Capítulo 28

3359 Palabras
Madison observó impacientemente su reloj de muñeca, ¿tanto podía tardar en pasar quince minutos? Estaba sentada en la banca larga con Barry y Caitlin a su costado. Cisco había tenido que quedarse en los Laboratorios con Harry debido a un metahumano. La pierna de la menor se movía de arriba hacia abajo. Sí, estaban en la corte para escuchar el caso de Robert. Debían esperar quince minutos para que por fin el juez diese el veredicto, tenía que revisar los argumentos y testimonios presentados -algo que Madison no pudo presenciar ya que solo le habían permitido su ingreso a la segunda mitad de la sesión- La corte estaba algo vacía. En ese momento, Robert no estaba, lo habían llevado a otra área mientras seguía analizando las acusaciones y pruebas. Cecile y el abogado de Robert también habían salido, al igual que Joe. —Quiero ir al baño —Madison susurró levantándose de su asiento. —Te acompaño —murmuró Caitlin. —No, estaré bien. No está muy lejos —aseguró y se apresuró en salir antes de que alguno de los dos le dijera algo. Necesitaba estar un momento a solas. La menor casi corrió por el pasillo y dobló por donde Cecile le había indicado hace una hora atrás cuando llegó y tuvo que esperar en otra sala a que acabara la primera mitad de la sesión. Se adentró a los servicios higiénicos y se acercó a uno de los lavamanos para poder mojarse el rostro, hizo aquella acción unas tres veces y luego se observó en el espejo. Tenía unas ligeras ojeras porque no había podido dormir bien el día de ayer. Estaba intranquila y nerviosa. Y ni siquiera había visto a Robert, ya que, cuando la dejaron entrar, él ya no estaba. "Eres valiente, puedes enfrentarlo", su cabeza le alentó. Madison se había convencido de que quería verle el patético rostro, pero no sabía si podía encararlo. Había pasado un mes desde la última vez que lo vio y había sido cuando le disparó por accidente. En el fondo tenía miedo de aquel encuentro, no sabía si le diría algo o si trataría de hacerle algo. "Ya no deberías tenerle miedo, estúpida" —Puedo hacerlo —se aseguró en voz alta. Él no podía hacerle algo ahí ¿verdad? —Le dijiste a Barry que podías hacerlo, así que sal y enfréntalo —Madison tomó una respiración profunda y comenzó a caminar hacia el lugar donde seguiría desarrollándose el juicio. Aunque, antes de cruzar la gran puerta, fue detenida bruscamente del hombro. Todo su cuerpo se tensó por aquel inesperado toque. Aquella alarma invisible se encendió y se soltó rápidamente de quién sea quien la había agarrado de ese modo. Se volteó para encargar a la persona, pero lo único que pudo hacer fue abrir los ojos al ver a quién tenía al frente. Retrocedió dos pasos y apretó sus puños para que sus manos dejaran de temblar. —¿Me extrañaste, querida hija? —Su gruesa voz la hizo estremecerse sin poder evitarlo. Su corazón bombeó con fuerza y maldijo por tener una suerte de mîerda. Justo debía encontrárselo cuando estaba sola. Aquello no había sido el plan en su cabeza; se había imaginado que lo vería, pero tendría a Barry y a Caitlin a su lado. —Robert —susurró Madison con voz delgada. Solo estaba él y, a unos pasos atrás, había un policía, pero no parecía interesado en la situación. Robert ni siquiera tenía esposas. "¿Hola? ¿No hará nada para que deje de mirarme de esa forma? ¡Él es un criminal y usted un policía!", gritó en su cabeza. —¿Ahora me llamas de ese modo? —¿No te llamas así? —Madison pronunció con desdén y se sobresaltó de sobremanera cuando Robert se colocó de cuclillas y la sujetó de ambos brazos. —Niña insolente. Sigo siendo tu padre —espetó —Y vas a respetarme como me lo merezco —Su progenitor la zarandeó ligeramente, apretando más aquel agarre. Madison se había quedado sin palabras por la impresión y la conmoción de tenerlo nuevamente tan cerca. El terror -que se prometió no mostrar- invadió su anatomía sin que pudiera evitarlo. Pero era entendible, la pobre niña tenía delante de ella a su agresor, a esa persona que la lastimó y manipuló. —Amigo, déjala, que alguien vendrá y estaremos jodîdos —expresó el policía luego de un momento, teniendo el descaro de encogerse de hombros. Robert soltó una maldición, pero le hizo caso a ese oficial. La soltó, se colocó de pie y Madison sintió que el aire volvía nuevamente a sus pulmones. "Vamos, no te muestres débil", su cabeza le recordó. Aquello pareció sacarla de la conmoción en la que se encontraba y negó levemente con la cabeza. "Sé fuerte" —No eres nada mío, Robert —se la arregló para decir —Solo...solo me hiciste daño. Solo te encargaste de arruinarme la vida. ¡De arruinársela a Amanda! —elevó su voz en la última parte —Y te pudrirás en la cárcel por eso —El enojo comenzó a surgir, la furia empezó a dominar su pequeña figura. Tenerlo frente a ella le recordó aquellas horribles acciones que él realizó. Le hizo recordar por qué tanto lo odiaba. Esta vez Robert soltó una petulante sonrisa, la cual Madison detestó con todo su ser. —Tu escenita con el arma fue algo sorprendente, debo reconocer —murmuró de repente —Pero escúchame bien, hija —vociferó con dureza y se inclinó hasta la altura de la pequeña y agarró con mucha fuerza su mentón —Cuando vuelvas conmigo, te castigaré por cada hora que pasé postrado en esa maldîta camilla —masculló con furia »Oh, la paliza que voy a darte —musitó más para él que para ella. Madison se tensó de sobremanera —Así que te sugiero que no me hables en ese tono y seas obediente —ordenó y la soltó. La dureza en su voz le hizo casi estremecerse, pero no solo fue miedo lo que sintió, no, aquellas palabras le hicieron sentir mucha ira. Lo odiaba. —Púdrete Robert —se atrevió a decir, viéndole a los ojos. Las facciones del hombre se endurecieron y se enderezó. —Te voy a enseñar modales —Su progenitor alzó su mano para darle el "correctivo" que pensaba que su hija se merecía, pero el golpe nunca llegó. La niña no se lo permitió. De algún modo, Madison se las ingenió para detener el brazo de aquel ser, suspendido en el aire. Aquella repentina ira la había cegado y se desquitó usando su superpoder. La muñeca de Robert comenzó a doblarse hacia atrás en una extraña y dolorosa posición. La respiración de la niña se aceleró, sus manos se cerraron en un puño, incluso podía sentir sus uñas clavarse en sus palmas. La menor nunca había hecho algo como eso, nunca había redireccionado su poder sobre alguna parte del cuerpo en específico. Ni siquiera sabía cómo lo estaba haciendo, pero quería dañar a Robert, quería verlo sufrir. Aquellos oscuros pensamientos simplemente se encargaron de reforzar la fuerza con la que estaba doblando su muñeca, hasta que escuchó un alarido de dolor. —¡Detente de una vez, mocosa del demonio! —¡Tú no te detuviste cuando te supliqué que lo hicieras! ¡¿Por qué debo hacerlo yo, eh?! —casi gritó —¿Lo recuerdas? ¡Te pedí que dejaras de hacerme daño, pero no te importó! ¡No te importó! —Madison sintió aquellas lágrimas de frustración y rencor deslizarse por sus mejillas. No quería llorar frente a él, pero no podía controlarlo. —Niña, le romperás la muñeca —El oficial trató de que dejara de lastimar a aquel hombre que le había pagado mucho dinero para que lo trajera hasta donde estaba la pequeña, pero la menor lo ignoró completamente. —Madison —escuchó de repente, aquella voz trayéndola momentáneamente a la realidad. —Cariño, debes detenerte, por favor —Barry se acercó a la pequeña y trató de razonar con ella. El muchacho sabía que si la niña usaba sus poderes para ocasionarle tanto daño a alguien -sea quien sea- no se sentiría bien en las siguientes horas. Aunque, el principal motivo para que se detuviera, era para que no llamara la atención de las demás personas. Barry no deseaba exponerla de esa forma. Estaba seguro de que ella era la única pequeña metahumana de esa edad en toda la ciudad, y no quería atraer a la multitud y que comenzaran a hablar, o crear rumores o incluso publicar noticias. La vida de Madison cambiaría para siempre. »Madi, mírame —Barry ignoró a Robert que se estaba retorciendo de dolor y se colocó de rodillas frente a la niña, sosteniendo con delicadeza ambos lados de su cabeza y la obligó a verlo. —Sé que estás enojada, pequeña, pero debes controlarlo. Luego de unos segundos, Madison enfocó su vista en Barry, aquellas palabras llamando su atención. ¿Qué estaba haciendo? —No puedo —susurró. —No, sí puedes. Yo sé que puedes. Respira hondo y enfócate en mí ¿de acuerdo? —La niña obedeció sintiendo aquellas ondas que recorrían su pequeña figura poco a poco bajar su intensidad —Eso es —alentó y colocó un mechón de cabello detrás de su oreja. Entonces, Robert dejó de quejarse y trató de acercarse a la niña, pero Barry se levantó con rapidez y colocó firmemente una mano en su pecho, evitando que siguiera avanzando. —No des ni un paso más o termino lo que ella empezó —masculló, refiriéndose a que, sin pensarlo dos veces, le rompería la muñeca si se atrevía a tocarla. —No te confundas. La detuve por el bien de ella, no por ti. Así que retrocede —espetó con furia sin elevar mucho la voz para no llamar la atención de algunas personas que pasaban por ahí, al parecer otro juicio había culminado y la gente involucrada estaba saliendo de la sala. —Me las paga... —Llévatelo —le ordenó con voz firme al oficial —Y no digas ni una palabra de lo que viste, porque tu superior sabrá de esto —sentenció —Y me encargaré yo mismo de que termines peor que este bastardo —Barry amenazó con intimidante voz, haciendo un ademán hacia Robert. El policía hizo un corto asentimiento, temor reflejado en sus ojos y simplemente tomó el hombro de Robert y lo condujo dentro de la sala. El velocista tomó una profunda respiración y se obligó a tranquilizarse. Luego de un par de segundos, se colocó de cuclillas frente a la menor. Madison tenía unas cuantas lágrimas, la conmocionada niña parpadeó un par de veces y luego se limpió los ojos para enfocarse en Barry. —Yo...Yo n-no sé... —balbuceó. ¿El chico estaría enojado por usar sus poderes de ese modo? Debía saberlo —¿Estás e-enoja...? —Ni lo preguntes, cariño —interrumpió —No lo estoy, ni lo estaré. —No sé cómo lo hice, Barr —aseguró —Pero quería lastimarlo, quería hacerle mucho daño —susurró —Quería que sintiera lo que yo sentí —confesó liberando un sollozo —¿E-Eso quiere de-decir que soy mala como él? Se suponía que ella era mejor persona que ese hombre, se suponía que ella no dañaba a la gente solo porque sí. No quería convertirse en ese despreciable ser. —No digas eso, Madison —expresó con firmeza —No eres mala ni lo serás. Eres la niña más buena que he conocido, así que dile a esa cabecita tuya que no ponga esos pensamientos en tu mente. —Pero... —No eres como él ¿de acuerdo? —Barry le aseguró, sabía lo que ella estaba pensando. »Escucha, a veces no podemos evitar tener esa clase de sensaciones, emociones o pensamientos. Ese hombre te hizo daño. Y por pensar de ese modo no te convierte en esa clase de personas. Querías que sintiera lo mismo que te hizo a ti, y es válido —explicó suavemente. —¿Lo entiendes, pequeña? Madison sintió las lágrimas acumularse en sus ojos, aunque las palabras de Barry trajeron alivio a su sistema. No sabía que sus superpoderes podían ser manejados de esa forma, pero aquella conversación podía esperar, no quería ponerse a pensar en lo que sus habilidades podían hacer y ella aún no conocía. Madi sabía que el chico esperaba una respuesta verbal, así que susurró—: Está bien. —Entonces, se acercó y lo abrazó por los hombros con todas sus fuerzas. Barry se levantó con ella en brazos y se movió ligeramente de un lado a otro. »Lo odio. Lo odio —murmuró contra el cuello del chico. —Lo sé, pequeña, lo sé —Barry dio pequeñas y suaves palmaditas en la espalda baja de la niña, intentando que se tranquilizara y no se sofocara con su propio llanto. —Quiero que se pudra en la cárcel —susurró entre sollozos. —Y lo hará, cariño, lo hará. Te lo prometo —Y si no lo hacía, Barry se encargaría de cumplir aquella promesa. Madison sintió relajante las caricias del muchacho y poco a poco se fue calmando, hasta que dejó de llorar por completo. —Quiero entrar —indicó luego de un momento. —¿Estás segura? —preguntó el castaño con el ceño fruncido. —Sí. —Bien, entremos —El ojiverde se adentró con ella en brazos y, cuando estaba por el comienzo de la banca, la colocó en el piso y rápidamente la niña fue en busca de Caitlin. —Caity —susurró y trepó al regazo de la muchacha, sus piernas a cada lado del cuerpo de la mayor, buscando más conforte. La niña escondió su rostro en el cuello de la muchacha y se dejó acariciar, no importándole cuán frías las manos de la chica se sentían. Caitlin volteó ligeramente su cabeza y observó a Barry en busca de una explicación, pero el castaño simplemente le indicó que se lo contaría después. La menor cerró un momento los ojos, tratando de calmar sus nervios. Luego de unos cinco minutos, escuchó que el juez decía unas cuantas palabras que la niña no llegó a comprender muy bien ya que eran términos para los abogados. —Robert Hartford, póngase de pie para recibir el veredicto —la firme voz de aquel juez hizo que la pequeña bajara del regazo de Caitlin y se colocara de pie frente a ella, agarrando el respaldar de la otra larga banca de adelante, que estaba vacía. Los segundos parecieron eternos mientras esperaba que Robert obedeciera y se levantara. La impaciente niña se inclinó un poco más adelante; como su progenitor estaba en su diagonal podía verle casi todo el rostro. »Un millón de dólares de indemnización por daños y perjuicios. De ese dinero, un pequeño porcentaje le pertenecerá a su hija biológica al cumplir los 18 años. Además, ha perdido todos los derechos que pudo haber tenido sobre ella —pronunció el juez. Madison abrió ligeramente los ojos ante aquellas palabras. El rostro de su progenitor contrayéndose por la inesperada noticia. En la retorcida mente de Robert, él y su abogado habían podido sobornar exitosamente al juez. »Tres cadenas perpetuas que se cumplirán consecutivamente, quiere decir señor Hartford, que pasará toda su vida en prisión sin la posibilidad de libertad condicional —expresó aquel juez en un tono amargo. Tantas leyes vîoladas por aquel hombre que le causaba repulsión —Este caso se cierra —El mazo golpeó la madera circular —Pero ni crea por un segundo que sus cómplices no recibirán la misma condena. El expediente no quedará archivado para futuras investigaciones. Caerán los que tengan que caer. —advirtió —Llévenselo —El juez volvió a golpear el masi y aquel sonido trajo a Madi de vuelta a la realidad. El rostro de incredulidad, furia y quizás nerviosismo de aquel sujeto que debió ser su padre, fue tan satisfactorio para la niña que quiso llorar ahí mismo. El bullicio de los presentes comenzó a ser más fuerte, Madison observó que un oficial se acercaba a Robert y le colocaba unas esposas. Por una fracción de segundos los ojos verdes de la pequeña conectaron con lo de su progenitor. La ira con la que la observaba le hizo sentir cierto escalofrío recorrer su pequeño cuerpo. Madison, a pesar de eso, levantó un poco su mano y le sacó el dedo del medio para luego mostrarle una sonrisa ladina. Robert forcejeó contra las esposas y el oficial, pero él ni siquiera pudo darse el lujo de avanzar en dirección a la niña, ya que otro policía lo sujetó con fuerza y ambos lo sacaron de la enorme sala. Poco a poco la gente fue saliendo de aquel recinto. Hasta que solo quedaron Barry, Cait y Madi. La pequeña se volteó y, con una enorme sonrisa, se abalanzó contra el castaño para envolverlo en un fuerte y apretado abrazo. —Lo hicimos —susurró con la voz entrecortada. Sentía mucha felicidad, pero también tenía otras diversas emociones recorriendo su anatomía, haciéndola sentir abrumada. —¿Estás bien, cariño? —cuestionó un preocupado Barry al escuchar los leves sollozos por parte de la menor. Madison se separó ligeramente del muchacho, aún seguía de pie entre sus piernas, así que podía verlo perfectamente a los ojos. —Sí, es solo que... que... —Estás un poco abrumada ¿no es así, pequeña? —murmuró Cait, agarrando su pequeña mano y dándole un ligero apretón —Estás sintiendo muchas cosas a la vez, cielo —indicó y Madison sólo pudo asentir, concordando con ella. Esta vez Madi se acercó a la muchacha y la abrazó como hace unos segundos a Barry, enterrando su rostro en el cuello de Caitlin. »Barry, yo... todos estamos muy pero muy contentos de que ese individuo vaya a prisión. Y si no fuera gracias a todas las pruebas que conseguiste, quizás nunca se hubiese podido lograr —la muchacha habló con suave voz acariciando la espalda baja de la niña —Así que debes sentirte muy orgullosa. Se hizo justicia, Madi —acotó, observando a Barry un momento y sonriéndole. —Se pudrirá en la cá-cárcel —Madison soltó contra el cuello de la chica —Espero que lo pase mal, muy mal —susurró. "Lo hice mamá", dijo en su cabeza. "Sé que arruinó tu vida, Amanda, pero espero que esto te traiga un poco de paz" Cuando se calmó un poco más, Madi, inconscientemente buscó los brazos de Barry, así que de inmediato el chico la sostuvo y, cargándola, salieron de aquella corte. Madison se recostó en el hombro del castaño y sintió alivio recorrer su pequeño cuerpo. Había vencido a Robert, aquello se sentía estupendamente bien, ya no tendría que preocuparse de cruzárselo o de verle aquel repugnante rostro. Sabía que no sería fácil volver a la vida de antes, aquel sujeto la había marcado, quizás, para siempre; pero esperaba que, a un paso a la vez, pudiera junto a su familia seguir adelante. Esperaba que algún día pudiera cerrar ese horrible capítulo de su vida y enterrarlo en lo más profundo de su ser. Después de todo, traumas eran traumas. Era algo que estaba en lo más recóndito de tu ser. Sucesos que, desgraciadamente, te dejaban vulnerable y expuesto ante el mundo. Madison tendría que lidiar con lo que había ocasionado su progenitor, había abierto viejas heridas que creyó que había sanado. Aunque, ahora que él no estaría más, esperaba poder cerrarlas nuevamente y seguir con su vida. Esperaba poder ser feliz. —Quieres comer una deliciosa pizza —Caitlin, preguntó cuando salieron de aquel recinto. Madison asintió levemente y le sonrió. —¿Puedes llamar a Cisco? —Claro que lo llamaré —la muchacha aseguró, colocándose de puntas para darle un beso en su mejilla, ya que seguía recostada en el hombro de Barry. "Ellos me hacen feliz, mamá"
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR