– Cuando tiempo, amigas mías… – saludo ella con una sonrisa suya. – Desde luego condesa… – coincidió Verona. – ¿A qué se debe el honor de su presencia? – Pronto… – empezó ella. – muy pronto… empezaremos el plan, y así, seréis completamente libres de cualquiera. – ¡Oh por fin! ¡Ya era hora! – agradeció Marhiska, poniéndose de pie y caminando de un lado a otro, emocionada y nerviosa. – ¡Que hagas tengo de darle su merecido a esa zorra que lo tiene todo! – Paciencia querida, paciencia, aún tenéis que esperar unos meses más, hasta que Carmelius y su guardiana mascota bajen la guardia. – informó ella. – ¡¿Unos meses?! ¡No quiero esperar tanto! – se quejó Aleera. – ¡Ya hemos esperado bastante! Ante tal atrevimiento, Elizabeth estuvo en un segundo delante de Aleera, agarrándola del cu

