Madison patinó con su skate por casi todo el Laboratorio en busca de Cisco para decirle que había pasado de nivel en aquel nuevo juego que había descargado en su celular, el pelinegro le había dicho que era imposible; pero, ahí estaba, yendo a restregárselo en el rostro.
—¡Cisco te dije que sí pod...! —Madison frunció ceño cuando entró a aquella área. Se bajó del skate y lo dejó apoyado contra la pared.
—Saludos, terrícolas —escuchó decir a Wells con un sobrero n***o ¿Qué se suponía que estaba haciendo? La niña caminó un poco más hacia adelante y abrió ligeramente los ojos al darse cuenta de que había otro Wells al lado de Cisco.
La menor negó levemente ¿Se había golpeado la cabeza y estaba viendo doble?
"No, tonta. Existen las otras Tierras", le recordó su cabeza. Sí, había visto el Consejo de Wells hace unos días atrás, pero más parecían hologramas; este Wells era de carne y hueso y seguía siendo todo muy raro e impresionante para la pequeña.
—Francisco, ¿trajiste un Wells alien? —Madi susurró no tan bajo acercándose al pelinegro, luego de escuchar las palabras del desconocido en un tono de voz impostado. Por el rabillo del ojo pudo observar que Barry se acercaba unos pasos más y Caitlin abría los ojos, también asombrada.
El lugar se quedó un corto tiempo en silencio mientras la menor guardaba su celular en su bolsillo de su pantalón jean. Podía restregarle su victoria a Cisco después, esto se veía mucho más interesante. Sobre todo si habían traído un jodîdo alien.
—Solo bromeo. De verdad no hablo así —el desconocido Wells expresó, esta vez con un tono de voz normal; era parecido al de Harry, solo que no tan grave ni pausado. —Siempre había querido decir eso: Terrícolas —volvió a decir el hombre alzando sus manos hasta la altura de su cabeza y luego soltando una risa.
—Ufa, hubiera sido genial ver a un alien —murmuró la pequeña cruzando sus brazos y haciendo un ligero puchero. Barry soltó una pequeña risa por la ocurrencia de la niña y la abrazó protectoramente, pasando sus brazos por los hombros de la menor.
Madison le agradeció mentalmente aquel gesto y apoyó más su espalda contra el cuerpo del castaño. Sí, era exactamente al Wells de Tierra-2, pero no conocía sus intenciones y eso la ponía nerviosa.
—Si deseas puedo traer uno —aquel Wells murmuró con una sonrisa observando a la curiosa y tierna niña delante de él. A Madison no le gustaba conocer a personas adultas, por temor a lo que podían hacerle; pero ese Wells le estaba ofreciendo un alien, oportunidad que no podía dejar pasar.
La niña abrió ligeramente los ojos.
—¿En serio? —preguntó con entusiasmo.
—¡No! —exclamaron a la vez Harry y Cisco. Madison los miró mal. Le habían quitado la oportunidad de conocer a un alien. Se las cobraría.
—Wells con sentido del humor. Eso es nuevo —Caitlin acotó con algo de ironía. Madison sonrió, pero Harry volteó unos segundos y fulminó con la mirada a la chica que estaba detrás de él.
El Wells desconocido avanzó unos pasos y se colocó enfrente del otro Wells.
"Wow, fascinante", pensó la niña al verlos a los dos juntos.
—Barry, mira, que asombroso —La menor los señaló como si estuviesen en exhibición.
—Tú... Tú eres apuesto —murmuró el desconocido Wells. Madison no pudo evitar soltar una carcajada. De acuerdo, ese adulto era gracioso.
—Lo sé —respondió Harry y extendió su mano para estrecharla —Harrison —se presentó.
—Harrison —saludó el otro Wells —Pero puedes llamarme H.R —Madison memorizó su apodo. No parecía un adulto malo, aun así, no pudo bajar completamente la guardia.
—H.R, entonces. Bueno este es el Equipo —Harry extendió su brazo para señalar a todos —Este es Francisco Ramón —presentó primero al pelinegro que estaba al costado del hombre —Puede hacer lo que sea.
—Lo que sea, no. No pudo pasar el nivel de mi nuevo juego —Madison comentó. Barry volvió a reír y Cisco volteó a fulminarla con la mirada luego de estrechar la mano con el nuevo Wells. La niña sólo le dedicó una tierna e inocente falsa sonrisa.
—Ella es la Doctora Caitlin Snow —Harry siguió presentando y caminaron un poco hasta donde estaba Cait, estrechándole también la mano. —Es brillante y soltera —comentó y Madi alzó una ceja, lo último había sido innecesario.
»Bueno, ella es mi hija. No tienes que darle la mano —Harry señaló a Jesse que estaba al lado de Wally. —Y este chico es Wally West —también introdujo y esta vez sí se estrecharon la mano.
"Harrison, ¿qué pasa con esas horrendas presentaciones?"
»Esta pequeña de aquí es Madison —señaló —Tampoco tienes que darle la mano —indicó con rapidez al ver que el nuevo Wells se acercaba a ella. Al escuchar a su doble, el hombre retrocedió, pero le dio un efusivo saludo ondeando su mano en el aire que Madi, dudosa, correspondió para no ser grosera —Es muy inteligente y astuta —elogió y la niña sintió sus mejillas sonrojarse ligeramente, nunca se acostumbraría a los halagos.
—Y él es Barry Allen, o como lo llamamos en esta Tierra: Flash. —Madi abrió ligeramente los ojos ante las palabras de Wells ¿Así nomás se lo diría? Bueno, quizás necesitaba saberlo si, después de todo, sería parte del Equipo Flash.
Barry abrazó a la niña con un brazo y con su mano libre estrechó la de H.R. Madi sonrió cuando el hombre puso su otra mano encima y sacudió algo fuerte el brazo del castaño.
—Bienvenido a Tierra-1 —Barry habló con ligera duda.
"Esto será interesante", la niña no pudo evitar pensar al ver al nuevo integrante.
Luego de unos minutos, Harry y Jesse llegaron con sus mochilas para partir a su Tierra. Madi se sintió triste porque se irían tan pronto. Los presentes comenzaron a despedirse de ambos hasta que llegó el turno de la niña.
—Jesse, te voy a extrañar mucho —murmuró dándole un abrazo a su amiga —Vendrás a visitarme ¿verdad? —preguntó alzando la cabeza para verla.
—Claro que vendré, Mads —aseguró con una sonrisa —Cuídate mucho —La chica se agachó un poco y besó la mejilla de la menor.
Luego, Madison, le dio un muy corto abrazo a Harry y este suavemente palmeó la cima de su cabeza.
—Cuando vengas, vuelve a traer ese delicioso chocolate de tu Tierra —indicó y Wells asintió con una diminuta sonrisa. Qué podía decir, tenían los mejores chocolates, incomparables con los de su Tierra.
Entonces, Cisco se colocó sus lentes especiales para amplificar su superpoder y abrió una brecha para que Harry y Jesse pudiera cruzar y llegar sanos y salvos a su Tierra.
Luego de que la brecha se cerrara, perdieran de vista a sus amigos y los demás comenzaran a desaparecer por aquel umbral de esa área, Madison tomó la mano de Barry para que dejara de avanzar. El chico detuvo sus pasos, frunció ligeramente el ceño y agachó su cabeza para observar a la pequeña.
—¿Barry? —expresó la menor algo dubitativa —¿En verdad confían en…en H.R? —cuestionó cautelosa. Barry se colocó de cuclillas frente a ella y asintió con la cabeza.
—Cisco y Wells lo investigaron, así que no tienes de qué preocuparte. Es de la Tierra-19 y nos ayudará mientras Harry no esté —aseguró el chico colocando un mechón detrás de su oreja —No tienes que confiar de inmediato en él, Madi, pero puedes tratar de conocerlo poco a poco —habló con una diminuta sonrisa. Barry sabía muy bien que la menor se cerraba y trataba de esquivar a las personas adultas, sobre todo de aquella edad; pero esperaba que le diera una oportunidad.
La niña asintió e hizo una pequeña mueca. Sabía que le tomaría un tiempo confiar como lo hacía con Wells de Tierra-2, pero le daría el beneficio de la duda.
—Está bien —dijo al fin y el chico dejó un casto beso en su frente.
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—¡Joe! ¡¿Qué haces?! —gritó cuando el hombre desconectó la consola del tomacorriente en medio del juego, la pantalla tornándose negra. Wally le había regalado un nuevo juego llamado Mario Bross, no tenía nada que ver con carreras, pero, qué podía decir, era adictivo.
—Primero, no me eleves la voz, Madison —la señaló con su dedo índice. El hombre estaba estresado y no estaba de humor para lidiar con la menor —Y hace una hora atrás te dije que apagaras eso y fueras a terminar tus deberes —justificó su acción. Desde hace rato le venía diciendo que terminara sus tareas de la escuela para mañana, pero la menor no le estaba haciendo caso. Tenía paciencia, pero no tanta como la de Barry.
—¡Y yo te dije que lo haría después!
—No me grites —ordenó —Serán las cuatro y media de la tarde, Madison. Llevas todo el día pegada a ese aparato, así que sube a tu habitación y termina tus tareas, por favor —Aquel «por favor» lo agregó para tratar de disipar las cosas. No quería empezar otra pelea con la menor, podía ver lo enojada que se encontraba cuando observó su pequeña mano cerrarse en un puño.
—Eres tan molesto —masculló. Sí, había procrastinado hacer sus tareas. Aunque le gustaba aprender, seguía siendo una niña y le parecía mucho más divertido seguir pasando los niveles en el nuevo juego.
—¿Dijiste algo? —retó el hombre acercándose a la niña sentada en el sillón. La menor se encogió ligeramente en su sitio y mordió su lengua para no responderle cosas obscenas, y en su lugar dijo:
—No eres Barry, deja de darme órdenes —murmuró con desdén, cruzándose de brazos. El muchacho había salido -Madison creía que había ido a ver a Iris- y aún no regresaba.
—No me importa si Barry está aquí o en la China. Soy el adulto en esta casa, así que vas a obedecerme, Madison.
La niña sintió la irritación crecer dentro de ella, así que simplemente se levantó y enchufó la consola. Joe tomó una respiración profunda y se obligó a no explotar, aunque no era una tarea fácil.
Madison volvió a tomar el mando y se sentó nuevamente en el sillón, ignorando a un enojado Joe. Cuando la menor iba apretar las teclas para comenzar a jugar, el hombre agarró el mando y se lo sacó.
—¡Hey!
—Sube a tu habitación —ordenó con firmeza —Y estás castigada, jovencita. No verás esto hasta el siguiente domingo —sentenció, comenzando a desconectar completamente la consola. Madison abrió los ojos y se levantó de inmediato a tratar de detener al hombre.
—¡No! —su tono berrinchudo no pasó desapercibido —Eso es mío —sostuvo el brazo del mayor, pero fácilmente Joe siguió su cometido con la mano que le quedaba libre —No puedes llevártelo.
—Oh, sí que puedo —Joe de algún modo se deshizo del agarre de Madison y se dirigió a agarrar el segundo mando de la consola —Pudiste haber sido obediente e ir a terminar tus tareas, pero decidiste ser irrespetuosa, así que no verás esto hasta dentro de una semana —explicó agachando la vista para ver a una molesta niña —Tienes una hora para terminar; si subo y no has acabado, no verás la consola por un mes.
—Pero no pue...
—¿Estoy siendo claro? —expresó con dureza. A Madison le tomó tres segundos convencerse de que Joe no le haría nada malo, a pesar de su tono de voz.
"No estás más con Robert", se recordó para no estar tan tensa, aunque de igual modo sintió el enojo recorrer su pequeño cuerpo. Entonces, sintió su respiración acelerarse y volvió apretar los puños a cada lado de su cuerpo, esperando que sus poderes no hicieran volar a Joe contra el techo.
La niña rodó los ojos, lo observó con furia y no respondió. No quería darle aquella satisfacción.
»Bien, serán dos semanas —Joe comenzó a caminar hacia su habitación y Madison se apresuró a seguirlo.
—Joe, espera... —Dos semanas sin jugar era mucho tiempo —Maldîción —masculló en un susurro casi inaudible. Esta vez se colocó delante del hombre al ver que él no se detenía —Bien, tú ganas, terminaré en una hora —murmuró dejando de lado su orgullo.
—Me alegro de que lleguemos a un acuerdo —acotó —De igual modo, serán dos semanas.
—¿Qué? Pero...
—No soy Barry, Madison —expresó con firmeza.
—Claro que no lo eres. Él no es un amargado —susurró hacia un costado.
—¿Qué dijiste? —volvió a retar seriamente.
—Nada. Nada. —Joe tomó otra respiración y trató de calmarse. La niña le sacaría canas verdes.
—Tus tácticas no funcionan conmigo —negó levemente con la cabeza —Yo espero que las niñas, como tú, cumplan con los deberes de la escuela que son muy importantes. Tú incumpliste. Te di varias oportunidades y en su lugar desobedeciste y, encima, tienes una pésima actitud conmigo —Joe habló en tono firme, pero ya no tan duro.
»Tus acciones tienes consecuencias, jovencita, así que esto se queda conmigo y ni creas que estoy bromeado cuando te digo que, si voy y reviso que no has acabado tus tareas, será un mes. —indicó seriamente —Ahora ve —hizo un ademán hacia las escaleras.
Madison lo observó unos segundos y apretón aún más sus puños, quería hacerlo volar por los aires. Sin decir nada, dio media vuelta, corrió a su habitación y cerró la puerta de un portazo. La menor gritó contra su almohada y sintió su respiración irregular. Seguía furiosa, demasiado.
—Maldición —masculló y no tuvo otra opción que golpear una de las paredes del lugar. Sentía su energía manifestarse y sus cosas de las repisas comenzaron a temblar. La niña sintió el dolor en sus nudillos, pero no le importó, se sentó en el piso y se apoyó contra la tarima de su cama.
»Cálmate —se dijo una y otra vez, tomando profundas respiraciones y esperando que eso lograra disipar la furia que recorría todo su ser.
Joe lograba sacarle de quicio. Sabía que el hombre no era malo, pero era enormemente más estricto que Barry, tampoco no tenía mucha paciencia y no sabía cómo lidiar con él. Simplemente pudo haberle advertido del castigo, o quizás simplemente quitarle la consola hasta que terminara sus tareas, pero en su lugar no jugaría por dos semanas.
La niña colocó la palma de sus manos en su rostro y soltó otro grito. No quería obedecerle, no después de aquel castigo, pero sabía que el hombre subiría y, si no había terminado su tarea, cumpliría sus palabras.
"Sólo hazlo y ya", su cabeza le dijo lo obvio.
Soltó otra maldición, pero por fin se colocó de pie y abrió su laptop. Debía escribir un ensayo de mil palabras sobre el libro que le habían dejado leer. Era un cuento corto, pero no había tenido tiempo de leerlo nuevamente -sí, la niña ya lo había leído cuando estaba en el orfanato, gracias a Hayley, pero no recordaba con detalle su desarrollo-
»No lo leeré otra vez —dijo en voz alta. Era alguien que leía rápido, pero no desperdiciaría tiempo en ello. Entró a Google, buscó el resumen y algunas interpretaciones del cuento.
Luego de un momento, gracias a lo que estaba leyendo por internet, recordó los acontecimientos, así que abrió Word y prosiguió a escribir con rapidez aquel ensayo. Honestamente le parecía aburrido esa materia, pero si se concentraba podía escribirlo en menos de media hora. Qué podía decir, se le daban bien las palabras y podía hacer aún más larga la oración que tenía en mente, así completando con facilidad las mil palabras.
Madison prosiguió a terminar las otras dos tareas que tenía pendiente -no eran muy largas, la verdad- y luego soltó un leve suspiro. Faltaban diez minutos para que se completara la hora, así que se tiró boca arriba sobre su cama. Con sus poderes comenzó a hacer bailar en el aire a su conejo de peluche, tratando de relajarse, pero cuando recordó nuevamente el castigo de Joe no pudo evitar soltar su felpudo compañero contra la pared.
—Demonîos —masculló y se colocó de pie, yendo en busca del peluche —Lo siento, Sr. Peluches —susurró recogiéndolo. Sólo decía el nombre del peluche en voz alta cuando estaba sola.
Madison se sobresaltó cuando la puerta fue abierta, ni siquiera se había percatado que la había dejado todo ese tiempo cerrado hasta que Joe entró -normalmente la abría a los minutos, pero no había tenido tiempo de pensar en que estaba en un espacio cerrado-
—¿No te ensañaron a tocar? —musitó con descaro.
—Perdiste ese privilegio cuando decidiste ser malcriada —respondió, observándola con advertencia. Madison mordió su lengua para no insultarlo —¿Terminaste? —preguntó el hombre y a la niña le costó controlarse, pero se obligó a no usar sus poderes contra el hombre, apretó con más fuerza su peluche y sentó en la cama.
—Sí —respondió cortante. Joe revisó su trabajo en la laptop que seguía prendida.
—Bien —dijo luego de unos minutos —La cena estará servida en dos horas.
—No tengo hambre —aseguró con simpleza.
—Madiso...
—Sólo vete, Joe.
—No me hables así —La niña se enfureció y sus cosas nuevamente comenzaron a vibrar. Otra vez sus poderes comenzaron a manifestarse y de algún modo la menor supo que aquellas ondas se dirigían hacia una parte específica del cuerpo de Joe.
"¿Vas hacerle lo mismo que a Robert?", su cabeza le cuestionó, en cierta forma recordándole lo que sus poderes le habían ocasionado a la muñeca de su progenitor.
"No, debo controlarme", se dijo. No quería dañar de esa forma al mayor y tampoco quería que Barry se enfureciera por hacerle algo como eso a alguien de su familia.
—Estoy hablando en serio, Joe, vete o voy a lastimarte —Sus ojos se oscurecieron y apretó con más fuerza su pobre peluche.
—Madis...
—¿Todo bien? —La voz de Barry interrumpió lo que diría el hombre. El chico observó la respiración agitada de la niña y la fuerza con la que agarraba a su peluche.
—Necesito que se vaya —Madi murmuró seriamente entre dientes. Dos libros cayeron de su lugar mientras las cosas comenzaban a temblar más fuerte —O lo dañaré —susurró, tratando de no dirigir su poder a alguna parte del cuerpo del hombre.
—Joe, será mejor que vayas. Debe calmarse —escuchó las palabras de Barry. Joe observó un momento a la niña, negó levemente con la cabeza y luego dio media vuelta.
—No olvides lo que conversamos —el hombre murmuró antes de salir por la puerta.
La ojiverde soltó un grito y alzó su mano para azotar la puerta con su poder, haciendo un ruido fuerte por el impacto.
—Madison —Barry casi reprendió y se acercó, sosteniéndola de los hombros, inclinándose hasta su altura. —Debes tranquilizarte, cariño —comentó ahora con suavidad, tomándola de las mejillas y obligándolo a verlo.
La niña se enfocó en las palabras de Barry, en su voz, en su presencia, en su respiración. Aquella energía comenzó a disminuir y las cosas dejaron de temblar, hasta que tomó el control completo de su poder. Madi no perdió más el tiempo y, sosteniendo con una mano a su peluche, envolvió en un fuerte abrazo al castaño. El velocista se enderezó con ella en brazos y la sostuvo por unos minutos, acariciando su espalda para que se calmara por completo.
La niña cerró un momento los ojos y absorbió la paz que le daba el chico, su irregular respiración volvió a la normalidad; el enojo se había disipado, pero aún seguía molesta con Joe, sólo que ya no hasta al punto de querer arrancarle la cabeza.
—Barr, casi ocurre otra vez —susurró contra el cuello del chico.
—¿Qué cosa?
—Casi doblo su muñeca —explicó separándose ligeramente de él para verlo a los ojos —Ni siquiera sabía que podía hacer algo como eso. Mis poderes... Pude dañarlo seriamente —habló con ligera preocupación.
—Pero no lo hiciste, te controlaste —acotó el muchacho frunciendo ligeramente el ceño.
—No lo sé, Barr —dijo dudosa.
—Vas a estar todo bien —Madison asintió levemente, no creyendo del todo en sus palabras. Sentía, ahora más que nunca, que comenzaba a perder el control sobre sus superpoderes, y no le gustaba para nada.
Barry la colocó en el piso y besó su frente.
»Iré a hablar con él ¿sí? —Sin darle tiempo a responderle, salió por la puerta y la dejó sola en su habitación.
Otros diez minutos transcurrieron y Madison se impacientó ligeramente al ver que Barry no subía. Supo que Joe le estaba contando lo que había sucedido hace una hora atrás, pero creía que él la dejaría como una mala niña frente a Barry. Sí, no había obedecido, pero Joe podía estar inventando cosas a favor de él.
"No seas tonta", su mente se burló de ella.
"Quién sabe", le habló a su cabeza, tratando de justificar aquel pensamiento.
La menor soltó otro de sus tantos suspiros, dejó su peluche en la cama y volvió a levantarse e ir al primer piso, pero antes de que pudiera salir de su habitación el chico se colocó debajo del umbral cruzando sus brazos y apoyándose contra este.
—¿Qué te dijo? —Madison preguntó algo dubitativa ¿Ya estaba molesta con ella?
—Madi, siéntate —El chico se adentró y señaló la silla de su escritorio para que tomara asiento. La menor lo observó un momento, pero terminó haciendo caso. Su tono de voz no era tan serio, pero no quería tentar a su suerte.
—Barry, yo...
—¿Por qué no le hiciste caso, huh? —cuestionó, aunque no sonó molesto. Él se colocó de cuclillas frente a ella y en esa posición Barry era un poco más bajo que la niña, así que alzó ligeramente su cabeza —Las tareas son primero, Madi.
—Pero las iba hacer después.
—¿No te dije que terminaras antes de comenzar a jugar?
—Sí, pero...
—¿Entonces?
—Pero él no debió apagarlo de esa forma, Barry. Tú no hubieses hecho eso —Lo observó —Las iba hacer, sólo quería terminar esa partida.
El chico soltó un débil suspiro.
—No, yo no te hubiese quitado la consola de esa forma, pero tampoco te hubiese dejado terminar de jugar porque primero son las tareas, Madi —explicó —Y Joe te lo estaba diciendo varias veces.
—Es que...
—No estuvo bien lo que hiciste y lo sabes —El castaño negó levemente con la cabeza. —Y luego le respondiste de esa forma... No está bien.
Madison agachó ligeramente la cabeza. Sabía que Barry tenía razón, pero seguía creyendo que Joe había abordado la situación de una manera fea.
—Yo solo quería terminar esa partida —susurró con aguda voz jugueteando con sus dedos.
—Madi, Joe no tiene la misma paciencia que yo. Debiste obedecerlo, sin tratar de volver a conectar la consola.
—Pero me dio mucha cólera que hiciera eso —Se cruzó de brazos.
—A veces debemos controlarnos para no terminar en una peor situación. —Madison meditó sus palabras un momento.
—Lo sé— susurró al fin —Pero dos semanas es mucho, Barry —La niña alzó la vista para observarlo. Tenía los ojos cristalinos debido a la frustración y dado que Barry parecía estar de acuerdo con el castigo.
—Madi...
—Por favor, dile algo, es mucho. A ti te va a escuchar. Al final, hice todas las tareas, él las revisó.
—No sé si sea una buena idea —Barry dijo, observando los ojos suplicantes de la menor. Sí, creía que era mucho tiempo, pero hasta cierto punto se lo había buscado.
La niña agachó la vista y soltó unas cuantas lágrimas. Ni siquiera quería que Barry la viera llorar -no por ese tipo de cosas, creía que la hacían ver como una bebé- pero a veces el enojo y la frustración le hacían liberar lágrimas sin su permiso.
»No tienes por qué llorar, cariño —pronunció con delicadeza, limpiando las pocas lágrimas —Hablaré con él, pero no te prometo nada ¿sí? —La menor tomó una respiración profunda y se calmó. Luego asintió levemente y lo abrazó.
—Hoy quiero cenar con Caitlin —murmuró contra el cuello del muchacho.
—Está bien, pero primero debo mostrarte y contarte algo —Madison se separó ligeramente de Barry y lo observó con duda.
—¿Qué cosa?
—Ya verás, ponte algo más abrigador y podemos ir —dijo levantándose de su lugar, revolviéndole ligeramente el cabello. El clima de Central City era algo raro, ya estaban en casi verano, pero algunas noches seguía haciendo frío.
La niña asintió y se apresuró en cambiarse. Se colocó un jean algo suelto a la cintura, un polo de manga larga n***o con rayas blancas, sus zapatillas y una gabardina negra.
—Vamos —La menor, ahora, estaba algo entusiasmada.
¿Qué podía ser?