Virgeel, pero si no la tienen, entonces no nos queda una mejor opción que esta… por eso, me la voy a jugar toda, y apostaré todo a la fuerza de este hombre que claramente representa un peligro para todos, asumiendo la responsabilidad por cualquiera de sus actos, y asumiendo que, si en algún momento, se convierte en una amenaza de muerte, que amenace nuestros ideales y el futuro por el que peleamos, entonces yo mismo tomaré represalias y asumiré las consecuencias.
- ¿Eres consciente de lo que estás diciendo no, Antuant? – Preguntó Brown y él asintió. Entonces el hombre miró a los demás miembros del consejo, que permanecían en silencio con una mirada de consternación y luego asintió – está bien Antuant… digamos que, por ahora, confiaré en tu plan y en tu buen juicio para entender en lo que te estás metiendo.
- ¿Estás loco Brown? No podemos aceptar esto – insistió Gabriel.
- Por mucho que cueste admitirlo… ambos tienen razón – replicó Brown con una voz muy tranquila mientras miraba hacia el suelo – hemos sido muy ingenuos… por eso… quienes estén de acuerdo en permitir esta decisión de nuestro líder, levanten su mano derecha con un pulgar arriba. Y quienes no estén de acuerdo, levanten su mano derecha con un pulgar abajo.
Jonathan, Rupert, Gabriel, Ludo y Kraven, mantuvieron su mano con un pulgar abajo, y Brown, Lucien, Albert, Jakob y Samantha, mantuvieron la mano con el pulgar arriba.
- Muy bien… la mitad del consejo aprueba la moción de nuestro líder, lo que significa que somos seis personas a favor de esta moción, ya que el voto de nuestro líder también cuenta. Eso quiere decir que, desde hoy, este hombre, Virgeel Krovax, se une a nuestras filas, y lo que suceda con él a partir de ahora, será responsabilidad, única y exclusivamente de Antuant… él asumirá las consecuencias de los resultados de esta decisión que él mismo ha traído al consejo. No tenemos nada más que decir.
- Ustedes… no saben con lo que se están metiendo… están jugando con fuerzas que no comprenden – dijo Gabriel muy enojado.
- ¿Entonces comprendes que poseo una fuerza diferente a la de ustedes? ¡Que bien! – Dijo Virgeel con una sonrisa – tienes razón… poseo una fuerza que ustedes no comprenden y no necesitan hacerlo… nadie está jugando y si piensas de esa manera, entonces quizá el verdadero problema de este consejo, eres tú.
- ¿Qué dijiste? – Cuestionó él de nuevo, desenfundando su espada para atacarlo.
- Ya basta Gabriel – exigió Antuant – lo que estás a punto de hacer significaría una patada en tu trasero fuera del consejo… si atacas a Virgeel, ya no solo estarías atacando al hombre que consideras un peligro. Estarías atacando a nuestro aliado más poderoso y además al nuevo m*****o del consejo de guerra… entiende que, al aceptar la alianza con él, lo hemos aceptado como uno de nosotros.
- Jamás será uno de nosotros.
- Entonces puedes largarte si quieres y dejarnos hacer nuestro trabajo – replicó Antuant en tono enojado y todos lo miraron muy sorprendidos. En especial Gabriel – ya me harté… la decisión está tomada… si alguna vez confiaste en mí, entonces para ya con esto de una buena vez, y si no, entonces vete al maldito infierno, imbécil… esto no se trata de ti, ni de mí, ni del odio que podamos sentir, o incluso de lo que consideremos correcto o incorrecto. Esto se trata de hacer lo necesario por el futuro que deseamos y muchas veces lo necesario no será lo mismo que hacer lo correcto.
- Vaya… parece que alguien acaba de mostrar los colmillos – susurró Virgeel junto a Samantha y ella lo fulminó con la mirada.
- Cállate… idiota ¿Qué podrías saber tu sobre Antuant?
- Es cierto… no sé nada sobre él, pero hay que se sobre todo el mundo en general… todos mostraremos los colmillos en cualquier momento. solo es cuestión de tiempo para que la ira aflore y la diplomacia se acabe… cuando tienes autoridad, tienes dos opciones. O eres diplomático, o eres un tirano. La primera puede funcionar hasta que te hacen perder la paciencia y te obligan a imponerte. La segunda funciona siempre, pero te ganas el odio y el desprecio de las personas, provocando que en algún momento sea absolutamente seguro que te apuñalen por la espalda. Antuant no es la excepción a ninguna de estas reglas… intentará hacerlo lo mejor posible para no tener que imponerse, pero eventualmente lo obligaran a hacerlo y entonces mostrará sus colmillos. Ya te lo dije… llevo mucho tiempo observando a los humanos, a los Lycans y a los vampiros por igual. Esta regla se cumple con cualquiera de las tres especies y de cualquiera de las dos formas.
- Eres insoportable y terriblemente detestable – le dijo ella con una mirada molesta y de fastidio.
- Gracias, es un cumplido muy lindo.
- No era un cumplido, idiota.
- Ya lo sé, pero tus palabras no pueden herirme, niña – ella gruñó, haciendo una pataleta, para luego alejarse de él y colocarse detrás de Antuant para tranquilizarlo, mientras todos los demás permanecían en absoluto silencio – ¿Y bien caballeros? Y dama, por supuesto ¿Cuál es nuestra próxima jugada?
Todos los miraron con un dejo de desprecio bastante notable y él sonrió con alevosía.
- Hay un aquelarre enorme a la mitad del camino que lleva a Mánchester – dijo Brown – se dice que es uno de los tres aquelarres más grandes de toda Bretaña. Según nuestra información, el aquelarre se compone de un enorme castillo que fácilmente es del tamaño de nuestra fortaleza. Además de eso, los patios exteriores del castillo están protegidos por muros mucho más altos que los nuestros. Las defensas son prácticamente impenetrables si no tenemos un plan adecuado y el mayor problema son los alrededores del muro que separa al castillo y sus patios exteriores, del resto del terreno. Al parecer hay otros cinco muros que deben ser superados antes de llegar a los muros del castillo. Todos están bien protegidos y vigilados por vampiros en todo momento. las plazas desde la uno hasta la cinco, están repletas de vampiros subordinados. El verdadero problema radica en entrara a la plaza uno y salir de la plaza cinco para llegar a los jardines exteriores del castillo, ya que la plaza uno está protegido por una muralla repleta de armas y explosivos de largo alcance que harán muy difícil que podamos acercarnos, además del hecho que aparentemente hay una alarma inevitable que se activará en cuanto pongamos un pie en el perímetro. Luego, en la plaza cinco, se dice que hay cuatro señores vampiros. Uno por cada entrada a los jardines exteriores.
- Nuestra verdadera preocupación debería ser dejar que Virgeel atraviese hasta los jardines exteriores – dijo Antuant – si él consigue atravesar hacia los jardines exteriores, entonces el resto será pan comido. Nuestro mayor problema serán los señores vampiros de la quinta plaza y los señores vampiros de los jardines exteriores. Esta parte del castillo está repleta de esta clase de vampiros. Son mucho más fuertes y mucho más rápidos, pero para él no serán mucho problema. Seguro podrá pasar de ellos… el verdadero desafío será en el interior del castillo y llegar hasta la cúpula del señor de la guerra.
- ¿Qué se supone que hay en el interior del castillo? – Pregunto Virgeel con una mirada de consternación y curiosidad.
- La clase más fuerte de vampiros antes de llegar a un señor de la guerra – dijo Lucien – ya me he enfrentado a dos o tres de estos antes. Son difíciles de vencer, por no decir que es casi imposible… aunque, con mis habilidades, fui capaz de salir ileso y aun así me costó muchísimo trabajo para derrotarlos… los metamorfos son cinco veces más fuertes y rápidos que los señores vampiros. También son llamados, Príncipes vampiros. Porque son considerados hijos del rey de los vampiros… lo único que los diferencia de un señor de la guerra, es la fuerza que estos poseen, la cual es dos o tres veces mayor a la de un príncipe.
- ¿Puedo preguntar cómo fue posible que salieras de combates como ese sin ninguna herida? – Dijo Virgeel.
- Lo siento, pero me temo que algo que no puedo explicarte… no sabría cómo – le dijo él – he recibido heridas graves en batalla… el hecho que veas mi cuerpo carente de cicatrices, no significa que nunca haya estado al borde de la muerte, pero tengo una capacidad regenerativa bastante increíble… por mucho que me hieran, jamás me quedarán cicatrices. Eso si consigo sobrevivir.
- Ciertamente eres un tipo muy extraño – dijo Virgeel – me queda claro que eres más fuerte de lo que había intuido.
- En términos de habilidad en combate, podrías decir que Lucien es el más fuerte de nosotros – dijo Antuant – nadie es tan bueno peleando como él… pero si hablamos de la agrupación de fuerza y destreza en combate, entonces nadie supera a Brown… su habilidad en combate es bastante similar y rivaliza con la de Lucien, pero su fuerza le hace estar por encima de él con mucha facilidad. Brown es de los pocos que ha conseguido la proeza de eliminar a un señor de la guerra de ambos bandos.
- Entonces era cierto… eres el de los rumores que oí – dijo Virgeel – te llaman el Oso ¿No es así? Un hombre alto, de piel morena, con una fuerza tremenda y una destreza inigualable. Había oído rumores que decían que eras capaz de ganarle a un señor de la guerra de cualquier bando, fuera Lycan o vampiro… dicen que tu masa muscular y tu altura aumentan hasta ser un poco más alto que un señor de la guerra Lycan, y que aun con toda esa masa, no pierdes agilidad.
- Hay mucho más que Brown puede hacer de lo que has escuchado – dijo Samantha con orgullo.
- ¿Ah sí? Pareces muy orgullosa afirmando eso… sobre todo teniendo en cuenta que de todos los que están aquí… tu eres la guerrera menos conocida. Nadie sabe mucho sobre ti o tus habilidades en combate, pero yo puedo oler la sangre de más señores de la guerra de los que ha matado Brown, en tus manos… ¿Me explicas por qué?
- No estamos hablando de las habilidades y destrezas de nuestros compañeros del consejo – dijo Brown – estamos hablando sobre cómo acabaremos con un aquelarre tan grande… concéntrate.
- Está bien, está bien… no creas que se me olvidará, niña… por ahora, el verdadero problema parece ser que radica en nuestros números – dijo Virgeel y todos lo miraron confundidos – miren… yo puedo atravesar por mi cuenta las cinco plazas y llegar hasta los jardines exteriores del castillo. También puedo arrasar con los señores vampiros hasta llegar al interior del castillo, y finalmente puedo acabar con tantos príncipes vampiros como se me atraviesen, pero eventualmente mis fuerzas y energías se agotarán… soy poderoso, pero mi poder no es ilimitado… sin embargo, aun estando agotado, puedo garantizar que le cortaré la cabeza al señor de la guerra, pero sería poco practico para nuestros fines si tuviera que enfrentarme a él con mis fuerzas tan agotadas. Aunque pudiera garantizar la victoria, la batalla se extendería más de lo necesario y eso solo nos causaría problemas.
- ¿Qué es lo que sugieres entonces? – Preguntó Antuant mientras todos lo miraban.