A Carmelius le entró vergüenza que hiciera eso, pero mostró una sonrisa convincente. – Tranquila, te prometo que volveré muy pronto, no deberás esperarme mucho. – prometió él. – ¿Cómo puedes estar tan seguro de ello? – pregunto ella, confundiéndolo. – Alguien se habrá dado cuenta de que ese tal Jonathan está preso aquí, y puede que te descubran e intenten matarte. – Te preocupas demasiado por mi Carmelius. – dijo Azeman, posando la otra mano en su mandíbula para echarlo un poco hacia atrás. – Tu mejor que nadie sabe que ningún humano o vampiro puede vencerme, lo viste cuando fui atacado por Radu, que se está pudriendo en el infierno. – dijo satisfecho. – Eso ya lo se. – aseguro ella con seriedad, con un tono que indicaba que no quería hablar de él. – Pero vete a saber si algui

