⚠️ Advertencia de contenido ⚠️
Este capítulo contiene escenas de sexo explícito con abuso de poder.
Algunos lectores pueden encontrar el contenido perturbador o desencadenante. Se recomienda discreción y criterio personal antes de continuar la lectura.
Si estos temas pueden afectar tu bienestar emocional, por favor, procede con precaución o considera saltar este capítulo.
Mientras su lengua trazaba caminos que me dejaban suspendida entre la anticipación y la rendición absoluta, las manos de Iván nunca se detuvieron. Sus dedos jugaban con mis pezones, pellizcándolos con fuerza entre caricias firmes que me hacían arquearme entre ambos, atrapada en una corriente incesante de placer. Su toque contrastaba con la calidez de la boca de Oleg, enviando oleadas de electricidad por todo mi cuerpo, intensificando cada sensación hasta el límite.
Iván, detrás de mí, deslizó sus labios por mi cuello, mordiéndolo con la misma precisión con la que sus manos tomaban mis pechos. El calor de su aliento se mezclaba con el ardor que ya recorría mi piel, mientras sus dedos seguían jugando con mis pezones endurecidos. Sus caricias eran firmes, provocadoras, despertando en mí un hambre aún más profunda. Luego, sus labios encontraron los míos, devorándome en un beso hambriento, profundo, sincronizado con cada nueva oleada de placer que Oleg arrancaba de mí.
A corta distancia, Mikhail nos observaba, su mirada oscura y encendida por el deseo creciente que se apoderaba de él. Pude sentirlo, incluso sin verlo del todo, su respiración cada vez más pesada, sus dedos crispados a los costados como si contuviera el impulso de unirse a nosotros. Sus ojos devoraban cada movimiento, cada estremecimiento de mi cuerpo, disfrutando de la imagen de cómo Oleg e Iván me consumían poco a poco.
El ritmo era un vaivén entre ternura y hambre, entre el calor de la boca de Oleg y la destreza de las manos y labios de Iván, mientras la presencia ardiente de Mikhail añadía un peso invisible, un deseo latente que flotaba en el aire, cargándolo de una tensión electrizante. El placer se acumulaba dentro de mí como una ola creciente, amenazando con romperse en cualquier momento.
Mi respiración se volvió errática, mis músculos se tensaron con cada nueva embestida de placer. Podía sentirlo acercarse, esa presión dulce y dolorosa que se acumulaba en mi vientre, extendiéndose como una corriente de fuego líquido a través de mi cuerpo. Mi piel ardía, mi espalda se arqueaba y mis caderas se movían por instinto, buscando más, exigiendo más.
Y entonces, todo estalló.
El placer me golpeó en una oleada avasalladora, arrancándome un gemido que apenas reconocí como mío. Sentí mi cuerpo estremecerse en espasmos deliciosos, cada músculo tensándose y liberándose en un torbellino de sensaciones que me hicieron perder toda noción del tiempo y el espacio. Mis manos se aferraron con fuerza a Oleg e Iván, como si fueran lo único que me mantenía anclada a la realidad mientras el placer me devoraba por completo.
La tensión se disipó lentamente, dejándome, flotando en una bruma de satisfacción y respiraciones entrecortadas. Mi piel aún hormigueaba, mis piernas temblaban, y cuando abrí los ojos, encontré la mirada oscura de Mikhail devorándome desde la distancia.
El deseo en su expresión era tan intenso que me dejó sin aliento. Su mandíbula estaba tensa, sus ojos recorrían cada centímetro de mi cuerpo con hambre contenida, como si se estuviera debatiendo entre la paciencia y la necesidad urgente de tocarme.
Oleg, aún de rodillas entre mis piernas, notó su silenciosa presencia y le abrió paso con un movimiento tranquilo. Se levantó con un gesto fluido, y al hacerlo, lamió sus labios de manera casi inconsciente, como si aún pudiera saborear mi esencia en su boca. Su mirada atrapó la mía por un instante, y la curva satisfecha en sus labios envió una nueva ola de calor a través de mi cuerpo.
— Adelante, Mikhail —murmuró con voz grave antes de apartarse.
Mi cuerpo aún temblaba cuando sentí a Iván moverse detrás de mí. Sus manos me sujetaron y con la facilidad de alguien que me conocía bien, me recostó sobre la cama, permitiendo que mi espalda se hundiera en la suavidad de las sábanas. Me quedé inmóvil, mi respiración agitada, mis sentidos aun vibrando con la intensidad de lo que acababa de suceder.
Mikhail se acercó, con pasos deliberados, cada movimiento suyo cargado de una seguridad absoluta. Frente a la cama, sin apartar su mirada de la mía, comenzó a desabotonar su camisa lentamente, dejándola caer a un lado antes de bajar la cremallera de su pantalón. Mi pecho subía y bajaba con fuerza, mi corazón latía desbocado mientras lo veía despojarse de la última prenda, revelando su piel caliente y ansiosa contra la mía.
Se inclinó sobre mí con cuidado, apoyándose con sus brazos a cada lado de mi rostro. Su cercanía hizo que mi aliento se quedara atrapado en mi garganta. La calidez de su piel irradiaba contra la mía, envolviéndome en una sensación de vértigo delicioso.
— No tengas miedo —susurró con voz baja y aterciopelada, su aliento acariciando mis labios—. Todo estará bien.
Su mano se deslizó por mi mejilla, su pulgar trazando una caricia lenta y tranquilizadora.
— Te deseamos, Sofía, más que a nada —añadió, dejando que el peso de sus palabras se asentara entre nosotros.
Mis labios se entreabrieron, una respuesta atrapada en mi garganta, pero antes de que pudiera decir algo, Mikhail inclinó su rostro y selló su promesa con un beso profundo y arrollador.