Capítulo 25

2716 Palabras
"Sólo será una vez", su mente la tentó cuando Madison vio la mediana rampa que estaba ahí por pura casualidad, pero que servía perfectamente para usarla con el skate. Hace como diez minutos que estaba viendo cortos videos desde su celular en YouTube de cómo hacer algunos trucos con el skate. Y qué podía decir, se sentía una experta. No eran trucos para nada complicados, pero se sentía bien lograrlos luego de intentar un par de veces. Era muy divertido. "Nadie lo notará" su vil cabeza quería que cometiera aquella travesura, pero su, ahora, diminuta parte racional le indicaba que no era lo correcto. "Además, eres buena y lo niños en ese video lo hicieron muy fácil" —Está bien tú ganas cabeza —masculló con ligera molestia. —Deséame suerte, Hayley —mencionó a su hermana que la extrañaba con toda el alma. Esperaba que la estuviera viendo desde el lugar donde se encontraba, así también podía divertirse con ella. Madison caminó hacia donde estaba la mediana rampa y la observó un momento. Luego meditó por unos segundos lo que haría a continuación. "Barry es un exagerado, no caeré", se dio valor para subir. La menor se encogió ligeramente de hombros y comenzó a trepar. Le costó un poco llegar a la parte alta de aquella rampa, pues sus zapatillas le hacían resbalar y tenía el skate en una mano. »Perfecto —Madison sacó el celular de su bolsillo y lo colocó a un lado, por si acaso. Luego situó el skate al borde de la rampa y puso un pie en el extremo de este. No iba a negar que el miedo y el nerviosismo comenzaron a crecer dentro de ella, pero la adrenalina era más poderosa. »Tú puedes, sólo haz lo mismo que la niña de ese video te enseñó —se dio ánimos. La castaña tomó una respiración profunda y se armó de valor para subir su otro pie al otro extremo del skate. Entonces, se inclinó ligeramente hacia adelante y, con las rodillas flexionadas, bajó por aquella rampa. —¡Sí! —exclamó al conseguir llegar al suelo sin ningún rasguño, no había caído del skate en ningún momento. El entusiasmo y la alegría recorrieron su anatomía, haciéndola sentir muy bien consigo misma. Se sentía espectacular hacer algo bien por cuenta propia. Cuando estaba en el orfanato eran nulas la veces que podía sentirse de ese modo, y poder experimentarlo se sentía lo más genial del mundo mundial. "Una vez más, eso fue divertido", su cabeza negoció. "¿Y si fue solo suerte de principiantes?" "Solo hay una sola forma de comprobarlo" La niña volvió a subir y se volvió a deslizar por la rampa, esta vez se tambaleó ligeramente, pero recuperó el equilibrio con rapidez. Lo intentó una vez más y otra, y en ninguna cayó. La siguiente vez, decidió hacerlo un poco más complicado, así que cambió la posición de sus pies, el derecho que estaba primero, lo colocó atrás y el izquierdo adelante. Si pudo de la otra forma, también debía poder de esa ¿verdad? Entonces, se deslizó... Y no fue como lo esperaba. La menor ni siquiera pudo terminar de recorrer la rampa porque perdió el equilibrio y se fue hacia adelante. Sus rodillas recibieron todo el impacto, su piel haciendo fricción contra el duro suelo. El dolor y el ardor fueron los suficientemente fuerte como para hacer que la niña soltara un grito lastimero y comenzara a maldecir. Madison apretó sus puños y mordió su labio inferior para dejar de hacer ruido. "Bueno, eso fue una mala idea" "!¿Y ahora recién se te ocurre decírmelo?!" Aguantando el dolor se colocó de pie y decidió inspeccionar sus lastimadas rodillas. —Justo hoy decido usar shorts —masculló con furia sintiendo las lágrimas picar detrás de sus párpados. —Jodîda rampa —insultó mientras se inclinaba para ver lo que había ocasionado su caída. »Oh no, si no morí con esto, Barry me matará cuando descubra que usé la estúpida rampa —murmuró al ver la fea herida. Su rodilla derecha solo tenía un rasguño y unas cuantas gotas de sangre y quizás luego se formaría un moretón; pero la izquierda... bueno, esa estaba peor: tenía un corte por donde comenzaba a salir sangre, sangre que nunca creyó que saldría por una herida como esa. Supuso que la rodilla izquierda había recibido mayor impacto que la otra. Esa era la que ardía como los mil demonios. Madison vio que la sangre seguía saliendo y entró en ligero pánico, su media blanca que le llegaban hasta la pantorrilla, ahora, comenzaba a mancharse con el líquido rojizo. La niña tomó una respiración y comenzó a caminar despacio, debía ir al baño así podía limpiarse antes de que Barry la encontrara. »Sé fuerte no llores. Además, fue tu culpa, tonta —habló en un murmuro mientras trataba de acercarse a la salida. Aunque la suerte no estaba de su lado. Madison se topó con algo sólido por estar mirando hacia el piso y se tambaleó hacia atrás, maldiciendo por el movimiento algo brusco que tuvo que hacer con su pierna para no caer de espaldas. —¿Te divertiste, cariño? —Escuchó —Bien, pero debemos irn... "!Mîerda!", gritó en su cabeza cuando se dio cuenta de que no era un qué con lo que se había chocado, sino un quién. »¿Qué sucedió? —Barry interrogó muy preocupado y se colocó de cuclillas frente a la menor al ver la cantidad de sangre que salía de su rodilla. —Yo... —Madison se puso nerviosa —Me caí —murmuró. —Oh, Madi. Ven, vamos a curar... —Barry dejó de hablar cuando divisó el celular de la niña al borde de la parte alta de la mediana rampa. »¿Y puedo saber desde dónde te caíste, jovencita? —su tono suave cambió a uno serio y Madison desvió la mirada. "Ni una buena me mandas, vida" —Yo... Me caí cuando iba hacia allí —Señaló un lugar random con su dedo índice. —No me mientas, Madison —Barry sostuvo un momento su mentón y la obligó a observarlo —Entonces, ¿decías? —Barr, lo siento —La niña se rindió haciendo un débil puchero —Es que la rampa... Lo prometo, lo hice bien como 5 veces, pero... pero la última vez cambié de posición y no tuve mucho equilibrio. —¿Tenías permitido subir a la rampa? —cuestionó con firmeza. A Madison no le gustaba cuando hacia esa clase de retóricas preguntas. Sabía que el chico le haría repetir lo que había hecho mal para que no hubiera ninguna duda del error de su acción; pero seguía sin gustarle porque le hacía sentir como una niña de cinco años. —Barr… —Te hice una pregunta, Madison. —No —la niña respondió y observó hacia el suelo. —¿Y qué hiciste? —Subí a la rampa —susurró algo avergonzada. "Sólo debías obedecer, tonta Madison, no era muy difícil" »Y lo siento —se disculpó con sinceridad, armándose de valor para verlo a los ojos. Había cometido una idiotez y lo sabía muy bien. —Soy una estúpida —masculló enojada con ella misma. No le gustaba ver así de molesto a Barry, pero, aun así, hacia tonterías como esas. En el orfanato no tenía problemas en obedecer; con Robert, le costó un poco, pero al final lo hizo. Entonces ¿por qué hacía ese tipo de cosas con Barry? "Mereces un correctivo más fuerte" Nuevamente esa clase de pensamientos invadieron su mente, creyó que los había sepultado en lo más profundo de su cabeza, pero a veces encontraban la manera de resurgir. "Quizás solo aprenderás con una buena paliz..." "!No!", le gritó a su mente por haberle siquiera sugerido aquello. —Hey, no te digas eso, Madison —Barry frunció ligeramente el ceño al escuchar sus palabras y ver el conflicto interno que la niña parecía estar teniendo. —Si lo soy, soy una estúp... —No quiero que vuelvas a insultarte —interrumpió dándole aquella firme orden. Madi agachó la cabeza y solo pudo asentir. Barry soltó un débil suspiro y, sin decir nada más, se colocó de pie y fue por el celular de la menor, guardando el aparato en el bolsillo de su pantalón n***o. De regreso, agarró el skate con una mano y caminó en dirección a Madison, que seguía quieta en su lugar. Barry quería saber el trasfondo de aquellas palabras, pero primero debía curarla. El muchacho se agachó un poco y cargó a la niña con su brazo libre. —Barry, te voy a manchar con sangre —murmuró removiéndose del agarre del chico. —Madison —advirtió para que dejara de moverse, usando un tono de voz algo duro. La niña se quedó inmóvil, sintió las lágrimas acumularse en sus ojos y luego sus labios comenzaron a temblar. "Siempre haces enojar a Barry, idiota" —Perdón —susurró y escondió su rostro el cuello del chico, liberando un pequeño sollozo. Barry contó en su mente hasta el número cinco y logró disipar su enojo. Bueno, quizás no debió hablarle en ese tono tan severo. El muchacho soltó un pequeño suspiro y se reprendió por hacer llorar a la niña. —Shh, Madi, está bien. Tranquila —susurró. Y, en un parpadeo, ya estaban en el área donde estaba todo lo necesario para curarla. El chico dejó el skate sobre una de las sillas y luego sentó a Madison sobre la alta camilla. Cuando la niña se dio cuenta en donde se encontraba, aprovechó en limpiar sus ojos y luego tratar de tranquilizarse. »Usaré agua oxigenada para limpiar la herida ¿sí? —Barry habló, esta vez con gentileza. Madison abrió ligeramente los ojos al escuchar aquello, creyó que ardería. "Te lo mereces" El castaño observó a la alarmada niña y se acercó un poco más a ella. Con amabilidad sacó los mechones del rostro de la menor y limpió sus lágrimas. »Va a estar todo bien, solo será un pequeñito ardor —trató de tranquilizar. Tampoco quería decirle que no dolería nada, porque no quería mentirle. Madison simplemente asintió con la cabeza y dejó que Barry hiciera su trabajo. Sorpresivamente el ardor no había sido tanto como lo había imaginado. »Ahora usaré el spray para que cicatrice más rápido ¿de acuerdo? —explicó el chico. Madison se preparó mentalmente para lo que sucedería a continuación y agarró con fuerza del colchón de la camilla. Ese spray era efectivo, pero ardía mucho más -como cuando Barry lo usó para curar las heridas de la paliza de Robert- La niña asintió y luego sintió el líquido en contacto con su lastimada piel de sus rodillas, más de la izquierda. —Arde —susurró y mordió su lengua para no liberar el sollozo que quería salir de sus labios. —Ya está, ya está —Barry sopló un momento las rodillas de la niña y Madison sintió alivio al sentir el efecto de la medicina. El ojiverde sacó unas gasas con adhesivo y se lo colocó en ambas heridas. »Listo. Ahora voy a sacarte la zapatilla y la media para limpiar la sangre de tu pierna ¿está bien? —La niña volvió a asentir débilmente y el muchacho comenzó a hacer su trabajo en silencio. Cuando el velocista amarró el pasador de la zapatilla, Madison decidió hablar: —Lo lamento, Barry —susurró arrepentida —Soy una idiota por volver a desobedecerte, Lo lamento tu... —Madi, ¿qué dije de los insultos? —Yo... —La menor nuevamente sintió un nudo en la garganta, pero se obligó a tragárselo. —No lo entiendo —dijo al fin, agachando su cabeza. —Se supone que es simple, solo debía hacerte caso. En el orfanato obedecía sin chistar, también con Robert... —Madison negó con la cabeza —Tú eres bueno, tú ni siquiera...ni siquiera me corriges como esas personas lo hacían... entonces ¿por qué a veces simplemente tomo tontas decisiones? —Madi, es simple, porque eres una niña —Barry respondió luego de unos segundos—Y como toda niña, a veces, vas a desobedecer o vas a pensar las consecuencias de tus actos después de que los hayas hecho. »¿Me tienes miedo, Madi? —preguntó de repente el castaño con suavidad, acercándose a la menor y, sosteniendo su mentón, alzó ligeramente la cabeza de ella para que lo observara. —No, claro que no —murmuró con seguridad, frunciendo el ceño. —Obedecías ciegamente a esas personas porque tenías miedo, cariño —comentó y Madison se permitió analizar esas palabras —Sí, desearía que me obedecieses en todo lo que te digo —El muchacho hizo una pequeña sonrisa —Pero sé que no lo harás, porque eres una niña y sé que querrás explorar cosas por tu cuenta, buenas o malas. »Sí, quizás me enojaré, incluso quizás te algún castigo, porque todo acto tiene consecuencias; pero en el proceso lo conversaremos y entenderás el error para tratar con todas tus fuerzas de no volver a repetirlo —Madison lo observó haciendo un ligero puchero. »Por eso no quiero que te insultes de esa forma, Madi. Eres una niña que está creciendo y cometerás errores como lo demás. Eres una muy buena persona cariño, así que no dejes que un par de errores te definan ¿sí? Madison guardó silencio un momento, pensando en las palabras del muchacho y luego asintió con la cabeza. —De acuerdo —decidió decirlo en voz alta —¿Me perdonas, Barr? —Ya te perdoné, pequeña —comentó el castaño y Madison alzó sus brazos y rodeó su cuello, estrujándolo contra ella. —Aunque ese skate no lo verás hasta que estés completamente curada. —Madison se separó del muchacho. —¿Qué? Ufa —Se cruzó de brazos. —No es un castigo, Madi —indicó, dándole un toque en la nariz de una aparente molesta niña —Solo no quiero que vuelvas a caer y abras la herida —aseguró —Es más, el jueves podemos ir a ver qué color y modelo de casco y rodilleras quieres que te compre. —Pero soy una experta. —Y no lo dudo. Aun así, usarás el casco y rodilleras —Madison lo miró mal, pero luego soltó un suspiro de derrota. —Está bien —musitó y apoyó su frente en el pecho del castaño. El ojiverde besó la cima de su cabeza. »¿Barry? —llamó luego de un momento. —¿Hmm? —En verdad crees que nunca merecí esos golpes ¿cierto? —susurró. Sí, el chico se lo había asegurado antes, pero a veces necesitaba escucharlo en voz alta para recordarlo; sobre todo cuando aún tenía fresco los recuerdos de Robert. Barry frunció el ceño ante la pregunta de la pequeña. Rápidamente la tomó por los hombros y se agachó ligeramente para quedar a su misma altura. —Ni siquiera debes dudarlo, Madison. No mereciste ni mereces golpes —aseguró con mucha firmeza y sinceridad. —¿Lo entiendes? —Lo sé, es solo que a veces mi mente juega conmigo —confesó. —Si vuelves a tener ese tipo pensamientos quiero que vengas a mí ¿de acuerdo? —Pero... —¿De acuerdo? —Está bien. —No importa cuantas veces sean necesarias, siempre te recordaré lo buena persona que eres. Y nadie, pero nadie debió ni debe ponerte una mano encima. —Gracias, Barr —susurró la castaña —¿Podemos ir a casa? —cuestionó y alzó ligeramente sus brazos en dirección al ojiverde. Sí, quizás se veía como una niña pequeña, pero no le importaba, quería que el chico la cargara, quería que la sostuviera con todas sus fuerzas. Así recordaba que él siempre estaría ahí para ella. —Vamos, cariño —Sin titubear Barry la alzó y Madison recostó su mejilla en el hombro del castaño —Pero primero debo explicarle algo a Wells, de ahí nos iremos enseguida. Madison no protestó, simplemente se dejó llevar por el chico y cerró los ojos. A pesar de todo, había sido un divertido día.
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