⚠️ Advertencia de contenido ⚠️
Este capítulo contiene escenas de sexo explícito con abuso de poder.
Algunos lectores pueden encontrar el contenido perturbador o desencadenante. Se recomienda discreción y criterio personal antes de continuar la lectura.
Así durante toda la noche los llamé, cada uno de sus nombres escapando de mis labios en gritos de placer, y cada vez que lo hacía, sentía cómo algo oscuro se apoderaba de ellos. Su obsesión se alimentaba de mi entrega, de cada súplica que salía de mi boca, de cada vez que mis uñas se aferraban a su piel, como si necesitaran que yo también los deseara tanto como ellos a mí. Pero… ¿y si lo hacía? La duda me golpeó entre oleadas de placer, una chispa de lucidez en medio del torbellino que me arrastraba. Algo dentro de mí me decía que esta noche lo cambiaba todo, que cuanto más me perdía en ellos, más difícil sería escapar.
¿Habían planeado esto? La pregunta cruzó mi mente cuando, exhausta y temblorosa, sentí que finalmente comenzaban a disminuir su ritmo. Mi piel ardía, mi cuerpo era un eco del placer que me habían arrancado una y otra vez. Y entonces, en medio del silencio que seguía al desenfreno, escuché el sonido de un motor deteniéndose afuera.
El carro de mi tío, el aire se congeló en mis pulmones. Mis tíos no habían estado en toda la noche. Desde el principio, ellos sabían que estaríamos solos.
¿Fue una coincidencia? ¿O ellos… lo planearon? Mis labios entreabiertos no pudieron formular la pregunta en voz alta. Sentí a Mikhail aún sobre mí, su respiración pesada contra mi cuello, a Oleg deslizando sus dedos por mi espalda con una suavidad que contrastaba con su intensidad de antes, a Iván recostándose a mi lado con una sonrisa satisfecha en sus labios. Mi mente aún intentaba encontrar respuestas, pero el agotamiento fue más fuerte.
Mis pensamientos se desvanecieron, ahogados en la calidez de sus cuerpos, en la sensación de pertenecerles, aunque no supiera si eso era exactamente lo que quería. Y antes de que pudiera descifrarlo, el sueño me reclamó.
Cuando desperté me sentía confundida con un aroma denso y embriagador que recibió. Era una mezcla de los fluidos y alcohol, impregnando las sábanas, mi piel, el aire mismo. Fruncí el ceño, aún atrapada en la neblina del sueño, con la mente pesada, confusa.
Hasta que finalmente me regreso los sentidos el peso de un brazo sobre mi cintura, una pierna enredada con la mía. Abrí de par en par los ojos y con la respiración pausada de Oleg contra mis pechos noté el cuerpo de Iván presionado contra mi espalda.
Y entonces, los recuerdos me golpearon.
Mis labios entreabiertos gimiendo sus nombres, sus manos dominando mi cuerpo, sus voces posesivas asegurándome que ya era suya. La sensación de ser tomada sin reservas, de haberme perdido en Mikhail, Oleg e Iván una y otra vez.
La culpa se enredó en mi garganta e intenté moverme, mi piel erizándose al darme cuenta de mi propia desnudez. Me removí con cautela, pero el movimiento hizo que Iván gruñera en su sueño y apretara más su agarre en mi cintura.
— ¿A dónde crees que vas, corazón? —murmuró, su voz aún arrastrada por el sueño.
Mi cuerpo se tensó.
— Tengo que levantarme —susurré, más para mí que para ellos, mientras intentaba deslizarme fuera de la cama.
Pero Oleg también despertó y sus ojos aún cansados por el sueño, me cuestionaron mi intensión de levantarme.
— ¿A dónde vas, bebe? —su brazo atrapó mi muñeca antes de que pudiera moverme más—.
Mi piel ardió bajo su agarre.
— Esto… —respiré hondo, tratando de encontrar las palabras—. Esto no puede estar pasando.
Iván se incorporó un poco, apoyándose en su codo, observándome con esa sonrisa suya, burlona, paciente.
— Pero pasó —su tono fue simple, como si la conversación no tuviera sentido—. Y lo disfrutaste corazón.
Cerré los ojos, mi respiración temblando. Oleg soltó una risa baja, sus dedos trazando un camino perezoso por mi muñeca antes de soltarme.
— Anoche —murmuró, su voz densa—. Estabas más que gustosa de tenernos en tu cama.
La culpa se volvió asfixiante.
— No… no estaba en mis cinco sentidos.
La imagen de la copa de anoche se formó en mi mente. El calor bajando por mi garganta, el cosquilleo en mi piel, la forma en que mi cuerpo se relajó antes de que todo comenzara.
Los miré, con un nudo en la garganta.
— Fue la bebida… ustedes…
Iván simplemente suspiró y se dejó caer otra vez en la cama, su sonrisa aún en su rostro, como si mi angustia fuera un capricho pasajero. Oleg, en cambio, sonrió con diversión oscura.
— Mejor cálmate, o nuestra madre te va a escuchar.
El miedo se arrastró por mi pecho.
Mis tíos ya habían llegado, no podían vernos así. Tragué saliva y bajé la voz.
— Váyanse. por favor.
Oleg alzó una ceja.
— ¿Nos echas después de todo lo que pasó?
— ¡Sí! —solté, sintiendo mi garganta cerrarse—. Porque esto no debió ocurrir.
Iván suspiró, pero no se movió.
— Es tarde para arrepentimientos, corazón.
Oleg entrecerró los ojos y se incorporó, su mirada ahora más afilada.
— Bebe… —su tono se volvió más bajo, más pesado—. No intentes alejarnos ahora.
El aire se volvió denso, ellos no entendían mi reacción o peor aún… la entendían, pero no la aceptaban.
— Por favor —dije en un susurro.
Los rostros de ambos se endurecieron. No era enojo. No era agresividad. Era… impaciencia.
— No hagas esto más complicado —Iván habló primero, con su tono amable, pero su mirada tensa. Oleg, en cambio, no tenía intención de suavizar nada.
— Anoche nos rogaste que no nos detuviéramos —su voz fue baja, pero peligrosa—. No juegues con nosotros así ahora.
Mi corazón martilleaba contra mis costillas, tenía que sacarlos de mi recamara antes de que la tía Olga los viera y tenía que ser rápido.