Carmelius le entendió, se refería a ella con sus hermanas, que, desde aquella salida nocturna al local, no quiso salir otra vez con ellas muy a menudo. Suspirando con fuerza, por recordar eso, se apoyó en el respaldo junto a él, mosqueada. – Tú sabes como soy padre, no soy como ellas, que les encanta ver sufrir a sus víctimas, como a ti a veces. – explicó ella, con la mirada mirando al techo. – Ahí... Carmelius... – decía él, mientras la abrazaba por el hombro, atrayéndola con suavidad hacia él. – Debes entenderlo, son de ese tipo de mujer que, les encanta divertirse siempre, siendo vampiresas, aún más. – Nunca acabaré de entender eso, es tan perverso, tan... – ...maligno. – acabó él. – Lo se. Somos eso Carmelius, para algunos humanos, somos seres malignos, siervos del diablo,

