Capítulo 24

3884 Palabras
—Ahora, no es algo extraño que tengas una cita con Iris. Digo, ¿no es como tu herm...? —Madison dejó de hablar y miró con indignación al castaño cuando le quitó el largo caramelo que estaba devorando, ese era su quinto. Era una gomita larga de color roja que Cisco siempre compraba para él, pero Madison había encontrado su lugar de escondite y ahora se había hecho dueña de los dulces. —No... —prosiguió Barry —Es Iris. Nunca la vi de esa forma; además me gustó desde siempre, así que no es extraño —el ojiverde comunicó, terminándose de comer el pedazo de dulce que le había quitado a la niña. —Hey, eso era mío —se quejó cruzándose de brazos. Barry sonrió. —Regresaré en unas horas. No comas más dulces, Madison —ordenó. La menor rodó los ojos, pero terminó asintiendo con la cabeza. El chico se agachó para darle un beso en la frente —No hagas travesuras —Y ella lo perdió de vista. —Yo nunca hago travesuras —murmuró y soltó un bufido, comenzando a girar la silla en la que estaba sentada. ¿Ahora qué podía hacer? Ya había terminado sus deberes y no quería jugar en la computadora ni ver televisión. Apoyó su cabeza en el respaldar y siguió girando por varios minutos, observando como toda la habitación daba vueltas. Era una interesante sensación. Hasta que fue detenida abruptamente. —No hagas eso, Madi. Te marearás —escuchó en un murmuro. Entonces se enderezó y trató de encontrar al culpable de su abrupta parada; pero todo se miraba borroso y doble. La ojiverde cerró los ojos para tratar de que todo volviera a su lugar y las cosas dejaran de moverse de ese modo. Bueno, girar de ese modo por tanto tiempo, no había sido la más ingeniosa idea. De igual modo de encontró diciendo: —¡Ufa! —Se cruzó de brazos soltando un resoplido —La menor abrió los ojos y, al ver de quién se trataba, expresó: —Oh, eres tú —Madison se colocó de pie luego de un momento, pero se tambaleó ligeramente, aunque él la sostuvo del hombro para estabilizarla. —Madi —soltó un suspiro y se agachó hasta quedar a su altura —¿Podemos hablar? —cuestionó al ver que la niña seguía molesta. —No quier... —Vamos a hablar igual —La pequeña rodó los ojos ¿Para qué le preguntaba, entonces? El metahumano hizo que ella girara y él se sentó en la silla, así quedando casi a su misma altura. —¿Qué quieres Francisco? —preguntó con algo de irritación, observando sus zapatillas. ¿En qué momento esa fea mancha había llegado a sus hermosas zapatillas rosadas? —Quiero pedirte disculpas, enana —El ojinegro sostuvo con suavidad el mentón de la menor un momento y la obligó a observarlo —No debí haberle dicho eso a Barry ni tampoco usar tu historia, solo porque estaba enojado con él —expresó son sinceridad. La menor meditó sus palabras »¿Me perdonas? —se encontró pidiendo. Madison guardó silencio otros largos segundos más, torturando al muchacho delante de ella. —¿No lo harás nunca más? —habló al fn. No sabía si habría otra situación similar, esperaba con todas sus fuerzas que no, pero por si acaso. —Lo prometo —dijo el pelinegro. —¿Ya te amistaste con Barry? —cuestionó para estar segura. —Lo hice. —Entonces creo que...hmm... —La menor volvió a callar, sosteniendo su barbilla como si estuviera pensando en la cura para algún tipo de virus. Observó el mortificado rostro de Cisco y se mordió la lengua para evitar soltar una carcajada —Te perdono Francisco Ramón —musitó al fin y soltó una risita. —Vi lo que hiciste, niña del mal. Ahora recibirás un buen correctivo —Madison no pudo evitar tensarse ligeramente ante esa palabra, pero toda mínima preocupación que tuvo fue olvidada cuando Cisco comenzó a hacerle cosquillas y Madi no pudo evitar soltar varias carcajadas. —N-no m-más —habló como pudo luego de un momento. —¿Serás buena niña? —cuestionó siguiendo con la pequeña "tortura". —¡S-sí! —medio gritó y Cisco detuvo su acción. Madison recuperó la respiración y, si las miradas mataran, Cisco ya estaría enterrado bajo tierra. —No me mires así y ven a darme un abrazo —El pelinegro demandó abriendo los brazos hacia los costados. La menor rodó los ojos, pero terminó por abrazar al de ojos negros con todas sus fuerzas. Se sentía bien dar y recibir uno de esos. Luego de un momento, Cisco la sentó en su muslo derecho y murmuró: —Te tengo un regalo —La niña lo observó con curiosidad y alzó una ceja. ¿Regalo? Pero si aún no era su cumpleaños. —¿Un regalo? ¿Para mí? ¿Estás seguro? Aun no cumplo años —expresó frunciendo el ceño. —Estoy seguro, enana. Dah —El muchacho hizo un gracioso gesto y Madison solo achinó los ojos por su tono sarcástico —Espérame aquí —El pelinegro la tomó por debajo de los brazos y se levantó, sentando a la niña en la silla giratoria. Quizás cinco minutos transcurrieron y el pelinegro no regresaba, así que Madison no tuvo otra ingeniosa idea de comenzar a girar a otra vez. "Sólo serán unas pequeñitas vueltas", se dio ánimos para desobedecer a Cisco. Luego de unos tres minutos más, otra vez fue detenida abruptamente. —¡Hey! ¿Qué dije de girar? Desobediente niña —medio reprendió, aunque Madison se encogió de hombros. —Te estabas tardando mucho —fue su respuesta luego de que todo volviera a enfocarse. —Y no me digas así, yo soy muy obediente —La menor sacó la lengua en su dirección y Cisco rodó los ojos. —La próxima vez que te encuentre girando, reemplazaré todas las sillas giratorias por unas de cuatro patas —"amenazó" La verdad, Cisco, no quería que se lastimara cuando estuviera mareada e intentara caminar -como aquella vez que se levantó y la punta de su barbilla dio a parar contra el duro suelo- —No te atreverías —Madison dijo con indignación. —Ah, ¿no? Pruébame —La menor achinó los ojos, pero decidió tomar sus palabras como certeras. A veces el pelilargo tenía ideas locas. —Ahg. Está bien. ¿Ahora me dirás qué escondes detrás de tu espalda? —Cierra los ojos —murmuró y Madison dudó un momento ¿Sería una broma? —Madi, si no los cierras, me lo llevaré y nunca lo verás —dramatizó y la niña hizo caso a regañadientes. »Ahora, ábrelos —ordenó luego de un momento y, con desconfianza, Madison los abrió. Esta vez, la niña se asombró al ver aquel mediano y rectangular objeto de cuatro ruedas que estaba delante de ella. Se levantó del asiento y se colocó más cerca al pelinegro para ver mejor lo que tenía entre sus manos. —¿Te compraste un Skateboard? —cuestionó con algo de sorpresa. —No es para mí, tontita —Cisco respondió rodando los ojos. —Espera, ¿me estás regalando un skate? —La niña abrió mucho los ojos al darse cuenta de la situación. —¿No te gusta? —cuestionó —Pero si yo hago los mejores regalos, es más, apuest... —Claro que me gusta —la niña reaccionó de inmediato, agarrando el mediano objeto. Aunque considerando su estatura, se veía algo grande a su lado. —Pero aún no es mi cumpleaños ¿por qué me quieres regalar algo? —preguntó, examinando el asombroso entretenimiento. —Considéralo algo como compensación de daños y perjuicios —Probablemente si hubiese sido otra niña de su edad no hubiese entendido el significado; pero, bueno, era Madison, así que no tuvo problemas en comprender y aquello le hizo fruncir ligeramente el ceño. —No tenías que regalarme nada para que te perdone, Cis —murmuró aquel apodo que estaba comenzando a usar con el ojinegro —No debiste haber gastado en algo como esto para mí —La menor negó con la cabeza. —Aún puedes devolverlo y... —Hey, primero que nada, si quiero regalarte algo lo haré, enana. No importa su valor porque te lo mereces —aseguró —Y segundo, ¿quién dijo que lo había comprado? —¡¿Lo robaste?! —Madi exclamó y Cisco volvió a rodar los ojos. —No, niña —respondió negando con la cabeza —Es mío, de cuando era niño. Lo encontré en mi casa cuando estaba ordenando, le di una limpiada y voilà —explicó gesticulando con sus manos. —Entonces, debes quedártelo es un recuerdo tuyo —Madison hizo un ademán en devolvérselo y Cisco soltó un suspiro. —Madi, te lo estoy regalando, porque quiero que lo tengas tú. Además, se estaba llenando de polvo en mi casa. Así que acéptalo —El pelinegro sabía que Madison no se lo estaba rechazando porque no le gustaba, podía ver la emoción en sus ojos, sino que, debido al pasado de la niña, le costaba aceptar obsequios por parte de otros o saber que habían gastado dinero en algo que ella quería. —Pero... —La, la, la —de repente Cisco exclamó tapándose las orejas —Creo que escuché «peros» —murmuró —La, la, la... — —¡Está bien! —Madison alzó la voz para que la escuchara. Sabía que no se callaría hasta que ella aceptara. Esta vez una amplia sonrisa se abrió paso hasta mostrarse radiante. "¡Tengo un skate!" La niña dejó su nueva adquisición en el piso y de un gran salto enrollo sus brazos en el cuello del muchacho y las piernas por su cintura. Cisco le tomó desprevenido aquella acción y se tambaleó ligeramente, pero se estabilizó de inmediato para luego abrazarla de vuelta. »Gracias, Cis —susurró contra su oreja y sintió mucha alegría y emoción. —Me enseñarás a montarlo ¿verdad? —murmuró despegándose un poco de él para verlo a los ojos. Había visto en películas donde la gente usaba un skateboard, pero sabía que no era tan fácil como se lo mostraban. —Sí, pero deberás ir con cuidado, enana —dijo seriamente, a lo que la niña simplemente asintió con la cabeza. Tendría todo el cuidado que podía tener una niña con un skate. "Bueno, por lo menos no mueras en el intento", la cabeza de la menor se burló. "No lo haré tonta cabeza", la niña rodó los ojos mentalmente. A veces su subconsciente podía tener un humor algo n***o. ----------- Media hora transcurrió y Madison ya podía estar de pie en el skate sin tambalearse o caerse. —¡Lo estoy haciendo, Cisco! —pronunció con entusiasmo cuando comenzó a avanzar sin dificultad. Estaban en el Laboratorio de Velocidad -ya que el espacio era mucho más grande que otros lugares del establecimiento- y ahora podía ir de extremo a extremo sin caer. —Eso es enana —sonrió el pelilargo. Pero su sonrisa se borró cuando las alarmas comenzaron a sonar. Madison se sobresaltó y dejó de patinar, bajándose del skate para acercarse a Cisco. —¿Qué pasa? —preguntó una, ahora, preocupada niña. —Espérame aquí ¿de acuerdo? —Pero quiero ir conti... —No te muevas de aquí, Madi —indicó con firmeza y lo perdió de vista cuando comenzó a correr. La menor soltó un suspiro, y decidió darle solo siete minutos, después de eso iría a ver lo que ocurría. Cuando el tiempo finalizó la niña se preparó para ir en busca de los demás, pero antes de que pudiera comenzar a correr se detuvo abruptamente al escuchar varios pasos. ¿Por qué alguien estaba yendo a ese lugar? —¿Jesse? —Madison cuestionó al ver entrar a la chica al costado de Wally, conversando de algo que no pudo escuchar. Había una sonrisa plasmada en el rostro de Jesse y cuando giró su cabeza para ver a la niña su gesto se ensanchó. —¡Mads! —dijo con cierto entusiasmo al ver su pequeña amiga. Madison no demoró mucho y se dispuso a envolverla en un abrazo, apoyó su mejilla en su pecho y la estrujó con fuerza. La había extrañado. —¿Qué haces aquí? —cuestionó, separándose un poco de ella y alzar la cabeza para observarla. —Bueno, adivina qué —expresó y Madison frunció el ceño, separándose completamente de la castaña. —¿Qué? ¿Pasó algo? —Sí, pero nada malo —aseguró viendo la ligera preocupación en su rostro. —Entonces, que... —Madison dejó de hablar cuando un rayo anaranjado se cruzó delante de ella. Ahora Jesse estaba al otro lado de la habitación, saludándola con una mano. Madison abrió los ojos y la ligeramente la boca de la impresión, observando asombrada a la joven frente a ella. —¿Cómo...? Pero tú estabas aqu... —tartamudeó ligeramente —¿Tienes velocidad? —preguntó esta vez haciendo una sonrisa por la nueva información. Jesse, ahora, era una metahumana. "Asombroso, tiene poderes como yo", pensó con entusiasmo. »Entonces era una veloc... —Sip, una velocista —terminó por ella una voz más gruesa que entraba al lugar acompañado de Caitlin, Iris, Cisco, Barry y Joe. —¿Harry? —La menor volteó para darse con la sorpresa de que el hombre también se encontraba en las instalaciones —Hola, Harry —Madison se acercó al mayor y le dio un corto abrazo. Wells le dio unas palmaditas de afecto en la cima de su cabeza y Madi se separó. Bueno, Harry no era el ser humano más afectuoso del planeta. —Hola, Madison —Wells le mostró una diminuta sonrisa. —Es bastante genial ¿no? —Jesse habló, nuevamente estaba a solo centímetros de Madison con otra enorme sonrisa. La niña asintió, aunque ojeó un momento a Wally y se dio con la sorpresa de que él no se veía muy entusiasmado con la nueva noticia. "Extraño" —Sí, pero ¿cómo? —Cuando a Wally y a Jesse los golpeó la materia oscura, resultó que fue afectada. Totalmente afectada —explicó con rapidez Harrison, gesticulando con su brazo derecho. —Pero yo no tengo velocidad ¿No pudo ser por algo más? —escuchó la pregunta de Wally. "Oh, entonces, por ahí iba la no tan entusiasmada expresión, Walls", Madison concluyó mentalmente. Bueno, entendía ligeramente al morocho, Jesse y él habían sido igualmente afectados por la materia oscura, era obvio que Wally también quería superpoderes, y más si amaba la velocidad. —No, lo dudo. Afecta a la gente de forma distinta y en momentos distintos. —Madison quería decirle a Harry que podía dejar de hablar con tanta prisa, pero no se atrevió a interrumpirlo —A veces no, pero a ella sí. Quiero realizar pruebas —concluyó velozmente. —Bueno, estás en el lugar perfecto para ello —habló dulcemente Caitlin. Hoy se había recogido el cabello en un bonito moño y Madison creyó que le quedaba muy lindo. —Cierto, el Laboratorio de Velocidad es enorme —Madison acotó y se encogió ligeramente de hombros. —¿Laboratorio de Velocidad? —preguntaron a la vez Barry y Wells. La niña frunció el ceño al entender que los dos no conocían el nombre del lugar donde estaban reunidos en ese instante. Ambos observaron a su alrededor asombrados. De Harry se lo podía esperar, pero de Barry... —¿Espera, no había este lugar antes de que tú...? —Madison no terminó de decir su pregunta cuando Wells la interrumpió nuevamente. —Allen, ¿esto significa que viajaste en el tiempo, otra vez? —Sí, pero... —¿Cuántas veces te dije que no lo hicieras? —cuestionó Harry como si estuviera regañando a un niño pequeño. Barry hizo una mueca algo graciosa para Madi. —¿Cómo lo descubriste tan rápido? —preguntó la niña —Porque ellos se tardaron la vida —Madison señaló a las personas adultas presentes. —¡Hey! —expresaron todos con indignación al escuchar la acusación de la pequeña. —Bueno, Madison, fue fácil porque nosotros tampoco estuvimos en este sitio —Wells se señaló a él mismo y a su hija. —Nop, nunca —concordó Jesse. Madison frunció el ceño. —¿Eh? —Es sencillo, somos de otra Tierra entonces tenemos otra l... —Oh, cierto. Otra Tierra, otra línea temporal —concluyó la menor al unir los cabos en su mente. Quería decir que Harry y Jesse, no habían sido afectados por los cambios que Barry ocasionó al tratar de volver todo a la "normalidad" antes del Flashpoint. Harry le dedicó una pequeña sonrisa y asintió. —Wow, esto es enorme —Barry habló de repente, caminando y observando todo a su alrededor. De pronto, el castaño retrocedió unos pasos y su pie derecho fue a parar sobre el skate que Madi había dejado, y el pobre velocista cayó de espaldas contra el suelo. Madison cubrió su boca y los demás soltaron un jadeo de la impresión. "No te rías. No te rías" —Asombroso —Cisco señaló al velocista en el piso con una amplia sonrisa en el rostro, sin tener intenciones de disimular la carcajada que soltaría. —¿Qué jodîd...? Auh —Barry se levantó de inmediato y luego fijó su vista en el objeto que había osado atacarlo. ¿Qué hacía un jodîdo skateboard en ese lugar? Luego de unos segundos, los presentes -aparte de Cisco- apretaron los labios para no soltar una enorme carcajada. —¿Estás bien? —cuestionó por fin Joe, aunque no podía borrar aquella sonrisa de su rostro. El castaño solo rodó los ojos al ver la expresión de Joe, pero asintió con la cabeza. —¿Se puede saber de quién es esto? —Barry agarró el skate y lo alzó observando a todos en la media luna que habían formado delante de él. El silencio reinó en el lugar, aunque, luego de unos segundos, Madison liberó una debil carcajada, entonces la mirada acusatoria de Barry recayó en ella. —Bueno, vamos haciendo las pruebas —Caitlin aprovechó en decir, desviando ligeramente la atención de lo ocurrido. Los presentes -a excepción de Madi y Cisco- asintieron con sus cabezas. —Perfecto, Ahora, miren esto —Jesse pronunció y entró a la enorme pista circular que habían construido para que Flash o cualquier velocista pudiera correr y el Equipo pudieran monitorear su desempeño con las dos computadoras que estaban a unos metros. Mientras tanto, en el otro extremo del lugar, Barry se acercó hasta donde estaba la niña y se inclinó hasta su altura, para así poder verla fijamente a los ojos. —¿Algo que aportar? —murmuró alzando una ceja. —¿Upsie? —Madi expresó haciendo una pequeña sonrisa. —Así que tenemos una culpable —siguió el castaño. —Yo... Es de Cisco —La menor señaló rápidamente al pelinegro que la vio con total indignación. —Oh, no, niña. Yo no seré arrojado a la borda por ti —remarcó —Era mío, luego pasó a ser totalmente de tu propiedad. Así que hazte cargo —Señaló con su dedo índice y luego comenzó a caminar en la dirección en donde estaba Caitlin. "Traición, Francisco Ramon. Traición" —¿Entonces, algo más para decir antes de que confisque este juguete del mal? —La niña abrió los ojos al escuchar las crueles y despiadas palabras de Barry. —No, no, Barr. Lo siento —La menor hizo un puchero y, ya que el chico seguía agachado, se acercó más a él para envolver sus delgados brazos por su cuello —No lo hice a propósito —Madison se separó ligeramente del velocista y lo observó a los ojos —No te lo lleves, por fa. Sé bueno. Ya no lo dejaré tirado por ahí. ¿Sí? Madison juntó sus manos y usó su mejor táctica de convencimiento: el tierno gesto con esos grandes ojos esmeraldas... que muy pocas veces, al verlo, Barry o alguien más, lograba negarle algo. El muchacho soltó un suspiro y murmuró: —Te daré una oportunidad más. Si alguien más se tropieza o cae, chau skate ¿estamos? —indicó ligeramente serio y Madison asintió varias veces con una sonrisa. —Lo dejaré fuera del camino, así nadie se tropieza —aseguró abalanzándose contra el chico y nuevamente abrazándolo —Lo prometo. —Bien, tenlo —Barry le mostró una sonrisa y revolvió su cabello. —¿Ya sabes montarlo? —cuestionó algo sorprendido de que la niña comenzara a patinar sin problemas. Madi regresó hasta su costado y entusiasmada asintió con la cabeza. —Sí, bueno, sigo practicando, pero Cisco me enseñó, hace como una hora atrás —La niña se encogió ligeramente de hombros. —¿No quieres esperar hasta que te compre rodilleras y casco? —cuestionó —Así, si te caes, no te haces daño —El muchacho observó el outfit de la pequeña, tenía un overol, pero esta vez había decidido por unos cortos. El short de la prenda obviamente no cubría sus rodillas y temía que se hiciera daño. —Pero no me caeré —dijo con un leve puchero. —Hagamos una cosa. Te dejo montar, pero solo por esta recta —El ojiverde señaló aquel espacio largo que tenía el lugar antes de entrar a la pista para correr —Y ni se te ocurra ir a esa rampa. —Madison rodó los ojos, a veces creía que el chico podía leerle la mente. —Barry, necesitamos tu ayuda por aquí —de pronto llamó Cisco, dirigiéndose al área principal y esperando que el castaño lo siguiera. Joe ya se había ido con Iris a la comisaría y solo quedaban Wells, Jesse, Wally y Caitlin. —¡Ya voy! —anunció el castaño girando un poco su cabeza —¿Estamos? —esta vez le habló a Madi. —Está bien, pero cuando me compres las rodilleras y el casco, podré usar la rampa ¿verdad? —Barry lo pensó un momento, quería negarse, pero no quería ser el culpable de borrar el entusiasmo de la niña. —De acuerdo, pero alguien debe estar contigo. —Pero... —¿Creo que escuché una queja? —No eres divertido. —Solo es hasta que estés más segura de maniobrar el skate —afirmó Barry y besó la frente de la niña. —Bien —Madison dijo, aunque soltó un diminuto bufido. —Puedes jugar por media hora, luego debemos ir a casa. —De acuerdo —La niña se encogió de hombros —Ah, ¿Barry? —Dime. —Quizás debas hablar con Wally o decirle a Joe que lo haga, se veía bastante desanimado de que él no tuviera poderes como Jesse —aportó. —No te preocupes. Yo me encargo —Le sonrió y Madison lo perdió de vista en un parpadeo, quedándose sola en el enorme lugar. Con la enorme rampa tentando sus deseos.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR