Esas palabras desconcertaron a Carmelius, que se sacó de la cabeza las almohadas, se incorporó y se giró hacia Orleta, con una mirada penetrante. – Que tú sabias... ¿qué? – pregunto. – Bueno... – dijo antes de confesar, pensando las palabras adecuadas. – Digamos que, oír a unas pajarillas que... tu y el amo, estabais... juntos... físicamente... y sentimentalmente... Carmelius, al oír eso, se derrumbó sobre la cara, sonrojada y frustrada, hasta chocar la espalda con el respaldo, eso de unas "pajarillas" lo entendió enseguida, Orleta se refería a sus hermanas vampiras, que hablaron de ellos, sin que supieran que eran escuchadas por Orleta. Avergonzada y enfadada, se tapó la cara con ambas manos, para después echarse atrás el pelo con ellas. – Pero no se preocupe ama. – dijo Orle

