Capítulo 30

3940 Palabras
Madison observó el enorme y bonito edificio frente a ella, estaba en otra residencial que parecía segura y tranquila, pero que nunca había conocido. La niña frunció el ceño. ¿Dónde exactamente la había llevado? —¿Barry? ¿Por qué me trajiste aquí? —cuestionó alzando su cabeza para verlo. —Ya lo veras. Ven —El chico estiró su mano para que la sostuviera y entraran, Madison apretando ligeramente su agarre. Al adentrarse, los recibió un largo y ancho pasillo, era moderno y tenía unas macetas con plantas y flores de adorno en algunas esquinas, lucía limpio y le entraba muy buena luz natural. Una recepcionista, que estaba sentada detrás de un largo mostrador, les dio la bienvenida. Tenía cabello corto de color rojizo, quizás de unos cincuenta años, tenía una sonrisa amable y pareció reconocer al velocista. —Ella es Madison —presentó el muchacho y la pequeña alzó tímidamente su mano en forma de saludo para no ser descortés. —Gusto en conocerte, mi nombre es Rosa y estoy para lo que necesites —su voz era algo grabe, pero tenía un tono suave y alegre. Madison solo logró asentir muy confundida por aquella interacción. "¿Qué estaba sucediendo?" Barry le agradeció y siguieron su camino. Ambos siguieron hasta llegar a lo que parecía ser un ascensor. Madison lo había en alguna que otra película. —¿Escaleras o ascensor? —la niña lo meditó unos segundos, dándose cuenta de algo. —¿Sabes? Nunca he subido a uno de esos —Señaló las puertas grisees. —Ascensor será —Barry apretó el botón que estaba al lado derecho y esperaron a que las puertas se abrieran. Al ver el interior, la niña ya no supo con certeza si había sido una buena idea aceptar ir por este medio. El espacio era muy pequeño para su gusto. El muchacho vio la indecisión en los ojos de la niña, así que rápidamente tiró de su mano para que entraran, quería que lo probara y luego evaluara si en verdad no le gustaba. —Barr... —Estaré contigo —aseguró, haciéndole una pequeña sonrisa. —¿Quieres apretar el botón número tres? —El muchacho hizo un ademán hacia el lugar donde había dos columnas con botones hasta el número siete, también había dos botones que tenía la figura de unas flechas y otro de una campana. Entonces, las puertas se cerraron. —Nop. Esto no me gusta, Barr —La menor se apegó al muchacho que las resguardó contra él, acariciando sus hombros. —Tranquila, no tardaremos —En un intento de distraerla, el muchacho comenzó a explicarle rápidamente para qué servía cada botón, en caso de una emergencia era mejor que estuviera informada. Les tomó quince segundos en llegar al tercer piso y, cuando las puertas se abrieron, Madison salió disparada hacia el amplio pasillo. —No me gustan los ascensores —concluyo la menor. —Está bien —Barry medio sonrió —Las escaleras están allí —Señaló unos metros al costado del ascensor. La niña asintió, pero no supo muy bien por qué le estaba dando toda esa información ¿Acaso volverían? —Sigo sin entender qué hacemos aquí. —Estas tres semanas he estado haciendo algo... —Barry sacó unas llaves de su pantalón y abrió la puerta que estaba al lado derecho del pasillo del edificio. Lo bueno de esa construcción es que solo había una vivienda por cada piso. Madison frunció el ceño ¿cómo es que tenía la llave de ese departamento? —Barry, no entien...—la niña guardó silencio al ver el interior —Wow —murmuró algo asombrada por el lugar. Era grande -no tan enorme como la casa de Joe- pero sí había bastante espacio. —Ven, te mostraré —Barry cerró la puerta, tomó la mano de la niña y caminó un poco hacia adelante —Esa vendría a ser la sala —Señaló el espacio donde había solo un sillón largo en forma de L y unas cuantas cajas de cartón apiladas en una esquina. Además, que tenía unos enormes ventanales donde podías ver la ciudad y entraba luz natural —Este será el comedor —En ese espacio no había ningún mueble más que solo unas dos sillas. Madison sintió que el chico tiraba de su mano para ir al siguiente ambiente, así que lo siguió. »Esta es la cocina —Madison observó asombrada, era un poco más amplia que la de Joe. Era algo más moderna y era abierta; es decir, no lo separaba una puerta, sino una larga encimera de granito que por un lado tenía cuatro asientos altos de color blanco. Esta vez el velocista la condujo por unas escaleras y llegaron a la segunda planta, era también amplia y hacia un lado había tres puertas que no estaban juntas, aunque al lado de una de ellas si había una puerta junta, pero más delgada. »Y por aquí tenemos los cuartos —comentó —Este sería la habitación principal —Barry señaló una de las puertas y la abrió. Madison, al ver su interior le impresionó el buen tamaño que tenía. También vio una enorme cama en el medio, incluso era más grande que la de Barry en casa de Joe. El muchacho, después, le mostró el baño que estaba adentro de ese dormitorio, era espacioso y de un bonito color gris y blanco con modernos acabados. Luego volvieron a salir al pasillo. »Y este sería la otra habitación —Esa era un poco más pequeña que la principal, pero de igual modo era espaciosa, también solo tenía una cama grande en el medio, aunque no tanta como la anterior que había visto. Ambas habitaciones tenían ventanas grandes con una bonita vista y a la niña le agradaba que entrara bastante luz natural. Otra vez se encontraban en el pasillo, justo frente a la puerta pegada al dormitorio que acababan de ver. »Este es otro baño —Barry señaló la puerta mediana, aunque estaba cerrada —Aún le falta que terminen de hacer unos acabados —informó y Madison lo siguió cuando caminó hacia la otra puerta que estaba hasta el otro extremo del pasillo —Y este de aquí, una oficina —Abrió la puerta y Madison vio su interior. Este cuarto era el más pequeño, aunque seguía teniendo un buen tamaño, solo había un escritorio en el medio y repisas y estantes con cajones vacíos. Esta vez la niña tomó la mano de Barry y volvieron al primer piso. Madison seguía confundida de por qué el muchacho le había dado un tour de ese sitio. —¿Te gusta? —preguntó el ojiverde, soltando su mano y quedando frente a ella para observarla. Madison lo pensó unos segundos, en verdad era un bonito lugar. Le gustaba las enormes ventanas que cada espacio tenía, era amplio, lucía acogedor y con bonitos acabados. Pero ¿de quién era ese departamento? —Sí, es muy lindo. Pero, Barry, no entiendo. ¿De quién es esto? ¿Y por qué estamos aquí? —La niña frunció el ceño ligeramente. El chico guardó silencio un momento y se preparó para decir lo siguiente: —Madi, he estado pensando mucho y creo que ya es hora de que me mude de la casa de Joe —murmuró, a lo que la niña abrió ligeramente los ojos —Con Iris las cosas están mucho más serias y en su apartamento no cabemos. La niña sintió que el tiempo se detenía por una fracción de segundo. La nueva información que el chico acababa de darle era como si le hubiesen tirado un balde de agua fría, aunque no era porque se mudaría con Iris, no, sino que Barry se iría de la casa de Joe ¿Por qué? ¿Por cuánto tiempo? ¿Qué sucedería con ella? ¿La iba a dejar atrás? »¿Qué te parece la idea? —Yo... —Madison sintió muchas emociones revolotear en su interior. Sí, el chico era adulto y obviamente quería su espacio. Pero, entonces... ¿Madison tendría que quedarse con Joe? Después de todo era Joe el responsable legal de ella y la niña aún no sabía cuándo era el día oficial de la adopción. Madison sintió una punzada de tristeza instalarse en su pecho. No quería vivir sin Barry. No podía. »Está bien —logró decir al fin, no tenía las agallas para decirle que no le gustaba la idea de que él se mudara y siguiera su vida, el chico se veía contento con la noticia. Barry la iba a dejar con Joe ¿cómo podía ser tan cruel? —Entonces ¿No te gustó? —preguntó el castaño, algo confundido y ligeramente preocupado por el tono que había usado —¿Madi? —No es eso. Es que ahora...—susurró —Si tú vas a vivir acá, yo ten-tendré...—la niña tragó saliva para atreverse a continuar —Me vas a dejar con Joe —La menor no pudo evitar sentir mucha angustia al asimilar completamente aquella información —Yo no quiero que me dejes —musitó, abrazándose a sí misma y observando el piso. La pequeña se sintió mal. Tal vez estaba siendo egoísta, quizás debía sentirse feliz y no molesta ni angustiada ni abrumada, porque el chico había encontrado su hogar; pero no quería quedarse sola. Barry frunció ligeramente el ceño ante lo que escuchó. El ojiverde no quería que sus palabras se entendieran de esa forma. Bueno...quizás primero debió explicar lo otro, sólo que se dejó llevar por la emoción de mostrarle lo que había adquirido. —Hey, hey —Barry se colocó de cuclillas frente a ella —No te voy a dej... —Pero ahora vivirás con Iris, y me tendré que quedar con Joe y me olvidarás y... —Madison habló rápidamente expresando sus inquietudes, aunque fue interrumpida por Barry. —No, cariño, no es así —interrumpió —Ven aquí —El muchacho la sostuvo por debajo de sus brazos y se sentó en el sillón con Madi sobre su regazo con las cortas piernas de ella hacia un lado. La niña estaba al borde de las lágrimas por la nueva situación. "Tonto, Barry, ¿por qué tienes que mudarte?" —Madi —el velocista llamó y la menor alzó ligeramente la cabeza —Pequeña no te pongas así —expresó con una diminuta sonrisa al ver su gesto, limpiando los cristalinos ojos de la niña con sus pulgares —No es como suena. Lo prometo. Madison frunció ligeramente el ceño. —Pero tú dijiste... —No quise que lo interpretaras de esa forma. —¿Entonces? Estoy confundida —pronunció y se cruzó de brazos. —Primero que nada, nunca voy a olvidarte, Madison —aclaró agachando ligeramente su cabeza para observarla —Sé que ahora estoy saliendo con Iris, pero eso no cambiará nada entre nosotros. Nada lo hará. —¿En serio? —Muy en serio —aseguró con sinceridad y la niña asintió con la cabeza, tomando sus palabras como certeras. »Ahora, no estoy pensando mudarme solo, aquí, con Iris. —¿Qué? —Madi, tú vendrías con nosotros —El lugar se quedó en silencio por unos cortos segundos, Madison tratando de procesar aquello que había dicho Barry. —¿Qué? —repitió, anonadada. ¿Había escuchado mal? —Eso, pequeña —Barry sonrió ligeramente por la expresión de la menor —No voy a dejarte con Joe, porque vivirás conmigo. —Pero, Joe... Él tiene mi custodia, y... ¿y la adopción? El juez no permitirá que no viva bajo el mismo techo que mi tutor legal. —Madi, voy a explicarte algo —se apresuró en decir el muchacho —Y no lo hice antes, porque quería asegurarme primero que todo resultara como es debido. Además, que no quería crear ilusiones. La pequeña asintió con la cabeza. —Dime, Barr, que no puedo con todas estas dudas —la niña se impacientó cuando Barry no habló de inmediato. —Todo este tiempo he sido yo quien ha tenido tu tutela. Madison abrió ligeramente los ojos al igual que su boca. —¿Qué? Creo que escuché mal —La niña estaba conmocionada por lo que creyó haber escuchado de los labios de Barry. No podía ser. —No, cariño, escuchaste bien —El chico no pudo evitar soltar una pequeña risa —Luego de unos días de que dieras tu declaración en la comisaria, el Trabajador Social le iba a dar la tutela a Joe hasta que fuese el día de la adopción —explicó —Pero, luego de hablar con Joe y Cecile, intervine para que me la dieran a mí. Madison guardó silencio un momento, asimilando lo que acababa de decir el chico. —Pero...tú, pe-pero... —la niña tartamudeó —¿Y por qué no me dijiste nada, tonto? —Madi le dio un ligero golpe en el pecho del muchacho. —¿Te doy una buena noticia y así es como me pagas? —dramatizó ligeramente, aunque había una sonrisa en su rostro. Madison negó levemente con la cabeza y se abalanzó contra el muchacho para envolverlo en un abrazo. La menor sentía varias cosas a la vez, seguía conmocionada, pero la alegría comenzaba a esparcirse por todo su ser. »No quería ilusionarte hasta estar seguro de que podía tener tu tutela. —¿Cómo...? ¿Qué cambió? —murmuró —¿Por qué recién ahora? —No pudo evitar pensar en cuanto anhelaba que Barry fuese el responsable legal de ella. —Cecile dio la idea —explicó, acariciando la espalda de Madison que estaba apoyada contra su pecho —Joe y ella, me ayudaron mucho —confesó —Madi, antes no podía hacerlo porque no cumplía con ciertos requisitos. El Capitán Singh también colaboró, su aumento de sueldo fue importante —comentó —La idea del departamento también fue para poder continuar con el proceso. El Trabajador Social debe asegurarse de que yo puedo darte lo que todo niño necesita para su bienestar y crecimiento —explicó alguno de los detalles. Los requisitos eran algo extensos, pero Barry, con la ayuda de sus amigos, había podido ir cumpliendo cada uno de ellos. Ser tutor legal de alguien era algo complicado y, sin una buena referencia y ayuda, posiblemente no lo hubiese conseguido. —Barr —llamó la niña con voz casi silenciosa. Se separó ligeramente del chico y lo observó —¿Esto...esto quiere decir que puedes adoptarme? —Madison no pudo evitar preguntar. La niña esperó impaciente la respuesta del castaño. "Por favor, que diga que sí" Era su sueño, era algo que quería con toda el alma, aunque ya no lo expresara en voz alta. Sabía que el ojiverde hacia lo posible para mantenerla a su lado y, que Joe la adoptara, era la opción más viable; pero ahora que había esta pequeña posibilidad quería que fuese Barry con todo su ser. El velocista soltó un débil suspiro. —No quiero que nos hagamos ilusiones, aún —murmuró —Pero voy a decirte que hay una posibilidad. —Madison abrió los ojos y se tomó un momento para procesar la respuesta del muchacho. De pronto, la menor sintió las lágrimas picar detrás de sus párpados. Una alegría inmensa recorrió su pequeña anatomía. »¿Madi? —llamó el ojiverde —Aw, cariño ¿estás bien? —cuestionó al ver sus lágrimas. —Es que...es que... —La menor sorbió su nariz y alzó la vista para observarlo —Barry, es algo que siempre quise desde que fui a vivir contigo ¿lo sabes? —susurró. El muchacho sonrió de oreja a oreja y limpió las lágrimas de la menor con sus pulgares. —Lo sé, pequeña —El ojiverde colocó un mechón de cabello detrás de su oreja —Es algo que también quise desde hace tiempo —confesó y Madison lo abrazó con todas sus fuerzas. —Entonces ¿vas a hacer todo lo posible para adoptarme? —preguntó mirándolo a los ojos. —Lo haré —sonrió el chico. —Pero, Madi, es un proceso largo y tedioso, así que hay que ser pacientes —acotó y besó su frente. Madison asintió y se acurrucó más hacia su lado. Barry estaba muy contento al saber que ya no era imposible aquella adopción, era importante para el castaño. Sí, no cambiaría nada en su relación, pero si se lograba, entonces la menor permanecería para siempre a su lado; además de que tendría más derechos sobre ella sin la necesidad de involucrar a Joe. La menor sonrió y se recostó a la altura de la clavícula del muchacho, guardando silencio y dejando que sus alocadas emociones se calmaran dentro de ella. Luego de unos minutos en silencio, Madison decidió romperlo con una curiosa pregunta: —¿Barry? —llamó con cierta timidez. —¿Hmm? —Si llegas adoptarme, querrás que te...lla-llame, ya sabes... —Si llego adoptarte, querré que me llames como tú quieras —respondió de inmediato al escuchar el conflicto que la menor estaba teniendo para realizar esa pregunta. Barry no esperaba que le dijera padre o papá. Quería que la pequeña lo tomara con calma, porque el chico sabía muy bien que la menor necesitaba tiempo, vamos, a él le tomó mucho tiempo llamar a Joe, papá. -y eso que lo hacía ocasionalmente- Y no esperaba de la niña aquello. Incluso si nunca lo llamaba de esa forma, estaba conforme con su nombre y su apodo. La menor soltó un ligero suspiro de alivio. No podía usar ese término, no ahora, no en un futuro cercano, no después de todo lo que ocurrió con su progenitor; que Robert la obligara a usar esa palabra lograba que ella relacionara ese término con algo malo. Primero debía sanar aquellas heridas internas, luego tomaría la decisión de si quería o no llamarlo de esa forma. —Siempre serás mi Barry —susurró e hizo una pequeña sonrisa. El muchacho besó la cima de su cabeza y también sonrió por las palabras de la menor. »Espera —La niña se separó ligeramente del castaño —Esto quiere decir que el castigo que me dio Joe no vale, porque ya no es mi tutor legal —habló con algo de entusiasmo. —Madi, Joe era el adulto responsable en ese momento —dijo y la menor hizo un puchero —De vez en cuando pediré su ayuda para que te cuide cuando yo tenga que salir o vaya a un viaje de trabajo, y los chicos tampoco estén disponibles —comunicó — Sé que no todo el tiempo se llevan de lo mejor, pero debes obedecerle también, y más si estamos en su casa. —Pero no es justo —La menor se cruzó de brazos —Yo quiero que tú me cuides siempre —Barry sonrió ligeramente ante sus palabras. —No te digo que será algo seguido, ni que sucederá pronto, pero hay veces que en mi trabajo me han pedido ir a otra ciudad —comentó —Además, ha habido veces que todo el Equipo se ha tenido que quedar hasta muy tarde combatiendo a metahumanos y tú tranquilamente te quedaste con Joe y jugaron cartas y Scrabble junto a Cecile —le recordó —Esa otra vez te quedaste con él e incluso vieron una película juntos y comieron palomitas y pizza. —Bueno, pero eso fue cuando...cuando estaba de buenas y no me daba órdenes. —Madi, sé que a veces se te hace difícil, pero tienes que obedecerlo como lo haces conmigo o con Caitlin o incluso con Cisco —Madi frunció ligeramente el ceño. El más estricto de los 3 chicos era Barry; Caitlin rara vez le daba alguna orden -porque la muchacha era más de proponer- y, bueno, Cisco tenía sus momentos, pero no se hacía tanto problema de que la niña lo obedeciera. Madison soltó un suspiro. —¿Por qué a veces Joe tiene que ser tan estricto? —preguntó más para ella que para él. El muchacho hizo una pequeña mueca, sabiendo a lo que se refería. —No es tan malo —medio bromeó y Madison rodó los ojos —¿Sabes qué aprendí? —le preguntó y Madison lo observó expectante —Si le obedeces a la primera o a la segunda no terminarás con un castigo —comentó recordando sus días de niñez. Madi hizo un débil puchero. Pero tendría que intentarlo, porque estar castigada por tantos días no era divertido. —¿Te castigaba mucho? —cuestionó curiosa. —Los primeros dos años que viví con él, sí —confesó el velocista —Estaba adaptándome a vivir con él y no me gustaba obedecerlo, trataba de darle la contraría todo el tiempo —Madison sonrió al imaginar a un Barry niño contestándole a Joe —Pero luego fueron más esporádicos —El castaño se encogió de hombros —Además que eran otros tiempos y mucho más estricto. Madison soltó un suspiro, pero le dio un pequeño asentamiento. No era que Madison detestaba a Joe, o pensaba que era malo, porque sería una total mentira. El hombre tenía sus días buenos, sólo que, a veces, lograba sacarla de quicio. La niña sabía que el hombre lo estaba intentando, trataba de preguntar en vez de exigir, pero no tenía mucha paciencia y ese podía ser un gran problema cuando Madison no estaba de humor o se encaprichaba con algo. Ni ella ni él sabían cómo tratarse cuando estaban molestos, o frustrados; ambos explotaban y ese era el problema. —Bueno, ya te voy diciendo, si algún día llegas y lo encuentras sin cabeza, será tu culpa —la castaña medio bromeó y Barry solo negó con la cabeza divertidamente. De pronto, el celular del muchacho comenzó a sonar y lo sacó del bolsillo de su pantalón. —Hola, Cait —escuchó que decía. —Bien llegaremos en cinco minutos —Barry indicó y cortó la llamada. —¿Para qué llamó? —Hizo una deliciosa lasaña para que cenen juntas —respondió el chico y la niña se emocionó. Había pasado ya un tiempo desde que estuvieron las dos solas. —Barr, ¿me puedo quedar a dormir con Caitlin? —Hmm... —¿Por favor? —La pequeña utilizó su tierno gesto. —Bien, pero deberás preguntarle primero. —Perfecto —aplaudió unos segundos. —¿Ahora, me harás el favor de guardar, pot unos días, la noticia del departamento a Iris? —¿Por qué? —Quiero que sea una sorpresa para ella, y primero quiero comprar algunas cosas más. —¿De donde estás sacando tanto dinero? ¿Robaste un banco? —molestó y el muchacho picó sus costados para hacerle cosquillas. —Tú no te preocupes por eso —Dejó de hacerle cosquillas y la menor se tomó dos segundos para regular su respiración. —Dime —indicó y el mayor rodó los ojos ante aquel tono demandante. —He estado ahorrando, cariño —manifestó —He vendido varias cosas que Harrison Wells de esta Tierra dejó a mi nombre —complementó —Además, algunos inventos que hace Cisco con la ayuda del Equipo pueden ser vendidos —explicó —No lo hacemos todo el tiempo, pero a veces es necesario para costear nuevas cosas —indicó no entrando en más detalle —Ahora, vamos, que se nos hace tarde. Y con eso, el muchacho usó su velocidad para llegar al departamento de Caitlin, que no estaba muy lejos del suyo.
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