Respirar.
Aquella acción tan simple de llenar sus pulmones de aire, en ese instante, parecía la tarea más difícil de todos los tiempos. Podía sentir el oxígeno pasar por sus fosas nasales, pero no parecía llegar a su destino. Era sofocante, era increíblemente difícil.
Aunque logró disimularlo de alguna forma ante los preocupados presentes.
Madison apretó sus puños con tanta fuerza que sus uñas dañaron ligeramente las palmas de sus manos, así esperando salir de ese doloroso shock en el que se encontraba. Todo parecía ocurrir lentamente a su alrededor y las palabras de su familia estaban en un tercer plano, no lograba darles sentido.
"Respira", su mente le recordó.
"Respira"
La acción era difícil, pero no imposible. No, no podía ser imposible porque llamaría la atención de los demás y era lo que menos quería. Necesitaba dejarlos pensar en un plan y solucionar la horrenda escena que se reproducía frente a sus narices.
Deseaba con todas sus fuerzas pretender que todo estaba bien, pero ¿cómo hacerlo cuando Wally estaba frente a ella en ese estado?
—¿Madi? —escuchó a lo lejos que la llamaban. Deseaba ignorar a la persona, pero no quería que sospechara que su estado no era el mejor. Debía salir de aquella conmoción cuanto antes.
Sintió que la tomaban de la mano y tiraban de ella un poco. Madison quiso protestar, pero nada salió de su boca, simplemente sus pies se arrastraron vagamente, siguiéndola. El andar de ambas se detuvo a unos centímetros fuera de la sala donde se encontraba Wally, aunque los ventanales de vidrio aún le permitían a Madison ver algo del morocho.
—¿Cómo...? —la niña logró pronunciar en un murmuro, aunque su estado y garganta seca le dificultó completar su oración.
—Ten, cielo —murmuró con amabilidad la dueña de la voz.
"¡Reacciona!", se gritó.
"Respira"
Madison tomó una gran bocanada de aire y, por suerte, sintió que esta vez sus pulmones se llenaban un poco más de aquel vital elemento químico. La niña agachó su vista y se dio con la sorpresa de que Caitlin estaba de cuclillas frente a ella, entregándole un vaso con agua hasta la mitad.
La niña no perdió el tiempo y extendió ligeramente su temblorosa mano para agarrarlo. El líquido fue bienvenido con algo de urgencia. La seca garganta de la niña se sintió mucho mejor. Su estado de ligero trance, poco a poco, fue dejado atrás; Madison necesitaba enfocarse en lo que estaba ocurriendo, así evitar que el pánico invadiera cada esquina de su anatomía.
—¿Mejor? —murmuró con cautela la muchacha, en esa posición era unos centímetros más baja que la niña, así que tuvo que alzar un poco su cabeza para observarla. La chica podía ver que Madi todavía seguía en estado de conmoción, pero por lo menos ahora no estaba respirando con dificultad, aquello alivió a la Cait de sobremanera.
Quizás no debieron dejar que la pequeña vea el estado de Wally o presenciara la lucha entre Alchemy, Savitar y Flash, aquel último siendo ayudado por Cisco y por ella misma -Sí, Caitlin había tenido que usar sus poderes para poder salvar la vida de Barry; y aquello, aunque había sido sumamente importante, le hacía sentir que algo no estaba bien dentro de ella- Pero todo había sucedido increíblemente rápido, y la niña había quedado en medio de aquel conflicto.
»Madi —volvió a llamar y sostuvo el vaso de vidrio, con su otra mano colocó un mechón de su cabello detrás de su oreja y la observó con calidez.
Madison sintió el tacto de Cait y devolvió su vista hacia ella. Tratando de no enfocarse en Wally. Era aterrador y fascinante a la vez ¿Cómo había quedado atrapado en esa especie de gigante c*****o? ¿Dolía? ¿Sobreviviría? ¿Cómo es que podría salir de esa especie de membrana con ramificaciones que cubría enteramente su cuerpo?
Estaba nerviosa y asustada por el bienestar de Walls. No podía perderlo. A nadie.
»Respira, pequeña —Escuchó la orden de Caitlin. Madison se obligó a hacerle caso ¿cómo había olvidado de hacer algo tan vital como inhalar aire? —Todo estará bien, Madi —escuchó las palabras de su amiga y solo pudo asentir con la cabeza. Tenía muchas preguntas, pero primero debía ordenar sus pensamientos para poder formular si quiera una.
—Caity, tus ojos —la niña susurró de pronto. Madison frunció el ceño y aquello llamó totalmente su atención, dejando momentáneamente de lado todo lo demás. El iris de los ojos de la muchacha brillaba de un color blanco.
Impresionante.
Madison no pudo evitar pasar con suavidad sus pequeños dedos sobre los alrededores de los ojos de la, ahora, preocupada chica. Para la niña, los poderes de Caitlin seguían siendo todo muy confuso y deslumbrante a la vez, todavía no asimilaba la información de que, ahora, también era metahumana.
—¿Qué haces? —la voz de Caitlin la asombró de sobremanera, su tono era más grave, más pausado...más frío. Aquella brusca pregunta hizo que Madison bajara su mano de inmediato.
—Yo... —Madison trató de explicarse y bajó su vista un momento, dándose con la sorpresa de que el vaso de vidrio que la mayor sostenía estaba congelado —Caity ¿estás bien? —Madison cuestionó con cierto nerviosismo.
—No me llames así —Caitlin se levantó de golpe y el vaso terminó haciendo un ruido sordo contra el piso. La niña se sobresaltó y retrocedió unos pasos, no pudiendo evitar verse asustada.
Por unos milisegundos, Madison pudo ver cierto arrepentimiento en los ojos blancos de la muchacha, pero tan rápido como llegó se fue y nuevamente le mostró aquella dura mirada.
Entonces, unos mechones del cabello de Caitlin se tornaron casi de color plateado.
Esto no era bueno. Para nada bueno.
—Frost —susurró la niña, sin la valentía de usar la palabra "Killer" delante de ese sobrenombre.
Por un momento, Caitlin parecía tener un conflicto interno con ella misma, pero, desgraciadamente, ganó su alter ego. Y una sonrisa ladina se asomó en sus labios, sin una pizca de gracia.
—Saldré. Si dices algo, puede pasarle algo a tu preciada Caitlin —soltó con aquella grave voz. —Sé astuta —La metahumana le mostró el vaho de hielo en forma de advertencia y luego salió corriendo.
Madison sintió la asfixiante conmoción nuevamente trepar por las paredes de su pequeño cuerpo, arañando su interior casi lastimándola. La niña se quedó inmóvil en su lugar mientras la información trataba de procesarse en su cabeza.
"Respira"
La ojiverde sabía que algo raro estaba sucediendo con Cait, luego de que usara sus poderes para salvar a Barry de ese tal Savitar -de quien vagamente había escuchado hablar al equipo- pero no sabía que eso era lo raro...lo malo.
—Caitlin —susurró con miedo, con angustia. ¿Qué se suponía que debía hacer ahora?
Con lo que estaba ocurriendo con Wally y ahora Caitlin, la pequeña figura de Madison tembló, sintiendo nuevamente su pecho comprimirse, sintiendo nuevamente el oxígeno poco a poco escasear dentro de ella. Su alocada mente no le daba ni un solo respiro, esa maraña de pensamientos no la dejaban llegar a una útil conclusión, y se sintió totalmente impotente y, sobre todo, con miedo.
Necesitaba a Barry, pero sabía que si lo veía no podría aguantar mucho tiempo hasta que desmoronara frente a él. Pero Frost podía hacer algo grave, muy grave. La menor sintió ganas de gritar, de usar sus poderes con algo y desquitarse, aunque no hizo nada eso.
—¿Madi? —escuchó su apodo y soltó una maldición. No había ni siquiera transcurrido cinco minutos y ya tenía al castaño frente a ella —¿Qué ocurrió? —cuestionó con preocupación cuando vio el vaso de vidrio roto esparcido a los pies de la pequeña.
Sin esperar una respuesta, Barry la tomó de la cintura y la alzó con mucha facilidad, colocándola a unos metros de donde estaban los vidrios. No quería que se hiciera daño.
»¿Te lastimaste? —la preocupación teñida en las facciones del muchacho no pasó desapercibida —Madison —pronunció con firmeza y algo de urgencia al no obtener respuesta luego de unos segundos, sosteniendo delicadamente el mentón de la niña y alzando su cabeza para que lo mirase y le prestase atención.
"Piensa en algo, tonta"
—Estoy bien —Madi murmuró al fin, tras observar la intensa mirada del muchacho. Ahora con el alivio notorio. —Es-estaba tomando agua y se me cayó —susurró aquella explicación —Lo siento.
—No, está bien. Fue un accidente —Barry le mostró una diminuta sonrisa.
—Puedo recogerlo —Madison hizo el ademán de avanzar hacia donde estaban los vidrios, pero ni siquiera pudo dar el segundo paso, ya que Barry tenía sujeto su brazo con algo de firmeza.
—No, Madi, puedes cortarte. Yo lo hago. —Madison quiso rodar los ojos, pero se contuvo. Solo eran unos cuantos pedazos de vidrio roto, claro que podía recogerlo. Simplemente le dio un corto asentimiento, porque no tenía ganas de protestar.
Había un tema mucho más importante del que no sabía qué dîablos hacer.
El velocista limpió todo en menos de cinco segundos y soltó un débil suspiro al ver la menor perdida en sus pensamientos viendo a lo lejos a Wally.
»Pequeña —Barry pronunció en un intento de llamar su atención. Al no ver resultados el chico se colocó de cuclillas frente a ella y con suavidad volteó su cabeza en su dirección. —¿Cómo estás?
Madison lo observó unos segundos, tratando de ordenar sus pensamientos, tratando de encontrar un momento de paz entre tantas preguntas e ideas que se formaban en su mente.
La niña frunció el ceño ¿Cómo estaba? Estaba por colapsar en cualquier momento, pero quería ser fuerte.
—Quiero que Wally esté bien —susurró, tratando llevar toda su atención a ese problema y no al otro. No sabía si debía divulgar lo de Caitlin, pero hasta no estar segura, fingiría que estaba mal solamente por lo de Wally.
—Y lo va a estar. Lo prometo —murmuró un afligido Barry, colocando un mechón de cabello de ella detrás de su blanquecina oreja.
—¿Cómo sabemos que está bien ahí adentro?
—¿Recuerdas cómo se crean las mariposas? —preguntó el muchacho.
—¿Mariposas? —cuestionó con mucha duda. Sí lo sabía, había llevado biología y se lo habían enseñado —¿Eso que tiene que ver?
—Esa enorme especie de c*****o, en donde está Wally, actúa como lo hace en las orugas antes de ser mariposas —Barry comentó, tratando de explicar la situación en palabras que la niña comprendiera.
—Oh —Madison murmuró algo sorprendida de que aquello lo estaba sucediendo al morocho —¿Y le duele? —cuestionó con voz pequeña y con inocencia.
—No. Wally está en un profundo sueño —Barry pronunció la no completa verdad. Wally estaba más como en coma, pero no quería alterar más a la niña.
—¿Y cuándo va a despertar? Ya ha pasado casi medio día.
—Eso aún no lo sabemos, pero Caitlin tomó sus signos vitales y está bien allí adentro.
—¿Y si Alchemy viene por él? —cuestionó con preocupación —¿O ese tal Savitar? —pronunció el nombre de aquel nuevo villano —Al parecer solo tú lo ves —expresó al recordar la pelea que se proyectó en la pantalla del computador.
Al principio, Flash estaba combatiendo con un ser aparentemente invisible, pero cuando Caitlin intervino y lo congeló, logró verlo por una fracción de segundo. Había sido aterrador, su traje no era como el de Barry o el de Zoom, no, ese era prácticamente una armadura de acero.
Madison negó levemente con la cabeza, no quería ponerse a pensar en ese horrible villano que parecía mucho más veloz y fuerte que Flash e incluso Zoom.
»¿Sí le hace daño? ¿O a ti? —Madison inquirió con rapidez. Esta vez sintió su cuerpo nuevamente temblar y su máscara de niña grande flaqueó delante del muchacho.
—No dejaremos que le hagan nada a Wally. Aquí estamos a salvo —respondió. Aunque Madison no pudo quedarse del todo tranquila.
—Pero...
—¿Qué te parece si vamos por algo de comer? Ya es hora de tu almuerzo.
—No puedo comer nada —anunció cruzando sus brazos.
—Pero no puedes estar todo el día sin comer. No creas que no supe que no tomaste tu chocolatada en el desayuno y en su lugar se lo diste a H.R —Madison se sonrojó ligeramente al enterarse de que Barry la había descubierto. Honestamente creyó que había sido muy cuidadosa.
—¿Cómo lo supiste?
—Eso no debe importarle a usted, jovencita —Barry le dio un toquecito en su nariz. No quería decirle que H.R había entrado al taller de los Laboratorios con las comisuras de sus labios llenos de chocolate, delatándose inmediatamente ante el velocista.
Madison hizo un ligero puchero, odiaba cuando Barry parecía poder enterarse de absolutamente todo lo que ella hacía. Entonces, acercándose más al muchacho, pasó su brazo por el hombro izquierdo de él y recostó su mejilla en su hombro derecho.
—No vale que te enteres de todo —musitó a lo que Barry no pudo evitar sonreír ladinamente —En serio, no sé si pueda comer —susurró.
—Solo un par de mordidas y listo, eres libre —El velocista se levantó con ella en brazos y comenzó a caminar hacia el área principal. El muchacho quería distraerla un rato. Y también él necesitaba un pequeño descanso, su mente estaba hecha un lío con el nuevo problema de Wally y las complicaciones de su caso.
Madison descubrió su rostro al sentir que Barry la sentaba en la silla alta de la única mesa libre de aparatos electrónicos en los Laboratorios.
—¿Compraste Big Belly Burgers? —cuestionó al ver las bolsas blancas que tenían el logo del local.
—Mhm —musitó Barry sacando el sándwich envuelto —Fue idea de H.R. Dijo que te gustaría. —Madison hizo una diminuta sonrisa. Lo alimentos de ese lugar eran exquisitos. Aunque...bueno, Barry no era fan de la comida chatarra, pero apostaba que H.R lo había convencido de algún modo.
—¿Tú también comerás? Porque eso es demasiado, Barr —la niña se quejó al ver más sándwich siendo puestos sobre la mesa.
—Tranquila, yo también comeré —El chico sonrió y se sentó al lado de la niña.
Madison observó que el castaño desenvolvía uno de los sándwiches hasta la mitad y se lo entregaba, además que había colocado una soda mediana frente a ella.
Ambos comenzaron a engullir su alimento. Madison sintió su apetito crecer mientras comía un bocado tras otro, hasta que la menor llegó a la mitad de su hamburguesa y la dejó sobre la mesa.
—Ya no quiero más —murmuró. Estaba delicioso, pero cada sándwich era casi del porte de su cara y su pequeño estómago iba a explotar.
—¿Un bocado más? —probó el chico, tras terminar su quinto sándwich.
Sí, quinto.
Madison negó con la cabeza. —No más —Hizo un tierno un puchero y el muchacho no insistió.
—Bien.
—¡Barry ese es el sexto! —la pequeña abrió los ojos con asombro. —¿Acaso tienes un agujero? —Madison cuestionó, acercándose al chico y alzando un poco su camisa de a cuadros.
El velocista rodó los ojos, sin poder evitarlo.
—Madi, no sé qué estás buscando. No tengo un agujero —El muchacho le dio una suave palmadita en su mano para que soltara su prenda de vestir. Y la pequeña no pudo evitar reír por el gesto que él había hecho. —Soy un velocista, necesito mucha comida, enana —explicó limpiando sus manos con la servilleta.
»¿Segura que ya no quieres? —preguntó y señaló la hamburguesa que había dejado.
Madison negó con la cabeza.
Entonces, Barry se la terminó usando su supervelocidad.
—Eres un tragón —murmuró la menor y terminó de tomar su soda. Barry la observó alzando ambas cejas divertidamente, a lo que Madi se encogió de hombros haciendo una diminuta sonrisa.
—¿Te gustó?
—Delicioso —dijo la pequeña.
—Bien, vayamos a lavarnos las manos y los dientes —Madison bajó de un salto de la silla y tuvo una idea. —No vale que uses tu velocidad —anunció y el ojiverde frunció el ceño confundido.
—¿Por qué no usarí...?
—¡A qué no me alcanzas! —dicho aquello, Madison comenzó a correr hacia los pasillos. Barry le tomó tres segundos en procesar lo que estaba ocurriendo y no pudo evitar sonreír y negar levemente con la cabeza.
—Ven aquí, renacuajo —usó el apodo que Cisco le había dado y luego comenzó a perseguirla a trote. Quería darle algo de ventaja, y…bueno, las piernas cortas de la niña no la dejarían avanzar muy rápido a comparación de las suyas.
Por un momento, ambos olvidaron los hechos acontecidos de esa mañana. Por un momento, liberaron su mente y se permitieron relajar y apartase de los problemas que estaban ocurriendo. Solo por un momento.
Sus mentes necesitaban un respiro.
La risa de la niña se escuchó por los pasillos del lugar, alegrando un poco el tenso ambiente. Madison corría como si su vida dependiera de ello. Y no supo que necesitaba esa adrenalina hasta ese instante.
Entonces, antes de llegar al amplio baño, sintió que la tomaban de la cintura y la alzaban con rapidez. Madison dejó salir un gritito de sorpresa y diversión, pues no se esperaba aquello.
—Te atrapé —escuchó a Barry decir en su oreja y ella no pudo evitar reír por uno segundos, para luego calmarse y apoyar su nuca en el hombro del chico, ya que le estaba dando la espalda.
—Eres un tramposo —dijo por fin en forma acusatoria con la respiración acelerada.
Barry la colocó en el piso con una sonrisa plasmada en sus labios. Madison tuvo que inclinar un poco su cuerpo para apoyarse en sus muslos. La carrera la había dejado exhausta ¿cómo Barry parecía que ni hubiera caminado?
—Ni siquiera usé mis poderes, renacuajo —molestó, revolviendo el cabello de la menor.
—¡Hey! —reprendió por decirle de esa forma. Se enderezó y le dio una palmada a la mano de Barry por haber desordenado su cabello, tratando de observarlo con molestia -aunque para el castaño su gesto era de pura ternura-
—Igual no se vale, porque...porque tienes gigantes piernas —Madison le sacó la lengua y el muchacho negó levemente con la cabeza, divertido.
La pequeña comenzó a caminar hacia el baño. Era uno donde había tres lavamanos y separado se encontraban los inodoros.
—Hmm ¿Barry? —llamó la niña al terminar de lavarse las manos.
—Hmm ¿Madi? —el chico pronunció en el mismo tono que la ojiverde.
—Aquí no hay cepillo de dientes —indicó.
—Oh, cierto —Rascó su nuca —Espérame aquí —El velocista no le tomó ni diez segundos en volver con dos cepillos de dientes nuevos y pasta de dientes.
Ambos se cepillaron los dientes y la niña también enjuagó su rostro para luego utilizar el baño rápidamente, al salir se volvió a lavar sus manos y giró su cuerpo en dirección al muchacho.
—¿Vamos? —Madison preguntó comenzando a caminar fuera del baño. La niña soltó un leve suspiro, ahora que la adrenalina ya no estaba más en su organismo, volvía a sentir la preocupación invadir cada esquina de su anatomía.
Barry caminó a su costado sosteniendo su pequeña mano y soltó un leve suspiro.
—¿Quieres jugar en una de las computadoras?
—Estoy bien —Madison se encogió de hombros. No estaba de humor para jugar, no con Wally dentro de ese c*****o. Sí, Barry le había dicho que estaba bien, pero quería verlo fuera de esa enorme membrana que lo envolvía y asegurarse con sus propios ojos de que Wally estaba sano y salvo. Aún todo seguía siendo muy incierto y podía cambiar en segundos.
—¿Leer algo? Así no te aburres —el chico probó.
Madison negó con la cabeza. —No estoy aburrida, Barr. Solo quiero esperar a que Wally despierte y verlo bien —murmuró.
—Bueno, entonces, busquemos a Caitlin para que te quedes con ella ¿sí?
La mención del nombre de la chica hizo que Madison se tensara de sobremanera, recordando cuál era el verdadero estado de su mejor amiga. Debía cuanto antes decidir qué hacer.
"Maldición", gritó dentro de su cabeza. Nuevamente se sentía acorralada. Sintió, otra vez, la presión de tomar una decisión recorrer su organismo, oprimiendo nuevamente su pecho. Era algo sumamente estresante. No quería tomar una decisión como esa.
»¿Madi? —Barry habló cuando agachó la cabeza para encontrarse con la preocupación y el nerviosismo plasmado en las facciones de la pequeña. —¿Está todo bien? ¿Sucede algo? —cuestionó, no la había visto en ese estado hasta que mencionó el nombre de Caitlin.
»Cariño, si está ocurriendo algo, debes decirme —su tono de voz cambiando algo más serio.
—Barry, creo que...
—Esperen ¿Qué está sucediendo? —interrumpió la voz de Joe. Ni Barry ni Madison se dieron cuenta de que ya habían llegado a la habitación donde se encontraba Wally y por ende Iris, Cisco y, ahora, Joe. El hombre lucía ajetreado, confundido y ahora preocupado.
El tono de voz del hombre la hizo tensarse y frunció el ceño al ver el estado de Joe.
¿Ahora qué había ocurrido?