Capitulo 34

3069 Palabras
Madison se encontraba nuevamente en los Laboratorios. La conversación con Barry en la noche había sido aliviadora y ya no se encontraba tan tensa. Esperaría sus notas sin alterarse, así que se obligaría a no pensar en ellas. Al ver que Cisco salía por el umbral de ese ambiente, luego de haber acusado a H.R de que se había llevado sus brazaletes, Madi y Caitlin se quedaron solas en el Laboratorio de Velocidad. —¿Cait, no le dirás que tú las tomaste? —Honestamente no quería que H.R fuera acusado injustamente —Bueno, puedo decirle que fueron para mí o algo así —La niña se encogió de hombros, comenzando a caminar en la dirección de Cisco. Caitlin hizo una pequeña mueca. Ahora que la menor sabía de su secreto creía que también le estaba afectando, no quería que Madi empezara a mentir por ella. Entonces, la muchacha salió tras la niña. Cait no dejaría que la niña se culpara, y en el fondo sabía lo que debía de hacer. Había intentado prolongar más el tiempo donde debía contarle al Equipo, pero tenía miedo de perder el control completamente. Sus poderes no eran como los de Barry o Madi, estos se sentían como si otra "personalidad" tomaba el control de ella misma. Por lo menos se lo dirían a Cisco, y luego se armaría de valor para decirle al resto. Además, había algo que quería pedirle al pelinegro desde que se enteró que tenía esos poderes. —Cisco, yo tom... —Madison comenzó a decir, pero fue interrumpida por la llegada de Cait al taller del ojinegro. —Fui yo quien tomó los brazaletes. —La niña frunció el ceño ante lo que había dicho su acompañante. Aunque, alzó la vista y le dio un pequeño asentimiento de cabeza para que se animara a continuar. Cisco estaba sentado en una de las sillas giratorias, escribiendo en una de las computadoras, dejó de teclear y miró con desconcierto a las dos. —¿Qué? —murmuró el muchacho, observando un momento a Madi, aunque ella simplemente se encogió de hombros. —Si esto es una brom... —Cisco fue interrumpido cuando Caitlin comenzó a sacarse los brazaletes de sus muñecas, probando su punto. —Bien... pero ¿por qué? —el pelilargo preguntó con muchas dudas. —Porque las necesito. —¿Acaso las usaste para un raro tipo de moda? —cuestionó con algo de ironía y Madison rodó los ojos —San Francisco, déjala que se explique. —¿Cómo me llamaste? —Madison no pudo evitar soltar una risita —Pequeño renacuajo —Cisco habló entre dientes. —Hey —La niña hizo un puchero ante ese horrendo apodo, luego recordó que no era el momento para bromear y simplemente le sacó la lengua. Cisco rodó los ojos, pero siguió hablando: —Bueno, como decía... Tú no eres metahumana, no necesitas mis brazaletes. Madison observó el vaso de agua que había sobre el escritorio y se lo entregó con rapidez a Caitlin. La muchacha entendió lo que la niña pretendía y, sin decir nada, congeló por completo el agua y el vaso. "Wow, sigue siendo genial", pensó la niña con asombro. —Sorpresa —dijo Caitlin, aunque no había nada de entusiasmo en su voz. Cisco abrió la boca y los ojos sorprendido de ver el agua congelada, entonces agarró el vaso, moviéndolo de arriba abajo para estar seguro de lo que estaba presenciando. ­»Empezó hace unos meses —explicó Cait, se le escuchaba preocupada. —¿Tú lo sabías? —esta vez el de cabello largo le preguntó a Madison, que no parecía asombrada por la revelación. La niña se encogió de hombros—: Solo desde hace un par de días —murmuró. —Por eso fuiste donde tu mamá —Cisco volvió a dirigirse a Caitlin —Para ver si podía ayudar —El pelinegro comenzó a atar los cabos en su cabeza. —Pero no pudo. Hice todas las pruebas, pero nadie puede hacer nada —comentó la chica —Necesito un favor —Caitlin dio unos pasos hacia adelante para acercarse al pelinegro, pero Cisco retrocedió unos cuantos. —Ella no te hará nada, Cisco —masculló la menor, un tanto fastidiada de que el muchacho se hubiese alejado de Caitlin. Sabía muy bien que el pelinegro estaba pensando en Killer Frost, pero su mejor amiga no se convertiría en ella ¿Verdad? Cisco miró un momento a la niña y se golpeó mentalmente por su estúpida reacción de alejarse. Caitlin era su mejor amiga, claro que no le haría nada. El muchacho asintió débilmente. —Está bien, ¿qué necesitas? —preguntó con cautela, dirigiéndose a Caitlin. —Quiero que me vibres al futuro —indicó sin rodeos —Porque necesito saber si me convertiré en ella. Madison sabía que Cisco podía ver fracciones del futuro, aunque no fueran precisos. No usaba mucho esa habilidad, porque el futuro era muy cambiante, pero de que podía, podía. La niña nunca le había pedido algo como eso ni se lo pediría; aparte de que era cambiante y algo incierto, ella no quería saber dicha información. Pero creyó que Caitlin estaba algo desesperada y preocupada de lo que podía llegarse a convertir. —No te convertirás en ella ¿de acuerdo? —Francisco le habló con decisión —El que tengas estos poderes no significa que te convertirás en Killer Frost. —Creo que podría —susurró Caitlin, algo asustadiza. —Por favor necesito estar segura —pidió —Necesito saber si me volveré mala, porque de ser así, debo irme —sentenció la castaña. Madison abrió los ojos ligeramente y sintió una punzada en el pecho. ¿Caitlin la dejaría? —No puedes irte —susurró la menor con ligera incredulidad. —Cielo, estos poderes no son como los tuyos. —Cait agachó la cabeza para clavar su vista en ella —Y si hay una posibilidad de que pueda hacer daño... de hacerte daño, entonces debo alejarme. Por lo menos hasta que encuentre alguna solución. —Pero... —¿Puedes hacerlo, Cisco? —Cait volvió alzar su cabeza y observó a su mejor amigo. Entonces, Cisco la tomó de la mano. Madison creyó que pasaba una eternidad, pero solo fue alrededor de quince segundos, antes de que el pelinegro volviera a la realidad. —¿Qué viste? —preguntó la niña con rapidez. Madison, ahora, estaba super nerviosa. —¿Cisco? —No vi nada —comentó y Madison sintió su corazón detenerse. Le hubiese creído si no fuera por la extraña mirada que la había dedicado. Quizás Caitlin no se había dado cuenta, pero la niña, por otro lado, logró escuchar la completa mentira en sus palabras. Y quiso llorar. "No, o harás que Caitlin sepa que está mintiendo" Sabía que la chica merecía la verdad, pero no quería que se fuera. Sí, creía que estaba siendo egoísta e hipócrita, porque ella siempre quería que le hablaran con honestidad y se hubiese molestado si le ocultaban algo como eso; pero era su Caitlin y no quería perderla. Quizás podían hacer algo antes de que tomara esa horrible decisión de irse. ¿Por cuánto tiempo? Caitlin soltó un gran suspiro de alivio. Su rostro lleno de preocupación se relajó completamente y aquello logró romper un poquito más el corazón de la más pequeña. »Estás bien. —Gracias, gracias —Caitlin le dio un fuerte abrazo al pelilargo, hundiendo un momento su cabeza en su cuello. Se sentía muy aliviada. Cuando se separaron del abrazo Caitlin dijo lo siguiente—: Por favor, todavía no le digas nada a nadie ¿sí? Ninguno de los dos ¿de acuerdo? —pidió con amabilidad. —De acuerdo —murmuró la niña sonriendo falsamente. —Por su puesto —aseguró Cisco. Caitlin se agachó para darle un tierno beso en la frente de la niña y Madison le tomó muchas fuerzas no quebrarse frente a ella. —Nos vemos luego ¿sí? —Madison asintió y luego la perdieron de vista. —Madi, voy a... —Cisco trató de informar, pero fue acallado por el inesperado abrazo de la menor. Madison se abalanzó contra él y escondió su rostro en el torso del pelinegro. »¿Madi? —llamó algo desconcertado. —No quiero que se vaya. No quiero, Cis —susurró con la voz entrecortada, no pudiendo impedir que cayeran algunas lágrimas. —Pero si no vi nad... —Le mentiste —murmuró, separándose del pelinegro, y limpiando sus lágrimas con el dorso de su muñeca. Escuchó el suspiro por parte de Cisco y luego él se sentó en la silla, tomando de la cintura a la niña y la sentó de costado en su regazo, —No llores, enana. No me gusta verte llorar —murmuró acariciando su cabello. La menor se acurrucó contra el pecho del pelilargo y Cisco colocó su mentón suavemente sobre su nuca. —Viste que se convertía en Killer Frost ¿verdad? —Sí, pero ya sabes que lo que veo es incierto, Madi —trató de animar —El futuro no es muy predecible, es solo una posibilidad —explicó aquello, aunque no lo consideraba de toda verdad. Sus visiones, a parte de lo de Tierra-2, nunca se habían equivocado, pero no le diría eso a la niña. Debía de haber una posibilidad. —Sé que Caity merece la verdad, pero no quiero que me deje —dijo con voz pequeña —Está asustada de hacernos daño, y si sabe que hay esa posibilidad, entonces no dudará en distanciarse. En irse. —No debí haberle mentido —comentó el chico, más para él que para ella —Escucha, haré todo lo posible para que ese futuro no se cumpla. —Madi se acurrucó más contra el pelinegro y liberó un par de sollozos más. No quería que Cait la dejara. No lo iba a permitir. Cuando la niña se calmó un poco, Cisco dejó que se quedara en su regazo mientras él seguía trabajando en la computadora, solo necesitaba usar el mouse así que, con su mano libre, acariciaba la espalda de la menor circularme, tratando de tranquilizarla por completo. Después de unos largos minutos, Madison se calmó del todo. Se obligó a pensar que harían algo, que Cait no la dejaría, así que se tranquilizó. Aunque decidió seguir en la misma posición porque era muy cómoda y necesitaba unos mimos. —Yo también quiero —murmuró luego de estar todo ese tiempo en silencio. —Santo cielo, niña —expresó el muchacho por el susto -ciertamente creyó que Madison estaba durmiendo-, y soltó el chupetín que había agarrado de su cajón. La menor no pudo evitar soltar una risa, se enderezó un poco y lo miró con tiernos ojos. —Yo también quiero un chupetín —indicó nuevamente con voz delgada. —Bien, pero no más llanto, que no quiero ver esos bonitos ojos verdes hinchados y rojos —acotó y la menor sintió sus mejillas tornarse ligeramente de color carmesí. »Me vas a matar de ternura —El muchacho pronunció y "pellizcó" las mejillas de la pequeña. —Francisco —gruñó la niña, palmeando su mano para que la soltara, aunque no pudo evitar ponerse aún más roja. ¿Por qué el pelinegro le gustaba avergonzarla? —¿Qué? —Deja de decir tonterías, son solo ojos. —Primero que nada, no son tonterías... Bonita, pero gruñona niña —habló dándole un toque en su frente. El chico sabía que no estaba acostumbrada a recibir cumplidos, pero a veces le gustaba molestarla. —No soy bonita —susurró la pequeña. No sabía a qué se debía aquel comentario; pero las palabras de Cisco se sintieron raras escucharlas, porque ciertamente nadie le decía ese tipo de cosas. Y si nadie se lo decía era porque no lo era ¿verdad? Cisco, esta vez, frunció ligeramente el ceño. —Hey, no digas eso —medio reprendió. Madison se encogió de hombros. —Es la verdad. El ojinegro no sabía que la pequeña se percibía de ese modo, así que hizo nota mental de hacerle muchos más cumplidos, y comentárselo a Barry. Supuso que, dado a su pasado, no recibía cumplidos y su autoestima de su imagen no era muy alta. Quería cambiar eso cuanto antes. Aunque Madi quería verse desinteresada, Cisco sabía que aquello podía afectar una parte de su autoestima, y más si se encontraba con otros niños que podían ser malos y despiadados con sus palabras -es más, él lo había vivido en la escuela- Todos los niños debían saber cuan hermosos, especiales y diversos eran, y no debían dejar que nadie los antagonizara. Eso les daba confianza y valor para realizar muchas cosas. —Eres la más hermosa y linda niña que he visto —dijo de repente —Así que nunca dejes que te digan lo contrario —habló con seguridad. Madison nuevamente sintió sus mejillas sonrojarse, pero de algún modo sus palabras le hicieron sentir bien, muy bien. —Bien. Hmm...Gra-gracias —tartamudeó no sabiendo muy bien qué decir ante esos cumplidos. —Tonterías, no me agradezcas, enana —murmuró, nuevamente "pellizcando" las mejillas rojas de la menor. —San francisco, deja de hacer eso. —Con que San Francisco ¿eh? —El pelinegro comenzó a hacerle cosquillas y Madison no pudo evitar soltar una carcajada. —Y-Ya —murmuró como pudo, golpeando levemente las manos del chico. —¿Volverás a llamarme así? —cuestionó sin detenerse. —N-no —mintió por su propio bien. —Eso creí —Cisco dejó de "torturarla" y le dio un casto beso en su frente para luego inclinarse un poco hacia delante y sacar otro chupetín de su cajón. »No sé qué hará Barry cuando los mocosos comiencen a acercarse a ti —comentó Cisco más para él que para ella, al recordar algo; desenvolviendo el dulce para darle a la niña. —¿Eh? —Hazme un favor, y no tengas amiguitos cuando vayas a la escuela. —Cisco tengo once. No quiero "amiguitos" para eso. —Ay, no ¿qué? No estaba hablando de eso —dijo rápidamente Cisco. —¿Qué? ¿Por qué pones esa cara? —inquirió la confundía niña. —Con «eso» te refieres a sex... —Eww, no, Francisco Ramon, estoy hablando de una relación amorosa —Madison golpeó ligeramente el pecho del muchacho —Mente sucia —La niña se estremeció y lo volvió a golpear —Hipotéticamente si voy a la escuela, los niños tendrán como trece o catorce años ¿Estás demente? A esa edad no hacen eso —murmuró la niña con horror. Cisco quiso soltar una carcajada por su inocencia, y no dijo nada que pudiera romperla. En vez dijo: —Sí irás a la escuela —confirmó —De acuerdo, dejemos de hablar de eso. Madison rondó los ojos y asintió ante lo último que había dicho el chico. —Aún no está decidido si iré a la escuela, Ramon —expresó comenzando a comer su chupetín. —Sabes que Joe te hará ir, enana. Sí, bueno, ese era el trato cuando Joe era su tutor legal: cuando acabara esa mitad del año escolar y entrara a uno nuevo, tenía que ir, por lo menos unas horas, presencialmente. —Joe ya no es mi tutor legal —Le sacó la lengua. —Estoy seguro de que Barry quiere que te relaciones con otras niñas. —¿En qué momento empezamos a hablar de la escuela? Aún no he decidido nada —La niña negó levemente con la cabeza, la verdad es que todavía no quería pensar en ese tema. Faltaba casi como dos meses para que volviera a clases y quería retrasar lo más que podía aquella conversación. —Bueno, bueno. —Cisco alzó una mano en son de paz —Solo decía que, si algún niñito se te acerca, sales corriendo. —¿Por qué? —Los niños pueden ser... cómo te digo...muy tontos. —Sé cuidarme sola. —Bien, entonces si haces un amiguito, me lo presentas y veré si tienes buenas intenciones o no. —Ni de broma. Harás una escena. —Soy yo o Barry. —Barry no se hará problemas, dah. Esta vez Cisco soltó una carcajada. »¿De qué te ríes, cabeza de chorlito? —¿Estamos hablando del mismo Barry? —pronunció —Él es más sobreprotector que yo. "Hayley, ¿qué hice para terminar con chicos dramáticos e hiper super protectores?", pensó saboreando su chupetín. —En fin, hipotéticamente hablando, si voy a la escuela, tú ni nadie me dirán con quién o no debo ser amiga. Y no me importa si es del sexo opuesto. —Eso lo veremos —susurró y se ganó otro golpe por parte de la niña. Él la miró mal —Eso sí, no tendrás ningún enamoradito. —Que ya te dije que no quiero saber nada de eso —repitió algo irritada. —Perfecto, porque no tendrás hasta los treinta. —Bien por mí —Madison se encogió de hombros inocentemente. Si tener novio también significaba que tenía que besarse como Iris y Barry, no estaba interesada. Cisco mostró una sonrisa y la abrazó moviéndose ligeramente de lado a lado, llenándola de besos. —Espero que recuerdes esas palabras, enana —murmuró, sabiendo que no sería así en unos años. —Ya, está, deja de apachurrarme —Se quejó la niña tratando de librarse del agarre del muchacho. —¿Ahora repelas mi tacto? —dramatizó el pelinegro, soltándola y haciendo una expresión graciosa. Madison soltó una risita. —Eres raro, San Francisco, pero te quiero —susurró más para ella que para él. Madison se apoyó en el pecho de muchacho y se acurrucó nuevamente contra él. El pelinegro ensanchó su sonrisa. —También, te quiero renacuajo. Aunque me llames por ese horrible e indígnate apodo —indicó besando y luego apoyando su mentón en la cima de su cabeza. —Hey —la niña se quejó, pero no se movió de su posición. La menor se distrajo comiendo su chupetín y ambos se sumaron en un cómodo silencio. Luego de un momento, Madison soltó un leve suspiro, no dejaría que hicieran una escena por unos cuantos amigos, si es que hacía alguno.
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