Capítulo 7 POV Sofía

966 Palabras
⚠️ Advertencia de contenido ⚠️ Este capítulo contiene escenas de sexo explícito con abuso de poder. Algunos lectores pueden encontrar el contenido perturbador o desencadenante. Se recomienda discreción y criterio personal antes de continuar la lectura. Si estos temas pueden afectar tu bienestar emocional, por favor, procede con precaución o considera saltar este capítulo. No hubo dulzura en él. Fue una declaración, una toma de control absoluta. Su lengua invadió mi boca con rudeza, exigiendo, reclamándome como si fuera suya por derecho. Cuando intenté apartarme, un gemido de sorpresa escapó de mi garganta al sentir su mano sujetar mi mandíbula con firmeza, evitando que me moviera. — No te atrevas a huir de mí, Sofía —su voz fue grave, peligrosa—. Sabes que esto es lo que quieres. Mi respiración tembló. No era miedo lo que sentía, sino algo más oscuro, más intenso. Me estremecí bajo su toque, mi piel ardiendo con cada roce, con cada palabra que pronunciaba con esa certeza inquebrantable. Oleg e Iván nos observaban en silencio, sus miradas pesadas sobre mi cuerpo desnudo, no sé en qué momento me quitaron el vestido, pero, el calor se apoderó de mis mejillas al ser consciente de que estaban ahí, viendo cómo Mikhail me reclamaba sin reparos. No hicieron nada por detenerlo. No intervinieron. Solo esperaban, como si supieran que esto era inevitable. Mikhail bajó su mirada hacia mi cuerpo, y una sonrisa oscura curvó sus labios antes de que sus manos descendieran por mi piel sin prisa, explorando sin pedir permiso. — No tienes idea de cuánto tiempo hemos esperado para esto —murmuró antes de bajar su boca hasta mi cuello y morderme con fuerza. Un jadeo escapó de mis labios. Su toque era feroz, posesivo, sin espacio para la duda. Sus dedos se hundieron en mis caderas mientras su lengua recorría mi piel marcada, su aliento caliente enviando escalofríos por mi espalda. Entonces lo sentí, duro y firme contra mi vientre. La realidad de lo que estaba a punto de pasar me golpeó, y mi cuerpo se tensó. — Mikhail… —intenté hablar, pero su mano se deslizó hasta mi garganta, ejerciendo la presión justa para hacerme callar. — Shh… —sus ojos ardían al mirarme—. No te resistas, cariño. Ahora eres nuestra. Nuestra puta. La de los tres. El latido en mi pecho se disparó. Mi mente gritaba que esto estaba mal, que no debía permitírselo, pero mi cuerpo me traicionaba. Estaba ardiendo, desesperada, temblando de anticipación. No podía negar la forma en que mi piel respondía a su toque, la manera en que mis caderas se arqueaban por sí solas, buscando más. Pero… ¿cómo podía estar disfrutando esto? El deseo y la culpa chocaban en mi interior, una batalla inútil contra la rendición inminente. Yo no era así. Nunca había sido así. Entonces, ¿por qué su voz, su control absoluto sobre mí, me hacía sentir como si esto fuera lo único que siempre había querido? ¿Era por la bebida que me habían dado antes de subir a mi habitación? Mikhail sujetó mis muñecas y las llevó por encima de mi cabeza antes de alinearse conmigo. — No tengas miedo —su voz era una orden, no un consuelo—. No se cómo ser suave, pero eso no significa que no voy a darte placer. Un temblor recorrió mi cuerpo cuando lo sentí empujar su m*****o contra mí. Era demasiado. Mi respiración se entrecortó, mi espalda se arqueó, y un gemido ahogado escapó de mis labios cuando su pene se hundió dentro de mí sin piedad, rompiendo mi himen y haciéndome sangrar. Dolía. El ardor punzante me hizo tensarme, mis uñas arañaron la piel de sus brazos en un intento de anclarme a algo. Pero Mikhail no se detuvo. Se quedó ahí, enterrado hasta el fondo, sus ojos clavados en los míos, observándome mientras mi cuerpo se adaptaba a su tamaño, mientras el dolor comenzaba a transformarse en algo más. — Así es, cariño —gruñó, sus manos aferrándose a mis caderas con fuerza—. No hay vuelta atrás. Mis piernas temblaban cuando comenzó a moverse, cada embestida más profunda, más implacable. Cada golpe de su cuerpo contra el mío enviaba oleadas de placer y desesperación a partes iguales, atrapándome en un torbellino del que no podía escapar. — ¿Te gusta esto? —su tono era algo que no podía entender. Quería decir que no. Quería decirle que parara, que esto estaba mal, que no debía seguir. Pero mi cuerpo ya había decidido por mí y cuando mi v****a apreto aun mas su pene desde el interior él sonrió con satisfacción. — Eres tan buena cariño, eres una pequeña zorra. El placer crecía sin control, envolviéndome en una neblina espesa de deseo que me ahogaba sin remedio. No había lógica, no había razón, solo la necesidad abrasadora de más. Me aferré a Mikhail con desesperación, mi cuerpo arqueándose bajo el suyo, mi mente cediendo por completo a la vorágine de sensaciones que me arrastraban más allá de cualquier límite. Mis gemidos llenaron la habitación, cada uno más suplicante que el anterior, mezclándose con el sonido de su piel chocando con la mía. Oleg e Iván nos observaban en silencio, sus miradas pesadas y llenas de un deseo latente que me hacía arder aún más. Sabía que esperaban, que disfrutaban viéndome perderme en Mikhail, rendirme a él de una manera que jamás imaginé posible. — Dímelo —exigió Mikhail entre jadeos, su voz ronca, cargada de una satisfacción oscura—. Dime que lo quieres. Mi cuerpo se estremeció cuando alcanzó ese punto profundo, enviándome al borde de la locura. Intenté aferrarme a la cordura, a la sensación de control que me quedaba, pero era inútil. Ya me había perdido en él.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR