Capítulo 26

3788 Palabras
Madison se encontraba recostada boca arriba en la habitación de Barry viendo algo de televisión mientras le escribía un mensaje a Cisco. >Ni se te ocurra llamar a los otros Wells sin mí —Mandó con el emoji de una cara enojada. Bueno, Harry y Jesse habían decidido quedarse unos días más en su Tierra, pero eventualmente debían irse, así que el inteligente hombre había tenido la ingeniosa idea de comunicarse con otros Wells de otras Tierras. A Madison esa idea le causaba mucha curiosidad y quería presenciarlo. >>Bien, dile a Barry que te traiga —Leyó el mensaje del pelinegro. >Cisco, te dije que está abajo con Iris. Ven a recogerme. >>Me da mucha pereza. >Bueno, entonces iré caminando y si un monstruo malo y grande me come, ¡será todo tu culpa! —exageró un poco. >>Ni se te ocurra salir sola, Madison —Leyó, y la menor rodó los ojos. El sol ya se había ocultado, pero podía ingeniárselas para llegar ¿Qué había hecho para terminar con sobreprotectoras personas como familia? >Entonces, ven. >>Estaré en 10. Espérame lista, niña >Eres el mejor —La menor mandó con un sticker de un gato golpeando a otro, Cisco le mandó otro de su propio rostro haciendo un gesto que parecía indignación. Madi agarró el control remoto y apagó el televisor. Luego se dirigió a su habitación para colocarse un suéter rosa que combinaban con sus leggins negras y se puso sus acolchados y cómodos botines marrones. La niña agarró su celular y lo guardó en el bolsillo con cierre del suéter, comenzando a bajar las escaleras. —Eww. No ¡Mis ojos, mis ojos! —dramatizó tapándose un momento los ojos al ver a Iris y Barry besándose intensamente sentados en el sofá. Los mayores al escuchar a la niña separaron sus bocas, pero no sus cuerpos, no totalmente —Miêrda, esa imagen quedará grabada en mi mente para siempre, Bartholomew —acusó bajando las escaleras. —Hey, esa boca —reprendió Barry. —Es que... qué impresión—se excusó. Barry negó con la cabeza y se lo dejó pasar —, pero de la mala —susurró. —Madi, ¿no estabas viendo una película? —Sí, una de miedo; pero eso no es lo que me dará pesadillas por las noches, lo hará la tenebrosa imagen de ustedes succionándose la cara —Madison fingió estremecerse, el muchacho rodó los ojos y Iris soltó una pequeña risa. —¿Deseas algo? —cuestionó el chico ligeramente avergonzado, tratando de cambiar de tema. —Bueno, solo quería decirte que Cis... —La niña fue interrumpida por la puerta ser abierta y Joe entrando por esta. De inmediato, Barry se separó completamente de Iris, su cuerpo yendo a parar al otro extremo del sillón y tratando de apagar la vela que estaba prendida sobre la mesita frente al sillón. Madison frunció el ceño unos segundos, pero luego hizo una pícara sonrisa. —¿Hola? —El mayor saludó algo sospechoso, observando esta vez a Barry que lucía muy nervioso. Madison tuvo una idea y volteó su pequeño cuerpo para encarar al hombre. —Hola Joe, no te imaginas lo que Barry le estaba haciendo a tu hij... —Madison no pudo seguir hablando porque sintió una enorme mano cubrir su boca, impidiendo que sus palabras se escuchasen. Luego sintió que la jalaban hacia atrás y, si no hubiera tenido la boca cubierta, hubiese gritado por la inesperada acción. Esta vez, Madison cayó de espaldas sobre Barry. —Nada, solo quiere molestar —El castaño habló rápidamente, tratando de explicar su repentina acción. Sus nervios podían verse desde Júpiter —Creí que volverías a casa un poco más tarde. —Mis planes cambiaron... —Joe murmuró, negando un poco la cabeza —...por desgracia —susurró. Madison soltó una carcajada, aunque fue amortiguada por la mano de Barry que seguía en su boca, la niña estaba segura de que Joe los había visto juntos, aunque sea unos segundos —So-solo iré a mi habitación —medio tartamudeó el perturbado hombre y siguió su camino. La situación era incómoda, pero la niña la estaba disfrutando. —Madison —susurró/gritó el chico. La castaña seguía apoyada en el torso del muchacho, así que se enderezó cuando él la soltó. —¿Qué? —respondió fingiendo inocencia —Yo solo quería darle las buenas noticias a Joe —acotó con una pícara sonrisa. El velocista achinó los ojos y luego indicó: —No tendrás dulces hasta el siguiente año, jovenc... —Barry, no exageres. Además, es solo mi papá ¿Qué importa? —intervino Iris al ver la expresión casi mortificada de la niña tras escuchar el decreto de Barry. "Gracias, Iris. Tu noviecito es un exagerado" —Iris él es tu...Es nuestro... —Barry balbuceó nerviosamente —Es Joe. No lo sé —dijo al fin. —Barry somos adultos. —Lo sé —murmuró. Madison lo observó con otra sonrisa. Oh, se estaba divirtiendo con un mortificado y nervioso Barry. —Estamos saliendo y deberíamos poder estar cerca o besarnos sin importar su presencia. —Estoy de acuerdo —pronunció el castaño. Madison se acercó a Iris y le susurró: —No suena muy seguro. —La chica le dio un toquecito en su nariz y sonrió. Sabía muy bien que la niña estaba disfrutando la situación. —Bien, debes hablar con él, Barry —Iris le dio unas palmaditas en la rodilla del ojiverde y se levantó. —Yo... ¿sobre qué? —La pelinegra rodeó el mueble y le dedicó una mirada. —¿Lo dices en serio? —Sí, ve hablar con él. —Claro, sí, hablaré con él sobre... —Muy bien —dijo la pelinegra y le mostró una pequeña sonrisa. —Sobre nosotros saliendo... y los besos. No será para nada incómodo —había mucha ironía en las palabras de Barry. Madison se cubrió la boca y silenció su carcajada. —Me cuentas cómo te fue —Iris palmeó el hombro de Barry y Madison se obligó a no volver a reír por la expresión del castaño —Nos vemos luego Madi —La pelinegra dejó un casto besó en la mejilla de la niña en forma de despedida y Madison le sonrió haciéndole un gesto con la mano. Entonces la muchacha salió por la puerta principal. El lugar se quedó en silencio, aunque Madison acabó con él cuándo soltó una leve risa, sin poder contenerse más. —Eso fue divertido —murmuró. —Divertido, ¿eh? —Barry preguntó retóricamente. —Bueno... —Estás en graves problemas. Ven acá. —Él se acercó a ella y comenzó a "torturarla" con cosquillas. Madison soltaba carcajadas tratando de liberarse del agarre de su opresor, pero no estaba dando resultados. —¡Madis...! —Cisco entró por la puerta que estaba sin seguro y se encontró con aquella escena. —¿Madison? —Cis-Cisco ayu-ayuda —habló como pudo. El pelinegro se acercó y palmeó los brazos de Barry, algo fuerte. —Deja a mi niña —Cisco lo señaló con su dedo. Barry rodó los ojos y fulminó a Cisco con la mirada por decir esas palabras. El pelinegro casi se arrepintió de decir aquello, porque la mirada del velocista casi lo deja enterrado bajo tierra. "Ups. Bueno, debe aprender a compartirla", Cisco pensó. Luego de unos segundos, Madison recobró la normalidad de su respiración y alzó los brazos en dirección a Cisco. —Cis —habló con la voz un poco más aguda. El pelinegro la alzó y la acomodó a la altura de su cadera —Él fue un chico malo —acusó, señalando a Barry. —Ya, ya, Cisco vino a salvarte —el pelinegro habló en tercera persona -lo cual la niña lo encontró algo chistoso- y acarició la espalda de la menor, dándole algo de dramatismo a la situación. —Oh, vamos, te lo merecías, niña traviesa —el castaño dijo, aunque una pequeña sonrisa delató su verdadero estado de humor. Barry se levantó del sillón y se cruzó de brazos —¿Acaso saldrán? —Se dio cuenta de que Madison estaba con ropa de calle y no con uno de sus usuales busos que usaba para estar en la casa. —Sí. —Ah, ¿sí? Y se puede saber ¿quién le dio permiso, jovencita? —Barry alzó una ceja observando a Madison, aunque seguía habiendo una pizca de diversión en su mirar. —Yo le di permiso —aseguró rápidamente el pelinegro —Ahora, ya que estás informado, iremos a entrevistar a algunos Wells. —pronunció comenzando a caminar. —¡No vengan tan tarde! —Madison escuchó la voz de Barry cuando traspasaron la puerta principal para entrar a una de las brechas creadas por Cisco y "mágicamente" teletransportarse a los laboratorios. ----. A la mañana siguiente, Madison se encontraba en la comisaría, esperando que Barry terminara de hablar con Joe -como se lo había prometido a Iris-. Madi había decido acompañar al chico porque quería hablar con Cecile, aunque lo único que le había dicho a Barry era que no quería quedarse sola en la casa; en cierta parte era verdad, solo había obviado la otra parte. Madison estaba una banca algo alejada de los dos adultos, pero la expresión corporal de ambos era muy notoria. Era la conversación más incómoda que ambos estaban teniendo. —Yo también quiero saber el chisme —escuchó derepente y Madison se sobresaltó ligeramente cuando Cecile se sentó a su costado sin hacer nada de ruido. —Hola, Cecile —Madi saludó, su corazón volviendo a bombear de manera regular. La entusiasta mujer besó la mejilla de la niña en forma de saludo y luego observó en dirección a Joe y Barry. —Bueno, Barry y Iris están saliendo, y ayer Joe los vio muy juntitos —La niña rio ante el recuerdo de aquella escena —Estoy segura de que intuye que se besaron —La castaña se encogió de hombros —Barry probablemente está tratando de decirle a Joe que no se debe sentir incómodo y que posiblemente van a besarse frente a él —La menor hizo una mueca de desagrado al recordar el beso que fue obligada a presenciar. —Pobre Joe —comentó Cecile, aunque tenía una sonrisa de oreja a oreja. —Oh, pobre no, serán mi entretenimiento de este mes —Madison acotó como si la vida de su familia fuera una telenovela. Cecile soltó una pequeña carcajada. Luego de un momento, Madison negó levemente la cabeza cuando Joe y Barry entraron a la oficina, suponía que para hablar de algún caso. La pequeña giró ligeramente su cuerpo y encaró a la amable mujer. —¿Cecile? —Dime, linda. —¿Puedo hacerte una pregunta? —cuestionó, jugueteando con sus dedos, algo que hacía cada vez que se encontraba nerviosa. —Claro que puedes. Lánzala —aseguró la mayor. —¿Cómo va el caso de Robert? —murmuró. Había intentado que Barry le diera alguna información útil, pero seguía siendo un tema delicado para el muchacho. La niña podía ver lo tenso que se ponía cada vez que mencionaba su nombre. El chico simplemente le decía que todo iba bien y terminaba desviando el tema. La niña no sólo quería saber que todo iba bien, también quería saber los detalles. Quería que le informara cuándo le darían la sentencia, algo que era de vital importancia para ella. —Hmm, ¿Barry sabe que tú...? —No importa Barry. Él no me está diciendo nada y eso solo logra molestarme. Sé que odia a Robert por lo que hizo, pero quiero saber que está sucediendo —afirmó. —Está bien —Cecile hizo una pequeña mueca —A lo que va del día, nos vamos presentando a la corte unas cuatro veces. —¿Cuatro veces? ¿Por qué tanto? —No lo voy a negar, ese desgraciado tiene muy buenos abogados. —Madison hizo una mueca y apretó ligeramente los puños —Pero no te preocupes, en cada sesión vamos progresando —tranquilizó la mayor al ver la preocupación en el rostro de la niña. —¿Sigue libre? —cuestionó, estremeciéndose ligeramente. —Lamentablemente sí. Aunque no puede salir de la ciudad y está bajo arresto domiciliario —murmuró. —¿Y todas las pruebas sirvieron de algo? —Todas las pruebas están siendo muy valiosas, créeme; pero no le quita lo complicado al caso. Madi, el hombre tiene un imperio corrupto y lleno de ilegalidades —expresó, esperando que la niña comprendiera. —No sólo es él, estamos tratando de que caigan todos los involucrados. Madison procesó un momento la nueva información. Sí, quería que Robert terminara tras las rejas, pero también todos sus cómplices, -como ese tal Saúl que torturó a ese chico- si es que eso era posible. Probablemente estaban hablando de muchas personas. —¿Y estás segura de que vamos por buen camino? —Sí, linda —aseguró Cecile, dándole cierto alivio. —Quiero que se pudra en la cárcel —masculló, apretando ligeramente los puños. —Y lo hará, Madi —murmuró —No se supone que debería estar diciéndote esto, pero creo que mereces saberlo —La mayor sostuvo sus pequeñas manos —Dentro de dos días será la última vez que el caso vaya a la corte —dijo y Madison frunció ligeramente el ceño. —¿Eso quiere decir que ...? —Sí. Ese es el día donde el juez por fin dictará la sentencia definitiva. Madison guardó silencio un momento tratando de procesar aquella otra valiosa información. La sentencia era algo sumamente importante para ella; era saber si lo dejaban libre, si le daban solo unos años de cárcel, o si era para siempre que estaría encerrado detrás de esas rejas. Robert podía quedar libre. Madison intuía que era una probabilidad pequeña, pero de igual modo sintió ligero temor por lo que podía hacerle a ella o a su familia. "No, confía en Cecile" —¿Barry sabía lo de la sentencia? —cuestionó de repente. Madison le había dicho que quería saberlo. —Bueno, él... —Dime la verdad, por favor —pidió al ver a una dubitativa mujer. —Sí —La mujer hizo una pequeña mueca —Pero Joe y Barry no querían decírtelo para no preocuparte. La niña soltó un pequeño suspiro. El castaño había hecho mal en ocultarle aquello. Una diminuta parte de ella lo entendía, los adultos no querían abrumar a los niños con aquella clase de información, pero de igual modo sintió molestia que Barry no se lo hubiera contado. Madison creyó que sólo habían sido una o dos sesiones del caso y estaba sorprendida de que eran cuatro. No había ido a ninguna sesión porque ella no quería precisamente verle el rostro a su progenitor y, por obvias razones, Barry no la dejaría presenciar aquel caos; pero la sentencia era algo distinto. ¿Acaso él quería mantenerlo en secreto hasta que pasara la fecha? No, ella quería estar ahí cuando el juez levantara su mazo y dictaminara la sentencia. Quería asegurarse de que Robert estuviera en prisión por mucho tiempo. Quería ver con sus propios ojos si ese hombre se salía con la suya y quedaba libre, o si le daban cadena perpetua. Quería ver su rostro al enterarse de que se pudriría en la cárcel. Lo odiaba. Odiaba a Robert con todo su ser y quería por lo menos sentir aquella satisfacción cuando -si es que se daba el caso- el juez decidiera encerrarlo por todos los años de su patética vida. —Bueno —fue respuesta, tratando de calmar su enojo. Pensar en Robert no le hacía nada bien. —¿Estás bien? —Sí, Cecile. Gracias por contarme lo que está sucediendo, en verdad —La niña le mostró una pequeña sonrisa algo fingida. La mujer se tranquilizó ligeramente al ver ese gesto, por lo menos no se veía molesta con los adultos -precisamente con Barry- por haberle ocultado cuándo se realizaría el último día del juicio ¿verdad? Bueno, Cecile aun no era muy buena descifrando a la pequeña y Madison, cuando se lo proponía, sabía camuflar muy bien sus emociones -por lo menos con personas que no fueran Barry o quizás Caitlin- —No hay de qué, Madi. Bien, te dejo que debo seguir trabajando —expresó amablemente y se levantó de su lugar. —No te preocupes, esperaré a Barry —Cecile se despidió y la perdió de vista. --------- Cuando llegaron a casa, Madison se quedó con Wally, jugaron a un juego de mesa y luego a uno en la consola; después decidieron pedir pizza y eso fue lo que cenaron. Como Madison ya no haría nada más, decidió colocarse su pijama mientras Wally salía con Jesse. Ahora que ella era una velocista podía llevarlo a todos lados. Barry había llegado hace un rato y la llamó para convencerla de ver una película. La niña no estaba de humor, pero terminó aceptando a regañadientes; aunque no transcurrió mucho tiempo para que se sumara en sus profundos pensamientos. —¿Barry? —llamó luego de quizás media hora de película, no aguantaba más, se lo diría. El castaño estaba observando su celular, tenía una expresión de concentración absoluta, leyendo sabría algún dios qué. "Se supone que deberías estar viendo la película, tonto", Madi expresó en su cabeza. Rodó los ojos al percatarse de que le había hecho perder su tiempo, podía estar en su cómoda cama. »Barry —volvió a llamar. Madison volvió a rodar los ojos al ver que no le hacía caso. No le quedó de otra que usar la punta de su pie para darle una leve patada en el muslo del chico. —¡Barry! —gritó a todo pulmón. —Santo cielos, Madi —El velocista medio regañó, dejando de ver el celular. —Me estabas ignorando, imbec... —Madison guardó silencio al darse cuenta de la mirada que el mayor le dedicó, retándola a que terminara la palabra. Obviamente no se atrevió —Quiero decirte algo —dijo en su lugar. Ella tomó el control remoto y apagó el televisor. El castaño bloqueó su celular y lo dejó sobre la mesita frente a ellos. —¿Qué sucede? —Quiero ir a la corte para la sentencia de Robert —murmuró yendo directo al grano. A Barry le tomó tres segundos procesar aquellas palabras. ¿En qué momento se había enterado? El chico frunció el ceño. No se lo había comentado porque quería ahorrarle el malestar, además tampoco quería que estuviera en el mismo lugar que ese bastardo. —¿Cómo lo supis...? —Eso no importa. Quiero ir. —Barry soltó un suspiro. No le había gustado su tono demandante, pero se lo dejó pasar. —No puedes ir —indicó luego de un momento. —Barry, no te estoy pidiendo permiso —masculló, el enojo comenzando a recorrer toda su anatomía. El ojiverde no le había mencionado aquella importante información ¿y ahora se negaba a dejarla ir? Ridículo. —¿Qué? —Barry murmuró con ligera sorpresa al escuchar sus palabras en aquel tono algo impertinente. Madison logró ver la ligera indignación en el rostro del chico, pero no le importó. Agarró sus cómodos botines acolchados y se los colocó, levantándose del sillón y posicionándose frente a él. —Lo que escuchaste —Se cruzó de brazos, desafiante. —¿Sé te olvidó quién es adulto aquí? — el muchacho preguntó seriamente. La niña apretó los puños. —No importa lo que dig... —No, sí importa lo que digo. Soy el adulto y te estoy diciendo que no puedes ir. —Escucha —espetó la niña —Me ocultaste cuándo sería la sentencia, algo que es muy importante para mí, y te lo dejé pasar; pero esto no puedo. Iré y listo. —No quería que te preocuparas —aclaró, sabiendo por qué la niña estaba tan enfadada de repente —Pero no quiero que vayas ahí. No quiero que estés en el mismo lugar que ese hombre. —Iré, te guste o no. —Barry negó firmemente con la cabeza. Madi volvió a apretar sus puños, solo que esta vez los adornos de la mesita y los de la repisa comenzaron a temblar ligeramente. El castaño observó con preocupación la escena, esperando a que su poder lanzara algo por los aires, pero por suerte aquello no ocurrió. "Contrólate, tonta", la mente de la niña le advirtió. —Madison, no i... —La niña lo traspasó y se dirigió a la puerta. Necesitaba aire —¿A dónde crees que vas? —Barry se levantó del sillón y antes de que la menor abriera la puerta, la tomó de la muñeca y la detuvo. —¡Déjame en paz! —gritó tratando de empujarlo. La menor estaba furiosa, aunque parte de esa furia era gracias a los pensamientos de Robert y lo estaba descargando con Barry; de igual modo el muchacho no se lo estaba haciendo nada fácil ¿Por qué no solo podía aceptar y ya? —Si vas a hablarme de ese modo, será mejor que vayas a tu habitación —Sus estrictas palabras lograron que la niña dejara de forcejear. —Sólo quiero tomar aire. —Bien, pero iré contigo. —No. —No vas a salir sola de noche, Madison. —Jodêr —masculló entre dientes. —¿Qué dijiste? —Que, por qué no te metes en tus jodîdos asuntos —Sus palabras salieron de sus labios sin que lo pensara una segunda vez. "Estúpida", reprendió su mente. Madison se sobresaltó ligeramente cuando el ojiverde tiró de su muñeca con firmeza, pero sin hacerle daño para que comenzara a caminar. El enojo de la niña fue combinado con aquel ligero temor que comenzaba a sentir. »Barry no quise decir es... —Siéntate aquí —ordenó firmemente, apuntando la segunda grada de las escaleras. —Pero... —Ahora, Madison —Madi se estremeció por su tono de voz, pero se recordó mentalmente que solo era Barry y no su horrendo y despiadado progenitor. La niña le obedeció y se sentó. —Te quedas aquí hasta que vuelva por ti. —Ya no tengo cinco años —masculló bajo, al ver lo que Barry estaba haciendo. —¿Dijiste algo? —Se agachó a su altura y la observó seriamente. Madison se las arregló para negar con la cabeza. —Eso creí —habló —No te muevas de aquí y reflexiona sobre tu comportamiento. "Maldición", pensó la niña.
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