Llegamos a casa. Estoy cansada y le digo a Azzael que tomaré una ducha. Mientras tanto, le aviso a Anna que ya llegamos. —¡Qué bueno! —me responde—. Nosotros estamos en el departamento. —Me baño y te aviso para que vengan. Tenemos que contarles algo. —Ok —responde Anna. Me meto a la ducha y salgo relajada, el agua caliente estuvo exquisita. Me pongo ropa cómoda y le aviso a Anna. No pasa mucho rato antes de que lleguen. Azzael saluda a Muriel. —¿Qué tal, hermano? ¿Qué tal todo en la playa? —Todo bien. Fueron unos días perfectos —responde Muriel. Miro a Anna y le digo: —Oye, ¿y tú? ¿Volviste a tomar piñas coladas? —le lanzo, riendo. —¡Ay, Aggy! Por eso no tomo, ¡qué vergüenza! Lo único que recuerdo es verte a ti pegándoles a unos tipos… —Jajaja, eso fue maravilloso —dice Muriel—.

