Luego de que Caitlin y Cisco le dieran un fuerte abrazo y le dijeran unas cuantas bonitas palabras, la niña les contó el plan de Barry sobre ir a tomar un helado y ver algunas bicicletas; aunque ambos primero debían ir a los Laboratorios un momento y luego se encontrarían con ella y Barry en el Mall.
Madison estaba algo entusiasmada y trataría con todas sus fuerzas de enfocarse en ese sentimiento por el resto del día, por ahora ya no quería pensar más en Robert o en el juicio o en lo que él le había hecho. Quería sentirse bien, así que simplemente enterraría los otros sentimientos a lo más profundo de su cabeza.
—Madi, debo subir unos papeles ¿me esperas? —cuestionó Barry al llegar, luego de que saliera de la oficina de Singh. Ella estaba sentada en la banca de uno de los pasillos de la comisaria, moviendo sus piernas de adelante hacia atrás.
—No, quiero ir contigo —murmuró, levantándose de un salto.
—Bien, vamos —Barry extendió su mano para que la niña la tomara y así lo hizo, comenzando a subir las escaleras.
—Espera, ¿estás seguro de que el pesado de Julian te dejará salir antes? —preguntó. Julian era muy exquisito con el horario y eso solía sacarla de quicio.
—¿Julian? —el velocista cuestionó algo confundido.
—No me digas que... ¿Has venido aquí desde, ya sabes, el Flashpoint? —La niña alzó la cabeza.
—No precisamente. —La ojiverde se golpeó la frente y soltó un resoplido. —¿Qué? No he tenido tiempo.
—¿No había ningún Julian en la otra línea temporal? —preguntó con voz algo más baja por si alguien la escuchaba.
—No ¿por qu...? —El chico calló cuando se encontraron bajo el marco de la puerta de su mediano laboratorio en la comisaría. —¿Hola? —habló dubitativo al ver a una persona sentada detrás de un escritorio. Era alguien de quizás unos cinco años mayor que Barry, cabello rubio y con barba. Vestía sus típicos chalecos de los que a veces Madison se burlaba.
La niña jaló la camisa de Barry para que el muchacho se agachara y ella pudiera hablarle a la oreja, así solo escuchaba él.
—Él es Julian, trabaja contigo en tema de metahumanos, pero no sabe de nuestros poderes. Además, ustedes no se llevan precisamente bien. Es detestable, aunque me divierte fastidiarlo —susurró y el castaño se enderezó frunciendo ligeramente el ceño ante la nueva información.
—Sí. Hola, Señor Allen —Julian expresó con su peculiar acento. Madison no sabía por qué a veces lo llamaba de ese modo; ya que definitivamente Barry era joven, no alguien mayor como un señor. —Niña Madison —la menor achinó los ojos, no le gustaba que le dijera de esa forma.
—Solo es Madison, rubio —masculló a la defensiva y comenzó a caminar hacia la silla giratoria del escritorio de Barry para sentarse. Julian la miró unos segundos, pero terminó por no reclamarle el horrible apodo.
—Bueno, aún puedo ver que sigues ahí y no, no necesito tu ayuda —el rubio volvió a hablar, dirigiéndose a Barry.
—¿Qué haces aquí... —Barry inclinó un poco la cabeza para un costado y la niña se golpeó mentalmente, el castaño no estaba siendo para nada sutil —...Julian Albert, Investigador Forense Especialista en Metahumanos? —leyó la placa que estaba sobre su escritorio.
—Te dije que la conferencia sólo duraba una semana.
—De acuerdo, pero esto es mi labo...
—Sigue siendo su laboratorio, desafortunadamente —Esta vez el hombre alzó su cabeza para mirar a Barry desde su asiento —Olvidaron de mencionar ese significante detalle antes de asignarme, pero aquí estamos —Julian se levantó y Madison tuvo que morderse la lengua para tratar de no hacer un comentario de su atuendo. ¿Por qué le gustaba esos chalecos formales sobre su camisa?
»Parece que usted y yo seremos compañeros de cuarto por un poco más de tiempo del que esperábamos —el de barba comentó haciendo que Barry abriera un poco los ojos, asimilando lo que acaba de decir.
—Hey, bonito chaleco —Madison acotó en un tono de burla sin poder contenerse más mientras que Julian comenzaba a caminar hacia la puerta.
—Gracias, niña Madison. Aunque no podría decir lo mismo de su overol —Julian, aunque no lo admitiría en voz alta, también le gustaba molestarla.
La niña apretó los puños.
—¡Aún te sigo detestando, rubio teñido! —expresó elevando la voz para que Julian la escuchara cuando cruzó la puerta de salida. La menor se cruzó de brazos e hizo un pequeño puchero.
Barry se quedó quieto en su lugar procesando lo que acaba de ocurrir y anotando mentalmente que la niña no se llevaba bien con ese tal Julian, y encima parecía que él tampoco. Bueno, como le había hablado, ninguno de los dos parecía ser los mejores amigos del mundo.
»¿Qué tiene de malo mi overol? —cuestionó observando a Barry con el mismo gesto.
—No le hagas caso, Madi —Al muchacho le dio cierta ternura su gesto. —Te estaba molestando. Tienes un bonito overol, cariño —El chico le dio un toque en la nariz y la menor hizo una sonrisa.
»Ahora, me debes decir desde hace cuánto está ese tipo acá —Barry dejó los documentos que le había dado Singh sobre su nuevo escritorio.
—No lo sé ¿Cinco meses? —La niña se encogió de hombros y nuevamente el castaño abrió los ojos.
—¡¿Cinco meses?! —cuestionó con incredulidad.
—Sí, y no sé cómo aún no lo has aventado desde esa ventana —Madison señaló el ventanal detrás de ella. El chico negó levemente con la cabeza.
—Ya, no te amargues —Barry revoleó ligeramente su cabello —Vamos por los helados ¿Sí? —pronunció tratando de que la pequeña no se fastidiara.
—Sí, vamos, vamos —Madison bajó de un brinco de la silla y dio un pequeño salto con emoción.
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Ya estaban de vuelta en los Laboratorios luego de tener un delicioso almuerzo y helados. Habían visto algunas bicicletas, pero la niña quería ver más en otros lugares, no le convencían los modelos que había, así que, a pedido de la menor, irían otro día, -solo podía soportar lugares con mucha gente uno a la vez-
Ahora Madison se había ido al baño mientras dejaba a los demás en el área principal. Había aparecido un nuevo metahumano y otro caso de "cascarón epidérmico" Madison no entendía bien a qué se referían con eso, solo había podido ver unas fotos tomadas por Barry. Eran como cuando las serpientes mudaban de piel y dejaban cascarones detrás, solo que estos eran grandes y parecían tener forma humana.
Madison comenzó a caminar hacia donde estaban todos y se dio con la sorpresa de que Barry estaba vestido de Flash, aunque sin la máscara, al parecer ya había ido a combatir al metahumano.
La niña se quedó un momento quieta en su lugar detrás de la columna, no querían que dejaran de hablar porque ella estaba ahí. Bueno, se estaba haciendo buena en oír conversaciones ajenas y pudo escuchar en su mente la reprimenda de Barry por estar oyendo a escondidas.
—Por fin nos libramos de Zoom ¿y ahora aparece otro velocista malvado? —fueron las palabras de Joe. La niña frunció el ceño ¿Otro más? Se estremeció ligeramente.
—¿Quién es este tipo? —habló por primera vez Wally. Ahora que sabía sobre el Equipo Flash pasaba mucho más tiempo en los Laboratorios, incluso se involucraba en algunos casos.
—Creo que puedo ayudarte con eso —Caitlin indicó, dirigiéndose a la computadora. —Por fin tengo los resultados de la prueba que le hice al cascarón —comentó la chica mientras tecleaba unas cosas —Y es raro porque no hay rastros de materia oscura, pero hay rastros de la Fuerza de Velocidad.
—¿Y ese es el cascarón de este velocista? —Joe intervino.
—Aparentemente. Y su nombre es...
—Edward Clariss —finalizó Barry por Caitlin.
La niña frunció el ceño, algo confundida de cómo el muchacho podía saber sobre el nombre de aquel metahumano; pero su intuición le dijo que tenía que ver con el Flashpoint.
—Y de alguna forma Barry está en lo correcto —En la pantalla de la pared se podía ver la imagen del nuevo villano y toda su información, y efectivamente el nombre que había dicho Barry reflejaba ahí.
El lugar se quedó en silencio un momento, la niña soltó un suspiro algo le decía que esto no iba a terminar muy bien. Aunque creía que era el momento de que Flash les contara sobre el viaje que hizo para salvar a su madre.
Madison decidió hacer acto de presencia y se colocó al frente del chico, dándole la espalda, giró un poco la cabeza y alzó su vista hacia él. Barry bajó la mirada para verla y la niña simplemente le dio un pequeño asentimiento.
—Necesito contarles algo. —Escuchó las palabras del castaño. Madison apoyó su nuca a la altura del abdomen del muchacho y él pasó sus brazos por sus pequeños hombros, abrazándola. —La verdad —concluyó al ver que la atención de todos estaba puesta en él.
—¿La verdad sobre qué? —cuestionó Iris observando fijamente a Barry.
—Después de que Zoom asesinó a mi papá, después de que lo derrotáramos —El muchacho guardó silencio unos segundos—, no me sentía nada bien —expresó —Y sentí que la única forma de arreglarlo todo era volver en el tiempo y salvar a mi mamá.
—¿Impediste que Flash Reverso matará a tu mamá? —cuestionó Caitlin que ahora estaba al lado de Cisco.
—Sí —Madison pensó en voz.
—Espera ¿tú lo sabías? —preguntó con algo de asombro Wally, observando a la menor. Ahora todas las miradas recaían en ella.
"Genial", pensó con ironía, no le gustaba ser el centro de atención.
—Sí, lo sabía —indicó.
—¿Le dijiste a ella, pero no a los demás? —esta vez fue Joe el que habló.
—No, Joe. Me di cuenta sola —La castaña se encogió de hombros —Sólo lo supe y ya. —Todos estaban sorprendidos de la confesión de la más pequeña del grupo.
—¿O sea tu madre está viva? —cuestionó Wally, y mentalmente Madison le agradeció de que se haya llevado toda la atención.
—Lo estuvo. Por unos meses. —Madison no lo podía ver, pero apostó a que Barry había sonreído, por el tono de su voz. —Viví con ella y con mi papá —acotó el velocista —Tenía una vida completamente diferente. Ni siquiera fui Flash durante la mayor parte del tiempo.
—No lo entiendo. Creaste una nueva existencia alterna ¿Cómo es eso posible? —indagó Wally
Barry rápidamente comenzó a explicarle sobre lo que había ocurrido con su viaje en el tiempo, sobre la diferente línea temporal que creó y en la que estaba viviendo por ese periodo de tiempo donde sus padres estaban vivos.
—Viviste en un universo paralelo —intervino por primera vez Cisco.
—Se llamaba Flashpoint, aparentemente.
—Pero decidiste dejarlo ¿Por qué? —musitó la chica de piel oscura.
—Esa vida comenzó a salirse de control —explicó vagamente el muchacho. Aunque la niña sabía las razones: Iris, la relación con Joe, la pérdida definitiva de su memoria y, sobre todo, ella. Todo había influido para que el chico tomara la decisión de dejar esa realidad.
»Así que, decidí retroceder otra vez en el tiempo y dejar que las cosas ocurrieran como se suponían que fuesen, esperando que la línea temporal se restaurara; pero...
—Pero ¿qué? —Joe tenía un semblante serio.
—Pero cuando volví aquí, las cosas no eran iguales.
—Te refieres a personas. Como nosotros —musitó Caitlin, lucía algo dolida por la nueva revelación, pero la niña no supo bien a qué se debía. ¿Acaso ella también había sido afectada de alguna forma?
—Sí. Creé otra línea temporal —Barry habló con voz algo más grave por las emociones de tristeza y culpabilidad que estaba sintiendo —No es tan diferente como la anterior, pero sí hay algunos cambios significativos para todos ustedes o cualquiera que sea cercano a mí —explicó y la niña solo pudo apretar su mano en señal de apoyo. Esperaba que los demás no se lo tomaran mal —Y realmente no puedo volver y poner las cosas como eran antes.
—Barry eso es mucho por asimilar —Joe tenía una mirada seria, pero Madison pudo ver cierta tristeza en sus ojos. Quizás había intuido que la relación con su hija era mucho mejor en la antigua realidad.
—Mi papá y yo nos llevábamos bien en la otra línea temporal ¿no es así? —concluyó Iris. —Por eso has estado insistiendo tanto en hacer que nos volvamos a hablar.
—De acuerdo —habló Barry —Les voy a contar a todos lo que es diferente, si quieren saberlo. Pero tendrán que vivir con esas diferencias, porque no podré volver a cambiarlo —expresó el castaño. —Todos merecen esa decisión.
—Así que decidiste que estaba bien cambiar las cosas cuando alguien en tu familia muere, pero cuando es alguien de mi familia... —Cisco lucía enojado, pero Madison pudo ver el dolor en sus oscuros ojos.
»¿Lo que Madison sufrió también fue por esos cambios? —masculló el pelinegro. Cisco sabía que aquello había sido palabras con muy poco tacto, pero estaba furioso con Barry. El castaño siempre le decía a él que no podía volver atrás para salvar a su hermano, que era muy peligroso; y ahora se venía a enterar de que Barry efectivamente sí había vuelto atrás en el tiempo. No era que no pudiera, sino que simplemente no quería.
»Por tu culpa ella recibió esas paliz...
—¡Basta Cisco! —La niña intervino molesta por las acusaciones del pelinegro, separándose del velocista.
—Iré por un poco de aire —Barry se limpió unas cuantas lágrimas y comenzó a caminar hacia la salida.
La niña apretó los puños al ver que todos se quedaban inmóviles en su sitio ¿Acaso también concordaban con las palabras del pelinegro?
—Lamento mucho lo de tu hermano, Cisco —la menor pronunció —Y entiendo que estás enojado y dolido con Barry, pero te prohíbo que metas mi situación en todo esto —La niña lo observó furiosa —Yo no lo culpo por lo que pasó con Robert, así que no intentes hacerlo tú. Es mi vida, es mi realidad y no tienes permitido usarla para hacerle sentir de esa forma.
»¡Ninguno de ustedes! —masculló observando por unos segundos a todos. —No me importa lo que crean. Pero para mí, él mereció tener esa vida con su mamá y papá. Por una vez en su vida pensó solamente él y tomó esa decisión para sentirse nuevamente feliz —A Madison no le sentaba nada bien que miraran a Barry de esa forma, como si todos estuvieran decepcionados de él.
»Él no quiso que las cosas acabaran de esta manera, pero lo hicieron y lamentablemente hay que vivir con esos cambios. Tienen derecho a estar molestos, pero no usen mi historia para hacerle sentir más culpable —volvió a recalcar —Sí, cometió un error; pero, vamos, son su familia y espero que no tarden en perdonarlo.
Madison simplemente negó con la cabeza y comenzó a caminar hacia el lugar por donde había salido Barry. Luego de un momento pudo alcanzarlo, estaba a punto de salir de las instalaciones.
—¡Hey! —llamó la niña para que él dejara de caminar —Tengo piernas cortas ¿recuerdas? —habló con ligera ironía, colocándose delante de él. El castaño dejó salir una pequeña risa, aunque no llegaba a sus ojos.
»¿Estás bien? —preguntó la menor luego de que su respiración se regularizó.
El muchacho hizo una mueca, aunque respondió—: Sí, no te preocupes.
—No necesitas mentirme —dijo al fin —Pero no escuches a Cisco, está molesto y está diciendo cosas para herirte —murmuró.
—Madi, él tiene razo...
—Ni lo digas, Bartholomew —interrumpió la menor, señalándole con su dedo índice. El chico alzó ligeramente una ceja ¿Estaba siendo regañado por una niña?
»Sí, algunas cosas están de cabeza, pero aprenderemos a vivir con esto. No eres el único que ha tomado decisiones para uno mismo, no eres el único que ha cometido errores; así que no me parece justo que te culpes de ese modo. No seas tan duro contigo, chico —murmuró la pequeña y soltó un débil suspiro.
Barry la observó unos segundos más sin decir nada, siempre le asombraría la capacidad de la menor para con las palabras y la forma cómo se expresaba cuando estaban en una situación seria o cuando alguien necesitaba algunas frases de ánimo.
La pequeña lo observó expectante, así que Barry se inclinó y le dejó un casto beso en su frente.
—Gracias, cariño —moduló con una sonrisa. La niña le devolvió la sonrisa al ver que ya no estaba tan abatido, quizás sus palabras habían funcionado de algo.
—Espera ¿a dónde vas? —cuestionó al ver que el castaño comenzaba a caminar en dirección opuesta a los Laboratorios.
—Volveré en un momento, necesito preguntarle algo a Julian —pronunció —Ah, y no te quedes aquí afuera que se está haciendo de noche. No tardo —indicó y siguió su camino.
—¡Dile de mi parte que es un completo idiota! —gritó y perdió de vista al muchacho.
Madison negó levemente con la cabeza y se dispuso a entrar. De pronto, se quedó quieta en su lugar cuando escuchó los murmullos de su familia. Avanzó un poco más y se detuvo a un costado del umbral del pasillo que conectaba al área principal de los Laboratorios.
—Cambió nuestras vidas, Iris —escuchó a Wally decir y la menor frunció el ceño.
"¿Quién cambió sus vid...? Oh, cierto, Barry"
"Fuiste lenta, eh", su mente se burló de ella.
»Y lo mantuvo en secreto ¿De verdad quieres que estemos bien con eso?
Madison se contuvo en hacer volar el borrador que estaba en el escritorio y estamparlo en la cabeza del morocho. La niña creía que Wally no estaba siendo muy racional, lo que Barry había hecho no era algo fácil de contar; el muchacho se había tomado su tiempo para asimilar él también las cosas y animarse a decirles la verdad.
—Todo lo que digo, Wally, es que Barry cometió un error —le respondió Iris.
—Sí, lo hizo —murmuró Cisco con cierto enojo.
—Cisco, todos cometemos errores para proteger a las personas que amamos —Iris volvió a responder y la niña casi sale de su escondite para darle un efusivo abrazo por defender a Barry, aunque no lo hizo porque quería escuchar un poco más.
»Digo tú le dijiste a Captain Cold que Barry era Flash para defender a tu hermano.
—De acuerdo, no fue mi mejor momento —había una pizca de ironía en las palabras del pelinegro.
—Ese es mi punto. Fue una decisión que tomaste en el momento. Un momento de desesperación. —Madison sonrió ligeramente, si ella no podía hacerles entrar en razón estaba segura de que Iris lo haría. Había algo en la chica que a la niña le gustaba: la pelinegra, la mayoría de las veces terminaba del lado de Barry, apoyándolo en sus decisiones.
»Madi tiene razón. —La castaña se sorprendió ligeramente tras la mención de su nombre —Acá somos como una familia. Y a veces los familiares se enojan entre ellos por meter la pata. —la pelinegra se escuchó decidida en sus palabras —Pero también perdonan. —Esta vez Iris observó a su padre como si también estuviera hablando de su situación —Porque después de un tiempo, parece tonto cuando te pones a pensar en ello.
Joe le hizo una pequeña mueca a su hija y alzó un poco su brazo, invitándola a que se acercara a él. Iris le sonrió débilmente y ambos se abrazaron.
Madison supo que, con aquel gesto, se habían perdonado.
—Chicos, Iris tiene razón —Esta vez fue Caitlin la que habló y la menor le hizo muy feliz escuchar que estaba del lado de la morocha. —Todos tenemos secretos. Todos hemos metido la pata, pero es Barry de quien estamos hablando —expresó con su cálida voz.
Madison decidió hacer acto de presencia y, como Iris ya se había separado de su papá, la pequeña fue directo hacia ella y le dio un pequeño abrazo.
—Wow, ¿y a qué se debe este lindo gesto? —la pelinegra cuestionó, tomándola por sorpresa la acción de la niña.
—Gracias —Madison se separó y la observó mostrándole una leve sonrisa. Iris entendió su agradecimiento y le devolvió la sonrisa.
Cuando no escuchó alguna queja por alguien más del grupo, la pequeña se aplaudió mentalmente por la victoria, de algún modo supo que le habían perdonado a Barry o por lo menos estaban dispuestos a darle una oportunidad. No, no era fácil de asimilar lo que Flash había hecho, pero sabía que con el pasar de los días aprenderían a vivir con aquella nueva realidad.
Madison se fue a sentar en el regazo de Caitlin y la abrazó con todas sus fuerzas. La niña frunció ligeramente el ceño al percatarse de lo fría que la mayor se encontraba; pero decidió no comentarlo en voz alta. La ojiverde se acomodó mejor y apoyó su espalda en el pecho de la chica que tenía sus brazos envueltos por su pequeña cintura.
—Madi, yo... —Cisco dio unos pasos en su dirección.
—No quiero escucharte, aún sigo enojada contigo Francisco Ramón —la niña afirmó cruzando sus brazos y girando un poco su cabeza para no verlo. Sí, en algún momento Madison lo perdonaría, pero se sentía con el derecho de seguir molesta con el chico por haber culpado a Barry de ese modo.
El ojinegro quiso decirle algo más, pero las alarmas comenzaron a sonar sobresaltando ligeramente a Madison. Caitlin se acercó con ella hacia la computadora y observó lo que estaba mal.
—¡Barry! —Llamó la niña, pero no parecía que el chico estaba escuchando.
—Su comunicador no está funcionando —informó Cisco luego de acercarse y teclear algunas cosas en el otro computador. —Está en el taller Prescott.
—Eso está justo a la vuelta de la esquina —indicó Joe. Madison se tensó nuevamente al ver que los signos vitales de Barry, que se mostraban en la pantalla, estaban en rojo.
—Tenemos que hacer algo —habló con urgencia Wally.
Entonces, Cisco fue a colocarse sus gafas y guantes que amplificaban su poder. El pelinegro rápidamente abrió una brecha y lo perdió de vista.
—Caity... —susurró Madi, tratando de encontrar apoyo en la chica. No le gustaba cuando Flash salía a una misión y recibía una paliza. No le gustaba que Cisco estuviera allí afuera combatiendo con villanos, cualquiera de los dos podía salir gravemente herido.
—Van a estar bien, cielo —murmuró la muchacha, tratando de que no se preocupara.
—Aléjate de mi amigo —escuchó de repente por el auricular de Cisco. La niña se sorprendió ligeramente, pero le causó alegría saber que el pelinegro lo había perdonado.
—¡Barry! —exclamó Madison al ver que el velocista aparecía junto a Cisco. La menor se bajó del regazo de Caitlin y fue a darle un efusivo abrazo al castaño. —¿Estás bien? —cuestionó alzando la cabeza para observarlo.
—Lo estoy. No te preocupes —El muchacho sonrió.
—¿Lo derrotaron?
—Lo hicimos.
—¿Yo no voy a recibir uno de esos? —escuchó la voz de Cisco y volteó a verlo, solo para asegurarse de que estuviera en una sola pieza. Por surte no estaba herido.
—¡No! —Madi medio gritó y giró su cabeza para apoyar su mejilla a la altura del abdomen del castaño. Barry le dio una rápida mirada a Cisco y moduló un «ya se le va a pasar» para luego sostenerla debajo de sus brazos y cargarla.
Madison colocó sus piernas a cada lado del cuerpo del castaño y sintió que comenzaba a caminar hacia adelante. Después se sentó con ella en una de sillas giratorias y empezó a contarles sobre un tal sujeto enmascarado que se hacía llamar Alchemy y era quien le había dado la velocidad a Clariss. Cisco trató de encontrar a ese tal Alchemy, pero no había nadie con aquella descripción.
Madison los escuchó un rato más, pero luego de aburrirse se removió un poco del agarre de Barry para que la bajara, así que el chico así lo hizo.
—¿Me das mi celular? —cuestionó la niña. A veces Madison le daba su celular a Barry para que se lo guardara y ella no lo dejara por ahí botado y olvidado. El chico hizo una pequeña mueca, pero de igual modo rebuscó en sus bolsillos.
»¿Lo perdiste? —acusó la niña al ver que el castaño no encontraba el aparato.
—No, es solo que cuando me cambié...
—¿Buscas esto, Mads? —Wally de algún modo tenía el celular en su mano izquierda y tenía una sonrisa algo sospechosa en su rostro.
—Sí, ¿me lo das? —Madison trató de agarrarlo, pero con rapidez Wally alzó el brazo y a esa altura era imposible que la niña lo alcanzara, incluso si estaba saltando con todas sus fuerzas. —¡Wally! —hizo un tono algo más agudo, y en respuesta sólo obtuvo una pequeña risa por parte del muchacho.
La menor bufó, pero observó un lápiz sobre el escritorio y, alzando su brazo derecho, con su poder lanzó el objeto a la cabeza de Wally.
—¡Auh! —se quejó, sobando el área lastimada con la punta de ese lápiz. —Ahora por tener esa horrible actitud conmigo te olvidas del celular, niña. —Entonces Wally comenzó a caminar con rapidez hacia la salida.
—¡Ven aquí, idiota! —masculló la menor comenzando a perseguir al más grande.
Barry negó con la cabeza mientras Joe rodó los ojos.
—¡Niños, ya basta! —exclamó el mayor de todos. Pero sus órdenes fueron ignoradas ya que Madison comenzó a corretear a Wally intentando que le devolviera el dichoso aparato.
Qué podía decir, cuando Wally se aburría, le gustaba fastidiar a la más pequeña.