Capítulo 37

4530 Palabras
—¡Wally! —Madison volvió a llamar cuando el muchacho comenzó a retorcerse de dolor. Esta vez se agarraba el abdomen, dejándose caer al suelo de la celda. La menor buscó con rapidez su celular en sus bolsillos, pero recordó que lo había dejado arriba. La desesperación se abrió paso hasta instalarse en su pecho. Wally gritaba de dolor y Madison no sabía cómo ayudarlo. Entonces, sus gritos se calmaron y Madison se acercó más hasta la gruesa puerta de cristal que los separaba. »Wally —murmuró con el corazón bombeando muy rápido —Debo ir por ayuda —dijo en un susurro. No quería dejarlo solo, pero no sabía qué hacer. —No, está bien, Madi. Sólo fue ese recuerdo. Ya estoy bien —acotó el mayor. —Mejor iré por Ba... —su temblorosa voz fue interrumpida cuando el morocho se agarró la cabeza con ambas manos y liberó un ruido lastimero. Wally nuevamente experimentó el mismo dolor que cuando estaba en la cocina, hace unas horas atrás. Con la diferencia que, ahora, escuchó el llamado de Alchemy; trató de ignorarlo con todas sus fuerzas, pero era complicado. Madison frunció el ceño cuando los quejidos del morocho se acallaron, él bajó sus brazos y observó a todos lados, como si alguien le estuviera hablando u ordenando algo. »¿Qué pasa? —preguntó Madison con urgencia. Ahora estaba segura de que su plan no había funcionado, ya que, de igual modo, Alchemy había logrado meterse en la cabeza de Wally, y aquello logró frustrarla y asustarla. —Debes abrir la puerta, Madison —pidió el muchacho con rapidez, en tono algo neutro, como si no fuera realmente él. —¿Qué? No...No puedo hacer eso —expresó la menor. Técnicamente sí podía. Luego de pensarlo mucho, Barry, había decidido que ingresaría su huella dactilar así podía usar la "llave digital" para abrir la puerta desde aquella especie de Tablet que estaba al lado de la celda; pero solo en caso de una emergencia. Flash ya había quedado atrapado en la celda dos veces y Madison no había podido ayudar. Aunque, la estricta regla que le había dado el castaño era que solo podía acercarse a ese lugar si era de suma necesidad. Pero, en ese momento, Madi no quería abrir la puerta, ya que quizás Alchemy lograría atraer a Wally hacia él o algo por el estilo. Entonces, el morocho dejó salir otro grito lastimero y luego se acercó al vidrio. —¡Abre la puerta Madison! —exigió con urgencia, golpeando el vidrio con sus puños. Madison se sobresaltó por su tono de voz y por el ruido del cristal, retrocediendo unos pasos. —Walls, de-debes calmarte —tartamudeó en voz baja. Ya estaba asustada. —¡Necesito salir! —demandó con severidad, con dureza. Madison se encogió en su sitio por aquella ferocidad. Sin poder evitarlo aquello le hizo recordar a Robert y su corazón comenzó a latir con fuerza. Los recuerdos del hombre la hicieron sentirse, de algún modo, más pequeña... más sumisa. "Debes obedecer" »¡Madison abre la puerta! ¡Ahora! —el mismo tono de voz, el mismo efecto. El cuerpo de la niña tembló y no pudo evitar dirigirse hacia donde estaba aquella especie de Tablet que servía como llave digital de la celda. Robert la castigaría si no obedecía. Lo recuerdos nublaron su perspectiva de la realidad. Su temblorosa mano llegó hasta donde estaba el botón de la pantalla táctil y, luego de que escaneara su huella dactilar, la puerta se comenzó a abrir. —Wally, espera —Madison murmuró como pudo luego de regresar momentáneamente a la realidad. La niña trató de acercarse hasta el chico, pero el muchacho la tomó de los brazos, casi a la altura de sus hombros. —Apártate de mi camino —ordenó y la zarandeó con ligera brusquedad —O tendrás un castigo. Madison quedó inmóvil en su sitio, su alocado corazón bombeó con ferocidad contra su caja torácica. Sabía que todo era obra de Alchemy, pero las palabras del muchacho lograron remontarla a su aterrador pasado. Los inexpresivos ojos de Robert se cruzaron en su camino y sintió el pánico comenzar a trepar por las paredes de su anatomía. "No otra vez" —Lo siento, señor —no pudo evitar decir, respirando con irregularidad. Su vista se desenfocó y fue arrastrada al fondo de sus memorias, sucumbida por aquellos traumas que creyó haber enterrado en lo más profundo de su ser. Su mente jugó con ella, reviviendo su pasado y haciéndola confundir con el presente. "No otra vez", repitió en su cabeza. No quería tener uno de esos episodios, no cuando no hacía mucho desde la última vez que lo tuvo. Pero desgraciadamente su mente tenía vida propia y decidía por si sola, sin importar cuan aterradores eran esos recuerdos, sin importar las consecuencias que le producía a la niña. "Debes obedecer", su mente le recordó de una retorcida forma, casi burlándose de ella. »Seré buena. Lo prometo —suplicó de repente, tratando con todas sus fuerzas de no recibir uno de esos dolorosos castigos. Los castigos de Robert eran espantosos. Debía evitarlos a toda costa ¿por qué no había obedecido? No quería sentir el cuero del cinturón o esa vara de madera colisionar contra su pálida piel de esa manera tan brusca, tan hiriente... No quería más marcas. No quería una paliza. No quería volver a sentir esa vulnerabilidad. Era agotador. Era extenuante. Pero su mente no la dejó olvidar. La niña ni siquiera notó cuando Wally dejó de sostenerla de esa forma. Ni siquiera se dio cuenta de que Iris había llegado en el momento justo para evitar que Wally saliera de ese lugar, teniendo que darle un golpe en la cabeza para que quedara inconsciente. Madi ni siquiera notó que la morocha intentaba regresarla a la realidad, repitiendo su nombre un par de veces y, sin éxito alguno, llamó a Barry. Tampoco se percató que rápidamente el velocista metió, a un inconsciente Wally, nuevamente a la celda; luego la llevaba a la habitación que había en los laboratorios y se colocaba de cuchillas frente a ella. Barry creyó que sería mejor calmarla en otro sitio. Madison cerró con fuerza sus ojos cuando sintió que nuevamente la sostenían de los brazos. Esperó sentir el dolor provocado por un objeto o la mano de Robert, pero sorprendentemente nada llegó. "Te dolerá, pero ya no serás una mala niña. Te corregiré, ya lo veras". El recuerdo de las palabras de su progenitor le hicieron sentir que su alrededor colisionaba y su pequeño cuerpo tembló. —Dije que lo sentía. Dije que lo sentía —murmuró con desesperación, sus ojos cerrados llenándose de lágrimas —Por favor, seré buena niña —susurró, esperando que la perdonara y la dejara salir de ese cuarto de castigos. —Madi —escuchó un llamado a lo lejos, un susurro que se lo llevaba el viento. No pudo ponerle dueño a esa voz, pero en el fondo sabía que no era Robert. Esa voz era más gentil, era cálida. »Debes abrir los ojos, Madison —esta vez la voz había sonado con algo más de firmeza, pero no era aterradora. De algún modo sabía que la voz le pertenecía a alguien que no le haría daño. "Deberías hacerle caso", su mente sugirió. »Se qué puedes hacerlo por mí, cariño. Ese apodo logró que le pusiera dueño a la voz, esa simple palabra le permitió saber que estaba frente a alguien que la protegería y que no le haría nada malo. Sabía que, con él, su cuerpo no sería marcado, su piel no dolería por días. No sería lastimada, no de esa forma. Él sí la quería, él sí la protegería. Barry. Lentamente sus ojos se abrieron, pero no pudo evitar observar a todos lados frenéticamente esperando que no se hubiera equivocado, esperando no ver a Robert en lugar de Barry, y que este usara aquel objeto para corregirla. »Soy yo, Barry. Estás a salvo, lo prometo —el castaño habló con delicadeza observando los ojos asustadizos de la menor. Las manos del muchacho sostuvieron cada lado de su rostro y la obligó a verlo. Madison se encogió por inercia en su sitio ante el inesperado tacto. —No...No hice nada malo, lo prometo —susurró, todavía algo confusa por la realidad y su recuerdo. A veces era difícil salir de esas memorias, a veces era difícil encontrar la realidad dentro de aquella sombría maraña de malos recuerdos que lograba interferir con el ahora. Madison creía que, cuando aquello sucedía, era muy abrumador y agotador, era casi humillante. ¿Por qué no podía ser como las demás niñas de su edad? No quería tener esos dolorosos recuerdos que la hundían un poco más en las penumbras de su mente. No podía evitar sentirse sumisa, vulnerable, aterrada. —¿Dónde estás, Madison? —Aquella pregunta logró llamar su atención. Sus ojos se enfocaron en los del chico. Sus claros ojos verdes ayudaron a quedarse en el presente y no divagar en aquel recuerdo. »¿Dónde estás, Madison? —preguntó otra vez, con algo más de firmeza. Barry, hace poco, también había leído e informado que debía dejar que el niño se ubicara en el espacio/tiempo luego de recordar y remontarse a una experiencia traumática. Así que intentó aquella nueva táctica. »Puedes mirar a tu alrededor —sugirió, soltándolo sus costados. —Es-estoy en una habitación —ella se obligó a responder, su débil voz casi inaudible para el muchacho. "Enfócate", la sensata parte de la cabeza de la niña le ordenó. —Muy bien —expresó Barry —¿Qué ves? —Una ca-cama —susurró, esta vez algo más fuerte. —¿Qué más? —Madison quería salir completamente de aquel trance de sus memorias, así que se obligó a poner mucha más atención a su alrededor. —Una lámpara. Un armario. Una mesa de noche. Un estante —Una ola de alivio recorrió su sistema cuando confirmó que no estaba en ese pequeño cuarto de castigo; se sintió muy aliviada cuando supo que, en verdad, ya no estaba más con aquel hombre. —¿Y quién soy yo? —Barry, eres Barry —La menor murmuró, rozando la yema de sus dedos por el rostro del muchacho, sintiendo su piel, observando su nariz, boca, ojos. "Estás a salvo", se dijo en su cabeza. Madison enrollo sus brazos casi a la altura del cuello del muchacho, apretándolo con fuerza como si de eso dependiera su vida. Lo estrujó contra ella, hundiendo su cabeza en él, inhalando el perfume característico del chico. —Estás bien, estás bien —escuchó el susurro de la melodiosa voz de Barry. El castaño acarició circularmente la pequeña espalda de la niña, cerrando un momento los ojos para contener las emociones recorriendo su ser. Quería con todas sus fuerzas quitarle esos horribles recuerdos, no le gustaba en lo absoluto observar los aterrados ojos de la niña buscando desesperadamente ayuda y consuelo. Cuando la encontró pudo ver el terror, el pánico reflejado en su rostro y aquello logró que sintiera una punzada de dolor en su pecho. No merecía nada eso. No mereció aquellos traumas. Barry se colocó con ella de pie, y la acomodó a la altura de sus caderas. El llorar de la menor rompió un poco más el corazón del velocista. Madison no lograba muy bien controlar sus lágrimas, simplemente todo era abrumante y frustrante, hasta incluso molesto. No quería llorar por ese individuo, no quería que le afectara de esa manera, pero no podía controlarlo. De algún modo, se aferró más al chico y se obligó a concentrarse en sus cálidas palabras, en la forma en que su cuerpo se mecía de un lado a otro, en la forma en que acariciaba su cabello y su espalda. Poco a poco las acciones del castaño hicieron su efecto. Sus llantos fueron perdiendo fuerzas hasta convertirse en casi silenciosos sollozos. Luego de otros cortos minutos más, logró separarse ligeramente del muchacho y lo observó con aquellos hinchados y rojos ojos. —¿Mejor? —pronunció Barry con la voz algo ronca. Madison mordió ligeramente su labio inferior y simplemente asintió con la cabeza. Sorbió su nariz y miró con un débil puchero al castaño. —No quería... Yo no quería... —Madison trató de formular una coherente oración, pero sus palabras se quedaron atascadas en su garganta. La menor tomó una profunda respiración y ordenó su cabeza —No quería reaccionar de esa forma —logró decir. Barry hizo una pequeña mueca y luego se sentó con ella en la cama. La colocó sobre su regazo con las piernas hacia un costado y la apegó más contra él. Madison apoyó su costado derecho a la altura del corazón de Barry y dejó que los latidos de él calmaran sus alocados pensamientos. —Nadie va a juzgarte, Madi —dijo al fin el muchacho. —Pero no me gusta —susurró —No cuando lo recuerdo a él —indicó, tragando fuertemente saliva. —Es...es frustrante. No quiero pensar en Robert —pronunció. Madison tomó la mano libre de Barry y comenzó a juguetear con uno de sus anillos -El castaño había descubierto que aquello la mantenía algo distraía de sus pensamientos y más enfocada en la realidad, así que había comenzado a usar anillos más seguido. Antes, rara vez se ponía uno, pero quería complacer a la niña- »Es asfixiante, Barr —confesó y el ojiverde sintió su corazón encogerse. —Lo sé, mi vida, lo sé —susurró, no sabiendo muy bien qué decirle. Quería asegurarle que no volvería ocurrir, que aquel suceso sería el último; pero sería mentirle vilmente y no lo haría —Pero estoy aquí para ayudarte. Sé que tomará tiempo, Madi, pero lograrás sanar —afirmó —Y no importa cuánto tiempo pase, voy a estar a tu lado, siempre. —¿Y si algún día te cansas de mis estúpidos traumas? —preguntó la menor en un susurro. Barry frunció el ceño y la sostuvo de los hombros para separarla ligeramente de él. Con suavidad sostuvo su barbilla y alzó su cabeza para que lo observarse. —No vuelvas a decir algo como eso —dijo con firmeza —Tus traumas no son estúpidos —indicó —No quiero que minimices esas experiencias. Porque lo único que hará es más daño que bien. »Sé que me escuchas siempre decírtelo, y quizás hasta estés cansada de oírlo, pero eres muy valiente y fuerte, Madi —pronunció —Y sé que con esa fortaleza y valentía lograrás cerrar esas heridas de tu pasado. Y no sola, claro que no. Para eso tienes a tu familia, pequeña —Barry besó la cima de su cabeza y dejó que Madison lo abrazara de vuelta, enrollado sus delgados brazos por su cintura y estrujándolo nuevamente con fuerza. »Sé que no es placentero, diablos sé que no lo es —murmuró colocando su mentón en la cima de la cabeza de la niña —Por eso quiero que te apoyes en mí... en nosotros —dijo con total seguridad —Poco a poco lograrás que esos horribles recuerdos no te atrapen en sus redes —Barry susurró la última parte, dejando un casto beso en su cabeza. Madison cerró un momento los ojos y dejó que aquellas palabras hicieran su sanador efecto. Sabía muy bien que de la noche a la mañana no podría suprimir esos recuerdos, pero con esfuerzo, algún día lo haría. Quizás sería un largo camino, pero estaba con Barry...con su familia, a su lado. —Te amo —Madi susurró y dejó que sus tensos músculos se relajaran. —Te amo —expresó el castaño como siempre lo hacía. Y ambos se quedaron unos minutos en silencio. —Sé que no fue su culpa —pronunció de repente la niña. Luego de sentirse mucho mejor consigo misma. —¿Huh? —Quiero decir, Wally. No fue su culpa —Se separó un poco de él y lo observó. —Alchemy le hizo decir esas cosas, le hizo usar esa dura voz conmigo... —expresó, aunque Barry no lograba entender la vaga explicación de la niña. —¿Qué fue lo que exactamente ocurrió? —preguntó el muchacho con cautela. Luego de vencer al metahumano Sombra, Iris le había llamado para que fuese urgentemente a las celdas, porque había logrado detener a Wally de que escapara y porque Madison no se encontraba bien. —¿Y qué hacías en ese lugar? —cuestionó enarcando una ceja. Le había dicho que solo en emergencia podía ir. Madison soltó un suspiro. —¿Me prometes que no te vas a enojar? —Ahora que lo pensaba mejor se había dado cuenta que lo había desobedecido, pero honestamente no se había acordado de precisamente esa regla. »¿Barry? —Madison lo miró con ojos casi suplicantes. El muchacho soltó un suspiro. —¿Qué haré con esta niña desobediente? —cuestionó a nadie en particular. —Pero yo soy obediente —acotó. A lo que Barry enarcó una ceja, otra vez. »Bueno, a veces. Pero, hey, soy solo una niña —La menor se encogió de hombros y el chico rodó los ojos. —Bien, no me molestaré. ¿Quieres contarme? —cuestionó con ligera duda. No quería que ella reviviera algo que no quería. —Eres el mejor —sonrió y Barry besó su mejilla para luego negar levemente con la cabeza —Bueno, fui en busca de Wally porque quería verlo y porque ustedes estaban venciendo a ese metahumano y no quería escucharlos más —comunicó —A veces ustedes son estresantes —murmuró —Solo a veces —dijo al ver el rostro de fingida indignación de Barry para luego besar la parte baja de su mejilla con una pícara sonrisa. »En fin, estábamos hablando normal hasta que comenzó a retorcerse de dolor y a gritar. Luego se levantó y comenzó a golpear la puerta de la celda y ordenarme, con mucho enojo, a que lo dejara salir —contó nuevamente jugueteando con el anillo de Barry —Su tono de voz era duro, parecida...parecida a la de él... »Yo no quería abrir la celda, lo prometo, pero debía obedecerle Barry —comentó estremeciéndose. —Pequeña, no estás más ahí. Estás conmigo, a salvo —afirmó el velocista, al ver la expresión de la menor. Madison asintió levemente, se obligó a calmarse y continuó: —Intenté detenerlo, pero me agarró de los brazos y me zarandeó —susurró —Eso hizo que recordara a Robert cuando... cuando..., ya sabes. Barry soltó un débil suspiro y la menor se acurrucó más contra él. El muchacho sintió la preocupación invadir su sistema y se tomó un momento para ordenar sus diversos pensamientos y luego prosiguió a hablar: —No quiero que vayas más a ese lugar —indicó, con algo de seriedad —Si no es por una emergencia o si no hay alguien contigo supervisándote, sostenido tu mano... no irás. —Barry, puedo caminar sola —soltó con ligera ironía, alzando la cabeza para observarlo. Que alguien sostuviera su mano le parecía que era muy exagerado, estaba segura de que era el lado sobreprotector de Barry hablando. Y quiso gruñir por eso. —No me importa, Madi. Es peligroso —expresó, a lo que la menor frunció el ceño, quería protestar, pero el chico no la dejó —Pudo haberte sucedido algo mucho peor —agregó con mucha preocupación —Creo que no fue buena darte acceso a esa llave —comentó más para él que para ella. —No, espera... —Madison se despegó de él —No puedes... No volverá a pasar —aseguró —Lo siento ¿sí? Puedes confiar en mí —dijo con urgencia. Tener acceso a esa llave le hacía sentirse que la trataban como parte del Equipo Flash y no como a una niña pequeña. »¿Barry? Por favor. —Confío en ti, Madison —aseguró observando a una casi desesperada niña —Y no tienes que disculparte. A pesar de todo, no fue tu culpa —expresó luego de un momento. —Entonces no quites mi huella de ahí —murmuró —Quiero ser parte del Equipo —susurró con algo de tristeza. Entonces, Barry comprendió la ligera urgencia y desesperación de Madison. —Siempre vas a ser parte del Equipo. Eres una mini genio, no podemos desperdiciarte —medio bromeó, tratando de animar a la menor. La niña palmeó el pecho del ojiverde, aunque no pudo evitar hacer una diminuta sonrisa. »Pero siempre procuraré tu bienestar antes que tu participación en el Equipo —continuó y Madison volvió frunció el ceño, agachando la vista. —No es justo —se quejó e hizo otro puchero. —Hagamos una cosa —probó el muchacho al ver nuevamente el gesto decaído de la menor —Mantendré tu huella dactilar, si solo vas a ese lugar cuando sea estrictamente necesario o si hay alguien contigo, a tu lado ¿estamos? —Madison esta vez lo observó y asintió. »No escuché tu repuesta, Madi. —Está bien —masculló al fin, no muy contenta con la idea; pero sabía que esa sería la única forma de que Barry cedería. —Bien, pero si te veo merodear por ahí sin razón aparente. Chau trato, o sea no más acceso. —¡Ufa! —expresó y se cruzó de brazos. —No sé por qué estás tan quejumbrosa, si ni siquiera te gusta ese lugar. —Porque...porque ya soy grande y quiero ir a ese lugar sin restricciones. —Bueno, yo sí soy grande y preferiría no ir a ese lugar —Barry comentó y la niña rodó los ojos —Madi, a veces tendrás restricciones, porque aún no eres una adulta y tú bienestar siempre vendrá primero. La niña solo pudo soltar un suspiro. »Entonces ¿tenemos un trato? —Barry quiso asegurar. —Sí —murmuró luego de unos segundos. —Muy bien —El muchacho hizo una sonrisa y le dio un pequeño toque en su nariz —¿Madi? —llamó el chico al ver el ceño fruncido de la menor. Pero Madison ni se molestó en responder. La niña sabía que era absurdo estar enojada por esa situación -Barry pudo perfectamente prohibirle la entrada o sacar su huella dactilar-, pero ella creía que a veces sus emociones enloquecían. »¿Madi? ¿Sigues enojada conmigo? —preguntó el muchacho —No me gusta cuando estás enojada —comentó, sosteniendo el mentón de la menor para que lo observara. —¿Qué puedo hacer, huh? —Madison casi da su brazo a torcer, pues el castaño tenía un tierno gesto. Agh, Barry ganaría, pero primero podía sacar un poquito de ventaja de la situación. —Puedes darme un dulce —probó con fingida inocencia —Así saldas todos tus males. —Barry rodó los ojos divertidamente. "Nunca debes preguntar eso a una niña", la mente de Barry se burló. —Con que todos mis males, ¿eh? —el velocista picó sus costados un momento, haciendo reír a la niña sin que pudiera evitarlo. Cuando se detuvo ella lo fulminó con la mirada, algún día sería ella quien le haría cosquillas, infinitas. —Malo —masculló la menor, aunque la diminuta sonrisa que quería ocultar mostró su verdadero estado de ánimo. —Así me quieres —Barry aseguró y le dejó un casto beso en su mejilla. —Pero te querré más si me das un dulce. —Manipuladora niña —murmuró divertidamente —Bien, esta vez tú ganas. —Yeih —la menor soltó con entusiasmo. Madi volvió a recostar su cabeza en el cómodo pecho del castaño. Los latidos de su corazón eran relajantes. »¿Barry? —llamó la ojiverde luego de unos minutos en un cómodo silencio. —¿Hmm? —Si Wally no recuerda nada de lo que ocurrió, no quiero que se lo cuentes ¿sí? —murmuró con la voz algo cansada —Fue todo culpa de Alchemy y no quiero que se sienta culpable. —Pero... —No, Barry —La pequeña alzó la cabeza para verlo —Prométemelo —exigió —Si no lo recuerda, no dirás nada. —Lo prometo. —Bien —La ojiverde sonrió y lo abrazó con fuerzas. —Ahora, vámonos, no quiero estar más aquí. —Eres una niña mandona, ¿te lo han dicho? —Tú eres el mandón —Madison le sacó la lengua y se bajó de su regazo. Barry rio, aunque siguió sentado. —¿Qué haces? —preguntó algo confundido al ver que la menor se subía a la cama. —Quiero que me lleves en tus hombros —indicó —¡Es divertido! —exclamó con entusiasmo. Barry solo una vez la había subido a sus hombros -quería que lo experimentara cuando la niña le confirmó que nunca había hecho algo como eso, tras ver una película juntos- Al inicio Madi se agarró tan fuerte de sus cabellos que creyó que se los arrancaría, pero luego de un momento ella se acostumbró a la altura y aligeró su agarre. Aunque tuvo que bajarla cuando Joe lo regañó por colocarla ahí, según el hombre podía caer y lastimarse. Barry no iba a dejar que eso sucediera, pero complació a su padre adoptivo. —Pero Joe... —Me importa un comino Joe —comunicó, comenzando a pasar su pierna por el hombro derecho del muchacho. Como ella estaba de pie sobre la cama, era más alta, así que se le facilitó. —Hey —medio reprendió, aunque dejó que la niña siguiera subiendo hasta que se sentó completamente sobre sus hombros —¿Lista? —preguntó para poder colocarse de pie. —S-sí —no fue muy segura con sus palabras. Era alto, muy alto, pero a la vez era divertido, así que se obligó a dejar su miedo de lado. —¿Segura? —Sí, Bartholomew. El chico sostuvo las piernas de la niña para asegurarla y se levantó. La niña ahogó un grito cuando el castaño se colocó completamente de pie y se agarró con fuerza. —Auh, Madi —se quejó el muchacho —Recuerda que quiero llegar con cabello a mis treinta—habló con cierta ironía. —Está bien. Está bien —La menor rodó los ojos, pero aligeró su agarre. Lo fenomenal era que los Laboratorios tenían techos muy altos, también puertas altas, así que la niña no tenía que preocuparse de chocar su cabeza con algún marco o pared. —Ahora, ni se te ocurra correr Bartholomew Allen —advirtió. Sí, le gustaba estar ahí arriba, pero que corriera... nop¸ eso sería una tragedia. —No correré, tranquila —aseguró al escuchar el miedo que camuflaba su advertencia. —Esto es fenomenal —comentó y juntos comenzaron a ir hacia el área principal. La niña sonrió ampliamente ante esa experiencia. Sonrisa que, desgraciadamente, se borraría luego de unos minutos más.
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