Madian Estaba tirada en mi cama, como dije, con una sanguijuela pegada a mi espalda. Puedo sentir su respiración tibia. Me muevo un poco y él de inmediato me acerca más a él, si eso es posible. Yo suspiro, pues no quisiera despertarle, ya que, como lo prometió, después de haberme dado unos deliciosos orgasmos, me ayudaría con el trabajo que tenía pendiente. Aunque él, como yo, lo vio innecesario, no pienso pelear con mi padre, al menos no aún. Estoy por retirar su brazo de mi cintura cuando él empieza a besar mi espalda. Yo sonrío porque la verdad es que me encantan las mañanas a su lado. —¿A dónde crees que vas? Aún es muy temprano, apenas hemos dormido un par de horas. Yo me volteo hacia él y sonrío. —Lo sé, pero tengo que cumplir con mi trabajo. Te puedes quedar aquí el tiempo que

