Capítulo 36

4706 Palabras
—De acuerdo, voy a decirlo, no sé por qué estamos viendo esto —murmuró Joe observando la pantalla que tenía en frente cuando los personajes comenzaron, otra vez, a cantar. Solo había pasado un cuarto de película y ya se había arrepentido de aceptar. —Aunque me duela admitirlo, concuerdo con él —Madison musitó enderezándose sobre el regazo de Barry. La niña había se había sentado sobre él, ya que no había más sitio, era eso o el piso y, obviamente, Barry era mucho más cómodo. Iris estaba a su lado derecho, Cecile y Joe a su otro lado en el mismo sillón, todos apachurrados en el largo mueble. Wally y Cisco estaban en el otro sillón más pequeño. Y Caitlin estaba cómodamente en el sofá. Habían decidido tener una tarde de película. Era domingo y por eso tenían un tiempo libre. »Francisco ¿qué clase de película has traído? —la niña preguntó con exasperación. —Bueno...Le pregunté a la que atendía, qué película tenía para alguien de ocho años —se defendió el muchacho. —Idiota —susurró —Tengo once años, San Francisco —gruñó y Cisco rodó los ojos. —En mi defensa luces de ocho —esta vez el pelinegro se encogió de hombros. —¡Tú luces de quince y no digo nada! —atacó la niña y los presentes carraspearon para contener su risa. Por su lado, Cisco soltó una especie de jadeo expresando su suma indignación y, para darle más dramatismo, se colocó una mano a la altura de su corazón. —Golpe bajo, niña —expresó observando a la menor —Creí que Frozen te gustaría. —Claro, como me gustar escuchar a los protagonistas cantar cada cinco minutos —musitó con ironía —Están tristes, cantan. Están felices, cantan. Se caen, cantan. —Barry rio ante eso —Incluso hasta el tonto muñeco de nieve, canta —exasperó. Los presentes soltaron una risita, menos Cisco. —Pero es un lindo muñeco de nie... —Si no cambias de película, mandaré a todos a la mier... —¡Hey! —La multitud la cortó y Madison rodó los ojos. Sólo era una minúscula mala palabra. —Yo sé que todos también quieren mandarlos ahí —aseguró la menor, cruzando sus brazos. La niña tenía razón, pero no se la darían, no querían que usara esa palabrota. —Ya, Madison, tranquila. Mejor ¿por qué no jugamos algún juego de mesa? —preguntó Joe y la niña se sorprendió de que fuera el hombre que lo había propuesto. —Buena idea —asintió con la cabeza —Todo es mejor que escuchar la voz de Elsa una vez más — la pequeña exageró un poco. Barry sonrió y besó su mejilla. —Bien, andando —El castaño se levantó y la colocó en el piso. Luego, los demás siguieron sus pasos. —Han herido mis sentimientos —dramatizó Cisco, aunque de igual modo se puso de pie. —Tú tienes la culpa por elegir esa horrible película, San Francisco —Wally murmuró y palmeó el hombro del pelinegro. Madison observó a Walls y éste le guiñó un ojo. La pequeña no pudo evitar soltar una carcajada. —¿De qué te ríes renacuajo? —Cisco espetó, alzando una ceja. Madison le sacó la lengua, pero no pudo evitar sonreír. La niña lo traspasó y fue en busca del juego Monopolio, sería el elegido. Le gustaba mucho ese juego. —Estoy lista para dejarlos a todos en la bancarrota —declaró la pequeña, colocando el juego en la mesa del comedor, donde jugarían. --------- Wally se levantó de su asiento para ir por otra bebida helada. Joe había decidido acompañar a Cecile a su casa luego de una hora de Monopolio. Sí, la niña había ganado. Ahora, Madison estaba ordenando los billetes y tarjetas mientras los demás habían tenido que ir rápidamente a los Laboratorios porque H.R los había llamado para alguna urgencia. No le habían dado muchas explicaciones, simplemente que se trataba de otro metahumano. —Wally, ¿puedes traerm...? —Madison dejó de hablar y se sobresaltó cuando el ruido de algo rompiéndose contra el piso retumbó por todo el lugar. La niña cerró la caja del Monopolio y fue rápidamente hacia la cocina, de ahí había provenido el ruido —¿Walls? ¿Estás bien? —Una preocupada niña traspasó el marco de la puerta. Wally se agarraba la cabeza y cerraba los ojos con mucha fuerza. Algo le dolía y aquello alertó a la ojiverde. Madi esquivó la botella de vidrio, que había caído de las manos del morocho por el repentino dolor en su cabeza, y se acercó más a él. El pelinegro no respondió, en su lugar un grito lastimero salió de sus labios. El ojinegro se agachó y soltó otro grito de dolor. Madison se tensó completamente y le costó unos segundos reaccionar. »Llamaré a Barry —dijo como pudo. La nerviosa niña corrió hasta su habitación para agarrar su celular y apretar el botón de emergencia. Esto era una emergencia. —Madison ¿estás bien? —A Barry no le tomó ni tres segundos en traspasar la puerta principal de la casa y llegar al dormitorio de la pequeña, la preocupación nítida en sus facciones. —Wally —logró decir —Algo le pasa. Está en la cocina. —Espérame aquí —El muchacho de igual modo la examinó rápidamente para luego darle un pequeño asentimiento y dejarla sola en su habitación. Madison sintió su corazón bombear con velocidad contra su caja torácica y los nervios se intensificaron cuando un par de minutos trascurrieron y Barry no llegaba. ¿Qué le había sucedido a Wally? ¿Por qué tardaban tanto? La niña sintió las lágrimas picar detrás de sus párpados cuando su imaginación le mostró escenarios catastróficos. La angustia se abrió paso y tuvo que sentarse en su cama para que sus piernas no le fallaran y la hicieran caer contra el duro piso. "Respira", su cabeza le ordenó. Agarró su peluche y lo abrazó con fuerza contra su pecho, dando fuertes respiraciones y tratando pensar positivamente, pero no estaba dando muchos resultados. —¿Madi? —La pequeña se sobresaltó ligeramente cuando escuchó su nombre. La menor se levantó de inmediato al ver que era el velocista. —¿Cómo está Walls? —preguntó con urgencia, alzando la cabeza para observar al castaño —¿Barry? ¿Está bien? ¿Le pasó algo feo? ¿Qué nece...? —Cariño, Wally está bien —Barry aseguró al ver a la alterada niña delante de él y se colocó de cuclillas —Necesito que des una profunda respiración, pequeña —pidió para tratar de apaciguar los nervios que estaba sintiendo la pobre niña. —¿Estás seguro de que se encuentra bien? —preguntó con voz algo entrecortada luego de hacer lo que el castaño le había pedido. —Seguro. Caitlin le hizo unas pruebas y sus signos vitales están bien —pronunció colocando un mechón de su largo cabello detrás de su oreja. Madison sintió ligero alivio recorrer su anatomía al escuchar esa respuesta. —Entonces, ¿por qué comenzó a gritar de ese modo? Le dolía algo. —Tuvo como una especie de sueño. Que por lo que nos cuenta, se sintió muy real. —¿Es por Alchemy? —susurró. —Sí —dijo al fin —Pero va a estar bien, Madi. —Quiero verlo. —De acuerdo —Barry hizo una diminuta mueca —Vamos —Barry la cargó y se dirigieron a los Laboratorios. Barry llegó con su supervelocidad hasta donde estaban los demás y colocó a Madi en el suelo. —¡Walls! —La niña corrió y el morocho se levantó de la camilla donde estaba sentado. La menor se apresuró y abrazó con todas sus fuerzas a Wally, apoyando su mejilla en la parte baja de su pecho. —¿Estás bien? —cuestionó alzando su cabeza y colocando su mentón sobre su torso para verlo. Había preocupación y miedo en las facciones de ella. —Oh, Mads, estoy bien. Lamento haberte asustado —El morocho la sostuvo por debajo de sus brazos y la cargó. Madison de inmediato rodeó sus brazos por los hombros de él y escondió su rostro en su cuello. "Él está bien. Nada le pasó", se repitió un par de veces para tratar de tranquilizarse. Wally acarició su espalda circularme, tratando de tranquilizar a la niña. Aquel gesto pareció funcionar ya que sintió a la menor relajarse entre sus brazos. —¿Qué te pasó? —Madison preguntó en un susurro, despegando su cabeza del cuello del morocho. Wally rápidamente la sostuvo con un brazo y con su mano libre limpió las pocas lágrimas que la menor había derramado, aquello logró enternecerlo. —Tuve una visión o algo así. Y parece que eso hizo que me doliera muy fuerte la cabeza —explicó vagamente. La verdad no quería decirle que también había sentido cómo la parte de su abdomen era golpeado repetidas veces por un villano, o eso era lo que su visón le mostró. Se había sentido muy real. »Pero ahora estoy bien, Madi. No llores más, ¿sí? —No le gustaba ver llorar a la menor, en lo absoluto. La niña asintió débilmente y Wally le mostró una pequeña sonrisa. El pelinegro la sentó en la camilla y él se sentó a su lado, Madi abrazándolo de costado y apoyando su mejilla en su pecho. Wally la rodeó con su brazo y miró hacia el frente. —¿Qué viste? —de pronto Joe habló, que estaba al costado de Iris. Madi se dio cuenta que también estaba H.R, Cisco y Caitlin. —Era Kid Flash otra vez, pero ahora no fue un buen sueño. Peleaba contra Rival en un almacén abandonado —murmuró el morocho y Madison apretó más su agarre en él. No quería que nada malo le ocurriera. —Eso fue lo que sucedió en Flashpoint antes de que salieras herido —Barry pronunció en voz baja. Madi sabía que él no quería que escuchara, pero el lugar estaba en tal silencio que sí logró oír sus palabras, y su cuerpo se tensó de sobremanera. —No son sueños, son recuerdos de esa vida. —Entonces ¿cómo detenemos esto? —¿Acaso hay forma de detenerlo? Digo, si Alchemy pudo alcanzarte en tu casa, probablemente lo haga desde donde sea —Cisco tenía un punto. Si ese tal Alchemy había "enviado" con sus poderes ese sueño, o recuerdo, a Wally... Podía hacerlo desde cualquier lugar. —La celda —murmuró Madi, de repente, interrumpiendo el pensamiento de los demás. La niña había tenido una idea rápida. Se suponía que ahí nadie podía usar sus poderes, quizás Alchemy tampoco. —Excelente, pequeña Allen —escuchó decir a H.R. Madison lo observó unos segundos alzando su ceja ¿pequeña Allen? Se lo dejaría pasar por ese momento —¿Qué tal si ponemos a Wallece en la celda hasta solucionar esto? —H.R usó el nombre completo de Wally. Madison creía que el doble de Harry tenía apodos muy peculiares para cada uno de ellos. —¿Quieren encerrarlo? —preguntó Joe con ligera incredulidad. —No... no quiero —Madison despegó su cabeza del pecho de Wally y alzó ligeramente su vista para observarlo e hizo una mueca, una de disculpas. Era horrible estar en ese lugar y no quería que lo encerraran ahí ¿pero qué otra cosa podían hacer? Wally le mostró una diminuta sonrisa, demostrándole que no pasaba nada, que no debía disculparse. Madison esta vez miró hacia el frente. »Pero ahí nadie puede usar sus poderes, quizás Alchemy tampoco y ya no pueda meterse en su cabeza —la niña dijo en voz alta lo que había pensado hace unos segundos atrás. —Además, podremos contralar la situación si ese tal Alchemy decide llamarlo —H.R hizo comillas con sus dedos en la palabra "llamarlo" —Estando ahí, podrán vigilarlo ——H.R aportó, esta vez moviendo su baqueta. Madison creía que, cuando quería, el ser peculiar de la otra Tierra podía dar buenos aportes. —Aunque no me gusta mucho la idea, papá, creo que no están equivocados —expresó Wally, agachando su cabeza para ver a Madi y mostrarle otra pequeña sonrisa. —¿Seguro? —preguntó la menor, comenzando a dudar ¿si no funcionaba? —Quizás ni siguiera funcione, quizás es una tonta idea —expresó la castaña en voz baja. —Hey, tus ideas no son tontas —afirmó Wally, ligeramente reprendiéndola por hablarse de ese modo. —Y voy a estar bien. Deja de preocuparte, Mads —el muchacho habló calmado para tratar de relajar a la pequeña en sus brazos. —Bien, pero solo hasta que encontremos cómo solucionar esto —Joe acordó. ----------- Joe, luego de que Iris lo convenciera, decidió ir a recoger a Cecile a su casa para luego ir por unos cafés y luego a la comisaria, ya que los habían llamado por unos documentos que tenían que revisar. Además, Barry le había asegurado que si sucedía algo lo llamaría de inmediato. H.R había casi "arrastrado" a Caitlin y a Cisco para que lo acompañaran a por unas bebidas calientes, según él, necesitaban un respiro y poder pensar nuevamente con la cabeza fría para más ideas -también había invitado a la niña, pero ella había rechazado su oferta- En lugar de ir, la pequeña se había quedado con Barry y Iris en la sala principal, ahí estaban las computadoras donde podían ver a Wally desde la cámara de seguridad que tenía la celda. Madison estaba sentada en una de las sillas giratorias. Había transcurrido casi una hora y nada había ocurrido, absolutamente nada. Quizás, después de todo, su plan había funcionado. Aquello pareció relajar a la ojiverde, aunque Madison sabía que ese plan era momentáneo y esperaba que llegaran a una solución rápida. Habían tratado de buscar a Alchemy con toda la ayuda de la tecnología instalada por Cisco en los Laboratorios, pero era como si el villano se hubiese esfumado de la faz de la tierra. —Madi... —esta vez Barry pronunció con más firmeza cuando la menor nuevamente comenzó a dar vueltas en su silla. El chico le había pedido encarecidamente que dejara de hacer eso con la silla; la menor le había hecho caso en su momento -hace cinco segundos- pero ahora volvía a girar. —Solo son vueltas —dijo algo a la defensiva. En verdad creyó que Barry no se daría cuenta, ya que estaba algo más alejado conversando con Iris en sus respectivas sillas. —¿Quieres que te siente en mi regazo? —advirtió, enarcando una ceja. Madison esta vez se detuvo por completo, tomándose unos cortos segundos para que todo volviera enfocarse. —¡No! —la niña soltó de forma quejumbrosa. Sabía que Barry la "atraparía" entre sus brazos para que dejara de girar completamente. —Entonces no más vueltas —ordenó. La niña rodó los ojos y se levantó del sitio. Estaba un poco cansada, -por eso estaba algo malhumorada- pero no se lo diría porque de seguro Barry le haría ir a la cama temprano. —No eres divertido —Le sacó la lengua y comenzó a caminar hacia el pasillo. Iría a mojarse el rostro y a buscar su skate —Iré al baño, si sucede algo nuevo me avisas —comunicó. Luego de ir exitosamente a su destino, comenzó a caminar nuevamente hacia el pasillo e ir por su skate, pero fue interrumpida por H.R. —Hola ahí, pequeña Allen —el hombre murmuró con entusiasmo, alzando su mano en forma de saludo. —¿Por qué me dices pequeña Allen? —cuestionó con curiosidad. No sabía hasta qué punto el doble de Harry sabía sobre su situación, tal vez a grandes rasgos -sabía que Barry no divulgaría su historia a detalle sin su permiso- —Porque estás con B.A todo el tiempo —comentó, diciendo el apodo de Barry —Lo sigues por aquí y por allá. Es muy tierno —El hombre se encogió de hombros. Y la niña se sonrojó un poco. —No lo sigo todo el tiempo —se cruzó de brazos y alzó la cabeza para verlo. Comenzaba a tenerle más confianza, ahora podía quedarse a solas con él sin miedo a que le hiciera algo. —Pero está bien, es tu padre. Yo también seguía al mío... —No es mi padre —comentó rápidamente, tensándose por escuchar esa palabra. Aún no le traía buenos recuerdos. Robert la había obligado a usar ese término y todavía no podía relacionarlo con algo bueno. —¿Qué? Creí que... Creí que... —H.R guardó un momento silencio, la situación ahora algo incómoda. —Es mi tutor legal —corrigió la menor, recobrando la compostura. Bueno quizás H.R no sabía casi nada sobre ella. Madison entendía que no era intención de H.R hacerla sentir de ese modo, por eso había decidido explicarle un poco las cosas. —Oh —murmuró —Entonces, si quieres puedo decirt... —No, está bien —la niña se encogió de hombros, restándole importancia. H.R relajó sus hombros al ver que la menor no se lo había tomado mal. —Uf, eso es asombroso, porque no puedo pensar en otro apodo —dijo y aquello hizo sonreír a la más pequeña. —Bueno, pequeña Allen, te traje esto —El hombre le estiró el pequeño vaso de plástico que tenía impreso el logo de Jitters. —¿Para mí? —cuestionó la menor algo sorprendida. —Frappuccino, tu favorito —El hombre de otra Tierra le guiñó un ojo y Madison lo agarró enseguida, dándole un sorbo. Delicioso. —Gracias, H.R —dijo con una genuina sonrisa. Que el hombre haya pensado en ella le reforzó la idea de que, en verdad, él era un adulto bueno. —Ni me agradezcas. Solo no le menciones a B.A que te lo di —acotó —Ya sabes, tiene cafeína y el chico está empeñado en no darte. A veces es un amargado. —Ni sabrá que lo tomé —aseguró, bebiendo otro poco —¿Dónde está Cisco y Caitlin? —preguntó de repente. —Se quedaron atrás. Me dijeron que vaya avanzando —contó, haciendo girar su baqueta con sus dedos. Aquello podía impresionar a la niña, quería hacer lo mismo con ese palo —Estoy seguro de que no querían que oyera sus secretitos. Nadie me cuenta las cosas aquí —se quejó —Pero San Francisco me va a escuchar cuando lo vea... —divagó. »Bueno iré en busca de los demás. Nos vemos por ahí, pequeña Allen —dicho esto siguió su camino y Madison negó levemente con la cabeza. A veces el hombre podía ser algo raro. La niña se apoyó contra la pared y comenzó a tomar el contenido de su deliciosa bebida, aquella podía dejarla algo hiperactiva, pero esperaba camuflarlo muy bien una vez que terminara de tomar; así nadie -más bien Barry- no lo notaría. La niña terminó de consumir aquel Frappuccino y botó el vaso en el tacho de basura que estaba a unos metros de donde se encontraba. Limpió las comisuras de sus labios y decidió regresar hacia el área principal, quizás Cisco y Cait ya habían vuelto. Madison frunció el ceño cuando observó pasar con rapidez a Caitlin, sin percatarse de que ella estaba a unos centímetros; tenía la cabeza gacha y su semblante era algo sombrío y decaído. La chica no había salido de los Laboratorios en ese estado. —¿Qué paso? —decidió indagar al ver que Cisco se acercaba. —No es nad... —Quiero saber —se adelantó al ver la expresión del pelinegro, sabía que quería desviar al tema. Cisco detuvo sus pasos y la observó unos segundos. —No pude seguir mintiéndole —murmuró el pelinegro y Madison se quedó inmóvil por unos segundos, asimilando lo que le estaba diciendo. No se suponía que se lo dijera tan pronto, no hasta saber cómo podían ayudarla. —¿Qué le dijiste? —cuestionó al salir ligeramente de la conmoción. Ahora estaba tensa y preocupada. —Que ella sí era Killer Frost. Que vi a Vibe y a Killer Frost peleando... realmente combatiendo. —¿Qué? —murmuró la niña. No sabía que ese era la visión del pelinegro, pero aquello complicaba más la cosas. Caitlin no quería herir a nadie y saber que podía hacerle algo a Cisco... —¿Tú y ella? ¿Seguro? —preguntó la menor, sintiendo diversas emociones recorrer su sistema. No quería que Caitlin decidiera irse. Sabía que estaba siendo egoísta -porque la chica solo estaba evitando poner en peligro a alguien- pero no quería vivir sin Caitlin. El simple pensamiento le hacía sentirse ansiosa. Ella había sido la que le había mostrado una mejor vida, ella había sido la primera persona amable que había conocido luego de mucho tiempo. Cait le había mostrado que todavía quedaba esperanzas. —Sí —murmuró el pelinegro. —¿Qué... qué te respondió? —Le indiqué que debía decírselo a todo el equipo, pero se negó, diciéndome que era muy tarde y que no podíamos hacer nada. Madison sintió su pecho comprimirse. La niña mordió su labio inferior para tratar de calmar sus nervios y tratar de idear algo. »Madi —Cisco se inclinó hasta su altura y la sostuvo de sus hombros —Enana, tranquila —murmuró el ojinegro al ver a la abrumada niña frente a él —Pensaremos en algo ¿sí? —No puede irse, Cis —susurró con voz pequeña, implorándole al muchacho que se le ocurriera algo para que no la dejara. —Hey, Hey —El pelinegro acunó el rostro de la niña —No dejaré que se vaya a ningún lado. El equipo puede ayudar. Sé que ella no se los quiere decir, porque tiene miedo, pero algo se nos va a ocurrir —aseguró, dándole cierto alivio a la menor —Todo va a estar bien. No hay que pensar en negativo ¿de acuerdo? La niña solo pudo asentir con la cabeza y se convenció de que todo estaría bien, de que Cisco haría algo para ayudar con los poderes que Caitlin estaba manifestando y aborrecía. El chico el mostró una pequeña sonrisa y dejó un casto beso en su frente para luego enderezarse. —Espera —habló la niña cuando analizó mejor las palabras del pelinegro—Sé que el equipo debe saber, pero no podemos divulgar su secreto si ella no quiere. —Madi, los demás merecen saberlo. —Sí, la niña concordaba con sus palabras, pero ella se hubiese sentido muy mal si alguien divulgase su secreto a terceros sin su permiso. Estaba mal, había límites y las personas debían respetar aquello, aunque no fuera lo que quisieran. Cisco revolvió su cabello y comenzó a caminar hacia el área principal donde, quizás, ya estaban todos. —Cisco no creo que... —Pero la niña fue interrumpida cuando la alarma comenzó a sonar. Madi corrió de inmediato hacia la Cortex de los Laboratorios. Entonces, los adultos se colocaron en sus posiciones para ayudar a Flash a combatir con el metahumano que se convertía en sombra. Los minutos transcurrieron y Madi solo podía escuchar las indicaciones de Cisco, Iris y Caitlin, ayudando a Flash para, de una vez por todas, vencer aquel metahumano. Luego de otros segundos más, la niña no quiso estar más ahí, así que tuvo la ingeniosa idea de ir en busca de Wally, quería ver cómo seguía o si necesitaba algo. Entonces, olvidando una de las reglas que Barry le había dado, corrió hacia el lugar donde estaba las celdas donde retenían a los metahumanos malos. —¿Walls? —llamó la niña al estar frente a la celda. El morocho estaba sentado en el piso de aquel pequeño lugar —¿Estás bien? —preguntó con algo de preocupación. —¿Mads? —El chico negó levemente con la cabeza, colocándose de pie —Estoy bien. Pero ¿qué haces acá? Te dije que no quería que merodearas por aquí —Wally reprendió ligeramente. Sabía que, en el fondo, a la niña no le gustaba estar en ese sitio. Además, podía ser peligroso. Madison sintió el alivio recorrer su anatomía al ver que el morocho estaba bien, así que se relajó ligeramente. Aunque nunca podía bajar del todo la guardia estando en esa parte de los Laboratorios, podía ocurrir cualquier cosa. —Están combatiendo a un metahumano y no quería estar más ahí —murmuró encogiéndose en hombros —¿Sabes? Ahora que lo pienso, no creo que sea una coincidencia —expresó aquella suelta idea, girando en su propio eje con los brazos extendidos. Bueno, quizás la bebida estaba haciendo su efecto. No quería estar quieta. »Mi teoría es que, de algún modo, Alchemy lo mandó para que estuvieran distraídos —dijo luego de un momento y saltar la grada que estaba antes de llegar a la celda, para volver a subir y saltar otra vez —Debemos estar atentos —aseguró la menor, observando al mayor por unos segundos. Wally frunció ligeramente el ceño al ver a la hiperactiva niña frente a él. —A veces logras impresionarme —Wally confesó con una pequeña sonrisa. Él había pensado algo parecido. Todos estaban distraídos y Alchemy tenía oportunidad de actuar -si es que podía- Aquello lo tenía algo preocupado, pero lo estaba camuflando lo más que podía para que la niña estuviera tranquila. —¿Sólo a veces? Pero si soy genial, siempre —Madison bromeó, volviendo a dar vueltas unas cuantas veces sobre su propio eje. —Ya no te agrandes, renacuajo —dijo aquel apodo que sabía que le molestaba. —No tú también —murmuró de forma quejumbrosa, cruzando sus brazos y haciendo un gesto para tratar de verse molesta y quizás intimidante. —Mads, tu tierna cara no da miedo —acotó el pelinegro, encogiéndose ligeramente de hombros. —Ufa, eres un pesado —masculló y el morocho sólo rio. —¿Qué rayos te dieron de tomar? —cuestionó al darse cuenta de que la niña no podía quedarse quieta en su lugar por mucho tiempo. —¿Qué? —Te mueves como una lombriz. —Madison rodó los ojos ante lo que él había dicho. —Así soy, siempre. —Nah. Las mentiras no se te dan bien, enana —comentó el pelinegro —Yo creo que alguien tomó esa bebida que empieza con "Fra" y termina con "ppuccino" —No es cierto —Madison se detuvo algo más cerca de la celda. Walls enarcó una ceja. —Me parece que alguien estará en problemas si un pajarito por ahí le comenta a Barry... —Wally sabía que al velocista no le gustaba que la menor tomara cafeína, así que podía fastidiarla un poco. —No te atreverías. —Solo si limpias mi habitación por una semana —chantajeó. Madison rio, una fuerte carcajada. —Ay, Wally, yo sé que no eres muy inteligente, pero no puedes ir diciendo esas cosas. Preocupas a la gente —remarcó de forma burlona. —Hey —Esta vez el morocho alzó ambas cejas ante las palabras descaradas de la menor. —Además, aún puedo ver tus manos ¡Así que hazlo tú! —La pequeña le secó la lengua. —Bueno, alguien estará en penitencia sin poder jugar a las carreras... —¡Wally, ya no seas molesto! —gritó, esta vez algo irritada, pisando fuerte con su pie contra el duro suelo. El ojinegro soltó una risa ante el gesto de la menor y Madison lo fulminó con la mirada. A veces quería golpear su tonto rostro hasta que dejara de fastidiarla. De pronto, Wally dejó de reír y sus facciones cambiaron completamente. Y, sin poder evitarlo, su rostro reflejó el inmenso dolor que comenzaba a sentir. —¿Walls? —llamó la niña, esta vez la preocupación invadiendo toda su anatomía. ¿Qué le estaba sucediendo?
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