Dos meses después, Elizabeth aviso de su partida a Hungría y vino al castillo para despedirse de Carmelius, y también de Azeman por petición de ella. Entonces, cuando Azeman ya había enviado los telegramas, no tardaron en responder. Una oficina acepta hacer tratos con él, y enviaban a uno de sus hombres, un hombre llamado Renfield, que ya llevaba años en el ofició. Antes de que viniera, Azeman le enseño a su hija algo que nunca vio, como su padre envejecía en un instante, en un anciano arrugado y pálido. Era como si hubiera cambiado a un aspecto más para su edad, que eran más de 400 años. Por seguridad, Azeman le pidió a Carmelius que nunca se mostrará ante ese hombre, nadie debía saber de su existencia por si acaso, ella resignada lo hizo. Cuando el señor Renfield llegó, no hubo al princi

