Capitulo 33

2236 Palabras
Madison se despertó jadeando por aire, su respiración irregular se mezcló con su llanto. El sueño, más bien pesadillaecuerdo, seguía fresco en su memoria. Había estado pensando mucho en los exámenes finales de la escuela que había dado, y su mente había decidido reproducirle el recuerdo del orfanato cuando alguna vez sacó una mala nota. "¿Cómo sabes que no pasará lo mismos aca?", su mente le advirtió. Madison negó con la cabeza, intentando alejar esos intrusivos pensamientos. El día de ayer la niña había dado su último examen, después de eso tendría vacaciones de verano, algo que ella nunca había tenido y, si no hubiera sido por las películas que vio, tampoco lo hubiera escuchado. Pero estaba nerviosa y ansiosa, porque no creía que hubiera dado bien un examen y no sabía cómo podía reaccionar Joe o Barry. Comprendía que nunca la castigarían de la forma que Borowski decidió hacerlo aquel año que no pudo obtener el puntaje mínimo en uno de los tantos exámenes que la mujer decidía tomarle -más que todo para tener otra excusa de darle una "valiosa lección"- Ni siquiera había sido su culpa, simplemente había usado otro método más actualizado para hacer las multiplicaciones y, al parecer, a la mujer no le había gustado para nada. Madison se limpió las lágrimas, pero aún seguía temblando. El recuerdo seguía fresco en su memoria. La paliza de ese año había sido dura y su piel se erizaba de tan solo recordarlo. Borowski se había puesto creativa y, luego darle unos golpes en su espalda baja y en sus muslos traseros con aquel cinturón de cuero, le hizo levantar ladrillos en el patio de aquel horrible lugar; el frío era insoportable y su pequeño cuerpo de siete años no resistió muy bien. Aquel día en verdad creyó que moriría de hipotermia o algo por el estilo. Luego de aquello, la mujer la encerró en ese horrible cuarto de castigo y le hizo escribir líneas en un viejo cuaderno hasta que se le formaron ampollas en sus dedos. Madison volvió a negar con la cabeza y trató de no pensar más en esa memoria, aunque no parecía estar funcionando. La menor bajó rápidamente de su cama y observó su reloj: una de la mañana. Caminó rápidamente hacia el dormitorio de Barry y se quedó quieta un momento debajo del marco de su puerta. La castaña dudó otros segundos más en si entrar o no, pero terminó haciéndolo cuando las ramas del árbol de afuera chocaron con la ventana del pasillo e hicieron un estrepitoso ruido. La niña se estremeció y casi corrió hasta la cama del muchacho que dormía plácidamente en el medio del colchón. Madi destapó la esquina derecha de su cama y se atrevió a trepar a esta. Sus descalzos pies estaban helados al igual que sus manos, aquello pareció despertar al velocista cuando la niña se acurrucó contra él. —¿Madi? —susurró el chico, volteándose ligeramente para confirmar su nueva compañía —¿Estás bien, cariño? —preguntó al ver que la menor cerraba fuertemente los ojos. La luz del farol de la calle y la de la luna llena le dejaban ver las expresiones de la menor. —Pesadilla —susurró y apretó más su agarre. Barry se colocó boca arriba y acomodó a la pobre niña que seguía temblando entre sus brazos. La niña cerró los ojos para tratar de seguir durmiendo y no molestar más al muchacho, pero rápidamente los abrió. Cerrarlos había sido una mala idea. Su corazón comenzó a bombear con más velocidad y el miedo la invadió completamente. Pudo jurar que había escuchado los pasos de Borowski. Ciertamente, todo era muy confuso, estaba exhausta y su cabeza jugaba con ella, mezclándole la realidad con aquel recuerdo. —Barry —susurró la niña sentándose como pudo. —Borowski, ella...No fue mi culpa —volvió a decir con voz diminuta sin sentido alguno. El chico frunció ligeramente el ceño y también se sentó en la cama, prendiendo su lámpara y ajustándola para que no brillara mucho. —Madi, no estás más ahí —aseguró tomándola por debajo de sus brazos y sentándola en su regazo, ambas piernas de ella a cada lado de él, así quedando frente a frente —Fue solo un sueño, una pesadilla —trató de tranquilizar, colocando mechones de su largo cabello detrás de sus orejas. —Estás helada, pequeña —Barry dijo al sentir sus manos y luego sus pies —¿Cerraste la ventana antes de irte a dormir? —cuestionó suavemente, no realmente acusándola de su descuido. Madison apoyó su cabeza en el pecho del muchacho y susurró un «lo siento» No la había cerrado, porque estaba más distraída pensando en esa nota. Madison había estado más preocupada en animar a Wally que en estudiar, y por eso había olvidado algunas cosas al momento de dar la prueba; simplemente las preguntas no parecían tener sentido. Había también olvidado leer unos libros para ese curso y había varias preguntas de esos libros en ese dichoso examen. ¿Y si había más cursos en donde sacaba mala nota? ¿Cuál sería su castigo? ¿Joe le haría escribir líneas? ¿Quizás la encerraba en su habitación por unas horas hasta que aprendiera la lección? Su mente estaba hecha un lío, no estaba pensando con claridad. Su pesadilla seguía en mente sin la intención de irse, aunque tratara con todas sus fuerzas. »Está bien —murmuró el velocista al ver a una alterada niña apretar con fuerza su polo de dormir —¿Me quieres contar de tu pesadilla? —preguntó con cautela, frotando con suavidad sus pies y manos para que entraran en calor. —¿Barry? —llamó la niña luego de un par de minutos en silencio, despegándose un poco de él y observándole a los ojos —Yo... —La menor sintió los nervios crecer dentro de ella, casi aplastándola —No quiero un castigo —soltó de repente. Barry frunció nuevamente el ceño, algo conmocionado por sus palabras. —No entiendo. —Tú vas a...Tú, Joe, cuando vean mis notas. Yo...Lo-Lo lamento —se apresuró en decir con las lágrimas saliendo de sus verdes ojos. No sabía por qué la situación le estaba afectando tanto, sería porque eran los primeros exámenes que daba en mucho tiempo o porque siempre le aterraban recibir algún puntaje de alguna prueba. Lo que le había hecho Borowski de pequeña la había dejado muy asustadiza y nerviosa con ese tipo de situaciones. Y saber que no sacaría una nota alta o la esperada, era peor. »Borowski me castigaba sino sacaba buena nota —comentó —Ella dijo que los adultos esperan buenas notas de los niños, sino merecen un castigo —confesó —Pero yo no... Yo... —Madison soltó un sollozo, sintiendo ligeramente su pecho comprimirse. A Barry se le dificultaba un poco entender a la menor, no comprendía muy bien qué la tenía tan alterada. Aunque pudo intuir que era por su pesadilla y algo de las notas. Su cabeza le recordó que esa semana todos los alumnos de la escuela daban exámenes finales y concluyó que aquello la tenía así de abrumada. Aunque también supo que aquella mujer, que la pequeña mencionó, tenía mucho que ver. ¿Qué rayos le había hecho? —Madi, respira, cariño —El chico la sostuvo de ambos lados de su cabeza y la obligó a observarlo —Shh, pequeña, debes calmarte ¿Sí? No voy a castigarte ni nada por el estilo. Solo necesito que me expliques mejor lo que te puso así —El ojiverde besó su frente y luego limpió con delicadeza las lágrimas de la menor —¿Puedes hacerlo por mí? —Barry siguió con sus dulces palabras hasta que observó a la menor relajarse ligeramente. Madison liberó un par de sollozos más, pero Barry logró calmarla con esas palabras. Estaba exhausta, pero no podría dormir si no sacaba lo que tenía en su mente. —No pude estudiar bien un curso —Agachó la cabeza, jugueteando con sus dedos —Hoy di ese examen y sé que lo di mal —confesó. —No fue mi intensión, pero estaba tratando de animar a Wally y me olvidé de leer unos libros que entraría en la prueba. Aunque no sé si hay otros cursos en donde he salido mal —madison negó levemente con la cabeza. »Cuando era más pequeña, saqué una mala nota y Borowski... ella... —la niña hizo una pausa —Ella una vez me dio una fuerte paliza y luego me hizo quedar en el frío, levantando unos ladrillos y después me hizo escribir líneas hasta que mis dedos dolieron —susurró con rapidez haciendo un puchero. Sus labios comenzaron a temblar ligeramente, pero mantuvo sus lágrimas a raya. Su recuerdo, otra vez, logrando estremecerla. Al escuchar aquello, Barry se tensó de sobremanera y sintió la furia contra esa mujer crecer dentro de él. —¿Eso fue lo que soñaste? —preguntó con cautela y la niña asintió. Entonces, Barry supo por qué se encontraba así de alterada. Sus memorias. El pasado de la niña le hacía querer tanto haberla encontrado antes. Ella no merecía nada de lo que le ocurrió. Ciertamente, Barry no le había explicado qué esperaba de ella con las notas de la escuela, sobre todo, en los exámenes finales; pero creyó que la niña no se haría problemas por un par de notas, además que era muy inteligente. No sabía que aquella mujer la había dejado ese tipo de trauma y aquello logró enfurecerlo. —Recuerdo que dolió mucho y creí que no sobreviviría —confesó —Hacía mucho, mucho frío y mi yo de siete años no podía cargar tanto peso —murmuró —No sé por qué soñé con eso, pero no quiero un castigo. Lo haré mejor en los siguientes exámenes —afirmó —Por favor no me castigues —susurró algo impaciente, tratando de que Borowski no volviera aparecer en su mente. —Madi, no estás más ahí, cariño —recordó el chico con cierta firmeza —Lamento mucho lo que te hizo esa mujer —acotó el castaño acariciando su cabello y se tomó unos segundos para disipar su enojo contra aquella mujer que había herido a Madison. »Sí, los adultos esperan buenas notas, pero las notas no definen tu aprendizaje, pequeña —expresó con delicadeza luego de ordenar sus pensamientos —Lo que quiero decir es que, por una mala nota no será el fin del mundo —expresó. »Sí, quiero que te esfuerces en la escuela, pero también entiendo que, lo que vivimos, no es algo que otros niños experimentan. Aparte de tus estudios está también el mundo de los metahumanos y habrá momentos que eso sea más importante para ti que sacar una buena nota. »No quiero que descuides tus estudios, pero no seas tan dura contigo misma. Eres inteligente y lo sé muy bien —halagó el muchacho —Lo que hizo Borowski está muy mal. —afirmó —Además, los adultos, antes de dar un castigo, deben dejar que el niño explique por qué no obtuvo un buen puntaje y de ahí, en vez de castigar, procurar ayudarlo para que la siguiente vez saque una mejor nota. »Si necesitas ayuda en cualquier cosa de la escuela, quiero que vengas y me lo pidas, no voy a juzgarte ni llamarte la atención ni castigarte. Incluso si necesitas apoyo para concentrarte o si necesitas que te recuerde en leer algo o con ejercicios... —Madison sintió su interior llenarse de alegría ante aquellas palabras —En lo que sea, siempre estaré para ti. Los chicos también. Nunca lo olvides, cariño. Barry terminó con su improvisado discurso y fue "atacado" por el fuerte abrazo de la niña. La menor soltó unos sollozos por lo bueno que Barry era y le agradeció a la vida por ponerlo en su camino. Era la mejor persona del mundo mundial y sus palabras lograban que se sintiera contenta y ya no con ese miedo con el que había llegado a su habitación. »Ah, y no debes preocuparte por Joe. Él puede ser más estricto que yo, pero también piensa lo mismo. Hablándole, verás que te comprenderá del porqué de esa nota y tratará de darle una solución. —¿E-En verdad? —cuestionó en voz baja. —Sí, y si te dice algo, ven a mí que yo le haré entrar en razón. A veces necesita un empujoncito para ver mejor el panorama —pronunció con una pequeña sonrisa. Madison sorbió su nariz y sonrió. —Me puedo quedar aquí ¿cierto? —susurró la niña, soltando un bostezo y acurrucándose más contra el muchacho —No quiero volver a re-recordar —confesó, estremeciéndose ligeramente. —Siempre —aseguró el chico y, viendo que Madison no se movería de esa posición ni lo soltaría, se acomodó para quedar en una posición echada sobre sus almohadas y apagó la luz de la lampara. La niña quedó sobre el pecho del muchacho y se acurrucó casi a la altura de su cuello. Era cómodo, muy cómodo. Su frío cuerpo comenzó a entrar en calor y se atrevió a cerrar los ojos. —Te amo —susurró. —Te amo —respondió el castaño besando su mejilla. La niña sonrió y se adentró a un profundo sueño.
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