CAPÍTULO DOS

2487 Palabras
MARVIN Mi pecho sube y baja debido al subidón de adrenalina que corre por mis venas, acabo de despertar de la pesadilla más oscura que he tenido en toda mi vida, involucra a Caiden, mi hijo y no es divertido. Perdí la cuenta de las horas que llevo encerrado aquí, sin saber nada de Ana o de Kabil, mucho menos de Caroll. Podría acabar esto sí quisiera, no obstante, quiero conocer los límites de esta organización, quiero saber lo que realmente planea el Boss de la mafia rusa. Me incorporo con un dolor en los hombros y cuello, lo muevo con estrés hasta que el crujir me hace sentir mejor. Las últimas palabras que me dijo Caroll, siguen clavadas como estaca en mi pecho. Lo vi en sus ojos, ella aún me ama, eso la molesta, la tenía tan cerca, que estuve a punto de besarla y follarla delante de todos, en especial del UnderBoss, ese que dicen que es su jodido prometido. De esa forma sabrían que es mía. Solo mía. No tardo en darme cuenta de que hay una sombra en la esquina de las rejas, mis ojos se acostumbran a la penumbra, él suelta el humo de su cigarrillo, saliendo de la oscuridad. Le sostengo la mirada, no le temo, ya he pasado cosas peores que estas en la mansión de los Knight. Aunque algo me dice que él y Jaxon están a años luz en cuanto a crueldad y sadismo. Con pies de plomo acorta la distancia entre los dos, se inclina y suelta el humo del cigarrillo en mi rostro. No me inmuto, no hago nada, ni siquiera respiro. —Sigo sin poder entender qué es lo que ella ve en ti —rompe el silencio y sé a quién se refiere. Tenso el cuerpo. —No tienes nada especial, no eres nadie, no hay poder, no hay legado, eres un simple pobre diablo —sisea apagando su cigarrillo con la suela de su zapato—. ¿Por qué no me haces las cosas fáciles y desapareces por tu propia cuenta? Antes de que me vea en la tediosa necesidad de aniquilarte con mis propias manos. Me mantengo en mi lugar, conteniendo el aire en mis pulmones. —No me mal entiendas, no me interesas, de hecho, podría pegarte un tiro en la cabeza y nada pasaría, me quedaría con la Koroleva y su hijo. Siento mi vena carótida palpitar en mi cuello, él nota esa reacción y sonríe. —No puedes evitar lo que está destinado a ser, Caroll es mi prometida, a diferencia de Jaxon Knight, no estoy dispuesto a negociar nada, ella es mía, criaré a tu hijo como mío y la preñaré para que tenga a los míos. Me pongo de pie, no retrocede, lo encaro. —Caroll nunca será tuya, y mi hijo tampoco. —¿Qué piensas hacer al respecto? —ríe—. Me parece que todavía no comprendes el nivel en el que te encuentras. Mi nombre es Serik Baranov, soy en UnderBoss; la mano derecha del Boss, nací y crecí en la Bratva, a los tres años manché mis manos con sangre de mi primera víctima, soy asesino, empresario millonario, estratega, líder de los Voyevikis, soy el legado de una de las familias más importantes de Rusia. En cambio, tú… no eres más que un sencillo empresario millonario que no aspira a más, socio de un local que compartes con uno de tus mejores amigos, solo eso. Es mi turno de sonreír. —Y con todo eso, ella me ama a mí, tiene un hijo conmigo, no importa lo que hagan tú y el Boss, ese lazo jamás lo podrán borrar. Así desaparezca, así me maten, ella me vería todos los días en nuestro hijo, con eso me doy por bien servido. —Vamos, Caiden ni siquiera conoce a su padre, ¿cuánto tiempo estuviste con él? ¿Horas? Hasta donde tengo entendido, ella se fue de Bermaunt después de haber dado a luz —se inclina hacia mi oído—. Y para serte sincero, mierda, la acabo de ver con tan poca ropa, tiene un cuerpo que me encargaré de disfrutar al máximo, ni parece que acaba de parir. Veo rojo. Se atreve a darme una palmada en la espalda. —No te preocupes, estoy seguro de que le enseñaré cosas en la cama, que nunca se imaginaría… Pierdo el control, hice un enorme esfuerzo por comportarme, por mantener la calma y estudiar a cada uno, pero la forma en la que habló de Caroll, me empuja a actuar por impulso. Le doy un cabezazo que no se espera, antes de que pueda reaccionar, le atesto un golpe en el estómago, luego lo empujo al tiempo que le doy un último en el rostro. Pierde el equilibrio, se pasa un dedo por el labio, este se cubre de sangre y suelta a reírse. —Estaba seguro de que había más dentro de ti, de lo que aparentas —escupe sangre a mis pies—. Estás marcado por mí, no puedo hacerte nada, son órdenes del Boss, pero ten la seguridad de que me encanta provocar accidentes. —No me importa lo que me suceda a mí —bramo con los puños cerrados. —¿Y quién dijo que hablaba de ti? —enarca ambas cejas con diversión—. ¿Te imaginas si muriera Caiden? Los únicos herederos serían los míos. —No te atrevas a tocar a mi hijo —de dos zancadas llego a él y lo encuello—. No quieres conocerme, Serik Baranov, hasta ahora estoy teniendo demasiada paciencia. Su ceño se frunce, está a punto de decirme algo al empujarme con su pecho, cuando escucho pasos que se acercan, lo suelto alejándome. —Tienes tanta jodida suerte, pero eso se acaba tarde o temprano. Dos Voyevikis aparecen, uno de ellos sostiene las llaves para abrir la reja, Serik les hace un ademán con la mano que los detiene. —No es necesario, ya está abierta ¿lo llevarán a la cámara de torturas? —No, jefe —responde uno de ellos, el segundo que me apunta con un arma—. El Boss ha solicitado su presencia. «Era cuestión de tiempo» —Entonces también iré —arguye con arrogancia el imbécil. —Me temo que no se puede —niega el de las llaves—. Fueron órdenes explícitas del Boss, solo él. Eso parece molestarle más de lo que aparenta, me mira por encima del hombro y entrecierra los ojos. —Tuve un muy mal día hoy, pero lo que te dije, es cierto, encuentro cierta fascinación morbosa por provocar accidentes —chasquea la lengua—. Me pareces demasiado interesante, Marvin Rosewell, es una lástima que estés en desventaja para toda la vida. Pero tranquilo, si el Boss no te mata, yo me ofreceré para hacerlo. No hablo, dejo que se marche. —Camina, escoria —uno de los Voyevikis me empuja. Salimos, sigo ardido por todo, en especial, furioso con la madre de mi hijo, imaginar que esté casi desnuda en cualquier parte de este lugar, y que sea tan cobarde como para no darme la cara, me enerva. Me hago la firme promesa de volver a romperle el culo y el coño. Caminamos por un extenso pasillo que lleva al mismo sitio de antes; el despacho del Boss. Adentro, el ambiente es tenso, la estancia es iluminada solo por un par de lámparas con luces tenues, y la luz de las llamas de la chimenea, es suficiente como para ver sus ojos amenazantes sobre mí, estudiando cada uno de mis pasos hasta llegar a él. No pido permiso, me siento adelante y eso lo hace sonreír. —Pareciera que tienes mucha seguridad. —La tengo —sostengo su dura mirada—. Quiero ver a mi hijo. Su carcajada termina con mi paciencia. —¿Crees que tienes el derecho de venir y exigir algo? —¿Crees que tienes el derecho de reconocer a Caroll? —Es mi hija, mi sangre, mi carne. Es mi turno de sonreír. —Caiden es mi hijo, mi sangre, mi carne —expreso sin emociones. Borrando la sonrisa que me acompañaba. El Boss no aparta la mirada sobre mí, se inclina hacia adelante. —No me agradas, no sé por qué Caroll se metió contigo, pero lo hecho, hecho está, tienen un hijo en común, Caiden es mi nieto, tu hijo, aunque no me parezca. Desliza una carpeta. —Matarte, no es una puta opción. Aunque sea lo primero de mi lista, Caroll sigue teniendo sentimientos hacia ti. Escuchar lo que ya sé, de su boca, hace que el pecho se me hinche de orgullo. —Te ama, pero yo me voy a encargar de que todo ese amor sea borrado —prosigue—. Ella se va a casar con Serik. —No lo voy a permitir —reprimo el impulso de darle un golpe en el rostro tan duro, que nuestra conversación terminaría en un abrir y cerrar de ojos. —Ese es el mayor de los problemas, mi hija está furiosa contigo por todo ese asunto relacionado con Eclipse Davis, sé, de buena fuente, que preferiste a esa puta que a la madre de tu hijo —espeta con firmeza—. No importa cómo sucedieron las cosas, el asunto es que todavía tienes cierta influencia sobre ella, temo que te conviertas en un obstáculo para la Bratva y para la felicidad de Caroll. —Jamás voy a renunciar a lo que me pertenece —difiero. —Tengo algo que anulará por completo ese pensamiento —señala con el dedo, la carpeta—. Ábrela y lee con atención, esta es la única y última oportunidad que te ofrezco, si eres inteligente, lo aceptarás. Abro la dichosa carpeta, viendo dos documentos con una firma; la de él. Otra línea, con un espacio en blanco, en cuanto leo, veo rojo, se trata de un jodido contrato, me tomo mi tiempo para leerlo, cada letra me arde y perfora hasta los huesos, no hay letra pequeña, es conciso, decidido, sin salidas. Leo los documentos dos veces más, comprendiendo el final de la trampa. —Solo tienes que firmar —desliza un bolígrafo. Cierro la carpeta en sus narices. —No —mi decisión es rotunda. —No seas ingenuo, Marvin, lo que te estoy ofreciendo, no lo volveré a hacer —se pone de pie—. Te estoy dando la oportunidad de renunciar a Caroll para siempre, a cambio de un lugar dentro de la Bratva para que puedas estar con Caiden, tu hijo, toda la vida. Caroll a cambio de mi nieto, es una buena negociación. Ya lo imaginaba, no soy idiota, esto estaba en lo primero de la lista de posibles salidas que me ofrecería el Boss. He pensado en todos los pros y contras de cada escenario que formulé en mi cabeza. —Decide lo mejor para mi nieto —insiste. —Eso nunca cambiará los sentimientos de Caroll hacia mí —agarro el bolígrafo. —Te sorprendería saber lo que pude llegar a empujar un corazón roto —me dispara una última mirada envenenada. —Hagas lo que hagas —firmo todos los documentos—. Caroll me ama, así le pongas el anillo del UnderBoss, así la aísles de mí, así la lleves a Marte o a la luna, ella jamás me va a olvidar, y por supuesto, Caiden es uno de esos recordatorios. Termino, cierro la carpeta y la deslizo hacia él sobre la superficie de su escritorio, viendo su rostro endurecido por mis palabras. La burla, la seguridad, desaparece de sus ojos, todo es sustituido por odio e incertidumbre. —Crees que has ganado, pero no es así. Frunzo el ceño, la puerta a mis espaldas se abre y ese aroma a lavanda lo reconozco bien. —¿Para qué me has mandado llamar? —su voz me pone la polla dura. —Llegas a tiempo, princesa. Sus pasos son lentos y estudiados, se coloca al lado de su padre, mirándome de soslayo, nuestro cruce de miradas es inevitable. Después vuelve su atención al Boss. —¿Qué significa esto? ¿Qué hace él aquí? —interroga Caroll, con una duda en su tono de voz. «Con que de eso se trata…» Él desliza la carpeta para que la vea, Caroll duda y se muerde el labio inferior. —Marvin Rosewell, acaba de firmar esto. Caroll no duda, agarra la carpeta y comienza a leerla, detallo cada expresión de su rostro, no termina, cierra la carpeta con fuerza. —Como ya te pudiste dar cuenta, Marvin ha aceptado renunciar para siempre a ti, a cambio de permanecer dentro de la organización y de Caiden, no interferirá en tu compromiso con Serik, tampoco se acercará a ti, no te hablará y en caso de tener que hacerlo por mi nieto, yo o Serik estaremos presentes. No me importan las palabras del Boss, la miro a ella, Caroll me observa con decepción y dolor. —Los dejaré a solas para que se despidan —se pone de pie, le da un beso en la frente a Caroll, me mira con triunfo y sale del despacho. Me pongo de pie. —Caroll… —No me sorprende, a decir verdad, creo que es lo mejor que has hecho hasta ahora. —Era eso, o… —Cállate —se acerca a mí—. Siempre supe que nunca me amaste, esto lo confirma, por un momento creí que ibas a luchar por mí, que tendrías las bolas para enfrentarte a mi padre, que no te dejarías manipular, veo que me equivoqué. Te convertiste en un jodido títere de la Bratva, felicidades, lo único que me consuela es el hecho de que por lo menos te harás responsable de Caiden. Tenso el cuerpo. —No estoy renunciando a ti. —Firmaste —retrocede—. Mejor me voy, no tengo nada que hacer aquí. Se da la vuelta antes de permitirme hablar con ella, explicarle mi plan, tampoco la detengo, la conozco bien, no me va a escuchar, es una caprichosa y orgullosa, lo mejor será que deje las cosas como están por ahora, está demasiado furiosa como para escuchar. —Te amo —se detiene antes de abrir la puerta, dándome la espalda y una perfecta vista de su trasero—. Pero comenzaré a olvidarte, lo prometo. Sale del despacho y cierro los puños, esto es solo el comienzo, tengo un plan, uno que voy a ejecutar, uno que requiere de tiempo, algo es seguro; no renuncio a ella, nunca. —Eres mía, Caroll. «Aunque eso signifique que tenga que dar inicio a otra guerra entre mafias, regresarás a mis brazos» Después de todo, creo que ya llegó el momento de traer de vuelta al Némesis del Boss.
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