Al instante, Carmilla se puso en pie a pesar del cansancio del cuerpo y fue al balcón para ver por donde se había ido, pero nada, había desaparecido sin dejar rastro, como si nunca hubiera estado allí. Eso pensó, pero se tocó las formas donde él la tocó, y vio que fue real, tan real como ella misma, deseaba saber pronto quién era ese vampiro de n***o. Sabía que pronto lo volvería a ver, hasta entonces, debería hacer lo que él aseguro que pasaría, saber la verdad.
Ya estaba amaneciendo, mostrando un día soleado y despejado de cualquier nube. A causa de que tenía la puerta del balcón abierta con las cortinas despejadas, la luz del sol despertó a Carmilla, que apenas había dormido unas horas desde que paso lo ocurrido anoche, que al principio pensó que fue un sueño, pero después entendió que había sido totalmente real. Suspirando fastidiada por el sol, se incorporó con las manos, flotándose la cabeza con el pelo desordenado y revuelto. Pensó en darse un baño, creyendo que con eso podría dormir mejor, pero justo en ese momento picaron a la puerta de su habitación, sabiendo que eran sus criados, llamando por si ella estaba despierta y si deseaba que le trajeran el desayuno. No queriendo parecer una mujer ermitaña, fue a recibir a la criada, que era la joven de la otra vez. Al verla, la chica bajita se mostró intimidada, era nueva en el servició de la casa, y no quería parecer una cualquiera y una inútil. Viendo lo nerviosa que estaba, Carmilla le mostró una sonrisa para que cogiera confiará y seguridad, y funcionó, dejando ver en la chica una sonrisa.
– Buenos días señora, ¿ha dormido bien? – pregunto la chica, con las manos juntas por delante.
– Más o menos.
– ¿Quiere que le traigan el desayuno?
– Si, que lo traigan, pero que no sea mucha comida, tengo el estómago algo raro hoy, ahora me daré un baño así que, lo tengan prisa por hacerlo. – pidió ella.
– ¿Algo más que decirme? – eh, si señora, ha llegado un aviso del señor Rizort, dice que está tarde vendrá a verla. – informó la chica.
– Muy bien gracias, puedes irte. – dijo Carmilla pensativa por la información.
– Con permiso señora. – Á Con eso la criada se fue, y Carmilla cerró la puerta de su habitación.
Cuando le dijo eso de que Rizort vendría a verla le extraño, él no solía venir de sopetón a su casa, y más con un aviso a los criados por si ella estaba ocupada.
Eso la tuvo inquieta, recordando lo que el vampiro le dijo. "Si al final decides serlo, con el poder que tengas, podrás saber la verdad oculta en tu sufrimiento… ¿No te gustaría… saciar esa sed de sangre que tendrás cuando sepas quién los mato? Dejaré que descubras por ti misma lo que te he dicho." Esas palabras le hicieron entender que, la persona que envenenó a su familia, podría ser un conocido suyo, eso pensó, pero era una locura, ¿quién podría querer matar a sus padres y su hermana mientras estaba fuera?
Que ella supiera, no tenían enemigos, eran una familia muy respetada y querida en Bransov, no conseguía entender nada. Al final, decidió por tomarse un baño caliente, a ver si con eso conseguía relajarse y aclarar las ideas. Una vez la bañera llena, se metió en ella y se relajó al instante, posando la cabeza en el borde de una de las puntas redondeadas, dejando de pensar y preocuparse en ese momento de paz. La espuma flotó por toda la bañera, y se pegó a las partes del cuerpo de ella que estaba en la superficie, y para estar más cómoda, puso los pies sobre el otro respaldo al otro lado. Estuvo allí durante un buen rato, hasta que vio que sus dedos estaban ya arrugados por el agua.
Cuando salió del baño, vio sobre la cama ya hecha su desayuno, un vaso de zumo agrio, y unas legumbres al vapor, la típica comida de Rumania. Carmilla no estaba de humor para comer mucho, no después de la última comida que tomo, por lo que solo tomo el vaso de zumo con muecas de asquerosidad, pero tenía que tener algo en el estómago o no aguantaría de pie ni siquiera para el anochecer. Durante la mañana intento parecer saludable y enérgica, yendo a la biblioteca de su padre para leer un poco hasta que recibiera la visita de su futuro suegro. Ya que estaba allí decidió buscar información sobre vampiros allí, y empezó por leyendas populares de su país. Un día, su difunto padre le hablo un poco sobre cierto héroe del país, que al parecer dio su alma al diablo después de perder a su amada princesa, esa historia a ella le sonaba de algo que leyó hacia poco, y busco en cada estantería.
Al principio no encontró ese libro en cuestión, pero cuando bajo de la escalera corredera, se fijó en uno que sobresalía, uno de color rojo oscuro que le sonaba, al sacarlo vio que era el que buscaba. "Azeman Tepes" ese era el título del libro, uno donde contaba la historia de ese rey del siglo XV. Cuando lo tuvo, se fue a la mesa para empezar a leerlo. De ese libro puso saber casi todo sobre ese rey; que fue un rey muy respetado por sus seguidores, pero también temido, tanto por los aliados como enemigos, por su forma de matar, empalaba a los enemigos, dejándolos morir atravesados y desangrados en el aire, con una enorme estaca de madera atravesándoles el estómago o peor, por ese motivo se le puso el apellido "Tepes" que en rumano significaba "empalar".
A pesar de su forma de hacer las cosas en la guerra contra los turcos, Azeman Tepes fue un héroe para su reino, ya que, nunca dejaba que el enemigo los esclavizará tan difícilmente. Fue rey muchos años, fue detenido por los turcos una vez, y luego volvía a su trono, hasta que a los 40 años o más, fue asesinado. En ese libro, Carmilla pudo ver que había diferentes versiones sobre el final del rey Azeman Tepes, y el que llamó más la atención de Carmilla fue uno relacionado con una princesa que estuvo con él, donde no se mencionaba nombre alguno. En ese trozo, se decía que Azeman Tepes fue a luchar contra una tropa turca muy cerca de su reino, la princesa que estaba con él le pidió y suplicó que no fuera, que iba a morir en esa batalla, él seguro de sí mismo fue a la batalla con sus seguidores rumanos, mientras la princesa le veía marcharse entre lágrimas de miedo y tristeza. Azeman Tepes consiguió ganar esa batalla sin muchas bajas en sus hombres, a causa de eso, los turcos, queriendo vengarse, enviaron una carta al castillo con una flecha. En esa carta, informaban de la falsa muerte de Azeman, quién leyó esa carta fue la princesa quién la encontró primero. Cuando la leyó fue como un puñal para ella en el corazón, creyéndole muerto, decidió quitarse la vida, saltando al río desde el alto castillo. Cuando Azeman regreso al castillo, fue informado de la muerte de su amada princesa, y hecho una furia, dijo en voz alta que renunciaba a Dios, y que se entregaba a las fuerzas oscuras de Satanás, para así vengarse de él por haberle arrebatado a su amada. Al acabar de leer esa parte de la historia, Carmilla quedó sorprendida por como acabo aquello. Sabía que uno por amor y odio se podía hacer cualquier locura, pero nunca vio algo como eso.
Gracias a esa información, Carmilla pudo recordar mejor el cuento que su padre le contaba junto a su hermana, le contó que ese rey dio su alma al diablo para hacerse inmortal, desde entonces vivía en Rumania, siendo servido por los gitanos romaníes, guerreros y brujos oscuros. También le dijo que aparte del nombre Azeman, como fue su padre, Azeman Kamatz, su hijo también tuvo un segundo nombre, pero no se sabía por cual razón era; por ser hijo de Azeman Kamatz o… por ser el hijo del Diablo, que, en rumano, era justo ese nombre; Kamazotz. Al recordar ese nombre, Carmilla tuvo los ojos como platos, aterrada y sorprendida. Era posible que, ese vampiro que conoció, fuera el mismo. Confusa, decidió buscar en ese libro una imagen de él, tardó, pero al final encontró una que ocupaba una página entera. Al verlo, se tapó la boca asombrada y puso los ojos como platos, viendo que en verdad era él.
El vampiro que conoció en aquel callejón y que vino a su casa, ofreciéndole ser como él para ser su hija y ayudarla con su problema, eran la misma persona que de la imagen del libro, era Azeman Tepes, más conocido como Azeman Kamazotz. Tan concentrada estaba en lo que había descubierto, que se sobresaltó cuando abrieron la puerta sin llamar. Al girarse vio que no era un criado ni Rizort como esperaba, aunque era aún pronto, más bien era Blade, sudando y algo nervioso, detrás de él venía la criada.
– Lo siento mucha señora, le dije que esperará en el recibidor, pero… – se disculpó ella con una reverencia.
– No importa, déjanos a solas. – dijo Carmilla poniéndose en pie, y disimuladamente guardo el libro que ojeaba.
Una vez solos, Blade sin pensarlo dos veces fue a ella para abrazarla con fuerza, alzándola un poco del suelo. El abrazo fue tan fuerte que casi ahoga a Carmilla y le rompe las costillas, pero aun así ella se alegró de verlo, y agradeció que estuviera preocupada por ella.
– Gracias a Dios que no te ha pasado nada amor, estaba tan preocupado cuando me entere. – dijo él sobre el hombro de ella.
– Tampoco exageres Blade, solo fue una pequeña pelea… – dijo ella.
Al oírla decir eso, Blade se apartó de ella, y la cogió por los brazos con una mirada confusa e inquieta. Eso dejó extrañada a Carmilla, empezando a preocuparse.
– No te has enterado ¿verdad? – adivinó Blade.
– ¿Enterarme de qué? – Los hombres que se metieron contigo la otra noche… han aparecido muerto cerca del bar. – informó él.
– Uno degollado y otro como tirado desde el tejado. Al oír eso, Carmilla abrió los ojos al tope, recordando eso. Había olvidado por completo eso, de que el vampiro los había matado allí mismo antes de morderla.
Un rato después mostró un rostro sin emoción y bajo, dejando a Blade confuso y preocupado.
Con un gesto Carmilla le pidió que la soltará, viendo que le hacía daño la soltó enseguida, entonces ella se giró para irse a la silla que tenía más cerca.
– ¿No te has enterado de ello hasta ahora? – pregunto Blade extrañado.
– No salí de casa ayer en todo el día, cuando volví del bar estuvo en mi habitación deprimida. – explicó ella pasiva.
– Será por eso, pero la verdad es que no es de extrañar tratándose de esos dos, siempre estaban buscando pelea.
– Tienes razón, pero, tú te peleaste con ellos antes de ser encontrados muerto Carmilla… la gente empieza a contar cosas. – aviso él con cautela.
– Es normal, pero ya se me conoce lo bastante como para saber que yo no soy capaz de matar a nadie por una pelea. – dijo ella calmada, sentada en una silla con las piernas cruzadas.
– Pero ellos dos te molestaron en el bar… para muchos eso es un motivo.
– Quizás sí, pero te aseguro de que cuando se fueron del bar esa fue la última vez que los vi. – mintió ella con seguridad y convención.
– Rato después me fui del bar, cogí mi caballo y volví a casa agotada y algo enfadada por todo lo que me paso ese día Blade, estoy en momentos difíciles ahora.
– No tienes que explicarme nada Carmilla, ya sé que no pudiste hacerlo, tú nunca has matado a una persona, no te veo capaz de eso. – aseguró Blade, acercándose a ella para ponerse de rodillas ante ella y poner las manos sobre su rodilla.
– Mi padre me ha contado lo de Orlat, lo siento mucho. Ya he oído que ayer no se te voy en todo el día, y los criados murmuraban eso de que estabas en tu habitación sin salir ni comer, debió ser duro para ti.
– No sabes cuanto Blade. – dijo ella, apoyando del todo la cabeza en el respaldo de la silla para girarla a un lado como agotada.
– No sé qué he hecho para merecer todo esto, Dios la tiene jugada conmigo.
– ¿Por qué crees eso amor? – pregunto él confuso.
– Yo no he hecho nada para molestarle a él, pero mira, me ha quitado a mis padres, y ahora no quiere que mi hermana vuelva a estar conmigo. Será por el destino que he tenido toda mi vida. – contestó ella con la mirada baja y pérdida, con un tono enigmático.
– Carmilla…
Blade no conseguía entender de que hablaba Carmilla, ya que, no sabía del secreto de su familia; los poderes que ella y su hermana tenía, poder mental y ver el futuro. Viéndolo de esa forma, Carmilla le encontró sentido a todo eso; Dios tenía un plan para ella y su hermana, quería que Orlat estuviera con él, y Carmilla estuviera sola, para así usar su poder para algo. Al pensar que podría ser eso, Carmilla sintió un profundo odio, solo pensar que, si vida y la de su hermana estaba siendo controlada por él sin dejarlas decidir, eso hacia que ella sintiera odio.
En el fondo hubiera deseado no haber nacido con ese don que decidió dejar de usar, cosa que su hermana no pudo hacer, por eso estaba siempre débil, por eso quedó en coma por el veneno que tomo, estaba destinada a morirse por ese don de ver el futuro, y Carmilla el estar sola con ese don mental que ya ni usaba, eso le hacía hervir la sangre.
– ¿Carmilla? – llamó Blade. Al oírle ella se sobresaltó un poco, ya que estuvo muy concentrada pensando en sus cosas que olvido la presencia de Blade.
Se giró a él, viendo que estaba preocupado Porque estuvo callada y pensativa, por lo que le mostró una sonrisa tranquila para que no se preocupará más por ella. Entonces, al ver esa sonrisa de ángel que ella tenía, poniendo una mano sobre la mejilla derecha de ella, se acercó para darle un beso profundo y sincero, cosa que ella correspondió cerrando los ojos al igual que él. Cuando estuvieron un rato besándose, Carmilla pensó que quizás tendría esa sensación de peligro, pero paso un rato y nada, estuvo tranquilo y en orden.
Eso la tranquilizó, viendo que esas sensaciones eran debidas a la presencia del vampiro que la observaba, pero entonces pensó en lo que le dijo a Rizort en el bar esa noche, sobre quizás cancelar el compromiso con Blade, ya que, con todo lo ocurrido no sabía si podría ser feliz ya, y no quería darle esa carga a Blade que tanto la amaba, sería difícil hablando con calma cono él, pero pensó que ese era el momento. Blade dejó de besarla, pero no le soltó el rostro. Ambos se miraron un rato, y Carmilla intentaba coger valor para sacar el tema, pero las palabras no salían de su boca. En ese momento, sonó el dong del rejo de la biblioteca, avisando de que eran al cuatro, al oírlo Blade se giró a él, luego reviso su reloj de bolsillo y vio que estaba bien.
– Vaya por Dios, tengo que irme a trabajar. – dijo Blade poniéndose en pie.
– Ya vendré a verte cuando pueda. – Está bien, ten cuidado. – dijo Carmilla, resignada a esperar la oportunidad en otro momento.
Blade se agacho para darle un beso en la frente y se fue de allí acompañado por una criada. Cuando se fue, Carmilla suspiro fastidiada por no haberse atrevido, era normal, temía por como iría a reaccionar él, y sobre todo su padre que la oyó decir eso en el bar estado destrozada por lo de su hermana. Durante las siguientes horas, Carmilla estuvo ocupada haciendo cosas en el jardín, y luego decidió retirarse a su habitación a leer un poco. Fue en ese momento cuando una criada llamó a su puerta, Carmilla la dejó entrar, ésta le informó de que Rizort estaba allí y que la esperaba. Carmilla pensó un momento, entonces le pidió a la criada que lo trajera a su habitación, ella con una reverencia así lo hizo. Un momento después volvió con Rizort, no vestido como solía estar en el bar, pero tampoco estaba tan elegante, vestía de forma sencilla pero más respetable. Al verlo, Carmilla lo recibió con un abrazo de amigo, él le correspondió un poco inclinado hacia delante, ya que ella era más bajita que él. Cuando se separaron ella le ofreció asiento señalando una silla, pero él quiso estarse en pie, ella no insistió, después Carmilla se sentó en la cama cruzando las piernas, para apoyar las manos en las rodillas después, para mirarlo tranquila y paciente.
– Bueno, ¿a qué debo tu visita? – pregunto ella curiosa.
– Me sorprendió el mensaje que dejaste, sabiendo que no eres de esos.
– Sí ya, es que no deseaba venir y saber que no deseabas ver a nadie, viendo que no recibía respuesta supe que podía. – dijo él paseando un poco frente a ella.
– He venido a verte… por qué me preocupo lo que comentaste la otra noche.
– Sobre la cancelación de mi compromiso con Blade ¿no es así? – adivinó ella con voz sería.
– Así es Carmilla. – afirmó él con la mirada baja.
– Se que en ese momento estabas destrozada y dolida por lo ocurrido con tu hermana, pero… me preocupo que lo dijeras en serio, por eso he venido.
– Hiciste bien Rizort, he pensado mucho en lo que dije, y lo siento si te preocupo o te asusto. – se disculpó ella.
– Ju, casi me da un ataque, después me entere de lo ocurrido con esos imbéciles en el callejón, últimamente pasan cosas muy raras estos tiempos. – comentó él entre risas.
– Pero por lo menos, ya sé que no lo dijiste en serio.
– La verdad… es que, como ya te he dicho, lo he estado pensando y… creo que sería lo mejor. – dijo ella con la mirada baja.
Al oírla decir eso, Rizort paró en seco su paseo, y giró la cabeza rápidamente hacia ella, con una mirada sorprendida y sudada. Entonces, vio como Carmilla volvía a alzar la mirada, con un rostro decidido, directo y apenado, como pidiendo disculpas.
– Quiero cancelar el compromiso con Blade, Rizort, es lo mejor. – pidió ella.
– ¡¿Qué dices? – exclamó Rizort, girándose del todo a ella sorprendido.
Antes de que ella pudiera hablar, Rizort fue hacia ella y se arrodilló frente a ella con las manos sobre sus rodillas, confuso con lo que pasaba con ella. Carmilla entendió esa reacción, pero no mostraba signo alguno de cambiar de idea.
– Carmilla, ¿Qué me estás diciendo? ¡No puedes decir eso ahora! – dijo él.
– Entiendo que desees tomarte tu tiempo para superar todo, pero…
– No lo superaré nunca Rizort, yo lo se. – interrumpió ella con voz madura.
– Por eso quiero dejarlo, no quiero… que Blade sufra viéndome sufrir en resto de su vida, no le deseo eso, por eso quiero que busque otra mujer mejor que yo. Con todo lo que me ha pasado, empiezo a dudar de que pueda volver a ser la de antes, alegre y simpática con todos… por eso, por favor Rizort, quiero cancelarlo, ya hablaré yo con Blade, para que pueda entender mi decisión.
Mientras hablo, Rizort estuvo callado, mirándola al principio para luego bajar la mirada, sin dejar ver que estaba enfadado y humillado por esa decisión, solo que no quería mostrarla ante ella aún. Entonces, él sin alzar la mirada se puso en pie, y ella la tuvo girada, culpable y apenada por cómo debía sentirse él. Al ver que no decía nada, ella también se puso en pie para ponerle una mano en el hombro para consolarlo.
– Lo siento mucho… Rizort. – se disculpó ella.
– No hace falta que lo canceles tú, yo misma lo haré.
– Tu no harás nada, ni se cancelará nada Carmilla… – dijo él con la mirada baja.
– ¿Qué? Cuando ella hablo, Rizort con mucha fuerza, le dio una bofetada, haciendo que ella cayera a la cama de cara, con una mano en la mejilla donde le dio, encogiéndose un poco por el dolor, y poco a poco se fue girando a él confusa aún con la mano en la cara, viendo en él un rostro odioso y perverso, eso a ella la asusto.
– Rizort, ¿Qué estás…? – pregunto ella confusa en voz baja.
– ¿Quién te crees que eres para hacerle eso a mi hijo y a mi zorra? ¿Crees que puedes hacer eso y como si nada hubiera pasado? – pregunto él con voz amenazante, paseando de un lado a otro enfadado.
– No señora, – negó con la cabeza y un dedo en alto. – vas a casarte con mi hijo, y le darás su lugar en está familia para que sea el cabeza de familia, y así tu dejes de ser la única en está casa. – aseguro él señalando a alguna parte.
– ¿Qué estás diciendo Rizort? ¡Ya te he dicho que lo mejor es cancelarlo! – dijo ella, estando de rodillas en la cama con valentía. – Yo amo a Blade, eso sí, pero no quiero que este triste viendo a mi deprimida toda la vida, sé que no superaré todo lo ocurrido con mi familia.
– ¡Eso a mí me da igual Carmilla Fitzroy! ¡Te casarás con mi hijo y se acabó! – finalizó él sin más que hablar.
– ¡Tú no puedes obligarme! – dijo ella en voz alta, viendo como estaba Rizort.
– ¡Ahora vete de está casa ahora mismo! Ante esa orden, Rizort echo una furia, fue hacia ella y la agarró por el cuello, y la obligó a tumbarse con él delante inclinado sin apoyar su pecho, mirándola con amenaza y perversidad en la sonrisa que mostró. Carmilla no quiso moverse por esa mirada, temiendo lo que él pensaba hacer.
– Muy bien, me has obligado a hacer esto. – dijo él al final, apoyando las dos manos en cada lado de ella.
– Escúchame atentamente Carmilla Fitzroy… – pidió él amenazante. – Te vas a casar con mi hijo y hacerle dueño de todo lo que tiene tu familia, si no lo haces, te juro por todo… que iré a por tu hermana medio muerta para darle fin a su existencia.
Esa amenaza, dejó sin palabras a Carmilla y también paralizada con los ojos completamente abiertos, no se atrevió a decir nada aún, viendo en Rizort que lo decía en serio, nunca había visto en él esa manera de ser, era una persona completamente diferente. Al ver como reaccionó, Rizort mostró una sonrisa triunfante y malvada, entonces se separó de ella para ponerse en pie y dejar que ella se sentará en la cama sin dejar de mirarlo aterrada.
– Piensa bien en lo que he dicho preciosa. – advirtió él señalándola. – Esto no es ningún farol.
– No eres capaz de hacerle eso a mi hermana, puede que al final consiga despertar. – dijo ella, incapaz de ver a Rizort haciendo.
– Pues haz lo que te digo, y quizás pueda hacerlo, si no, no volverá a despertar… nunca más.
Para Carmilla, eso último fue como un enorme puñal en el corazón, que giraba en circulo doliéndole aún más hasta matarla del todo. Sin decir nada más, Rizort salió de la habitación, dejando a Carmilla en estado de shock allí sentada, con la mirada vacía y pérdida. En ese momento, la joven criada se asomó y la vio allí quieta y paralizada, preocupada fue a ella, y viendo que no reaccionaba, pidió ayuda. Mientras, Carmilla estaba en su mundo, uno oscuro y solitario, incapaz de ver u oír lo que había más allá, ni siquiera oía los llamados de sus criados. Entonces, Carmilla pensó que, si se enteraban de lo ocurrido, Rizort cumpliría con su amenaza, por lo que, salió de ese mundo oscuro y volvió a la realidad, rodeada de sus criados preocupados, y la joven criada cogiéndola de los brazos agitándola.
– ¿Señora, está usted bien? ¿Le ocurre algo? – pregunto la joven de arrodillas frente a ella.
Carmilla no contestó, solo miró a su alrededor, viendo los rostros preocupados de sus criados y criadas allí reunidos. Entonces, con una sonrisa amigable y simpática, les indicó que estaba bien.
– Perdonar, me he quedado tan pensativa que no los he oído, lo siento mucho. – se disculpó ella, poniéndose en pie con una falsa sonrisa para calmarlos.
– Estoy bien de verdad, no os preocupéis. Los criados a verla en pie se apartaron un poco de ella por respeto, y vieron que físicamente estaba bien, pero no estaba confiados del todo. Carmilla disimulo como pudo su sonrisa contenta, para que ellos no notaran que algo iba mal.
– ¿Seguro que está bien señora? – pregunto la joven criada preocupada, estando al frente de todos. – Quizás deberíamos llamar al doctor.
– No hace falta de verdad, estoy bien. – aseguro ella. – Solo estoy que he tenido una discusión tonta con Rizort jeje. – explicó ella algo nerviosa.
Los criados se miraron entre ellos confusos, ya que, Carmilla estaba rara en ese momento. Viendo que empezaban sospechar, ella les pidió que la dejarán sola, que deseaba estar sola para asearse un poco, los llevó a empujones no muy fuertes.
– Venga, iros a hacer las tareas de la casa que os toca hacer y dejadme sola por favor. – pidió ella insistente. – Quiero bañarme y cambiarme la ropa, me siento sudada.
– ¿De verdad está bien? – volvió a pregunta la joven criada.
– Sí de verdad, no te preocupes más. – aseguro ella en la puerta medio cerrada. – Gracias, adiós. Con eso ella cerró la puerta.
Los criados dudaron de las palabras de su señora, pero no tenían derecho a meterse en la vida de ella. Cada uno se fue a hacer lo suyo, todos excepto la joven criada, que se quedó allí de pie frente a la puerta preocupada. Quería ayudar a su señora, que fue tan buena con ella, pero no sabía como hacerlo sin meterse en problema. Unos minutos después una compañera vino a buscarla para limpiar el jardín, no tuvo más remedio que ir, no dejó de mirar la puerta hasta que giró la esquina por el pasillo. En ese momento, Carmilla estaba apoyada en la puerta, con la frente y las manos pegadas a ella, con los ojos y las manos cerrados con fuerza. Deseaba despertar de esa pesadilla si estaba dormida, pero era real todo aquello. "¿Y si yo pudiera devolverte todo, calmarte el sufrimiento y darte otra vida? Una que no puedes imaginar, donde ni la enfermedad… ni la muerte… puedan volver a tocarte…" Esa frase volvió en su mente, haciendo que abriera un poco los ojos y dejando caer las manos colgando. Un rato después ella se quita la ropa que llevaba para darse un baño rápido, cuando acabo se puso ropas rojas oscuras y negras con el pelo suelto y algo rizado. Pidió que se le preparara su caballo y entonces se fue rápidamente de la casa, en dirección al hospital. Por el camino se cruzó con su grupo de animal, pero iba tan rápida con el caballo que ni las saludo por la prisa que tenía.
No tardó en llegar al hospital, se encontró con el doctor y lo saludo. – Vaya sorpresa señorita Fitzroy, no esperaba volver a verla aquí después de… – dijo el doctor sorprendido.
– ¿Viene a ver a su hermana?
– Sí doctor… ¿sigue en la misma habitación? – pregunto ella sin apenas alzar la mirada.
– Sí, no la han cambiado por nada. – aseguró él.