⚠️ Advertencia de contenido ⚠️
Este capítulo contiene escenas de sexo explícito con abuso de poder.
Algunos lectores pueden encontrar el contenido perturbador o desencadenante. Se recomienda discreción y criterio personal antes de continuar la lectura.
— Pídelo, Sofía.
Mi respiración se quebró, mi piel ardía y el placer era tan intenso que dolía. Sabía lo que quería, lo que necesitaba, y ya no me importaba lo que significaba.
— Más… —jadeé, mi voz apenas un susurro desesperado—. Por favor… no te detengas.
Mikhail soltó una risa baja y peligrosa contra mi oído antes de sujetarme con más fuerza.
— Eso es, mi dulce zorra. Así me gusta.
Su ritmo se volvió más feroz, llevándome con él a un abismo del que ya no quería salir. Mis uñas se clavaron en su espalda, mis piernas lo rodearon con fuerza, y cuando el orgasmo me alcanzó, lo hizo con una intensidad devastadora, arrancándome un gemido que resonó en la habitación.
— Nuestra… —susurró contra mi piel mientras me devoraba con su mirada—. Ahora eres completamente nuestra puta.
Me dejé caer sobre las sábanas, mi pecho subiendo y bajando en un intento por recuperar el aliento, mi cuerpo aun temblando con los ecos del placer. El calor de Mikhail aún ardía en mi piel, su peso ya no estaba sobre mí, pero su presencia se sentía como una marca invisible que me envolvía por completo.
Creí que podría recuperar el control. Creí que tendría un momento para procesar lo que acababa de suceder, pero entonces sentí sus manos.
Fueron dos pares de manos esta vez, seguras, fuertes, reclamando cada parte de mi cuerpo como si les perteneciera por derecho. Un jadeo tembloroso escapó de mis labios cuando Oleg e Iván se posicionaron a cada lado, cerrando cualquier posible escapatoria.
— Mírala, Iván —la voz de Oleg sonó gruesa, contenida—. A un no tiene suficiente.
— Nuestra pequeña zorra necesita más —respondió Iván con una sonrisa peligrosa, atrapando mi mentón y obligándome a verlo—. ¿Quieres más corazón?
Una corriente eléctrica recorrió mi piel cuando sus miradas, ardientes y hambrientas, se clavaron en mí. No había paciencia en ellos. No había control. Solo deseo crudo y posesión absoluta. Debería haberme sentido asustada, pero en su lugar, mi cuerpo vibró con la anticipación. Oleg me tomó de la cintura y me giró sin esfuerzo, mi piel rozando la de él, su aliento pesado contra mi oído.
— Eres nuestra, Sofía —gruñó contra mi cuello—. No vamos a contenernos y a ti eso te va encantar.
Mi interior se tensó con una mezcla deliciosa de placer y culpa. Era demasiado, todo a la vez, abrumador, adictivo. Iván se posicionó frente a mí, sus manos sujetando mis caderas con una fuerza que me hizo temblar.
— Vas a aceptarnos a los dos y te vas a entregar gustosa—susurró contra mis labios, su voz un mandato absoluto.
Cuando sus cuerpos me rodearon, cuando me tomaron entre ellos, exigiéndome sin reservas, me sentí atrapada en un torbellino de sensaciones que no podía controlar. Oleg penetrando mi v****a con un solo empujo mientras Iván reclamaba mi culo, rasgándome y haciéndome sangrar.
Dolió al principio. La intensidad de sus movimientos, la forma en que no me daban respiro, aquello me hizo gemir contra la piel de ambos, mis dedos aferrándose a sus hombros mientras mi cuerpo se adaptaba a ellos, pero entonces… el dolor se transformó.
Oleg mordió mi hombro con una intensidad desesperada mientras Iván atrapaba mi boca en un beso devorador, y de pronto, el placer estalló en mí con una ferocidad que nunca había experimentado. Me gustaba ser follada por la v****a y el culo al mismo tiempo y me gustaba mucho.
Mis jadeos se volvieron súplicas ahogadas, mis caderas se movieron con más necesidad, buscando más, buscando todo.
— No se detengan… —mi propia voz me sorprendió, entrecortada, rota por el deseo—. No sean suaves.
Oleg soltó un gruñido grave y apretó sus dedos contra mi piel, como si mis palabras hubieran encendido algo más oscuro dentro de él.
— ¿Eso quieres? —su tono era un desafío peligroso.
— Lo quiero —jadeé, perdida en la vorágine de sus cuerpos—. Más.
Y me lo dieron. Cada embestida me llevaba más alto, cada caricia me hundía más profundo en la locura de su deseo. Mi piel ardía, mi mente se desvanecía en la sensación de ser suya, completamente suya. Cuando finalmente el placer me alcanzó con una fuerza devastadora, mi cuerpo se arqueó entre ellos, mi voz se quebró en un gemido desgarrador y sublime. No quería que pararan. No quería que terminaran. Y cuando Oleg me sostuvo con más fuerza, cuando Iván me devoró con su boca, supe que ellos tampoco tenían intención de detenerse.
El tiempo se volvió un espejismo, distorsionado por la intensidad de la noche. Sus manos, sus cuerpos, su deseo implacable… cada instante se fundía con el siguiente en una espiral interminable de placer y entrega. A veces, se turnaban entre los tres, reclamándome con una devoción hambrienta, como si cada uno quisiera dejar su marca en mí. Otras, me atrapaban entre ellos, impidiéndome pensar, impidiéndome hacer algo más que ahogarme en la sensación de ser suya. Poseyeron mi cuerpo, corazón y espíritu.
Mikhail, con su dominio absoluto, exigía cada parte de mí, asegurándose de que jamás olvidara a quién pertenecía. Oleg e Ivan, más salvajes, más feroces, parecían disfrutar de cada estremecimiento de mi cuerpo, llevándome al límite solo para saborear mi rendición y el poder que tenía los tres sobre mí con cada caricia, con cada susurro. Me llamaban puta, cariño, zorra, corazón y bebe. Siempre mezclando palabras sucias con dulces. Me sentía atrapada en ellos.