⚠️ Advertencia de contenido ⚠️
Este capítulo contiene escenas de sexo explícito.
Algunos lectores pueden encontrar el contenido perturbador o desencadenante. Se recomienda discreción y criterio personal antes de continuar la lectura
El aire en la habitación era denso, cargado de expectativa y deseo contenido. Sofía estaba entre mis brazos, su piel caliente y su respiración entrecortada mientras la sujetaba con firmeza. Ella me pertenecía y no me importaba si se engañaba diciendo que no quería esto. Iván estaba recostado en la cama, observándonos con una sonrisa de satisfacción, mientras Mikhail permanecía cerca de la puerta, su mirada oscura siguiéndonos con intensidad. Pero yo la tenía en este momento. Yo era quien la sentía estremecerse contra mi cuerpo, quien percibía el latido acelerado en su pecho, la forma en que su voluntad comenzaba a ceder a mi toque.
— No intentes controlarlo, Sofía —susurré contra su oído, deslizando mis labios por la línea de su mandíbula mientras con una mano la sujetaba del cuello—. Déjate llevar.
Ella tembló, sus uñas aferrándose a mis hombros, su cuerpo arqueándose bajo mi agarre.
— Detente por favor … —jadeó, su voz un eco de placer reprimido me pedía que detuviera, pero sus piernas se aferraban desesperadamente a mi cintura envolviéndome, encendiendo algo más primitivo dentro de mí. La mano que tenía libre descendió por su espalda con una firmeza posesiva, delineando cada curva antes de sujetarla con más fuerza, inmovilizándola contra mí y penetrándola.
— Mía —gruñí contra su piel, mordiendo suavemente la base de su cuello antes de reclamar sus labios en un beso profundo, cargado de hambre y devoción.
Sofía dudó en responder, pero yo sabía muy bien que le gustaba que fuéramos rudos nos lo había demostrado la noche anterior mientras nos suplicaba que no nos detuviéramos. Su cuerpo se tensó un instante y luego se entregó por completo, entrelazando sus brazos alrededor de mi cuello y devolviéndome el beso con la misma intensidad.
Iván soltó una risa baja desde la cama.
— Me encanta cuando intenta resistirse y luego se rinde a lo que realmente quiere.
Mikhail permaneció en silencio, pero su mirada seguía cada uno de nuestros movimientos con atención. Yo no los escuchaba realmente todo lo que importaba era ella. Quiero asegurarme de que obtengan placer con nuestra unión que finalmente aceptara que tenia el mismo deseo oscuro que nosotros. La sociedad no importaba y yo sabia que ese era realmente su problema creer que seria juzgada por otros al mantener una relación polígama con nosotros. Nada de eso importaba solo que nos amábamos que nos pertenecíamos y la forma en que se aferraba a mí, cómo su respiración se volvía errática cada vez que mi boca recorría su piel me lo demostraba.
— Confiésalo, bebe —exigí, atrapando su barbilla entre mis dedos para obligarla a mirarme—. Confiesa que nos amas, que nos deseas como nosotros a ti.
Sus labios entreabiertos temblaron, sus mejillas encendidas por la intensidad del momento.
— No puedo —susurró, su voz rota por el deseo—. Por favor, Oleg…
Un gruñido bajo vibró en mi pecho.
Mis labios devoraron los suyos mientras mis manos exploraban cada centímetro de su cuerpo con la posesión de alguien que luchaba para demostrarle que estaba bien aceptar que nos pertenecíamos y cuando finalmente termine vertí mi semilla en su interior incorporándome para darle oportunidad a Mikhail que, con su toque impaciente, la poseyó con prisa, salvaje y duro haciéndola gemir de placer como la puta que era, llenándola aun mas de semen y finalmente dándole la oportunidad a Iván de tomar su lugar, con su sonrisa arrogante y su hambre descarada, asegurándose de dejar su propia marca en cada rincón de nuestra hermosa bebe que finalmente aceptaba cuanto nos amaba, cuanto nos deseaba a los tres.
Pero entonces, algo cambió los temblores en su cuerpo ya no eran solo de placer parecía que el peso de su revelación en voz alta había provocado que su respiración se volviera errática de nuevo y que sus dedos se aferraron con fuerza a la cama. Sabia bien que no era solo por la intensidad del momento sino por su confesión.
— ¿Qué… qué vamos a hacer? —dijo con su voz llena de temor.
Los tres nos tensamos.
Sofía nos miró con los ojos abiertos, brillantes con algo que no reconocí de inmediato.
— Sus padres… —su voz se quebró, y sentí cómo el pánico comenzaba a filtrarse en su tono—. Nunca lo van a aceptar.
Mi mandíbula se tensó.
— No tienes que preocuparte por eso ahora —dije con calma, intentando mantenerla anclada al presente.
Pero no funcionó.
— ¿Cómo no? —su voz subió un poco—. No podemos ocultar esto. No pueden esperar que…
Y entonces, lo escuché.
El sonido de un roce. Un movimiento apenas perceptible. Un presentimiento helado se arrastró por mi columna mientras mi mirada se dirigía a la puerta que estaba entreabierta.
Y allí, en el umbral, con una expresión imposible de leer, estaba mi madre, Olga.
El silencio en la habitación se hizo tan denso que el peso del aire era casi insoportable.
Sofía se congeló. Su rostro, ya encendido por la emoción, perdió todo color en cuestión de segundos. Mikhail y Iván se tensaron junto a mí, sus cuerpos aún relajados por lo que había ocurrido, pero sus mentes ya poniéndose en alerta. Mamá nos había escuchado. Nos había visto. El peso de su juicio se cernió sobre nosotros como una tormenta silenciosa.
Mikhail fue el primero en hablar, enderezándose y fijando la mirada en ella.
— Mamá…
Pero ella no respondió, sus ojos pasaron lentamente por cada uno de nosotros antes de detenerse en Sofía, quien ahora parecía un pájaro atrapado en una jaula. No sabía qué iba a decir, pero sí sabía algo. Nada volvería a ser igual después de que nos había descubierto en la cama con Sofia.