- Según tu ¿Cuál es el mejor plan que se te puede ocurrir para llegar a lo que queremos? – Preguntó Brown.
- Eso es sencillo… la guerra se hace con inteligencia, querido amigo mío… más de cien años conviviendo con un hombre como el Artesano, te ayudan a comprenderlo. Si quieres vences a tu enemigo, necesitas ser más inteligente que él para saber usar los números que posees… es evidente que nuestro enemigo es mucho más numeroso que nosotros, al igual que es evidente que esperen un ataque con un gran número de guerreros… eso solo nos deja con una cosa. El elemento sorpresa.
- ¿Qué elemento sorpresa? – Preguntó Antuant, ya que ni siquiera él podía imaginar lo que Virgeel estaba pensando.
- El elemento sorpresa sería un ataque con el menor número de guerreros posible.
- ¿Estás loco? Moriríamos en cuestión de minutos – dijo Gabriel.
- Minutos es todo lo que necesitamos. Esta batalla no debe alargarse más de veinte minutos. Si eso sucede, significa que los señores y los príncipes vampiros, nos están reteniendo y no nos permiten llegar al señor de la guerra – dijo Virgeel – pero, por otro lado, si el señor de la guerra cae pronto, el enemigo se rendirá al ver que hay alguien entre nosotros, capaz de una proeza como esa. Ellos no esperan que podamos vencer a su líder, así que, verlo derrotado, será una quiebre para la moral de sus guerreros.
- No veo cómo nos ayudaría ir con la menor cantidad de guerreros – dijo Lucien.
- Ese es exactamente el problema… no son capaces de aprovechar cosas tan simples como esta – replicó Virgeel y todos lo miraron enojados – les haré una pregunta… ¿Qué harían ustedes si supieran que al menos unos cien vampiros atacarán esta fortaleza? Teniendo esa información, seguro que se prepararían ¿No es así? Los esperarían con todo listo para contrarrestarlo. Tendrían una mayor cantidad de guerreros esperándolos para superarlos en número… ahora, consideren que los vampiros comunes son dos veces más fuertes que un humano estándar. Dicho eso, se necesitarían de dos hombres como mínimo para vencer a un solo vampiro. Eso significa que si quisieran asegurar que sus hombres no morirán en la batalla y defenderán con éxito la fortaleza, querrían tener el doble de hombres necesarios para acabar con un solo vampiro. Lo cual significaría que, para enfrentarse a cien de ellos, lo harían con cuatrocientos guerreros… ¿No es así? Pero consideremos que no estamos tomando en cuenta a los señores y a los príncipes vampiros. Ellos son mucho más poderosos. Dicho eso, si de los cien vampiros, veinte de ellos son señores, y otros diez son príncipes, y probablemente haya un señor de la guerra con ellos, entonces la ventaja numérica que tienen se vería reducida en gran manera y ahora estarían equiparados en cuanto a fuerza. Incluso, quizá, con la presencia de un señor de la guerra, las tornas cambiarían a favor del enemigo. Ahora, tomando todo esto en cuenta, imaginen un escenario en el que conocemos el número exacto de señores y príncipes vampiros, así como el número exacto de vampiros comunes… lo más lógico sería duplicar tanto como podamos nuestras fuerzas para equipararnos a ellos e incluso superarlos. Por otro lado, eso significaría poner en riesgo las vidas de muchos más hombres, pero… si conociendo la cantidad exacta de vampiros, en lugar de llevar una cantidad tres o cuatro veces mayor, decidiéramos enfrentarlos con los números justos y necesarios para vencer a cada uno de ellos, entonces los resultados serían diferentes… minimizamos los riesgos de bajas y maximizamos la efectividad de la incursión, asegurando que cada vampiro será vencido. Dicho eso, en lugar de desperdiciar nuestras fuerzas en un ataque masivo, podríamos ser mucho más certeros y quirúrgicos para conseguir los resultados que esperamos… quiero decir, si en lugar de atacar a su ejercito de doscientos, con un ejército de seiscientos, decidiéramos atacar con un ejercito que pese a ser más pequeño, cuente con la fuerza para equipararse a la de ellos, entonces será más sencillo… al final, no se trata de los números, se trata de cómo usamos la distribución de nuestras fuerzas a nuestro favor y cómo usamos en contra su propia distribución de fuerzas… en lugar de elegir a doscientos guerreros que probablemente consigan llegar hasta un señor vampiro y la mitad de ellos muera intentando acabar con él… llevemos a un guerrero que posea la fuerza de estos cien que perecerían, para que él se encargue de acabar con el señor vampiro. Evitaríamos la muerte de cien de los nuestros y con los otros cien conseguiríamos facilitar la llegada hacia el señor vampiro. Entonces, si todo el interior del castillo está repleto de príncipes vampiros, llevemos una cantidad selecta de guerreros cuyas fuerzas se equiparen a la de estos, lo mismo con el exterior, y en cuanto a las plazas, llevemos solo la mitad de los hombres que normalmente llevaríamos para acabar con un vampiro estándar… es decir, que sea una batalla de uno a uno entre vampiros comunes y humanos estándar. Si hay cien de ellos, que de los nuestros sean cien… y podría parecerles una locura, pero recordemos cuál es la clave del éxito de esta incursión… así es, soy yo. Eso significa que mi trabajo no es solo matar al señor de la guerra, sino abrirles el camino a ustedes, para que mi tarea se facilite… porque, puedo simplemente arrasar con todos los vampiros comunes, luego arrasar con el setenta por ciento de los señores vampiros y finalmente acabar con al menos un treinta por ciento de los príncipes, pero para cuando llegue con el señor de la guerra, estaré muy agotado por enfrentar a los últimos oponentes. Si en lugar de eso, decidiera acabar con más de la mitad de los vampiros de las plazas, en lugar de erradicarlos yo solo, abriendo paso a los guerreros estándar de la resistencia, aunque su número hubiera sido igual al de los vampiros de la plaza, para cuando entren, eventualmente tendrán la ventaja numérica gracias a mí, permitiéndome seguir avanzando y que los guerreros más fuertes puedan acompañarme sin preocuparse por gastar sus energías con vampiros comunes… el resultado sería exactamente el mismo en los jardines exteriores del pasillo, acabando con una cantidad mínima de ellos, para darles la ventaja que necesitan y permitiéndome avanzar con los más fuertes hacia el interior, mientras que los guerreros cuya fuerza es equiparable a la de los señores vampiro, también contarán con esa ventaja numérica. Luego, en el interior del castillo, será el mismo resultado. En lugar de agotar mis fuerzas peleando contra el treinta por ciento de ellos, solo me encargaría de eliminar a los que considere más fuertes y dejar al resto en manos de nuestros guerreros más aptos para enfrentarlos, otorgándoles ventaja y reduciendo el tiempo que me tomaría llegar con el señor de la guerra. Entonces, mientras todos ustedes se enfrentan al enemigo, ya no tendré obstáculos para llegar con el objetivo principal y podré enfrentarlo casi con el cien por ciento de mis fuerzas. Eso garantizará que ganaré mucho más rápido y los vampiros se rendirán. La batalla que debería haber durado como mínimo una hora, acabaría en veinte o treinta minutos, simplemente porque no tuve que encargarme yo de todos los débiles y luego también de los más fuertes… solo les daría una pequeña ayuda para que tengamos la ventaja sobre ellos y así nadie se podría interponer en mi camino. Pero… la verdadera pregunta es ¿Pueden reunir a suficientes guerreros con una fuerza equiparable a la de los señores y los príncipes vampiros?
- En el supuesto caso que tuvieras razón y tu plan funcione – dijo Brown – encontrar a suficientes guerreros no es el problema… si Samantha, Lucien, Antuant, Albert, Jakob y yo, nos juntamos, nuestra fuerza es equiparable a la de seis señores de la guerra como mínimo. Un señor de la guerra es diez veces más fuerte que un príncipe. Lo que significa que nuestra fuerza por separado equivaldría a la de diez príncipes. Si juntamos todo eso, nosotros seríamos suficientes para enfrentar a sesenta príncipes vampiros. Por otro lado, tenemos, Gabriel, Jonathan, Rupert, Kraven y Ludo. Todos ellos, a excepción de Ludo, tienen una fuerza equiparable a dos señores de la guerra. Lo que significa que dos de ellos bastarían para unirse y vencer a uno de estos. Por otro lado, Ludo tiene la fuerza suficiente para vencer a un señor de la guerra por su cuenta, aunque le costaría mucho trabajo. Entonces, eso significa que los primeros cuatro, son cinco o seis veces más poderosos que un príncipe vampiro, mientras que Ludo, puede que sea ocho o nueve veces más fuerte que estos mismos. Así que, podríamos dejar que sean ellos quienes se encarguen de los señores vampiro en los jardines exteriores y con la ventaja que les darías, serían más que suficientes para ganar esa batalla por si solos.
- Todo eso me parece muy razonable – dijo Virgeel sonriendo – aun no comprendo qué es lo que vez como un problema entonces…
- El problema es que no me termina de entrar en la cabeza tu necesidad de reducir nuestras fuerzas… dices que es para reducir las bajas, pero pienso que conseguiríamos incluso un menor número de bajas si aumentamos nuestros números – dijo Brown.
- Como dije antes… la guerra no se gana solo con números… a veces, Brown, pensamos que entre más grande sea el músculo, más poderoso será, pero la verdad es, que muchas veces, entre más grande sea el músculo, posee menor fuerza y resistencia… lo que significa que, un musculo pequeño, pero trabajado y fortalecido correctamente para un trabajo específico, es mucho más útil en situaciones donde necesitas fuerza para lograr tu objetivo. Dicho de otro modo, antes mencioné que la guerra no se hace con números, sino con inteligencia. La fuerza es crucial, pero es mucho más crucial ser inteligentes para usar la fuerza que posees, porque, muchas veces, la fuerza no será suficiente. Muchas veces, el enemigo será más fuerte, y eso significa que, si solo dependes de las fuerzas, entonces acabarás perdiendo inevitablemente, pero si eres inteligente para usar aprovechar lo que tienes, entonces, que el enemigo sea más fuerte, no necesariamente significa tu derrota. Por el contrario, puede significar tu victoria, porque alguien que sabe que es más fuerte que tú, confiará de más en su poder, basado en ese conocimiento. Significa que, por saber que es más fuerte que tú, te subestimará y dará por sentado que no puedes derrotarlo. Es algo natural en todas las criaturas. Vampiros, Lycans, humanos, mestizos, todos son iguales en ese aspecto… cuando son conscientes de su fuerza en comparación a la de su oponente, se vuelven arrogantes… los vampiros y Lycans en especial, tienen ese gran defecto jugándoles en contra. Ellos ya saben de sobra que son más fuertes que los humanos, por lo que, aunque sepan que hay humanos capaces de vencer incluso a un señor de la guerra, no se esperan encontrarse con alguno en realidad, porque a fin de cuentas la arrogancia los ciega gracias a los hechos. Es aquí donde mi plan asegura nuestro éxito con el menor número de bajas. Este sería un ataque quirúrgico que tomará a los vampiros por sorpresa. Ver que hemos venido con un número mucho menor del que esperarían, les hará creer que tienen una ventaja abismal, en lugar de pensar que tal vez estamos tramando algo más. Son lo suficientemente soberbios y arrogantes como para no darse cuenta que hay gato encerrado. Jamás verán venir una derrota tan aplastante, porque jamás imaginarán que entre los cien que han venido a enfrentar a sus cien, uno de ellos tiene una fuerza equiparable a la de todos ellos juntos. Lo que significa que nosotros ya no somos solo cien o doscientos. Sino que hemos concentrado la fuerza de quinientos en esos cien o doscientos. Haciendo que el musculo se vea mucho más pequeño, pero que evidentemente sea mucho más fuerte. A eso es a lo que llamo, usar la fuerza del enemigo en su contra.
- Podría funcionar – dijo Lucien – es cierto que, nuestra fuerza se equipara a la de más de cien humanos… estaríamos convirtiéndolo en batallas de uno a uno en la que garantizamos que tenemos una fuerza igual para combatir de manera segura.
- Es una artimaña bastante astuta, sin lugar a dudas – dijo Ludo – es cierto que jamás esperaran que uno solo de nosotros tenga la fuerza de cien de ellos. Es cierto que nos ven como criaturas inferiores incapaces de superarlos.
- Bueno… parece que has conseguido convencer a algunos – dijo Brown – tengo que admitir que también has conseguido convencerme por lo que, como m*****o de este consejo, acabas de hacer una moción para un plan de ataque… así que, como miembros de este consejo de guerra, es nuestro deber llevarlo a votación para tomar una decisión final. Entonces… los que estén de acuerdo con la estrategia propuesta por… por Virgeel, levanten un pulgar arriba. Aquellos que estén en contra, muestren un pulgar abajo.
Todos a excepción de Gabriel, dieron un pulgar arriba para finalmente dar por aceptada la estrategia de Virgeel. Eso marcaba el inicio de una operación que se convertiría en una leyenda que quedaría para la historia como una de las mayores victorias de la humanidad. Más tarde, aquella incursión sería conocida como la batalla de los trecientos. Porque fue una batalla en la que solo participaron doscientos noventa y nueve guerreros humanos, entre ellos los mestizos que conformaban el consejo de guerra, y un guerrero mitad humano, mitad Lycan, que ahora respondía al nombre de una r**a mitológica conocida como Huargos, proveniente de un mundo paralelo al que ellos conocían.
Este sería solo el inicio del viaje de un hombre que fue elegido para convertirse en el guardián de uno de los doce aspectos de la existencia. Destinado a enfrentarse con uno de los doce dragones del equilibrio, para proteger el destino del universo y evitar la destrucción del mismo. Elegido como el nuevo aspecto del trueno, para derrocar al dragón que representaba anteriormente este mismo aspecto de la existencia. Proclamado como uno de los siete reyes Huargos de la profecía, que derrocarían a los dragones corruptos.
Un viaje que él mismo emprendería, sin saber cual sería su destino final, y sin saber que, lo que el destino deparaba para él, era la reunión menos esperada de su vida. La reunión con el resto de elegidos para ser los nuevos aspectos de la existencia que suplantarían a los dragones.
- ¿Y bien? Supongo que también tienes un plan para abrirte paso hacia el interior del castillo sin mucho problema – dijo Antuant, mirándolo fijamente y con curiosidad.
- Bueno… eres bastante observador, tengo que admitirlo – dijo Virgeel con una sonrisa de orgullo – si recuerdan nuestra batalla en la incursión pasada, tal vez habrán notado que llevaba conmigo más de una herramienta – dijo él y todos lo miraron con curiosidad, porque ciertamente se habían dado cuenta de esto – fueron herramientas hechas por el artesano, especialmente para mí. Pasé años entrenando con cada una por separado, lo que significa que soy absolutamente diestro en el uso de estas, y, por ende, conozco muy bien la manera de sacarles el mayor provecho. En mi batalla anterior con el señor de la guerra Lycan, desperté un nuevo poder que, justo ahora, estoy intentando dominar, y creo, no, estoy seguro que lo habré conseguido para cuando lleguemos al aquelarre. Pretendo combinar ese poder con una de mis armas para lograr un ataque masivo que nos abra un camino directo por las cinco plazas hacia los jardines exteriores del castillo. Lo demás dependerá de cuan rápido puedan moverse. Particularmente yo, soy muy rápido. Lo era antes de despertar este poder y ahora que lo he despertado, mi velocidad ha incrementado muchísimo. Aquí es donde juega el factor sorpresa. Yo seré ese golpe quirúrgico que no sabrán de dónde vino ni mucho menos lo que los golpeo… para cuando lo hayan entendido, se habrán ocupado tanto en comprender lo sucedido, que no se darán cuenta que ya han sido acorralados. Los desestabilizare y confundiré para que tengan una reacción retardada hacia la incursión que ya esperaba y para la que ya estaban preparados.
- Es un plan interesante – dijo Kraven – si puedes lograr un ataque masivo, de esa magnitud, es absolutamente probable que provoques la confusión necesaria para desestabilizar toda la preparación que ya tenían.
- Sus defensas se desmoronarían fácilmente mientras ellos estén distraídos tratando de entender lo que les sucedió – añadió Antuant – ¡Funcionará!
- ¿Estás seguro de conseguir dominar ese poder? – Preguntó Brown.
- Es un poder difícil de comprender, pero según el Artesano, una vez que comprenda como fluye, será sencillo utilizarlo… eso no será un problema realmente. Llevo más de cien años entrenando para dominar mis habilidades como mitad Lycan. He conseguido comprender como funcionan mis poderes y eso facilita que pueda dominar esta nueva habilidad que adquirí para generar electricidad.
- Bien… entonces, por ahora no tenemos nada más que discutir – dijo Antuant – lo que tenemos que hacer ahora es concentrarnos en reunir a los guerreros que necesitamos y emprender nuestro viaje. Tardaremos en llegar a ese aquelarre, así que es mejor que nos pongamos en marcha lo más pronto posible.
Todos los miembros del consejo de guerra asintieron ante las palabras de su líder y finalmente todos se marcharon de aquella sala de reuniones preparada, para poner cada quién a su labor. Mientras tanto, Virgeel comenzó a caminar por las calles de aquella fortaleza, con una capucha sobre su cabeza para que las personas no pudieran reconocerlo. Ya que en los ciento veintitantos años que tenía viviendo, los rumores sobre su existencia, así como ilustraciones de su apariencia, se habían esparcido por todo el mundo, haciendo que las personas pudieran reconocerlo apenas lo vieran.
Muchos creerían que solo se trataba de un mito. Una vieja leyenda contada por los ancestros para asustar o dar valor a las futuras generaciones, pero muchos otros creían fielmente en su existencia y lo tenían como a un peligro del que debían cuidarse. Por ello educaban a sus niños desde pequeños para que le tuvieran temor y se alejasen de él si es que alguna vez llegaban a verlo.
Él ya había sufrido el desprecio de los humanos en innumerables ocasiones. No era la primera vez que caminaba por las calles de alguna fortaleza humana. Lo había hecho cientos de veces en el pasado en aras de conseguir comida para él y para el Artesano, pero era inevitable que lo reconocieran y sintieran pavor de él. Por eso prefería ir con el rostro oculto por aquella capucha mientras su cuerpo se escondía bajo una capa sombría.
Al cabo de unos minutos, comenzó a sentir un hambre incontrolable. Muchas veces esto le sucedía. Comenzaba a sentir esa sed de sangre. Esos deseos de comerse a los humanos, pero con el tiempo había aprendido a controlarlo y a intercambiar esa sed por un hambre prácticamente insaciable, teniendo que ingerir cantidades industriales de comida antes de poder calmarse.
Sus instintos ya no eran los de un Lycan y no porque hubiera aprendido a controlarse a la perfección. Había muchas cosas que le costaban mucho trabajo. En especial cuando se trataba de ser paciente y si bien había dicho aquello respecto a su paciencia hacia los humanos y no mentía del todo, muy en el fondo, a partir de cierto punto, ya había comenzado a perder la paciencia y estaba haciendo un enorme esfuerzo por controlarse para no acabar con todos por su insolencia.
Si había algo que fuera un verdadero desafío para él, eso sería la paciencia. Valeck le hacía meditar constantemente para tranquilizar sus instintos asesinos y esto era verdaderamente fastidioso para él. La mayoría de las veces, acababa perdiendo los estribos, desesperándose y perdiendo el control. Él era exageradamente impulsivo y le gustaba hacer las cosas a su propio ritmo, uno que no tenía nada de resistencia cuando se trataba de esperar y estar calmado.
Él prefería ser tan rápido como pudiera, pero había momentos en los que simplemente debía limitarse a dar un paso a la vez. Por eso, lograr dominar su aura, le había costado al menos cincuenta años desde que se convirtió en un Lycan, para luego pasar a convertirse en un Huargo gracias a la flor lunar. Una flor que crecía en la cueva en donde Valeck y él vivían. Una flor que hizo despertar ese misterioso nuevo poder que ahora tenía. Él acaba de consumir el poderoso y mortal veneno de esta flor, momentos antes de salir de aquella cueva para unirse a la resistencia humana en aquella incursión.
Sin embargo, este era apenas el inicio del despertar de su poder como aspecto del trueno. Su verdadero poder no despertaría sino hasta mucho después, durante una de sus más épicas batallas contra Lycans y Vampiros. Pero esa es otra parte de la historia. Justo aquí y justo ahora, es el momento de conocer a un Virgeel que, pese a tener tantos años viviendo, podía comportarse como un niño, ser muchas veces irracional e incluso ser terriblemente impulsivo, causándose millones de problemas a sí mismo.
De aquí en más, veríamos a un Virgeel que poco a poco ganaría experiencia real en batalla, así como aumentaría más y más sus fuerzas conforme pasaran los días y se enfrentara a sus enemigos jurados. Lo veríamos luchando mano a mano con los guerreros humanos de la resistencia e incluso llegando a formar un verdadero vinculo de compañerismo con los miembros del consejo de guerra. Este viaje, sería el inicio de un viaje que marcaría un precedente para las futuras generaciones.
El inicio de un viaje que contaría una historia diferente de la que se había contado los últimos cien años, para convertir a Virgeel en el mayor héroe de toda la civilización humana, llegando a ser considerado como una deidad protectora que vino para acabar con la amenaza que acechaba a la humanidad en este mundo cubierto de obscuridad.
Se haría de una aclamada y buena reputación con el pasar de los años, ganándose diferentes nombres que lo identificaban como un héroe entre los héroes.
Apodos como “el dios del trueno” “el relámpago bélico” “el espíritu de la venganza” y “el guerrero o rey relámpago” considerado como la representación misma de la guerra, temido por los Lycans y los vampiros y aclamado por los humanos.
Este es apenas el inicio de la épica historia del poderoso rey, aspecto del trueno, la guerra y la venganza, guardián de la existencia misma.
Entonces, después de haber caminado por varios minutos recorriendo la ciudad, siendo casi una sombra para que nadie notase su presencia y no alertar a los humanos, finalmente fue alcanzado por Antuant, quien lo había estado siguiendo para intentar hablar con él. Llegaron a una plaza en donde él miró hacia atrás, notando la presencia del líder de la resistencia humana y sonrió divertido para luego sentarse en una bonita plaza bien iluminada en el centro de aquella fortaleza.
Antuant se sentó a su lado y antes que pudiera hablar, Virgeel dijo la primera palabra.
- Es hermoso ¿No lo crees? – Preguntó y Antuant lo miró un poco sorprendido y confundido – es increíble como en un mundo sumido en la obscuridad, aun tenemos beneficios como estas luces que iluminan nuestras ciudades y nos permiten estar alertas…
- Todo es gracias al Artesano… – le dijo Antuant – él fue quien enseñó a los humanos hace cientos de años a crear estos sistemas de iluminación… de pequeño me preguntaba cómo lo hacían posible ¿Cómo era posible que estos faros tuvieran luces artificiales que iluminaran nuestras ciudades? ¿Cómo incluso era posible que tuviéramos faros que pudiéramos usar al salir a nuestras expediciones…? Pero cuando vi los aquelarres y las madrigueras, supe que no éramos los únicos que necesitaban fuentes de luz artificial. El Artesano lo único que hizo fue compartir con nosotros los conocimientos primitivos que solo los Lycans y los Vampiros poseían, para que no estuviéramos en completa desventaja. Nuestra capacidad de crear y usar el fuego con los combustibles naturales que nuestras tierras poseen por excelencia ante la excesiva carencia de luz solar, se desarrolló más y más con el pasar de los años, hasta que fuimos capaces de crear nuestras propias fuentes de luz no perecederas.
- Los Lycans y los vampiros nos arrebataron el sol – dijo Virgeel y Antuant lo miró muy sorprendido – ellos son más fuertes cuando están bajo la luz de la luna… así que, la deidad encargada de hacer salir el sol, decidió darle este mundo a quién fuera más fuerte bajo estas condiciones… existen otros mundos en los que él sol sale y se oculta diariamente según Valeck… este corrió con la mala suerte de ser destinado para que los Lycans y los vampiros se peleasen por convertirse en sus dueños absolutos y los humanos quedaron en medio de esta guerra por el dominio… podríamos decir que es culpa de ellos que no tengamos sol. Los Lycans siempre quisieron el dominio del mundo según Valeck, y los vampiros siempre estuvieron intentando rivalizar con ellos. Pero al no poder salir durante el día, los Lycans siempre tuvieron la ventaja. Por eso, la deidad del sol, se encargó de darles un lugar adecuado para que los dos pelearan en igualdad de condiciones… podemos decir que esta deidad también es culpable y que merece la muerte, pero tal vez haya un modo de lograr que el sol salga en nuestro mundo… ese es mi verdadero objetivo… quiero vengarme de Ludovolk y de Voltar, pero más allá de eso, ellos son la clave para dar con el rey de los vampiros, quien a su vez es la clave para dar con la deidad del sol.
- ¿De dónde sacaste todo eso?
- Valeck es una personalidad muy antigua. Podría decirse que es tan antiguo como nuestro mundo. Según él, proviene de otro mundo, al igual que los Lycans y los vampiros. Otro mundo donde existen doce deidades que conforman la existencia. Él no ha explicado muy lo que son estos supuestos dioses, pero dice que ellos controlan los elementos de la creación. Fuego, agua, tierra, aire, trueno, el conocimiento, la muerte, la vida, el tiempo, la vida, la muerte, y finalmente, la luna, el sol, y el destino… en este caso, los vampiros recibieron una pequeña ventaja, ya que ellos estuvieron dispuesto a colaborar con algunas de estas deidades para destruir el universo… así que, en lugar de quedarse en aquel mundo fracturado, el rey de los vampiros y toda su r**a, fueron enviados a este mundo para fortalecerse gracias a la ausencia del sol, y para ello también enviaron a los Lycans más fuertes que fueran capaces de enfrentarse incluso al rey. Pero el rey de los Lycans se quedó en aquel mundo, librando una guerra contra los mestizos. Lo que significa que al final, tenemos el mismo objetivo. Eliminar a los reyes de estas dos razas para llegar a las deidades que están detrás de todas nuestras penurias.
- Aguarda ¿Por qué no dijiste eso delante del consejo?
- Piénsalo bien Antuant… si les digo eso ¿Qué crees que pensaran? Justo ahora tu estás pensando que es una locura. Que yo estoy loco, pero algo dentro de tu ser, te dice que no miento. Algo dentro de tu ser me cree, simplemente porque te he dicho que esta es información que me dio el Artesano. Porque sabes lo antiguo que es este hombre y sabes que los mestizos en definitiva no son como los humanos… sabes de todas las criaturas mitológicas de las que se habla en los libros de este hombre y también leíste sobre estas deidades, pero además de ti, solo unos pocos se han dedicado a leer tan a profundidad lo que Valeck les escribió… la mayoría en el consejo simplemente saben por qué tienen la fuerza que tienen, pero ninguno se ha molestado en descubrir la verdad sobre el origen de nuestro mundo y el por qué de la falta de un sol que ilumine y marque el inicio de un día para acabar con la salida de la luna por la noche… por supuesto que el plan es hacer que todos lo entiendan, pero, primero lo primero… tengo que encargarme y asegurarme que tu entiendas lo que está en juego, porque a fin de cuentas, todos confían en ti. Eres su líder. Y pese a todo lo que pudieron haber dicho hoy sobre la confianza que te tienen, ellos han decidido seguirte sea cual sea la circunstancia y creer en tu buen juicio. Así que, si hago que tu lo entiendas, será mucho mas sencillo conseguir que los demás también lo hagan.
- Eres un tipo bastante temible – dijo Antuant con una sonrisa nerviosa – la frialdad con la que piensas las cosas, da miedo.
- Gracias… entrené para provocar ese tipo de emociones – dijo Virgeel con una sonrisa.
- ¿Cómo sabes tanto sobre la guerra si en realidad apenas estás comenzando a participar en ella?
- Ya te lo dije… llevo cien años, tal vez más, entrenando y observando a la humanidad mientras le hacen la guerra a los Lycans y a los vampiros. También he visto a estos dos bandos enfrentándose en múltiples ocasiones. Es normal que sepa una que otra cosa sobre cómo hacer la guerra. Además, tengo como maestro al hombre más antiguo de este mundo. No es difícil pensar que su conocimiento me sería de tanta utilidad.