Capítulo 38

2983 Palabras
Madison seguía sentada sobre los hombros de Barry cuando ambos pasaron por el Taller de Cisco. Entonces, el velocista entró, agarró el tarro de dulces y lo abrió sacando uno -que era una gomita larga de color roja- y se lo alcanzó a Madison; tal y como le había dicho que lo haría en su conversación en la habitación. —Espera, ¿tú sabías dónde guardaba los dulces? —Madison preguntó con algo de sorpresa, recibiendo la deliciosa gomita algo ácida y comenzando a comer. —Yo lo sé todo —Barry expresó y Madison hizo una nota mental de cambiar de lugar de unos cuantos —Ahora, no vayas a ensuciar mi cabello, enana —el castaño murmuró con ligera advertencia. —¿Cómo crees? —cuestionó con fingida indignación —Yo soy la más limpia del mundo mundial. Barry soltó un débil suspiro, pero no pudo evitar sonreír. Estaba alegre de que la niña ya no estuviera llorando, o con miedo o enojada. Madison siguió en sus hombros hasta cuando llegó al área principal, donde se encontraban todos. Iris, Caitlin, H.R, Cisco y Joe. El ultimo no pareció muy contento al ver dónde estaba sentada la niña. —Barry, ¿puedes ponerla en el piso? Si llega a caer... —Joe se escuchaba irritado y preocupado. Madison tuvo la corazonada de que era por su hijo biológico. —Él no me dejará caer, dah. —¿Por favor? —Joe le pidió a Barry, aunque había una orden camuflada. Ahora que Madison se daba cuenta mejor de su alrededor, percibió que el ambiente estaba algo tenso. La imagen de la cámara que monitoreaba a Wally se podía ver en uno de los televisores colgados en la pared de los Laboratorios. —Bien —murmuró el muchacho, también dándose cuenta de la situación en la que se encontraban sus amigos y sus facciones se volvieron algo más serias. Esta vez sostuvo de la cintura a la niña y, sin mucho esfuerzo, la alzó por encima de su cabeza -lo suficiente para que no chocara- y la puso en el piso sana y salva. Madison soltó un suspiro, pero decidió no protestar. No parecían de estar del mejor humor, así que simplemente se sentó en la silla giratoria. —Como decía, Wally no era el mismo, parecía poseído —escuchó la voz de Iris, Madison tensándose ligeramente al recodar lo ocurrido —Estoy segura de que Alchemy lo llamaba. —No debí irme —un preocupado Joe pronunció. Madison recordando que él tuvo que ir con Cecile a la comisaria. —Está bien, Joe. No le sucedió nada —expresó Barry acercándose un poco al hombre, tratando de tranquilizarlo. —No está bien, Barry —Joe señaló la pantalla donde se podía ver a su hijo biológico inconsciente —¿No podemos hacer nada contra esa cosa que lo busca? —Bueno, detuvimos al metahumano Sombra, ahora podemos enfocaremos en Alchemy. Madison soltó otro de sus tantos suspiros y apoyó su nuca en el respaldar de la silla. Lo que estaba sucediendo era estresante. —¿Barr, tienes mi celular? — Madison, luego de unos minutos, peguntó con la voz algo baja mientras los demás daban ideas de lo que se podía hacer. Por lo que Madison pudo oír, logró entender que lo demás habían llegado a la misma conclusión que ella: lo metahumanos que estaba siendo enviados para combatir a Flash eran solo una distracción para que Alchemy pudiera tener a Wally. Barry rebuscó en sus bolsillos y, luego de encontrarlo, se lo entregó. La menor lo encendió y comenzó a buscar uno de sus tantos juegos. Quería distraerse, dejaría que los adultos llegaran a una solución mientras ella intentaba ordenar sus ideas. Se sentía algo frustrada de no poder ayudar con algo más, pero ciertamente no sabía qué más hacer, solo esperaba que nada malo le sucediera a Wally. Luego de otros minutos más, los murmullos de su familia se intensificaron. Madison intentaba concentrarse en el juego de su celular, pero ya no parecía estar dando resultados. La dosis de cafeína del Frappuccino. que había tomado infraganti, comenzaba a evaporarse de su sistema y podía volver a sentir el cansancio dominar su anatomía. Era un poco más tarde que la siete de la noche, pero el ajetreo del día comenzaba a pasarle factura. —Ignorar el problema no lo elimina —la voz de Cisco logró llamar su atención. Todos guardando silencio y enfocándose en el pelinegro. Francisco estaba observando a Caitlin y Madison, de algún modo, supo lo que él pretendía hacer, al igual que la muchacha. »Debemos enfrentarlo —agregó. Caitlin observó a su mejor amigo y le negó con la cabeza para que no abriera la boca, pero algo le decía que no se callaría —¿Verdad? Madison dejó su celular y se enderezó. —Cisco, no... —Intentó decir la niña, pero fue interrumpida. —¿Qué? —Barry le preguntó a Cisco, que seguía observando a Caitlin. El castaño lucía confundido al igual que los demás. —Nada —intervino de inmediato la mayor. —Vamos Caitlin —expresó Cisco con ligero reproche. La tensión en el ambiente era palpable y Madison quería evitar lo que presentía que sucedería, aunque no sabía cómo, porque Cisco se veía muy decidido en divulgar aquel secreto. —Ahora no, Cisco —Cait habló con más firmeza. —No puedo seguir callando, Caitlin. Debes decirles —el pelilargo elevó un poco más su voz y la niña negó levemente con la cabeza. —¿Qué tienes que decir? —preguntó Joe con curiosidad, acercándose un poco más a la escena. El lugar se quedó en silencio unos segundos, toda la atención puesta en Caitlin. Barry tenía el ceño fruncido y Joe y Iris lucían confundidos pero expectantes. Madison sabía la presión que la chica estaba sintiendo en ese momento. Toda la atención había recaído en ella y todo por culpa de Cisco. No era el modo, Madison no concordaba en la forma en cómo el pelinegro la había expuesto. —Tengo poderes —Caitlin dijo al fin, quitándose los brazaletes que tenía para evitar que sus poderes se manifestaran. —¿Qué? —preguntó Joe, asombrado por la nueva revelación. Madison volvió apoyar su espalda contra el respaldar y frotó su sien un momento. Barry le dedicó una mirada, pero la niña lo ignoró, no estaba de humor para lidiar con él en ese momento. —¿Qué tipo de poderes? —Iris preguntó con cautela. Caitlin alzó un poco sus brazos y, con las palmas hacia arriba, mostró el vaho de hielo que salía de sus manos. —Del tipo frío —respondió Caitlin con la voz algo baja, observando algo preocupada. El lugar volvió a quedarse en silencio por unos minutos, todos asimilando la imagen que tenían al frente y la nueva información que Cisco y Caitlin habían arrojado. »¿Estás feliz ahora? —Caitlin cuestionó con ligera ironía y molestia, dirigiéndose a Cisco. —¿Qué? ¿Querías que mantuviéramos secretos entre nosotros? —No, pero esto no era tu secreto para contar —Caitlin elevó su tono de voz, enojada y a la vez dolida por cómo había tenido que comunicarles aquella noticia. —Lo hice porque me importas —Cisco se justificó. —Si te importo me hubieses dejado decírselos cuando estuviera lista. —Madison se sorprendió ligeramente por el tono alto de la chica. La de cabello marrón verdaderamente estaba enojada y era demasiado raro verla en ese estado, sobre todo frente a la pequeña. —¡Porque esto me está pasando a mí! ¡No a ti! —le indicó furiosa a Cisco y guardó silencio unos segundos. »Yo soy la que se convertirá en malvada —su tono de voz bajó un poco, pero Madi podía ver la tristeza también reflejada en sus ojos —Yo soy la que se tendrá que ir pronto —Madison sintió su corazón detenerse por un milisegundo al escuchar esas palabras. No podía dejar que se fuera. Caitlin caminó con rapidez fuera de aquella área y Madison sintió su corazón estrujarse. No tenía que ser adivinos para saber que la mayor estaba herida, triste, molesta, probablemente frustrada y con miedo. Los presentes volvieron a guardar silencio, algo sorprendidos, confundidos y preocupados por lo que acaban de escuchar. ¿Caitlin tenía que irse? —Nos vibré a los dos en el futuro luchando —comentó Cisco, cruzando sus brazos —Ella era Killer Frost. —No debiste...No debiste hacer eso Cisco —Madison se levantó de la silla, interviniendo enseguida. —Tenían que saber, Madison —El pelinegro respondió con seriedad. —¡No era tu secreto que divulgar! —Madison lo observó furiosa. Estaba enojada con el chico por haber expuesto así a Caity. —Tú también querías una solución para sus poderes y nosotros dos no podíamos hacerlo solos —el pelilargo recalcó. —¿Tú sabías? —H.R. cuestionó con sorpresa. —Sí, pero eso no importa —murmuró en dirección a Wells —Quería...Quería una solución, pero no de esta forma—esta vez miró al de cabello largo —, no hiriendo los sentimientos de Caitlin. ¡Ella no estaba lista, Cisco! —bramó. —Somos un Equipo, Madison. Merecían saberlo. —Lo sé —La niña trató de tranquilizar su enojo —Pero era decisión de Caitlin, no tuya ni mía —La menor negó con la cabeza y decidió salir hacia los pasillos. —Hey, Madi, espera —La niña escuchó su nombre, aunque se demoró un momento en detenerse. Y cuando lo hizo, ya estaban fuera de la vista de los demás. —Cisco... Cisco no debió obligar a Caitlin a contar su secreto —murmuró aquel pensamiento cuando lo tuvo al frente. —Lo sé, pequeña. Pero él cree que está haciendo lo mejor —Barry habló haciendo una ligera mueca. Sí, quizás el pelinegro había hecho lo que necesitaban ¿pero a qué costo? —No quiero que se vaya —susurró luego de un segundo, agachando su cabeza. —Cariño... —Debes hablar con ella, Barr —Madison casi imploró. La niña se acercó hacia el castaño y enrolló sus brazos por la cintura de él, hundiendo su cabeza en su abdomen. Ahora que ya no tenía que ocultar más aquella noticia frente a Barry, podía sentir sus paredes de niña grande desmoronarse. La pequeña apretó con más fuerza su abrazo y soltó unas cuantas lágrimas. »Caity no puede irse. No puede —habló con débil voz. A Barry se le estrujó el corazón al escuchar el tono quebrado de la pequeña, así que, por unos segundos acarició su cabellera, intentando calmarla. —Voy hablar con ella ¿sí? —El muchacho indicó luego de un momento. Madison alzó su mentón y lo apoyó en el torso del chico. —¿En verdad? —murmuró, clavando su vista en él. Barry aprovechó para limpiar las lágrimas de los ojos verdes de la niña y asintió con la cabeza. —En verdad —aseguró —Ahora, espérame aquí. Iré a buscarla, ¿bien? Madison lo soltó y le dedicó un pequeño asentimiento. El castaño dejó un casto beso en la cima de su cabeza y comenzó a caminar en dirección opuesta. Madison se deslizó por la pared del pasillo hasta que se sentó en el suelo. Dobló sus piernas y las abrazó, apoyándolas contra su pecho. Su frente quedando justo en el medio de sus rodillas. Y soltó un suspiro. -------- Quince minutos transcurrieron y Madison se impacientó, su mente trabajando a mil por hora. Decidió colocarse de pie e ir en busca de Barry y Cait, quizás ya habían terminado de conversar y solo se habían olvidado de ella. Luego de unos segundos de recorrer el pasillo, encontró a la chica y al chico en el lugar mediano donde se podía sacar radiografías o analizar diversos tipos de muestras sobre un paciente. Caitlin estaba sentada en la una de las sillas del escritorio y Barry estaba sentado en otra frente a ella. Madison mordió su labio inferior y, luego de asegurarse de que no interrumpiría alguna conversación entre ambos adultos, decidió entrar. —Yo...Yo lo lamento —Madison se encontró diciendo, colocándose de pie frente a Caitlin -dándole la espalda a Barry- En esa posición era un poco más alta que la de cabello marrón, así que agachó ligeramente su vista para verla. —¿Por qué...? —Le dije a Cisco que...que quería que hiciera algo para que no te fueras, pero no sabía que divulgaría así tu secreto —murmuró a lo que la chica hizo una diminuta sonrisa. —Cielo, esto no es tu culpa —dijo acariciando su mejilla. —Así que no debes disculparte ¿sí? —aseguró con calidez. Ahora que la niña la veía, ya no lucía tan alterada. Madison creyó que las palabras de Barry le habían ayudado de alguna forma. —No te vayas, Caity —murmuró sin poder contenerse un segundo más, La menor se abalanzó contra la muchacha, enrollando sus brazos por su cuello y la estrujó con fuerza contra ella —No te vayas —repitió con voz entrecortada —No puedes dejarme —susurró, sintiendo nuevamente las lágrimas picar detrás de sus párpados. —Estoy aquí. Estoy aquí, pequeña —La muchacha acarició la espalda de la niña que se encontraba entre sus piernas. —Haremos algo para solucionar el problema con los poderes de Cait, Madi —Barry probó para tratar de que la niña se sintiera mejor. Caitlin le dedicó una mirada al castaño. No era algo de lo que habían hablado, pero por el bien de la menor no se atrevió a decirle lo contrario. La pobre niña no merecía todo ese estrés. Nunca debió decirle que debía irse, no cuando sabía cuan importarte ella era para la más pequeña. Pero la preocupación de lo que podía ocurrir la tenía muy tensa y no la dejaba pensar con claridad. —¿Sí? —Madison se separó un poco de la chica y la observó. —Sí —murmuró tratando de sonar lo más decidida posible. Esta vez la mayor limpió las lágrimas acumuladas en los ojos de su acompañante, le dedicó una sonrisa cálida y besó su frente —¿Te parece si voy a mojarme el rostro y luego reviso los signos vitales de Wally? —Caitlin cuestionó con cautela. Madison estaba exhausta, sabía que Caitlin quería desviar el tema, pero no tenía las energías necesarias para reclamarle aquello. Por esa noche se aferraría a las palabras de Barry y Cait -Aunque una diminuta parte de su cabeza le dijeran que no era nada cierto, que sus palabras no habían sonado seguras ni le habían garantizado su completa estadía- —Y nosotros debemos ir a cenar e ir a la cama ¿no es así? —La voz de Barry le hizo girar un poco su cabeza. —Pero aún es temprano. Además, Wally... —Wally estará bien. Aquí estarán todos cuando despierte y nos llamarán si ocurre algo ¿cierto? —Esta vez Barry se dirigió a Caitlin y Madison volvió a voltear su cabeza en dirección a la chica. —Los mantendré al tanto —Caitlin afirmó al ver la indecisión en las facciones de la pequeña. Ciertamente, no quería que se quedara, le haría bien descansar. —Vas a estar aquí, mañana, ¿verdad, Caity? —Madison murmuró con ligera preocupación, con ligera urgencia. —Claro que estaré aquí. Es más, podemos ir por un rico desayuno ¿qué te parece? —preguntó con una sonrisa. Madison no pudo resistirse en mostrarle una amplia sonrisa de entusiasmo —Estupendo —dijo con alegría. —Perfecto —Caitlin dejó un beso en la mejilla de la niña y se levantó —Ahora, ve con Barry y come toda tu cena ¿de acuerdo? —le indicó con amabilidad, aunque pudo percibir una orden camuflada en ese tono. —De acuerdo —murmuró la niña. De seguro el bocón de Barry le había comentado a la Cait que, había unos días, donde no terminaba toda su cena; pero, qué podía decir, a veces no tenía apetito con todo lo que estaba ocurriendo. —Muy bien. Mañana pasaré por ti en la mañana ¿sí? —Madison asintió con entusiasmo. Como seguía de vacaciones la hora era perfecta. Caitlin se colocó de pie y le sonrió de esa bonita manera, característica de la chica. »Hasta mañana, cielo —la muchacha se agachó y besó nuevamente su mejilla. Así ambos perdiéndola de vista. Entonces, Madison se acercó a Barry y se desplomó sobre el regazo del chico, acurrucándose de costado contra él. —Va a estar todo bien, ¿cierto? —Madison solo quería escuchar una confirmación no importando lo que ocurriría más adelante. Quería sentirse aliviada, por lo menos esa noche. —Todo va a estar bien, cariño. Todo —el chico susurró besando su coronilla. —¿Crees que Cait se amiste con Cisco? —cuestionó de repente. —Claro que lo harán. Son mejores amigos, a veces se podrán pelear, pero siempre encontrarán la manera de amistarse. —Bien. —Y tú también debes amistarte con él —comentó. —Lo sé —murmuró —Pero primero lo haré sufrir un rato —Madison tenía una "malévola" sonrisa en su rostro y Barry no pudo evitar sentir algo de pena por su amigo. El muchacho negó divertidamente. —Ahora, vamos a comer algo y luego a la cama. —¿Te quedarás conmigo? —Todo el tiempo —Barry aseguró y, sosteniendo a la niña por debajo de sus brazos, la cargó. La menor no perdió el tiempo y apoyó su mejilla en el hombro del chico, sintiendo su pequeño cuerpo relajarse.
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